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27 min
Hotel Le Mans
Terror |
12.08.15
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Sinopsis

Un cuento corto de terror que relata los extraños sucesos que vive el señor Paul Le Mans. Luego de muchos acontecimientos inquietantes que se le presentan todo empeora con una desaparición inesperada.

Contar esta historia no es algo sencillo, sobre todo, sabiendo que, quien la ha narrado antes que yo no es mas ni menos que un insano, un demente. Es increíble y extraordinario lo que una mente, luego de experimentar sucesos inusuales hacia su persona, (aunque el concepto de inusual varia de persona a persona) es capaz de razonar. Es capaz de manipular, engañar y hasta incluso dominar al ser humano, es un monstruo que es capaz de cualquier cosa si se le es, metafóricamente, bien alimentado. ¿Qué quiero decir con cualquier cosa? Una mente, puede crear las ilusiones más impresionantes y bizarras a una persona, a veces a más de una. Las capacidades de entendimiento de una mente son infinitas, es un ente que no hace nada mas que absorber todo lo que ve a su alrededor. Puede llevar al abismo hasta a la persona mas cuerda, inteligente, torpe, demente, sensible o impasible de este inmenso lugar llamado Mundo. ¿Por qué la mente hace tal cosa? Es una pregunta sin respuesta que no hace, lamentablemente, más que desenvolver infinidades de interrogantes más, como por ejemplo… ¿Qué es lo que lleva a una persona a escoger entre dos pares de zapatos? ¿Qué es lo que hace que una persona pueda hablar múltiples lenguas? ¿Qué es lo que piensa un psicópata o un adicto al alcohol? ¿Qué es lo que fundamenta una opinión sobre un libro, una pieza musical, una persona, un sentimiento? ¿Qué es lo que siente una persona enamorada al ver a su amor? Todo esto puede tener una posible respuesta, pero es totalmente paradójica, usted cree saber la respuesta correcta, pero no es más que una excusa para no caer en un vacío sin fin de incomprensión. Por Ejemplo, tomemos unas de las preguntas anteriormente expuestas: ¿Qué es lo que lleva a una persona a escoger entre dos pares de zapatos? El gusto, dirán muchos, pero, ¿Quien o que introduce el razonamiento del gusto sobre una persona? ¿Qué es el gusto? Y aun mas importante… ¿Quién creo, o invento el gusto? Si es que se le puede decir así, un invento, porque claramente, no se sabe que es “El gusto”; solo se sabe que es algo intangible y que predomina y vive en la mente. Tomemos otra: ¿Qué es lo que hace que una persona pueda hablar múltiples lenguas? El interés, la practica, podrán replicar ustedes, ¿O me equivoco? Pero, reflexionen, ¿Qué o Quien despierta el interés? Obviamente el interés cuando es gradualmente grande, tarde o temprano se entrelaza con el gusto, luego con el estudio, y, depende de que tema se trate, a la práctica, pero hablando de Lenguas, ¿Por qué hay personas que se interesan en saber una Lengua nueva y otros no? ¿Por qué hay personas que aprenden una Lengua más rápido que otras? Y hurgando aun más en la reflexión misma ¿Qué tipo de mente/persona es capaz de crear una Lengua nueva? ¿Y porque hay Lenguas más habladas que otras en el planeta? Hay mentes más “grandes” que otras, pero ¿Por qué?, no sabría responderle bien. A veces las respuestas más sencillas pueden ser las más complejas. Todo lo que explique, pregunte y desarrolle no es más que una reflexión filosófica que me ha surgido desde hace mucho tiempo en mi corta pero interesante vida. Y si, afortunadamente, lograron comprender mi inquietud sobre la mente, habrán comprendido que interrogarse que es la mente, no es más que una pregunta sin respuesta que no hace más que generar más preguntas, lamentablemente nadie logra ver al final del pozo. La historia que les narrare, no es mas que un claro ejemplo de que una mente es un ente capaz, (demasiado diría yo) de dominar a un ser humano, y verán que hay preguntas imposibles de responder y que es mejor dejarlas así, para no caer en un acantilado de existencia. Así que, presten atención y vean que tan abajo puede caer la cordura de una persona gracias a una serie de acontecimientos inusuales.

