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4 min
If I'm not here tomorrow
Drama |
27.12.13
  • 4
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  • 1262
Sinopsis

-Vamos, hazlo por mí. -Le rogó.

-No pienso hacerme un tatuaje. Por si no lo sabes, es algo permanente.

-Por eso te lo estoy pidiendo. Además, te quedaría genial. -Su mano le rozó el hombro izquierdo recorriendo el pequeño conjunto de lunares que ella tenía.

-¿Y qué idea tenías? ¿Ponerme nuestros nombres? Estás loco. -Resopló apartando su mano cariñosamente.

-¡Eso sería genial! -Sonrió como un niño pequeño dejando ver esos hoyuelos con los que ella soñaba.

-Sabes que te quiero Damián pero, hoy no. Tal vez algún día no muy lejano, logres verme con nuestros nombres en la muñeca, ¿te basta con eso?

-Más que suficiente. Y te abrazaré hasta desinflarte el día que lo vea. -Y la besó mientras ella se reía.

 

 

Un ruido fuera la despertó. Estaba tumbada en su cama. Sus piernas se entrelazaban con las sábanas como si fueran hiedras intentando agarrarse fuertemente a un trozo de madera. Estaba entumecida. Su cuerpo no quería moverse. Si por ella fuera, se quedaría toda la vida así, sumida en un profundo sueño sin pesadillas. Hacía días que no dormía sin soñar nada y hoy por fin, aquellas sombras se habían evaporado de su mente. Se apoyó sobre la muñeca zquierda y posó los pies en el suelo. La madera estaba fría.

La noche era cerrada y las estrellas brillaban como nunca. El bosque era un pozo negro que se hundía entre las montañas y los ruidos de la noche la reconfortaban. Fuegos artificiales inundaron el cielo de repente, ocultando muchas estrellas. Eso la enfurecía. Quería que se acabaran, que la dejaran tranquila a ella y a aquel pedazo de cielo que consideraba suyo pero, como siempre, uno no consigue lo que quiere. Se sentó en el suelo formado por pequeñas piedras redondeadas y descansó la cabeza entre sus rodillas. Intentó volver a encerrarse en la habitación que ella misma había creado. Una habitación vacía, sin nada, sin color, sin vida.

 

Aquel día corrió hacia el bosque dejándose llevar por esa alma libre que él creía que tenía. Chocó contra pequeñas ramas que le abrieron cortes en la piel, pero siguió su camino hacia lo más profundo de aquel pozo negro. Si alguien la hubiera visto desde lo más alto de aquel despejado cielo, ella habría sido como un fantasma blanco que surgía entre los claros y que avanzaba con decisión, pero sin rumbo. Sus pulmones decidieron que era hora de pararse pero sus pierdas y su corazón, que latía a gran velocidad, se negaban a parar. Pero ella misma sabía que no podía continuar. No sabía dónde iba, ni como volvería. Exhaló por última vez y cayó al suelo mientras su pecho subía y bajaba ráìda y pesadamente. Las lágrimas ocultaron el color de sus ojos a la vez que todo volvía a ella dándole golpes que la dejaban inservible. Levantó la cabeza como pudo y gritó. Gritó como si algo dentro de ella necesitara salir y se estuviera abriendo paso a arañazos por su interior. Gritó hasta que aquel aullido de dolor se transofrmó en un mísero sollozo que repetía un nombre que el viento se llevaba lejos de ella. Sus dedos rozaron el trozo de piel de debajo de su muñeca izquierda y la rabia se apoderó de lo poco que quedaba ella.

 

-¿NO QUERÍAS ESTO? JODER, DAMIÁN. NECESITO ESE ABRAZO.

 

Y de nuevo, sus rodillas golpearon el suelo. "Lo siento". No sabía si aquella voz era suya o, tal vez... Fue entonces cuando notó un cosquilleo en la base de su muñeca, justo donde la piel enrojecida dejaba paso a unas finas líneas de tinta negra que formaban sus nombres. "Damián & ..." 

El otro seguía allí pero invisible. Ya no singnificaba nada. Sin él, era como si ella nunca hubiera existido.

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