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16 min
JESÚS, SUS 3 MUJERES Y EL NÚMERO 3...
Reales |
07.06.21
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Sinopsis

Hoy les presento una historia verídica, quizás más común de lo que se imaginan y sobre la cual, no dudo que algún caballero se encuentre identificado. El ser humano acostumbrado a juzgar, sin analizar la raíz , sobre el por qué, suceden acontecimientos difíciles, complejos, profundamente destacados en otros , que los hace diferente, frente a los demás, en cuya génesis, siempre se localizará una causa.

Emprendedor, jovial, con espíritu alegre y divertido para las ocurrencias, así era la personalidad de Jesús, carismático para familiares y amigos, adornado con un éxito a toda prueba en sus negocios comerciales. Venía de un hogar fracturado, por la muerte temprana de su padre y la decisión de su madre, de escoger otro compañero, para continuar la travesía de su vida. Esa resolución, fue la que empujó a Jesús, salir del seno familiar e irse a vivir, con 10 años de edad, con una tía materna, pero no solamente se fue él, tomó de la mano, a su pequeña hermanita de 8 años, Betsabeth y ambos quedaron bajo la custodia, de la tía Martha Elena.

Se hizo un joven próspero financieramente, al colmo de estar rodeado por la sociedad más prestigiosa de la comunidad, que, en esta, se manejaba como “pez en el agua”. Pero, así como tenía esas fortalezas en su carácter, con grandes debilidades: le hacía pleitesía al Dios Baco, ingiriendo licor desmesuradamente, formándose una imagen de “conquistador” entre las féminas, lo que lo arrastró a una fama no tan admirable, porque le adjudicaron el nombre de “mujeriego”, término ofensivo, para su género y detestable, para algunas damas de la “Society” que frecuentaba.

Esa reputación de “Casanova” además de próspero monetario, quizás, despertó en Grecia Ruíz Landaeta, una inmensa simpatía hacia el personaje, que, al conocerlo, en poco tiempo, se unieron en matrimonio. Aconteciendo que Jesús se “enamoró” casi a primera vista de aquella joven, que venía de hogares formados por padres trabajadores, sin ninguna fortuna destacada y fuera del círculo social del caballero.  

Pero, a pesar de las restricciones que pueda conllevar un matrimonio, en cuanto a “salidas” con amigos y amigas los fines de semanas, ese nuevo estatus civil, no le impedió continuar con sus farras, amoríos abiertos y otras conductas que mantenían a Jesús “casado” solo en el acta matrimonial.

Jesús no soportó la presión de los reclamos de  Grecia  y le presentó el divorcio, La dama  regresó a su hogar paterno, maldiciendo el día en que se le ocurrió casarse con el “Casanova”, pero en el vientre llevaba ya, gestándose un hijo. Jesús Enrique, llegó a los pocos meses, pero, la circunstancia de hacerse padres, tampoco despertó en la novel pareja, darse una segunda oportunidad y en caso tiempo, el matrimonio fue disuelto, bajo el acuerdo, prenupcial, suscrito por ambos.

Pero, en el porvenir de su vida, a Jesús, se le avecinaban otros acontecimientos familiares. Su tía Martha Elena, quien lo apoyó en su crianza y en su educación, estaba padeciendo de “achaques por la edad”, por lo que decidió, que se fuera a vivir en su casa: una mansión, ubicada en la zona más privilegiada de la ciudad. Allí no le faltaría nada, médicos, enfermeras y servidumbre pagados por día, buena alimentación y el confort que merecía la dama, que, según los criterios de su sobrino, le dedicó años de atención, en su etapa de niñez y merecía ser recompensada con creces.

Jesús seguía con su racha de buena suerte, progresando en cualquier negocio que emprendía y su popularidad como “galán conquistador” ya sobrepasaba fronteras...Se le conocían novias, amantes, en diferentes regiones del país, derrochando, por los comentarios bien o mal intencionados, toda su fortuna.

Así fue como en un agapé  memorable, se hizo acompañar, por Mirtha Báez, otra joven, que procedía del interior del país, docente ella, con cierta personalidad rígida y de conducta recelosa, extraño para la época, comentaban todos, pero con atributos físicos que a Jesús lo mantenían embelesado.” Es que Jesús, con solo mirar una falda, se enamora”, decía la tía Martha Elena, con alto orgullo, destacando los dotes de conquistador de su amado sobrino.

