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17 min
Interconexiones, parte 1 - reparaciones
Ciencia Ficción |
08.11.14
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Sinopsis

¿Que pasaría si la llamada "última frontera" solo fuera otra etapa más?

Ahz-Terot despertó con el sonido rutinario de todos los días. Ese traqueteo que sacaba a los operarios de su periodo de descanso en el mundo de los sueños y los devolvía a la dura realidad. Ahz-Terot era un operario de mantenimiento asignado al sector BT-29.
Era un un buen puesto dentro de la escala de operarios de la corporación. Él lo sabía, y aunque deseaba un ascenso a un puesto donde no tuviera que llenarse de mugre, también era cierto que en sus muchos años de servicio había presenciado únicamente dos promociones. Se consolaba pensando que había puestos mucho peores que el suyo, como trabajar en las salas de evacuación o en las cocinas.

- Pobres desgraciados -pensó-, refiriéndose a cosas que había oído sobre las salas de prereciclaje.

Apartó esa idea del pensamiento y salió al comedor a calmar su estómago, después de 8 horas de ayuno, antes de comenzar su turno.

La variedad en el menú era algo inexistente. Consistía en raciones preparadas compuestas de una mezcla perfecta a base de hidratos de carbono, grasas, azúcares y proteínas, perfectamente agrupadas en forma de barra gelatinosa. Así había sido desde que tiene memoria. Ese es el único alimento que tomará él y sus compañeros hasta que termine su turno dentro de 12 horas. Una vez terminado su desayuno, e informado sobre los resultados en los avances de la guerra, se levantó y fue a incorporarse a su puesto.

Su turno avanzó lenta pero inexorablemente durante el cual tuvo que reparar conducciones de agua, fugas de gas refrigerante, engrasar resortes y hasta cambiar elementos de iluminación estropeados. Todo dentro de la normalidad.

Después de 12 horas de haberse arrastrado por angostos túneles de servicio y cumplidas todas las tareas asignadas, estaba de vuelta en los talleres donde trabajaba. Ya había dejado las herramientas y se disponía a quitarse el mono de trabajo cuando el supervisor entró en la habitación que hacía las veces de vestuario.

- Necesito un operario para un trabajo especial -dijo el supervisor de malas maneras-. Ahz-Terot, te ha tocado, recoge tus herramientas y que Taalyk te de el emplazamiento, Te quiero allí ya! Y salió de vuelta su despacho.

Ahz-Terot bufó de irá abriendo el orificio nasal. Bajó la cabeza, en un intento por calmarse. Sabía perfectamente que un operario debía obedecer todas las normas del contrato, lo que implicaba atender los avisos de forma eficiente y jamás replicar. Recordó un incidente no hace mucho con un perforador que no cumplió con uno de los avisos asignados en el tiempo establecido. El resultado es que fue requerido para dar explicaciones a instancias superiores al supervisor, así que un grupo de guardias lo acompañaron a ver al capataz.

- Nadie vuelve tras ser requerido por el capataz -pensó muy adentro-.

Él haría todo lo que fuese necesario para no tener que presentarse ante el capataz. Ahz-Terot sabía muy bien que la valentía no estaba entre sus virtudes. Así que muy a su pesar, cansado, hambriento y demasiado asustado para replicar, se dirigió a la ventanilla de avisos.
Allí se encontraba Taalyk, que era otro operario, en este caso hembra, asignada a la escala de asistentes.

- Hola Ahz-Terot, aquí tienes la dirección del emplazamiento -dijo Taalyk-. Siento que te haya tocado a ti, pero el supervisor ha recibido un comunicado urgente y se ha puesto nervioso. Parece que es una asignación fuera de este sector.

Ahz-Terot miró los datos y en efecto, el aviso correspondía a un área de reciclaje del sector LD-108.

- ¿Un área de reciclaje?- No tengo el nivel suficiente para hacer la tarea. Ya sabes que es necesario ser al menos nivel 21 para entrar en un área de reciclaje.

- Si, lo sé -respondió Taalyk-. Pero aparte del aviso de trabajo, han mandado un permiso de acceso especial valido para este trabajo.

- ¿De qué tarea se trata? -preguntó él-.

- No se especifica en el aviso -respondió la operaria de la escala de asistentes-. Es el protocolo normal en casos de avisos en áreas de reciclaje. Te avisarán mediante tu asistente personal cuando llegues.

Ahz-Terot no añadió nada más, cogió el pase con el permiso, la pesada mochila con las herramientas y se encaminó al área de transportes. Introdujo los datos del emplazamiento en su asistente y le devolvió la información relativa al transporte que debía coger para llegar hasta el sector del servicio.