Me había mudado de mi ciudad natal, Baltimore, debido a que allí no me sentía cómodo, o como algunos dirían, como en casa. Me había embarcado para iniciar una nueva vida, y cuando se me ocurrió tan vividamente la idea de ir a Francia, no me tomo mucho tiempo de reflexión, fue casi espontáneo. Era lejos de mi hogar, la sociedad era interesante y me intrigaba ver que hermosos paisajes predominaban en ese lugar, pero lo que me permitió cumplir tal deseo fue saber que, afortunadamente, tenía a mi abuelo maternal viviendo allí. Sin previo aviso, hice el viaje, yo no tenia ni la mas pálida idea de cómo tomara mi visita mi abuelo, el señor Gregory Le Mans, pero aun así, mi gran deseo era irme lejos de mi hogar. Y así, con el sentimiento del desconcierto en su más grande expresión, llegue a Francia, más específicamente a Toulouse, donde vivía mi abuelo Gregory. Hacia años que no recibía una noticia de mi abuelo, solo sabia que era dueño de un famoso Hotel en la ciudad, aunque alejado, pero reconocido en fin. No tenia idea de donde se localizaba tal Hotel, solo contaba con poco dinero y mi mediocre Frances, pero con ayuda de los vecinos de la ciudad, y con una afortunada venta de caballos en oferta que encontré, (bastante barato) logre saber donde se ubicaba tal hotel, de nombre Hotel Le Mans, y logre llegar en poco tiempo gracias al corcel que conseguí por una ganga. El viaje, como ya dije, fue muy breve, pero aun así no pude privarme de ver los hermosos aunque, levemente, tenebrosos paisajes del lugar, la gente era amistosa aunque misteriosa, y en su mayoría eran de anciana edad. No me sentía aterrado, triste ni incomodo desde que llegue, pero tampoco me sentía calmado, feliz o cómodo, solo sentía satisfacción al saber que estaba a muchos kilómetros alejado de mi ciudad natal, Baltimore (para los que no lo saben, Baltimore se ubica en America, Estados Unidos). Toulouse era un lugar para mi, de eso no me queda duda, despertaba muchos sentimientos que hacia tiempo no sentía, no sabia que era, si su amistosa gente, si su hermoso paisaje o si era su aire a tranquilidad que se plasmaba a lo largo y a lo ancho de toda la ciudad. No era muy poblada, era una ciudad con gran mayoría de zonas en las que predomina el ambiente rural, y, solo para agregar un detalle más, era una ciudad vieja, es decir, en la que había mayoría de gente anciana. Los árboles estaban pelados, ya que había llegado en pleno apogeo de Invierno, precisamente en Febrero, el aire, diferente a cualquiera que haya respirado, era limpio, denso y agradable, el lugar, por las mañanas, era invadido por una ligera, pero bella neblina, que le daba un ambiente mas fúnebre y tétrico a el lugar. Aprovecho para aclarar que soy un aficionado de todo lo referido a lo fúnebre, terrorífico, o morboso, no me tomen a mal, es simplemente un gusto que desarrolle leyendo las mas grandiosas obras del señor Edgar Allan Poe, pero es solo un gusto respecto a lo literario,  nada mas que eso. Finalmente llegue al famoso Hotel, estaba totalmente alejado de la ciudad, casi al límite con otra ciudad, o mejor dicho, en el medio de ambas ciudades, para llegar allí, se necesitaba cruzar un puente hecho a base de cemento, que cruzaba unos 150 metros del Río Garona. No comprendía porque era tan famosa, si por estar tan alejada, o por su supuesta clientela que cada vez crecía más y más, todo esto me intrigaba y deseaba comprender, y solo podía hacerlo una vez que haya entrado. Era ideal para gente que no quería ser interrumpido con molestos ruidos de ciudad, y necesitaba una pequeña estadía en un cómodo, antiguo y grande lugar. La gente que estaba viajando, podía darse el lujo de pasar por allí, y tener una noche, o unas noches de plenísima comodidad. Era muy grande, de unos 14 pisos, pero de arquitectura similar a la de un castillo, una puerta de dos hojas de madera, que alcanzaba unos 2 metros y algo mas de altura, y pequeñas ventanas antiguas que mostraban el interior de las habitaciones, el techo era tal cual la de un castillo, el color del Hotel era un Azul Oscuro, deteriorado, como ya había dicho, era antiguo, pero firme, bello y llamativo, sus ladrillos estaban húmedos gracias a la cercanía con el río, pero fuertes, con algún que otro musgo. Debo admitir que adentrarme al Hotel me generaba nervios, aun estaba desconcertado por la reacción de mi abuelo Gregory, pero, armándome de valor, me acerque lentamente a la puerta del hotel con el corcel, me baje, lo ate a uno de los árboles que decoraban el lugar, pelados como todos los que había visto desde que llegue, y camine hacia la entrada, toque la puerta con certeros, firmes y seguros golpes, y me abre uno de los empleados del lugar, vestido de traje y corbata, todo negro y blanco.

