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2 min
HUGO EL DRAMATURGO
Drama |
30.06.15
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Sinopsis

Elucubraciones por la fiebre de la romántica tuberculosis.

Hugo Devoto, más conocido como Hugo el Dramaturgo, cogió la pluma de ganso, la mojó en el tintero y se propuso a escribir la que pretendía que fuera su mejor obra. Colocó el grueso papel delante de su blanca faz, pálida por la tisis que consumía poco a poco. Cuando se disponía a comenzar a escribir una tos profunda y dolorosa salió de lo más hondo de sus pulmones, haciéndole escupir un estupro sanguinolento que se esparció de forma caprichosa por la superficie mate del papel.

Mejor, pensó Hugo, esta mancha de humano fluido le dará un toque más romántico, si cabe, al manuscrito de mi última gran obra: SÍ, HA SIDO UN SUEÑO, que empezaba de la siguiente forma:

- Era un extraño paraje que en mi mente se me figuraba como un castillo, pero que en realidad, si lo pienso ahora, no era un castillo, sino más bien, una superposición de cajas de fruta. De repente, yo estaba dentro y era el rey o el gerente no sé…, pero ya no había cajas sino una especie de salón donde una rubia doncella decía que quería huir, no sé bien de qué ya que, poco después, en realidad la doncella se había transformado en una antigua compañera de clase a la cual había visto casualmente el día anterior, en período de vigilia, llamada Ángela Peláez. Ángela iba como preparada  para ir de compras  y me decía: Hugo, te has de llevar las cortingas para mostrárselas al Juanele (debo aclarar que no tengo ni idea de que son las cortingas ni de quien es Juanele). Total, que, de repente, estábamos en un mercado donde unos mercaderes sin cara, como sombras, me empezaron a rodear hablándome en una lengua extraña que no comprendía pero que me producía una angustia infinita. De pronto lo comprendía, era Juanele que telepáticamente me pedía las cortingas y yo no podía dárselas porque ni siquiera sabía de que se trataba así que empecé a gritarle dejameeeee, dejameeeeeeeeeeeeee, DEJAMEEEEEEEEEEEEEEEEE JUANEEEEELEEEEEE. 

Fue su doncella la que le calmó y díjole: tranquilo Sr. Hugo, Juanele no está aquí, tiene usted mucha fiebre, le pondré unos paños fríos en la frente.

Maldita tisis, logró murmurar. 

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