Todos los operarios, independientemente de la escala a la que son asignados, disponen de un asistente personal implantado quirúrgicamente en su brazo izquierdo. Este dispositivo les proporciona información útil para realizar su trabajo en caso de duda, o como en este caso, la forma de llegar a otro sector.

Mientras esperaba la llegada del transporte, Ahz-Terot intentó recordar cuándo le habían implantado aquel dispositivo, no pudo.

Cuando el transporte llegó, Ahz-Terot subió a él y su dispositivo le indicó que llegarían al destino en el equivalente a 38 minutos.

El transporte estaba poblado por operarios pertenecientes a distintas escalas. Pudo observar que había representantes de casi todas ellas. Todos con su mono gris, pertrechos de trabajo en la mochila reglamentaria y el distintivo identificativo de escala y rango sobre el pecho y hombro izquierdo.
No solía hacerlo, pero su mente viajó recordando sus inicios en el puesto que ocupaba, los compañeros que había conocido y que haría cuando su periodo de contrato finalizase.
Quería viajar a los niveles superiores y ver el cielo abierto. Le habían dicho que era de un color azulado y que la radiación solar producía un calor muy agradable.

La vibración de su asistente le sacó de su fantasía. Había llegado al sector LD-108.

Allí era todo igual que en su sector. Guías de colores en el suelo gris para llegar a las distintas áreas, centinelas en las bifurcaciones y múltiples operarios de aquí para allá sin detenerse en sus obligaciones. Por primera vez en su vida, creyó que eran presos. Otra vibración le indicó que siguiera el camino indicado por la guía púrpura.

Los pasillos púrpuras parecían tener una configuración distinta a lo que él estaba acostumbrado. Normalmente las áreas de paso incluyen iluminación desde lámparas del techo cada 10 pasos y cámaras de seguridad cada 30. En este pasillo no existían cámaras, al menos Ahz-Terot no las percibía, y la iluminación salía del suelo en lugar de hacerlo desde arriba.

Cuando llegó a una bifurcación, su asistente le indicó que debía dirigirse al extremo del pasillo derecho y abrir la puerta de acceso al área de mantenimiento que allí se encontraba ubicada. Al llegar vio un cartel que indicaba la entrada a un área restringida a operarios de mantenimiento de nivel 21. Por suerte tenía el pase especial. Pulso los botones de sus asistente y la puerta se abrió. No tenía idea de lo que iba a encontrarse en aquel lugar.

Avanzó por el estrecho corredor. Estaba lleno de tuberías y válvulas, muchas de ellas goteaban perdiendo liquido. Vio también nidos de insectos que tejían redes para capturar otro tipo de insectos.

- Arañas creo que se llaman -dijo con voz baja pero fascinada-. Había leído cosas sobre ellas en la documentación que les proporcionaban al entrar al cuerpo de operarios y escala de mantenimiento. Era la primera vez que veía un ser vivo, excepto por otros operarios.

Avanzó un trecho más y por fin llegó al al final del corredor. Allí descubrió dos puertas de metal, una tenía un cuadro iluminado en la parte superior mostrando una cuenta atrás. Disponía también de un panel de acceso mediante teclado numérico.
La otra parecía más normal. Tenía un tirador y un cartel que decía el equivalente a “SOPORTE DE LIMPIEZA”.

El terminal crepitó y recibió el comunicado que le informaba de la tarea a realizar.

COMUNICADO DE ASISTENCIA Nº E9419-XZSS-LD-108
PRIORIDAD:1
ASIGNADO A OPERARIO: NºG760KLNE54 NIVEL 15 CON PERMISO ESPECIAL ERT55
TAREA A REALIZAR: REPARAR CIERRE DE PUERTA LD-108-33A
REPORTADO POR EQUIPO DE LIMPIEZA L541HFCB22
INFORME DE FALLO: LA PUERTA NO SE CIERRA CORRECTAMENTE, AUNQUE TAMPOCO PUEDE ABRIRSE DESDE EL INTERIOR. POSIBLE FILTRACIÓN DE MATERIAL DE DESECHO.
CÓDIGO DE APERTURA DE LA PUERTA: 45820914

Ahz-Terot leyó el mensaje y por fin supo cual era la tarea encomendada.

- Una puerta que no se cierra! -dijo en voz alta-, y golpeo con fuerza la puerta para comprobar que así era y para desahogarse un poco.

Entonces oyó como alguien o algo golpeaba desde el otro lado de la puerta. Confirmó que el aviso estaba en lo cierto al ver como la puerta cedía el equivalente a un centímetro como respuesta a cada golpe desde el interior. También confirmó que la puerta no se movía más allá de ese centímetro margen.

La curiosidad estaba ganando terreno en su mente, así que Ahz-Terot cerró la mano y golpeó con más fuerza que la anterior en un intento de comunicarse con lo que hubiera al otro lado.