  • ¿Puedo ayudarle? –me dijo-
  • Soy Paul Le Mans –replique- Vengo a visitar a mi abuelo, Gregory Le Mans, ¿Esta aquí?
  • ¿Le Mans? – me responde sorprendido- Que sorpresa recibir a un familiar del señor Gregory por aquí… Permítame llevarlo con el, sígame.

 

Me metí en el Hotel, y me quede perplejo por su belleza, era de un tinte antiguo, en su interior había un ambiente de color amarillo, gracias a el gigantesco candelabro que se encuentra en el alto techo de la recepción, tal parecía ser que allí se podía tener una cena o un almuerzo, ya que había mesas disponibles con sus respectivas sillas, también había un pequeño escenario donde quien sabe que tipos de espectáculos podían deleitarse. Seguí al empleado hasta la mesa de recepción, grande, de madera, donde se encontraba otro de los empleados; a todo esto digo que el salón de la recepción estaba repleto de empleados, todos del mismo aspecto que el que me recibió, y con algunos clientes que disfrutaban de unas charlas acompañados de unas copas de vino; los empleados, tenían la piel levemente pálida, eran flacos, pero no al extremo, y todos eran respetuosos, aunque parecían sacados de un cementerio cercano. Al llegar a la mesa de recepción, el empleado que me recibió me dijo que el hombre que se encontraba ahí me llevaría a la habitación de mi abuelo. Estreche su mano y me presente, y la reacción al saber mi apellido fue el mismo que el del empleado anterior, y luego de eso, me pidió que lo siguiera. Nos dirigimos hacia uno de los dos ascensores que se podían ver, que se amoldaban muy bien a la temática antigua del Hotel, y se veía muy reconfortante. Mi abuelo se encontraba en el ultimo piso, así que tuve una breve conversación con el empleado que me llevaba hacia el, le comente sobre el porque de mi visita, y todo lo que había encontrado desde que llegue, luego, el empleado, curioso, me interrumpe.

  • Es usted pariente del señor Gregory, ¿O me equivoco? –me dice, muy interesado-
  • Esta usted en lo cierto, soy nieto del señor Gregory, es mi abuelo materno –replique- Es el único pariente vivo de mi familia, exceptuando a mi Padre, que sigue en Baltimore.
  • ¿Tiene pensado instalarse aquí? –pregunta el curioso empleado-
  • Es algo que solo podré saber cuando hable con mi abuelo.

Finalmente llegamos al ultimo piso, el 14, había muy pocas habitaciones, el empleado me había explicado que la poca cantidad de habitaciones era debido a que en el piso 14 solo habitaban algunos empleados viejos del Hotel, o gente de suma importancia. Era el piso mas lujoso, en el pasillo se encontraba una bella alfombra de terciopelo roja, el lugar era iluminado por una pequeña pero firme araña de hierro que servia lo suficiente para iluminar todo el piso, la habitación de mi abuelo estaba al final del pasillo. A todo esto mis nervios eran gigantescos, me temblaban las manos, y respiraba con dificultad, siempre había sido nervioso, terriblemente nervioso, pero continúe caminando. Cuando llegamos, el empleado se para a un costado de la puerta y dice:

  • Hasta aquí puedo llevarlo señor Le Mans, suerte con su visita –me dice con un tono un tanto arrogante-
  • Le agradezco –respondí-

