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4 min
INVENTO MI PROPIA PARAPLEJIA
Varios |
20.07.15
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Sinopsis

El ruido de la ciudad puede llegar a trastornar a tal punto que uno es capaz de inventarse otra enfermedad con tal de encontrarse otra vez con el silencio.

DE LA SERIE: LOS RELATOS DE ELEONORA

 

Tomo té y aspirina en la cocina. Luego paso a donde resplandece la televisión encendida desde anoche. -Aparato inútil incapaz de mostrarme por completo la vida.

 

Tendré que pegarme otra vez a la ventana, escuchar algún susurro que rompe el silencio de la tarde, y luego de varias horas esconder mis ojos al hastío de la tarde transcurrida, vieja herida no escuchar la radio desde hace días, escuchar todas esas canciones compasivas como basura enlatada de falsas esperanzas, idiotez que lamentablemente extraño. Pasaré a recostarme en el sillón con la intensión de relajarme y volver a quedar dormida.

 

Nada hace falta en mi silencio sepulcral y oscuro, el ruido tendría que arrastrase hasta desaparecerse, tendría que doler este dolor y no doler por falta de ruido, tendría que amanecer y no escucharse a las gentes yendo y viniendo allí fuera. Ningún ruido es necesario, el ruido es una costra que deja marcas, el ruido es un insulto en un grito, el ruido es una vergüenza bien mantenida, es la verdadera mentira con la cual todos pretendemos vivir bien una porquería de vida mal hecha.

 

A veces quisiera coserme la boca, cortarme las orejas como Van Gogh, ni siquiera respirar con tal de no hacer ruido, porque vivir en paz es estar en silencio, y no levantarse de la cama o del sofá produce una sensación absurda y maravillosa. Pero lamentablemente el ruido no me deja dormir y tengo que levantarme, con todo el asco que siento de hacerlo, salir de mi cama todas las mañanas significa llenarme de ruido y eso me enferma, quisiera no tener que hacerlo, o no poder hacerlo.

 

Imagino una mujer postrada en cama, una enferma del cuerpo que no tenga que levantarse nunca de la cama; y siento que ya no me hacen falta estas piernas. Un cuerpo débil y una mujer libre de la vida sería realmente maravilloso, y ya comienzo a imaginar mi enfermedad. Invento mi propia paraplejía, soy mañosa y mañana ya no me levantaré de la cama ni siquiera para ir al baño, las espinas del ruido ya no dolerán, o más bien sustituyo el dolor de ruido por el dolor de espalda.

 

Inventar mi enfermedad sería de lo más ingenioso, se me atrofiarían todos los músculos porque así yo lo dispongo, dejaría mis huesos de lo más extraviados a cualquier hora, hasta podría descubrir algún síntoma nuevo; como el mareo y el estómago revuelto a causa de la inutilidad de mi cuerpo, vomitaría cuanto entre a mi estómago incluido los supositorios aunque estos no venga directamente de mi boca, inventaría dolores miles en miles de puntos erógenos de mi cuerpo, y es que solo me familiarizo con estos puntos de mi cuerpo y no con el resto.

 

Al final esta paraplejia será mía, y solo yo la sentiré con tal de no sentir ningún ruido y quedarme en la cama, estando en esa circunstancia mi estado emocional sería mucho mejor, ya no gritaría de dolor sino que dejaría que otras emociones salgan desde mi interior, pero al igual que un dolor físico intenso dejaría que esas emociones me martiricen hasta hacerme perder la conciencia o la gordura, o ambas cosas.

 

No obstante y llegado a este punto, tendría que reconocer que, esta enfermedad con tal fiereza ha arrancado de mi vida la paz interior al igual que el ruido, y entonces tendría que reconocer que he vuelto a ser la misma excesiva, explosiva e inconsciente de antes a causa del dolor. Y que para dejar de ser explosiva necesito mi silencio, como única medicina para todos mis males. Reconocer que aunque quiera nunca podré tener esa mi medicina en ración completa y que siempre estaré enferma a causa del ruido y de otros depresivos desvaríos. 

 

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