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7 min
Isla Negra , la morada de Pablo Neruda
Reales |
23.06.16
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Sinopsis

Escribí este texto en el año 2007 y hoy lo comparto con ustedes en la categoría "Reales" aunque cuando lo lean verán que hay situaciones imaginarias. Mi costumbre de homenajear en esta caso al gran poeta chileno.

Embarcamos en un vuelo de la KLM que haría su primera escala en Santiago de Chile, nuestro destino turístico. El paquete contaba con una visita a Valparaíso y a Viña del Mar más un city-tour por la capital. Mientras cruzábamos la Cordillera de los Andes, el piloto tuvo la amabilidad de indicarnos que a nuestra derecha se podía observar el pico del Aconcagua, el más alto de la cadena montañosa. Era realmente un privilegio que el cielo estuviese tan azul como para enmarcar semejante espectáculo visual. Con sus altos picos nevados la cordillera se veía imponente. El boeing que llegó alcanzar los once mil metros de altura, nos informó del descenso que realizaba para que nos deleitáramos con las imágenes. Aterrizamos en la capital chilena un par de horas después en un viaje apacible y sin sobresaltos. Una soleada tarde de octubre nos daba la bienvenida. La misma en que realizamos una visita guiada a la ciudad y cenamos ,por nuestra cuenta, en un restaurante del Santiago Poniente una exquisita parrillada de mariscos servida sobre una enorme plancha como la que acá usamos para cocinar bifes. Al día siguiente visitamos las ciudades mencionadas. Valparaíso es una ciudad portuaria, declarada Patrimonio de la Humanidad ante la UNESCO. Posee una arquitectura única y pintoresca de cerros y ascensores que se entrelazan frente a la ojos del que la recorre. Viña del Mar es llamada “Ciudad Jardín” por sus hermosos parques y jardines, cuenta con hermosos balnearios y restaurantes frente al mar así como también el fantástico anfiteatro natural donde se desarrollan importantes eventos. Finalmente llegó el día libre en el cual realizamos nuestra propia maratón. Alquilamos un auto y por la mañana salimos por Av. Los Condes hacia una desviación a la derecha que nos llevaría hacia la montaña. A 47 Km., se encuentra Valle Nevado un paraíso aún cubierto de nieve a pesar de la época, con un único complejo hotelero realmente de madera y ensueño. Por la tarde emprendimos la ruta contraria, de regreso a Santiago desviamos hacia el mar por la ruta 68 los 120 Km., que nos llevarían a Isla Negra. A la altura de Casa Blanca y tras desviarse hacia Algarrobo se encuentra este pintoresco balneario que alberga el Museo Casa de Pablo Neruda. Por un momento mientras manejaba por la autopista en la monotonía de la velocidad máxima permitida (cien kilómetros por hora) me invadió un extraño sentimiento. Y cual túnel del tiempo, el recuerdo de Neruda me tomó por asalto. Isla Negra es una playa que se encuentra aproximadamente a cuarenta kilómetros al sur de Valparaíso. No es una isla y lo único negro son las rocas acantiladas que emergen de la tierra en las costas. Cuando arribamos, el sol que moría en el horizonte del Pacifico provocaba rompientes olas de un increíble color aguamarina. El poeta había nacido un 12 de julio de 1904 en un pueblo de Chile llamado Parral. Llevaba por nombre Neftalí Ricardo Reyes Basoalto y dicen las malas lenguas que su seudónimo se debe a una actitud defensiva de su adolescencia, frente a un padre que no estaba en absoluto de acuerdo con que su hijo fuera escritor. De pronto, mientras caminamos su “casa-museo” creo escucharlo: “La gente cree que nací en Temuco – dice- pero no es así. Mi padre se trasladó allí cuando yo tenía menos de dos años y hasta los 17 años en que me decidí vivir en Santiago para estudiar el profesorado de francés permanecí en esa ciudad. “
Temuco, su pueblo de la infancia, era un paraje austral y pobre de la araucaria. Los bosques y las lluvias durante meses enteros marcaban el entorno. “La lluvia caía en hilos como largas agujas”.
Mientras recorremos el living, enormes mascarones de proa nos observan desde las paredes. Un hobby que le acompañó durante años. Los coleccionaba, pero también los amaba. Hay caracolas, mapas, botellas de todos los tamaños. Todo es turquesa, verde, aguamarina, azul, celeste. Sin embargo, el escritorio resulta el lugar con más vida de la casa. La mirada del poeta que ya no esta siento que se da cuenta que estoy observando el mar como encantada. Paredes de vidrio, hacen, que la vista de esta casa, compuesta por varias estancias de madera con techo de chapa a dos aguas un poco por encima del nivel del mar, sea tan bella como indescriptible. Otra vez me habla: “¿Ve mi escritorio?- me pregunta. Una tarde estaba con Matilde y desde aquí lo vi, venía del mar y yo como le temo un poco esperé que se acercara bien a la orilla para recogerlo”. Hablaba de una tapa de bodega de barco que naufragaba por estas playas hace ya tiempo. Luego fue su escritorio.
Toda la poesía de Neruda está atravesada por la presencia marina. Imágenes y símbolos que tienen que ver con el misterio y el movimiento del mar. También este lugar donde eligió vivir estos últimos años junto a su tercera esposa Matilde Urrutia.
Un bote encallado en la parte exterior de la casa, casi en la playa hace que imagine su vocación de marino. “No soy marino ni navegante, es mas, temo mucho al agua. En ese bote invito a mis amigos con algo de beber y les demuestro que uno puede marearse, sin necesidad de navegar”
Con una cordialidad exquisita su recuerdo me invita a salir hacia la galería del jardín bajo la cual se puede ver una locomotora antigua que describe así: “Tan poderosa, una cosechadora de maíz, tan procreadora y silbadora y rugiente y atronadora....la quiero porque se parece a Walt Whitman”. El sonido del mar encrespado por el final del atardecer tal vez esté haciendo honor al nombre del primer libro que publicara allá por 1923 : Crepusculario.
Es difícil dejar este lugar, tan luminoso. Si existe un lugar en el mundo, no lo dudo, es Isla Negra. Tan abarrotado de objetos y colecciones de escarabajos y extrañas figuras. Tan barroco. Es posible que fuese más sencillo para este hombre escribir versos y panfletos que reunir todo esto.
Mientras me despido, un busto del pirata Morgan me mira desde el comedor: Lo compró en Paris – dice la guía- El anticuario no quería vendérselo pero cuando escuchó que él era chileno le preguntó si conocía a Pablo Neruda y así lo pudo convencer que se lo vendiera.
Sonrío, y agradezco formalmente la visita guiada y aunque parece un elogio desmedido le digo que por momentos fue como si el propio Pablo hubiese estado allí contándonos todo esto. .
Antes de irnos caminamos un rato por la playa y visitamos la tumba donde yace el poeta y su último amor Doña Matilde. El lugar es increíblemente bello, frente al mar, entre hermosas hojas de pequeñas coníferas. Allí moran los restos del gigante poeta. Y nuevamente confundo el sueño y la vigilia. Siento su cercanía en el aire que golpea mi rostro, en el sonido inmenso del mar… Es tiempo de volver, mientras desandamos el camino hasta la ruta, algo del poema 18 que tanto he leído, retumba en mi cabeza, es casi una descripción de ese momento y de ese lugar: “Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos/ Pero la noche llega y comienza a cantarme/ La luna hace girar su rodaje de sueños / Me miran con tus ojos las estrellas mas grandes / Y como yo te amo, los pinos en el viento/ quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre”. Esto es Isla Negra, la morada de Neruda.