Entonces vi como el empleado se iba en el ascensor con una rara sonrisa en su rostro, lo ignore por completo y me enfoque en que me encontraría del otro lado de la puerta. Doy dos espaciados y desalentados golpes a la puerta, y se escucha como se mueve una silla, se escuchan unos pasos, y por fin, se abre la puerta, era mi abuelo Gregory. Lucia en perfecto estado y hasta parecía mas joven desde la última vez que lo vi, era increíble su estado de salud. No hice más que sonreír, casi por inercia, y mi abuelo me devolvió la sonrisa con mucha felicidad. Me abrazo, con mucho afecto y me invito a pasar, el me había reconocido indudablemente, jamás sentí tanto alivio, había sido aceptado por un familiar en su casa, y si todo salía como lo esperaba, podría terminar en una de esas habitaciones del piso 14. Luego de una charla con mi elegante y amable abuelo, en el que se le notaba contento por mi visita, me dice que, si lo deseo, puedo hospedarme en uno de los cuartos del prestigioso piso. Acepte indudablemente. También me ofreció un trabajo en el Hotel, como su mano derecha, el cual, acepte desde luego, ya que el trabajo de conseguir un empleo en un país del cual no tengo mucho conocimiento, ni geográficamente, ni tampoco del idioma, para un estadounidense, no es nada fácil. Yo seria el encargado de manejar y movilizar a todo el personal del Hotel, mientras que el, se ocuparía de los asuntos financieros. Sencillo ¿No es así? Y así, pase una acogedora noche con mi abuelo, discutiendo sobre música, literatura y temas de actualidad, disfrutando de un deleitante amontillado, y teniendo un encuentro familiar como el que nunca habíamos tenido. Poco y nada tengo que contar después de esa noche, yo procedí con mi trabajo cedido por mi abuelo Gregory, y así fue por unos 4 o 5 años, conocí a todos y a cada uno de los empleados del Hotel, mi trabajo como Gerente del Hotel me sentaba bien,  los clientes la pasaban de lo mejor en su estadía en el Hotel, disfrutando de buena comida y grandiosos espectáculos, al Hotel no le podía ir mejor. Hasta que un día, gris por cierto, con una neblina que sobrepasaba la normalidad, para algo que es cotidiano en la ciudad de Toulouse, sorpresivamente, muy sorpresivamente, mi abuelo, Gregory Le Mans, desaparece del Hotel sin dejar rastro. Quien se da cuenta de esto no era yo, sino un empleado, que había ido allí para entregarle un vaso de whiskey que diariamente tomaba, a las 12 AM (algo temprano para una bebida de esa fuerza, pero así es mi abuelo), quien, ante la sorpresa, suelta el vaso dejándolo destrozarse en el suelo. Inmediatamente me informan, y yo, con la sangre helada, paralizado por la sorpresa, llamo a la policía. Ellos llegan en muy pocas horas, y revisan e investigan la habitación de mi abuelo, no se encuentra nada, ni un rastro, no hay sangre, no hay señal de desorden, nada. Se entrevista a todos y cada uno de las personas que trabajan en el Hotel, incluyéndome. Todos coincidíamos en que había sido un día normal de trabajo en que el señor Le Mans, fue a descansar a su alcoba a altas horas de la noche, no había sucedido nada fuera de lo normal. Inconformes con esto se proponen a investigar todas las habitaciones del Hotel, todas. No se encontró nada. Pero eso no significa que no haya sospechosos, o que no estuviera la idea de que mi abuelo haya huido de su Hotel. A todo esto se cerró el hotel, impidiendo el acceso de toda persona, o