Y oyó una voz. Estaba seguro. Decía a gritos: “socorro!”, “por favor, que alguien nos ayude!!", "queremos salir de aquí!”. Ahz-Terot estaba seguro, era una voz humana. Él, al igual que el resto de operarios, había recibido formación básica del dialecto humano. Les enseñaban las palabras más usuales de la mayoría de los idiomas hablados por humanos. De esta forma podían reconocerlos y avisar a los guardias para que les dieran caza.

Ahz-Terot tenía curiosidad por aquellas criaturas. Tenía el vago recuerdo de haber leído sobre ellos y la infame historia de su autodestrucción. Quería ver uno con vida, así que hizo un intento de abrir la puerta introduciendo el código de acceso a través de la terminal numérica. La terminal lanzó dos pitidos indicando un error y emitió un mensaje sonoro.

- Sistema de apertura de puerta bloqueado, faltan 3 minutos y 23 segundo para iniciar depuración.

Ahz-Terot entendió que ese era el tiempo que le quedaba para poder iniciar la tarea asignada y el plazo de vida de la criatura humana al otro de la puerta, pues aquella era la puerta de acceso a un reciclado de residuos.

Más voces se unieron a la agónica súplica. Mas golpes, chapoteos y gritos que llegaban dentro de la mente de Ahz-Terot. Se debatía entre la curiosidad, la impotencia y el miedo pensando en la angustia que ocurría al otro lado del frío acero.  Sabía que debía de hacer algo al respecto, pero tampoco quería ponerse en una situación que lo llevase ante el capataz. Así que espero.

El contador ubicado sobre la puerta llegó a cero. De pronto oyó un ruido metálico, como si algún tipo de motor se pusiera en marcha, seguido de espantosos gritos de dolor y pánico. Percibió sonido de chapoteos y el incremento con el que se golpeaba la puerta. El sonido metálico se hacia mas y mas fuerte, ya no tenía dudas de que aquello iba a terminar de la peor de las maneras para los especímenes humanos.
Escucho un sonido que le recordó a vagamente a una máquina trituradora de residuos no orgánicos que tenían en el taller donde trabajaba. De pronto todos los golpes y gritos cesaron, y el sonido del motor se fue reduciendo gradualmente hasta desaparecer por completo.

- Proceso finalizado, sistema de apertura desbloqueado -dijo la terminal de la puerta-. Por favor, introduzca la clave de apertura. Recuerde que las normas de seguridad biológica recomiendan no entrar en contacto con los fluidos que pueda haber en la cámara de reciclaje -añadió la voz metálica-.

Ahz-Terot introdujo el código en la terminal, ésta emitió dos pitidos y se abrió. Tiró de la puerta hacia si y contempló el escenario de pesadilla.
El hedor en ese habitáculo era lo mas apestoso y nauseabundo que jamás había penetrado en su fosa nasal.
Ante sus ojos se mostraba una habitación cuadrada, de unos 10m2. Paredes de lo que parecía aluminio blanco salpicadas de todo tipo de fluidos. El suelo no estaba a la altura de la puerta, sino que bajaba unos 30 cm desde su posición, formando lo que le recordaba a una piscina. Le gustaba esa palabra.

- Piiisscinaaa -pensó para sí mismo- mientras no pudo dejar escapar una leve sonrisa.

Su especie no tenía mucha facilidad para centrarse en las emociones. Y aunque podían empatizar con otros seres, su sistema emocional era como un péndulo oscilando continuamente. Lo cual hacía  que fueran capaces de pasar de la alegría a la tristeza en pocos segundos, para terminar en algo equivalente a las carcajadas.

El techo, que estaba a unos 3 metros de altura, hacía las veces de lámpara gigante, pues toda su amplitud emitía una fría luz blanca. Pudo observar que las tres paredes que quedaban de frente y a los lados de la ubicación de la puerta, disponían de unos cortes rectangulares formando lo que parecía una trampilla. Estaban ubicados junto al techo, y aunque no veía movimiento ni aperturas visibles más allá de los cortes en el metal, supuso que se trataba de las aperturas por donde caían los residuos a la espera de ser reciclados.

Desde la puerta pudo observar en el centro de la habitación un círculo metálico de color negro. Estaba ubicado en el suelo, perfectamente centrado en el habitáculo. Debía de medir unos 150 cm de diámetro. Supuso que era la trampilla para desahogar sala y seguramente el origen del sonido metálico que oyó al principio. Aún se podían observar trozos de residuos entre las aberturas, a modo de dientes, del disco.

Se obligó a sí mismo a dejar de imaginar los horrores que allí habían tenido lugar hace poco y se dispuso a emprender su labor.