 

®2007

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  • Gracias Cometa y Ariel me alegran y alientan sus comentarios. Un gran saludo!
    Liliana has logrado transportarme con este relato, formato de diario de viaje lleno de belleza en el que oscilas entre el sueño y la vigilia, cerrando el texto con esos hermosos versos. Gracias por compartirlo. Felicitaciones. Muchos saludos.
    Me encanto, un saludo
    Gracias Kira y Yasmin por escribir comentarios tan bonitos. Me siento honrada. Cariños a las dos.
    de nuevo tus lineas me producen inspiración y emotividad. gracias por compartirlo con todos nosotr@s. me es muy agradable leer algo tuyo. Saludos querida Liliana Tarantino ;)
    Gracias amigos por sus bellos comentarios acerca de mi relato de viaje. Los abrazo con todo mi corazón.
    Muy bonita esa casa. Un destino casi obligado al visitar Chile. Saludos :D
    Muy bien contado. Gracias por hacerme partícipe de tu viaje de ensueño. Un abrazo y hasta pronto.
  • Mis hojas de ruta me llevaron a San Francisco exactamente en el momento en que se cumplía 40 aniversario de la llamada Primavera del Amor movimiento hippie cuyas raíces comenzaron con la generación literaria Beat encabezada por J Kerouac Estás letras narran mi encuentro en el Bar Vesubio con su historia y es un homenaje al genial escritor y su obra.

    Volví pero aún no regresé. Suele sucederse muchas veces tal situacion pero aquí tengo amigos poetas, artistas , bohemios, viajeros a los que siempre estoy dispuesta a visitar. Este poema está dedicado a la playa de Ribeira, un barrio de Salvador de Bahía muy poco turístico donde se encuentra el Bar da Vitrola. Si alguna vez andan por allí....no dejen de visitarlo!

    Breve descripción

    Para ser leído escuchando https://www.youtube.com/watch?v=8XSw1Q6jBoI&feature=share Para quienes preguntan por NoSoy-Néstor ha abierto un blog con sus escritos literarios https://lunadebuenosaires1.blogspot.com.ar/

    Viajar es una forma de adquirir ciertos bienes. No sé qué ocurre con el formato pero nunca me queda como lo escribo.

    Esta declaración de amor es eterna https://youtu.be/fKECRHfgo2Q

    Escribí este relato en el año 2008, lleva muchos modismos del lenguaje de Buenos Aires o de Argentina en general. No lo se cuan universal pueda ser para leerlo en otros lugares del mundo pero tal vez ocurra lo mismo con otras palabras. Aquí donde cada uno trata de embellecer la palabra escrita creo que puede interesar.

    A mi amada ovejera compañera de largas caminatas. Dedicado a Troodon y a Emilio Cruz que amablemente me explicaron la técnica. Lleva un kigo una alusión al tiempo o la época en que transcurrió la escena según la tradición que debe escribirse en color verde. Como no me lo permite la edición los invito a imaginarlo.

    Dedicado a mi madre y a mi abuela vasca.

    Una chanson de amor a París Un humilde homenaje

Periodista, budista, amante de los atardeceres y pacifista a ultranza. Viajera

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