mejor dicho, todo cliente, el Hotel quedaría clausurado temporalmente hasta resolver el misterio, para que, en caso de haberlo, el asesino permaneciera en el edificio (ya que no se sabía si era un asesinato, un secuestro o un escape). Las personas encargadas en revelar el misterio no querían que nada se les escape de las manos, por ende, tomaban toda precaución posible. Era una estrategia bastante eficaz, una buena movida de la policía francesa, estaban totalmente decididos en resolver el caso, ya que se trataba de una persona sumamente popular, o reconocida, en la ciudad. El publico al leer tal historia en el periódico, se entristeció, se perturbo y causo una gran excitación entre la vieja población de Toulouse. Yo, principalmente, era el más señalado en este hórrido y lamentable acontecimiento; es mas, un insignificante descubrimiento se hizo específicamente en mi habitación. Se trata de una llana y de un balde que al parecer ha sido utilizado para contener cemento. Los oficiales, correctamente, ya que es su labor, me interrogaron para que y porque se hallaban tales instrumentos de albañilería en mi habitación. Inmediatamente, les explique que los instrumentos se hallaban allí, porque, como gesto de bondad hacia mi hogar y lugar de trabajo, intente arreglar las fisuras que se encontraban en la estructura del hotel, a las afueras del edificio para ser mas concreto. No conformes con esto, me preguntaron si no podía llevarlos hacia el lugar donde efectúe mi pequeña labor. Me sentí nervioso, y aterrado,  debía aceptar la petición de la policía, pero, yo había mentido. Invente esa excusa para intentar librarme de ellos, porque al recibir la pregunta del porque se encontraban los instrumentos ahí, no sabia la respuesta, no sabia porque se encontraban allí, ni siquiera los reconozco como míos. Pero, ¿Por qué mentí? Es una respuesta sencilla, soy nervioso, y lo primero que se me ocurrió es esa vil mentira que me había metido ahora en un gran problema. Los lleve hacia las afueras del Hotel, y les hice recorrer casi una vuelta por el extenso y ancho edificio. ¡Debía hacerlo! La mentira ya estaba echada, y se me había ocurrido en cuanto no se encontrara ningún arreglo en el Hotel, mentiría de nuevo, y eso es lo que estaba pensando, cual seria la siguiente mentira. Mis nervios me jugaban en contra, pero intentaba ser fuerte, no podía demostrarles otra postura a los oficiales que no fuera el de seguridad. Yo no tengo nada que ver con la desaparición de mi abuelo, ¡Lo juro! Pero, ¿Por qué mentí en aquella ocasión? Podría responder esta pregunta culpando a mis nervios, pero yo estaba seguro de que yo no había cometido ningún delito, entonces ¿Por qué mentí? O mucho, mucho peor aun, ¿Por qué se encontraban tales instrumentos en mi habitación? ¿Y porque no lo podía recordar? Mi mente me estaba jugando una muy mala pasada, y mientras me remordía el alma con estas calamidades, llegamos a la parte trasera del Hotel, donde se encontraba una puerta de sótano, con escaleras dentro, abierta de par en par. Y entonces alzo la mirada y veo signos de actividad albañil, que no llevaba mucho tiempo. Y entonces quede impactado, yo no había hecho tal cosa, y al ver la puerta de sótano abierta deducía que abajo se hallaban los instrumentos para concretar tal actividad. Sea quien sea que lo haya hecho, dejo sus evidencias en mi cuarto mientras trabajaba o dormía. Con cara de arrogante dije:

