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6 min
Infancia
Terror |
30.03.15
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Sinopsis

Un niño con un comportamiento extraño. Un adolescente con sospechas elevadas. Unos padres inseguros e incrédulos, un final inesperado.

Infancia 

Hace tres años me trasladé a vivir a casa de mis tíos por razones de estudio. La casa tenía dos niveles y cuatro habitaciones. En una dormían mis tíos, en la otra dormía mi primo de cinco años y en la otra habitación me quedaba a dormir yo. Una de las habitaciones siempre estaba vacía y en ocasiones se usaba como habitación de huéspedes. Mis tíos eran personas respetuosas, iban a la iglesia cada domingo por la mañana y le inculcaban buenas costumbres a mi primo de cincos años.

Ellos me estaban apoyando con la vivienda mientras yo cursaba la preparatoria en el municipio en donde ellos vivían, ya que la colegiatura ahí era mucho más barata que en la ciudad. Cuando llegaba del colegio pasaba mucho tiempo con mi primo, era un niño inocente que le gustaba dibujar y jugar con sus juguetes. Frecuentemente él mencionaba que mientras dormía su amigo llamado Charlie acostumbraba a robarle la sabana fastidiándolo durante la noche.

Mi primo era un infante con mucha imaginación; pero cuando escuchaba los comentarios que hacía de su muñeco Charlie, parecía que Charlie en verdad cobraba vida durante la noche. Llegaron las vacaciones de medio año y con ellas el tiempo libre, mis tíos me propusieron que regresara a casa de mis padres para pasar mis vacaciones con ellos; pero yo decidí quedarme ahí, ya que me había familiarizado con el lugar y además mis tíos me caían muy bien.

Constantemente regañaban a mi pequeño primo, porque en ocasiones pasaba mucho tiempo hablando solo. Mantenía conversaciones muy largas con su amigo imaginario llamado Charlie, y hasta nos llegaba a comentar las cosas que platicaban. En una ocasión recuerdo haber escuchado que su amigo Charlie le cantaba canciones mientras su mama cocinaba. Mencionó también que en una ocasión mi tío estuvo a punto de golpear a Charlie con un bate de beis bol, claro mi tío solo sonreía porque sabía que jamás había intentado algo así.

En una ocasión mi primo me comentó en confianza que Charlie odiaba a mi tío, porque se creía el dueño de la casa aún sabiendo que Charlie ya vivía en esa casa antes que ellos, yo le hice muchas preguntas con respecto a Charlie y mi primo me las respondía todas como si estuviera leyendo las respuestas en un papel. Le pedí entonces que me mostrara en donde se ocultaba Charlie y mi primo me llevó hasta la habitación que siempre estaba vacía, él me comentó que Charlie prefería estar solo que rodeado de las personas y que nada más lo llamaba a él para jugar. Le pregunté si cuando hablaba de Charlie se refería a su muñeco o a alguna persona, y él me respondió que Charlie era un niño como él; pero cuando quería ocultarse de las personas se metía en su muñeco.

El muñeco tenía una apariencia tétrica, como sacada de una película de terror. Sus ojos saltones y su textura mugrienta daban una apariencia terrorífica. Un domingo como era de costumbre, mis tíos se preparaban para ir a la iglesia, en ocasiones yo los acompañaba y en otras prefería quedarme en casa, nunca me habían dejado al cuidado de mi primo, ellos siempre se lo llevaban a la iglesia; pero ese domingo decidieron dejármelo para que jugara con él y quizá así se sacara de su cabeza a su amigo imaginario.

Yo me quedé gustosamente con mi primo, ya que era un niño obediente y además muy tranquilo. Encendí el televisor y me conecté a internet desde mi computador portátil mientras mi primo jugaba con sus muñecos a unos cuantos pasos de mí. Me encontraba tan entretenido observando unos vídeos musicales que le perdí la pista a mi primo y en un instante, como si alguien me advirtiera del peligro, volteé mi rostro súbitamente y vi a mi pequeño primo de cinco años con un cuchillo en su mano y acercándose hacia mí con la mirada perdida. Le pregunté sí sentía bien y él nada más me respondió que yo tenía que morir, Charlie le había dicho que me tenía que matar, porque si no lo hacía, él ya no jugaría nunca más a su lado. Mi primo se me lanzó queriéndome cortar con el cuchillo pero logré esquivar su maniobra y lo sujeté fuertemente con mis brazos hasta que logré quitarle el cuchillo de sus manos. Al tiempo llegaron mis tíos y de inmediato les comenté lo sucedido; pero ellos me vieron con cara de duda y pensaron que yo les estaba jugando una broma.

Después de ese día las cosas cambiaron rotundamente. Mi primo me observaba con una mirada macabra que jamás había visto. Él pasó de ser un niño tranquilo a ser un niño endemoniado. Para mis tíos todo era normal, ni siquiera notaron el cambio que tuvo mi primo. Constantemente encontraba a mi primo observándome o siguiéndome durante la casa, parecía como si alguien lo manipulara como a un títere.

Terminé de cursar mi año de preparatoria y regresé a casa de mis padres, algo me impulsó a regresar y no quedarme más en esa casa. Las vacaciones de fin de año habían terminado y faltaban pocos días para que regresara a la preparatoria; pero algo impidió que volviera. Mi mamá recibió una llamada al teléfono de casa y su mirada al contestarla se congeló, ella cayó desmayada cerca del mural donde se encontraba el teléfono, la noticia nos dejó perplejos a todos. Algo dentro de mí decía que esto se veía venir. La policía nos informó que un asesino a sueldo había entrado en la casa de mis tíos asesinándolos de manera brutal, mi primo fue el único que se salvó, lo encontraron metido en el armario jugando con su muñeco Charlie. Nosotros éramos la familia más cercana a mi primo, así que el juzgado dictaminó que él debía quedarse con nosotros. Desde entonces, mi casa no volvió a ser la misma, vivo al pendiente por las noches, pensando que tarde o temprano, Charlie, aparecerá subiendo mi cama para asesinarme y culpar a alguien más…

P. Cardona 

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Soy una persona que disfruta redactar historias cotidianas y un poco extrañas. A veces están en mi mente y otras veces en el ambiente.

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