Al poco tiempo, se anunciaba otra boda: Jesús José Antúnez Bolívar, se unían en votos sacramentales, con Mirtha Báez Pedroza, él con reconocido abolengo, ella una total desconocida. Como la malicia de los humanos, es imprevista y en oportunidades dañosa, la vocería de sus amistades cercanas, la apodaron “la caza fortuna”. De ella no se sabía absolutamente nada, escasos detalles, de cuándo llegó a la ciudad, pero se ignoraba, de dónde Jesús la había conocido y cómo surgió el idilio tan repentino.

Otra fiesta fastuosa, pero ahora sola por el protocolo del registro civil, porque ya el novio había llevado al altar de la iglesia, a la primera esposa. Licores de todo tipo,   y música en “vivo”, resonaban los salones del Gran Palace Hotel, de la ciudad capital. Desde ministros hasta los empleados y obreros de la fábrica, de donde era propietario Jesús, contaban como asistentes al suceso social, de ochocientos personas, aproximadamente, según el cálculo, revelado por la cantidad de “platos”, contados por el personal  contratado para  ser servidos  en la fista.

En plena recepción, a través de un familiar de la novia, se reveló lo que antes se desconocía,  y que mantenía al grupo de parientes y amistades de Jesús, intrigados. Entre murmullos de voces que corrían de mesa en mesa, fue expuesto, un secreto de la nueva novia, quien nunca supuso,  se hiciera propiedad del dominio público: Mirtha Báez la había conocido Jesús en un psiquiátrico, cuando éste, entregaba una donación para una obra social y que desde que él,   posó sus ojos en ella,  quedó prendido de  su hermosura, pero lo que ignoraba el novio  fue, que la dama jamás  perteneció a la organización receptora de la obra de caridad, sino una paciente del centro de salud mental. Hecho que ya era del conocimiento de todos, menos para el reeincidente,  casado.

La boda fue todo un éxito, comentada y reseñado su resultado, por las revistas que cubren esos tipos de eventos y por la propia concurrencia, que no dejaban de referirse sobre la alegre y excelente organización de dicha celebración.

 Los meses transcurrieron para Jesús, entre compromisos de trabajo y viajes de negocios, lo que quizás, lo mantuvo ocupado, sin percatarse, que la conducta de su nueva esposa, había traído en el personal doméstico, cierta inquietud en el hogar Antúnez-Báez. Se referían que el carácter de Mirtha no era ni el más aceptable ni el educado. Todos comentaban:” algo anda mal en esa mujer”.Un día se levanta sonriendo, brindando sonrisas a todos, y en otros, callada, taciturna, metida en su habitación, sin dejarse ver de nadie”. Jesús, pendiente en sus actividades comerciales, difícilmente, podía enterarse de los sucesos trivialidades en su nuevo hogar.

Distraído con sus ocupaciones comerciales, se enteró que su abuela, una avanzada dama octogenaria, Doña Griselda, fue trasladada a su mansión, a requerimiento de su tía Martha Elena, en virtud de que ya no podía valerse por sí misma y quién, mejor qué ella, debería ocuparse de su madre. Decisión a la cual no opuso resistencia.

Aunada a la situación de sus familiares maternos, existía esa otra situación,  no  ajena para Jesús, quien,  poco a poco se había percatado que el humor de su mujer, fluctuaba notoriamente, así como su pensamiento y, por ende, el comportamiento. La vio padecer de insomnio, delirio, alucinaciones, manías, depresiones y agitación de todo tipo. Indagando entre la familia, un buen día conoció la verdad: Mirtha Báez, no era parte de aquella comitiva de bienvenida que le programaron el grupo de féminas en el Psiquiátrico, era una paciente más y padecía del Trastorno Bipolar, antiguamente conocido como Psicosis Maniaco Depresivo (PMD). Enfermedades que ni él se había imaginado que existían, de las cuales, nunca había escuchado hablar, ni sabía sobre su interpretación y alcance.

