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(I) La que siempre observa: Omnipresencia.
Varios |
02.11.14
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Sinopsis

Introducción según Omnipresencia.

Miraba en derredor para asegurar que nadie observaba su magnífica "obra de arte".
Jugueteaba con los trozos  de metal que encontraba en su paso y los lanzaba por donde la oscuridad dulcificaba la explanada. Era el sitio perfecto, lo aseveraba asintiendo con la cabeza en su soledad. Los periódicos inmortalizarían la escena, alabarían su acto, escrutarían su imagen hasta recortarla y pegarla en su despacho. La mirarían día tras día suspirando por él; sin acusaciones, sin penalizar y descatalogar su manera de ejecutar sus tareas pendientes, porque él consideraba que el parricidio era algo que se debía realizar y, de esta manera, los ángeles le otorgarían la  divina sublimidad. Quería abrazar esos atributos y exhibirlos. Protagonizar una escena transcendental, obligando a su público (que se entenderá por público a aquéllos que lean la noticia) subordinarse a él. ¿Qué hace un hombre durante dos meses, sin demora, adentrarse en ese terreno? ¿Urdir planes para derrocar a las autoridades, o dibujar sobre un trozo de manera a niños lacrimosos? 
¿Qué podemos deducir en este comportamiento? 

Los niños aún se dejaban vencer por el sueño, desprotegidos antes cualquier imagen proyectada en ellos, divagando su imaginación desde dragones efervescentes hasta suelos pantanosos sitiados por ánimas condescendientes y altaneras. 
Aún agarraban a su peluche de cama para eximirlos de los ruidos que alteraban su sosiego; aún miraban tras los armarios, por debajo de la cama acobardados por si osaba a visitarlos un ser ficticio que acostumbraba a aparecer por las noches; aún soñaban, reían y comían, clandestinamente, chocolatinas y caramelos. 
Aún soñaban...

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