-  ¡Ja! ¿Acaso dudaban de mí? Allí esta, ¡Si! Allí esta mi labor, como podrán ver aun esta un tanto fresco, esto reduce toda sospecha ante mi, ¿No es así oficiales?

 Los policías no respondieron nada, y estudiaban la pared minuciosamente, y una vez que acabaron, me miraron algo inconformes y dijeron:

- Le pedimos disculpas Sr. Le Mans, la molestia ocasionada no es más que parte de nuestro trabajo, no podemos dejar escapar ni un detalle, como usted podrá saber

- No hay problema –les dije con un tono seguro, pero tranquilo-

Sin más preámbulos, los oficiales echaron los últimos vistazos al Hotel nuevamente, y se marcharon cordialmente.

Los meses fueron pasando y a pesar del arduo trabajo de la policía francesa, no se supo más del paradero del Sr. Gregory Le Mans, mi abuelo, quien había abandonado sorpresivamente el Hotel que le correspondió durante toda su vida. No deje de pensar en el ni un día, el aire de tristeza se sentía en el Hotel. Las puertas se volvieron a abrir para el negocio, y no tardo en llegar clientela, yo ahora era quien mandaba en el Hotel, debía ocuparme de todo lo que mi abuelo había dejado, y aunque costo un poco al principio, me acostumbre. Por respeto hacia mi abuelo, no trabajaba desde su antigua oficina, o habitación, lo que sea que fuese. Lo hacia desde la mía, pero luego de un día bastante laborioso para nosotros, ya que mucha gente deseaba una habitación de nuestro lujoso Hotel. Arreglaba las últimas cosas para por fin descansar, entre ellas, ordenar las herramientas y los papeles de trabajo, y entonces me percate de que faltaba un papel que contenía los registros de personas que habían entrado al Hotel del día de ayer. No lo encontraba por ningún lado, y decidí buscarlo en el pasillo, cuando salgo, me desconcentre por unos ruidos que residían de la habitación/oficina de mi abuelo. Eran ruidos fuertes y firmes, muebles se movían, copas se rompían, y me encerré en el pensamiento de que un ave podría haber entrado en la habitación y causar todo el alboroto, ya que estaba tan alto que lo único que podría llegar es un ave, o aves. Con tranquilidad, hice unos pasos hacia la puerta de la habitación, hasta que un sonido me hiela la sangre, me paraliza el alma, era la voz de mi abuelo, quien me estaba gritando, repetidamente, con el tono enfurecido y borracho.

- ¡PAUL! ¡¡PAUL!! VEN AQUÍ DE INMEDIATO, DE INMEDIATO HE DICHO.

Estaba terriblemente nervioso, el terror se había adueñado de mi pobre corazón sensible, abro la puerta, y era ni más ni menos que mi abuelo, Gregory, estaba parado, con un vaso de whiskey en mano, sobre uno de los estantes, detrás de su escritorio, mirando tristemente el suelo, y sobre todo, mojado, completamente. No había llovido hasta hace unas semanas, ¿Cómo podría estar mojado? Quede perplejo unos minutos, mientras veía respirar con dificultad a mi abuelo, hasta que decide darse vuelta y me muestra un papel.

- Aquí están los registros de ayer querido nieto –Me dice el borracho hombre-

No podía soltar una palabra, estaba impactado, pero luego de percatarme de que realmente mi abuelo estaba allí, respondí:

- ¡Abuelo! ¿Dónde te has metido? ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué estas mojado de esa manera? ¿Desde hace cuanto que llevas aquí? –le pregunte con un tono nervioso, aunque un tanto feliz-

- Estoy muerto Paul, llevo aquí encerrado 4 meses y no has venido a verme en todo ese tiempo, y te has tomado el descaro de tomar mi puesto como dueño del Hotel, bastardo.

Me espante, no podía creer lo que escuchaba, mis nervios aumentaron en un abrir y cerrar de ojos, estaba viviendo una pesadilla, nada podía compararse al terror que sentí en ese momento.

- No te hagas el distraído –continua- Estoy muerto, ¡Y he sido cruelmente asesinado!

Al oír esas palabras, no hice más que intentar echarme para atrás, y de alejarme de semejante fenómeno, pero note que la puerta había sido cerrada con llave por fuera, y quede atrapado con el fantasma.

- ¿Muerto has dicho? ¿Asesinado? ¿Cómo ha pasado abuelo? ¿Sabes quien cometió el crimen? –le pregunto sumamente nervioso-

- Déjate de bromas nieto, tú sabes quien ha hecho esto conmigo, ¡HAS SIDO TU! Entraste una noche a mi habitación, me anestesiaste y llevaste a la parte trasera del Hotel, donde se encuentra con limite con el Río Garona, me colocaste estas calamidades en los pies, logre despertarme cuando dabas los últimos detalles a tu hórrida construcción, te suplique que no hagas lo que pensaba que harías, pero me ignoraste, y me tiraste sin asco al río, me hundí rápidamente, y sufrí una muerta lenta, desesperada y dolorosa, pero aquí estoy, y volví para matarte Paul.

 Al responder esto, se agacha a recoger algo del suelo, y desde abajo del escritorio, donde mi vista no podía llegar ya que era interrumpida por el, saca un balde con una llana dentro, y la tira levemente a unos centímetros de mis pies, intenta caminar, y se escucha como algo raspa con el piso del Hotel, algo sólido, y cuando sale a donde puedo verlo, sus pies, estaban cubiertos por un cubo, gris, rígido, al parecer fuerte y pesado. Era cemento, sus pies estaban cubiertos de cemento, alguien se los había puesto, y según mi abuelo, quien cometió tal atrocidad, había sido yo.