 Agudizada la enfermedad de su cónyuge, más dolido por la mentira, que, por el resultado, Jesús, al final, nuevamente se divorció. En sus pensamientos se afilaban recuerdos de cómo, pudo ser engañado y mantener una relación, casi por dos años, procreando su segundo hijo: Jesús Rafael, atendido por una sobrina de su confianza y  por su mujer,   entre vaivenes emocionales: llantos, silencios, gritos, sin justificación alguna, pero que acompañaron todo un proceso para   adaptarse a la personalidad de su ex, quien ante la pregunta del por qué ocultó su afección, solo respondió con lágrimas y  un largo mutismo.

Otro divorcio en Jesús, que al parecer no le hacia mella en su vida, porque de su notoriedad de” Don Juan “nunca se había despojado. Al contrario, entre más años pasaban, sus cabellos entrecanos y surcos alrededor de los ojos, que recién salían, hacían un postal de “hombre interesante”, porque estar casado, nunca le impidió sentirse y actuar como “soltero”. Las novias legales, casuales o temporarias, siempre existieron en citas de negocios, reuniones de trabajo y en los viajes ocasionales, casi siempre, en fines de semanas…

Al mismo tiempo, su tía Martha Elena, le anunciaba la llegada de otra “inquilina” a ocupar otro espacio en su popular mansión: su otra tía, Azucena, la que cariñosamente, le llamaban “Azucenita”, porque era la menor de las 5 hermanas maternas, padeciendo de una condición especial, que la distinguían de las demás hermanas. Azucenita, había nacido con el Síndrome de Down y que merecía cuidados extraordinarios, que los sobrinos ya no podían ofrecerles y además, se apoyaban en el caudal de los fondos dinerarios y en la comodidad del bienestar que acompañaban siempre a su tío. Determinación, que, con mucha aceptación, permitió Jesús.

La vio salir de la compañía de telefonía, joven, desenvuelta e inteligente. Jesús se encontraba allí, por un reclamo que le fue a presentar al superintendente de la organización, por un exceso en el monto de facturación de sus empresas, lo que no estaba en sus futuras decisiones pagar, porque las consideraba abusivas, temerarias, un consumo, exagerado y desproporcionado, fuera de toda lógica.

La joven, esculturalmente bella, fue impactando la humanidad del reclamante, al extremo, de dejarlo convencido, que debía pagar la suma emitida, so pena, de suspender el servicio telefónica en todas las sucursales de sus negocios. Ocupaba el cargo de  Agente de Servicio, del área comercial, elegantemente vestida, peinada acorde a sus funciones, con aroma que cautivaba cualquier olfato masculino, manos delicadamente cuidadas, con una voz pausada, palabras intencionalmente calculadas, para no herir susceptibilidades en los malgeniosos reclamantes, quienes siempre llegaban con tono altisonantes y después, de que observaran y conversaran con la funcionaria, la entonación de los usuarios quejosos, se esfumaba, cuán humo en el viento…

Se llamaba Carla Vogel, de padres inmigrantes alemanes, pero la llamaban “Atenea”, porque la relacionaban con la diosa griega, por su inteligencia y destacaba habilidad, en el arte de convencer a los suscritores para que aceptaran el pago en sus recibos, ya sean injustos a no, llegando a lograr, la aprobación del noventa y cinco por ciento de los que entrevistaba.

Mujer que cautivaba, pero esa era diferente a los demás, reflexionaba Jesús. A parte de bella joven, que para él era” 40 y 20” como la famosa canción, pero esa diferencia generacional no evitaba frenar sus intenciones de conquistar el corazón, de “Atenea”, que demostraba educación y clase, y además, poseída de un encanto de desenvoltura, muy distinto a las féminas que él había conocido. Esa se veía resuelta, independiente, “progresista”, no atada a convencionalismo sociales ni en busca de matrimonios, que podrían ofrecerle un “status”. Esa chica tenía su propio estado quo: ejecutiva, competitiva y expresaba lo que sentía.  