Sacó sus herramientas y desmontó el lateral de la puerta junto al zona de cierre. No tardó en encontrar el problema. Al parecer una de las guías de carbono que formaba el eje del sistema de cierre estaba rota. Pensó que era lógico que algo así pasase. Conocía bien este tipo de componentes, ya que su padre trabajó en una de las fábricas donde se ensamblaban, y este tipo de elementos debe sustituirse cada 80 años. Aquel, por la pinta que tenía, debía de llevar unos 103 años colocado en la cerradura.

Cambió la guía de carbono por una nueva y se dispuso a colocar la cubierta que protegía los componentes de la cerradura.

En ese momento pensó en lo que debió de pasar en esa habitación hace un rato, y en las millones de veces más que ha pasado y que volverá a pasar.

- ¿Y si hubieran podido abrir la puerta? -masculló muy adentro-. Que divertido sería ver como son en realidad! Y de lo que son capaces, y a los guardias corriendo tras ellos para atraparlos...

En su minúscula y ovalada cabeza germinó una idea, que en principio fue generada por la diversión, pero que muy en el fondo estaba movida por crueldad de la que había sido testigo involuntario.

Se aseguró que la inexistente cámara de seguridad no le viese, aunque él estaba convencido de estar siendo vigilado, y quitó la cubierta de la parte de alimentación eléctrica de la cerradura. Sacó pertrechos del armario de mantenimiento que había al lado de la puerta y los colocó estratégicamente para asegurarse que la inexistente cámara captase lo que iba a hacer.
Buscó la caja de derivación eléctrica que alimentaba tanto al sistema de apertura de la puerta como al motor triturador ubicado en la habitación. Hizo un puente eléctrico que desactivase la cerradura justo en el momento que se activaba el sistema de desagüe. Ello no haría que la puerta se abriese sola, pero si desactivaría los cierres, de este modo bastaría un empujón desde el interior para que se pudiera abrir y dejar salir a sus ocupantes.

Este plan tenía un punto crítico, el cual consistía en que desde dentro de la habitación no se percibía la existencia de ninguna puerta cuando ésta se encontraba cerrada. Si a esto le sumamos que los cierres eléctricos de la cerradura solo se desactivan cuando el motor del triturador se pone en funcionamiento, es cuestión de suerte que una criatura se halle en el lugar adecuado y en el momento oportuno para sacar provecho del regalo de Ahz-Terot. Obviamente él desconocía todos esos detalles.

Cuando hubo terminado de acondicionar todo el sistema eléctrico, puso las cubiertas, recogió todos los pertrechos esparcidos por la zona y cerró la puerta. Introdujo la secuencia de cierre en la terminal de la puerta y pudo oír cómo se activaban los sistemas eléctricos recién reparados. También pudo percibir el sonido de fluidos llenando la piscina de la habitación.

Mediante el asistente de su brazo, avisó a control que había terminado la reparación asignada y que se disponía a volver a su sector. El asistente emitió dos ráfagas de luz verde indicando la recepción del mensaje.

Cogió su mochila y se encaminó hacia la salida. No había dado dos pasos cuando oyó el sonido de algo pesado cayendo sobre agua y chapoteando a la vez que gritaba. El sistema de reciclaje estaba otra vez en marcha.

Ahz-Terot observó el reloj sobre la puerta diciendo, - quince minutos y contando-.

Pensó que dentro de poco le llegarían noticias de la fuga de un humano y se rió durante unos segundos imaginando el caos que iba a montarse.

Llegó al final del corredor, abrió la puerta de acceso al pasillo mediante su asistente y cuando salió al exterior observó que había dos guardias esperándole.

- Operario G760KLNE54 acompáñenos, el capataz le espera -dijo uno de ellos, con su característica voz metálica.

Las normas internas indican que los operarios ajenos a la escala de reciclaje que se vean mezclados de alguna manera en ese área, sean destituidos y reciclados inmediatamente. Esta información está en conocimiento, exclusivamente, de las escalas de supervisores y capataces, y obviamente Ahz-Terot la desconocía. Era una forma de controlar quienes saben realmente lo que pasa en las zonas de reciclaje y de donde salen las proteínas que alimentan esta sociedad. Además los libros de historia dicen que los humanos son despiadados seres auto destructivos expulsados del planeta desde hace mil años. Así debe seguir.

Nadie volvió a saber jamás del operario llamado Ahz-Terot. Ninguno de sus compañeros recordaría su nombre ni preguntaría por su destino. Ellos eran así.

Otra cosa que nuestro protagonista desconocía, es que pasarían casi 300 años hasta que una criatura humana se salvase de ser reciclada gracias a su ayuda.

 

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