No sabia donde meterme, estaba a punto de desmayarme, mi corazón latía con fuerza y rapidez, y mi abuelo se iba acercando a mí lentamente con sus pisadas rígidas. Finalmente llega hacia donde me encontraba, me apretó fuertemente su mano en mi cuello llevándome violentamente hacia la puerta. Suplico piedad, era una fuerza sobrehumana, no era la de un hombre de su edad, pero sin embargo estaba lastimándome gravemente. Luego de eso, saca una botella vacía de su saco mojado, y recibo un golpe en la cabeza.

Despierto. No se cuanto tiempo ha pasado, pero me levanto con un fuerte dolor de cabeza, mi vista se encontraba borrosa, pero cuando empiezo a recuperar el sentido, noto una botella de whiskey rota en el piso, el balde con la llana, sangre, el papel que estaba buscando, los muebles tirados, pero nada de signos de agua. Noto que la ventana principal de la habitación estaba abierta, y me levanto con dificultad a ver hacia afuera, saco mi reloj de bolsillo y veo que son las 13:01 PM, me alarme por el Hotel, en tantas horas durmiendo nadie fue a avisarme nada sobre el reporte de clientela. Recuerdo los sucesos de ayer y me quede desconcertado, ¿Había sido un sueño? No lo se, solo se que había acabado, pero la duda de si realmente paso o no me fue imposible de responder. Voy a abrir la puerta, y estaba cerrada por fuera, busco la llave que se encuentra en el escritorio de mi abuelo y abro la puerta, bajo por el ascensor, y me encuentro con que el Hotel se encontraba cerrado, otra vez, y había un policía conversando en la puerta del Hotel con un empleado, el mismo que me abrió la puerta aquella vez que llegue. Me miran, e inmediatamente el empleado me señala, como dando una orden, y el policía se abalanza sobre mi. Me encarcelan. Soy trasladado hacia una prisión cercana del Hotel, en el centro de Toulouse. Reclamaba mi derecho a saber porque era privado de mi libertad. Ellos negaban cumplir mi petición, excusándose con que yo se muy bien mis actos, pero luego de insistirles, me comentan que yo había asesinado a Gregory Le Mans, mi abuelo. Enfurecido, pido mi libertad, digo que soy completamente inocente, que yo no había hecho tal perversidad. Ellos, me cuentan que el día de ayer a altas horas de la noche, un empleado escucho ruidos pertenecientes a la habitación de Gregory, y cuando va a investigar, nota que era yo quien estaba haciendo tal ruido, que hablaba solo, que tiraba las cosas al suelo, que las rompía, y dijo escuchar de mi boca que yo asesine a mi abuelo, contando con lujos y detalles que lo tire al Río Garona, con unos cubos de cemento en sus pies. Exclame que no tenían pruebas de eso, pero me interrumpieron, explicando que ya encontraron el cuerpo muerto de mi abuelo esta mañana, y que no quedaban dudas que había sido yo. Y es mas, al transcurrir el día, unos médicos llegaron a la prisión, me examinaron contra mi voluntad, y luego de unos días, me diagnosticaron Psicosis, una rara Psicosis que se activa ocasionalmente, pero con frecuencia, y allí explicaron el porque hablaba solo en esa habitación, yo mismo me había golpeado con la botella esa noche, estaba delirando, y no podía recordar los hechos del asesinato ya que mi mente se encontraba en un estado de demencia extrema, si se quiere podría asimilarse al trastorno de doble personalidad. Y esto no termina allí, me sentencian a cadena perpetua, resulta que en mi cuidad natal, yo había asesinado 3 personas, una misma noche, repitiendo los mismos métodos que hice con mi pobre abuelo. ¡Oh dios se apiade de mi insolente alma! ¡Estoy condenado a vivir el resto de mi vida acompañado de la persona más desagradable y repugnante de la faz de la tierra! ¡Nada ni nadie podrá liberarme de esta doble prisión que me atormenta! ¡Maldito sea el día que naciste! ¡Paul Le Mans!

 

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