Pero como la tenacidad y la persistencia, van de la mano y Jesús tenía esas destrezas dentro de su ADN, como a los seis meses, ya Carla y Jesús, fomentaban salidas, imponiéndose, a prueba las actitudes conquistadoras del caballero. Al año, contrajeron nupcias. Una boda diferente a las de otrora. Esta fue discreta, solo con la asistencia del grupo más selecto de familiares y amigos, en la intimidad de la residencia de la novia, tal y como así lo decidió la comprometida.

Un hogar aparentemente armonioso y con relaciones saludables, así se observaba el hogar Antúnez- Vogel. Jesús al principio se alejó de los compromisos sociales y de los amigos de farra, quienes lo distraían de sus obligaciones, pero a los pocos meses, volvió a sus acostumbradas salidas, fiestas y conquistas, que colocaban el matrimonio en riesgo. Carla de temperamento, de soluciones inmediatas, un buen día decidió dejar el hogar y alquiló un apartamento, con la idea fija de divorciarse ipso facto, aunque ya tenía conocimiento de que gestaba en su vientre un hijo. Sin importarle las consecuencias ni los comentarios, que ya se estaban apoderando de la vocería de su círculo social. Total, ella no necesitaba de manutención económica, ni del auxilio de ninguna otra fuente, era financiera y mentalmente libre.

Al principio abatido y herido, Jesús, por segunda vez, sintió que alguien lo “dejaba”, lo “abandonaba”, perimero su madre y ahora esta tercera esposa. No era él, el que había roto la relación, fue su esposa, Carla, que sin “aviso ni protesto”  abandonó por completo el hogar, sin explicación, pero él sabía a conciencia, que Carla no era tonta, que estaba al tanto de sus amores,  nada clandestinos, y sintiéndose ofendida, se marchó, sin pedir indemnización alguna, ni en dinero ni especies, como si habían demandado las dos primeras, a quienes no solo les dejó la vivienda sino todas las pertenencias que conformaban esta.    Esta vez, Carla, era como una especie de fenómeno de mujer: cero reclamos, cero llantos, cero escenas, pero sí, una huida, que al parecer,  era definitiva…

Fueron muchos los ruegos que Jesús, le imploró a Carla para que volviera. Esa no era mujer de regreso, ni de segundas oportunidades, solo le bastó observar la conducta recurrente y descarada de su esposo y decidirse, enrumbar su vida para otros horizontes. Nació una niña y Carla, fomentó su propio hogar, constituido, por ella y su hija.

Personalmente, conocí a Jesús, todo un personaje en escena. Platicamos sobre su vida, una tarde, tomándonos un café en un conocido lugar, de estilo europeo, cercano a mi domicilio y quien me confesó su propia reflexión, permitiéndome grabar dicha conversación:

En mí vida el número 3 me persiguió, la numerología señala, que representa la sociabilidad, la superficialidad, la simpatía y el espíritu derrochador.

Tuve 3 mujeres a quienes no valoré…a la primera debí considerarla, a la segunda, ayudar, apoyarla en su enfermedad, pero la mentira no se la perdoné, me sentí usado, la tercera, ya con mis años vividos, porque le doblaba la edad, no estimé, ni siquiera respetarla, continúe con mis andanzas y la perdí, no la retuve, porque el orgullo me comió, la dejé ir…. Fue la que verdaderamente amé. La busqué, le clamé perdón, pero ya ella, no necesitaba perdonar, ya lo había hecho, solo me prometió una sincera amistad. Y así, me lo ha demostrado siempre y le he agradecido ese noble gesto.

Con las tres tuve 3 hijos: con la primera y la segunda, varones, con la última, la Providencia, me bendijo con una niña. Ya son los tres adultos.

Por otra parte, y como para redimir mis errores, mi destino, también, tuve otros 3 amores, pero diferentes: Mi abuela y mis dos tías, a quienes amé con creces y socorrí siempre. Fueron muchas las noches y los días, en que les dediqué atención, yo mismo le suministraba alimentos y hasta ayudaba en sus aseos personales. Me esforcé, en complacerlas y que, a las tres, en sus últimos días, sintieran amor, ese que no le di ni demostré a mis tres esposas. Si he sido un pecador, siento que ya me eximieron de toda culpa, porque el amor, la abnegación y el respeto, que le dejé de ofrecer a mis tres ex cónyuges, se los colmé a mis tres familiares, era como una necesidad en demostrar, que esa vez, no le iba a fallar a ninguna mujer.

Tengo 79 años de edad, nunca más me volví a casar…vivo solo y siento, que pudo ser mejor esposo, pero, no tuve las herramientas afectivas, viví muy ajeno al sentimiento. Me interesaba solo el “tener” y eso me hacía mirar al otro lado. Hoy tengo mi “ser” que anhela estar acompañado, pero, creo que merezco vivir en soledad, no es que sea un autocastigo, sino que cuando me encontré conmigo mismo, concluyo, que la vida que tienes, es el resultado de tu propia actuación, lo que forjaste y para lamentaciones, ya es muy tarde. Tomé la cruz, la que yo mismo tallé y continuo …La vida es efímera, hoy estoy resignado a alargarla, para purgar mis inconciencias …”

 Nos despedimos y observé aún, un hombre de estirpe elegante, sobrio, en cuyo corazón se escondía un ser bondadoso, pero que quizás, en su niñez, fallaron valores vinculados a los afectos, un vacío que nunca colmó. Al contrario,  a la par, si los sucesos de su vida decepcionaron a otros, él también padeció  desde su niñez, desencantos.  Solo fue en la etapa de adulto, que logró recapacitar y que tuvo  la suerte,  según lo que expresa, redimirse, en su entorno y aproximarse a su “Yo”.

Ana Sabrina Pirela Paz

(junio 2021)

 

 

 

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  • Uh, que historia, impresionante. parece mas de película que real, muy buena!!!!!, te felicito, saludos Ana
    Saludos Chiqui. Una manera de reivindicarse, el mismo protagonista, ante la reflexión de su comportamiento, fue la atención de sus 3 familiares y después, el aprendizaje que dejan las experiencias....Recibe el saludo afectuoso de siempre.
    Estimada Autora, es un relato impactante, ya que la trilogía del numero 3 muy asertivo en cada marca que dejo para el caballero protagonista de esta historia, que debió valorar a los amores mas puros y nutridos que pudo Dios brindarle, demasiado tarde se dio cuanta de sus errores, afortunadamente fue de gran lección sin embargo, positivo para la ultima esposa quien lo enseño de todas las anteriores que la mejor forma es retirarse sin dejar estragos de peleas solo con el silencio y la ausencia, la mejor bandera de toda mujer.
    Saludos Cometa...tú aporte a la historia, me resulta muy interesante, tanto, que sí estoy segura, que la vida otorga oportunidades, depende de nosotros, si las percibimos o no. Feliz día!!
    La vida algunas veces reniega de darnos una primera oportunidad, es esquiva en pensar en una segunda, si lo hace una tercera vez es por venganza a las oportunidades perdidas, imagino que esto es lo que paso a este señor, un saludo y muy buena historia, un saludo
    Saludos Gustavo, un honor tú visita. Tú expresión, indudablemente no es para mí, tú si, que eres el Maestro de la Fábula, que mediante de la sabia tecla nos recuerdas , para grandes y chicos, un caudal de valores y principios humanos, visto a través de la fauna y que no dudamos sea un regalo, maravillosamente que surge de tú ser sensible y conducta ejemplarizante. Recibe un abrazo afectuoso y feliz día!!
    Maestra!!!!!
    Dr, Ramón reciba el saludo afectuoso de siempre. La historia es verídica, Jesús, está residenciado en Maracaibo y labora en su empresa. Aún conserva su carisma y esa picardía de "picaflor", pero ya tiene encima, los años y las experiencias vividas, que lo han hecho madurar y envejecer. Todo un personaje!! . Gracias por la "visita" Dr. Ramón.
    Gracias Mario por tus comentarios, que me invitan a continuar, en este recorrido, cada vez más exigente conmigo misma. La época de un escritor nunca perderá vigencia, porque la creatividad es ilimitada. Recibe un saludo afectuoso. Feliz día!!
    Ana, excelente relato sobre la vida de Jesús, desconocía esa historia, pero me pareció sumamente interesante. Al final pago sus culpas como todo un mortal. Te felicito. Saludos.
  • Un relato...con final abierto a la imaginación.

    Un sincero reconocimiento. A quien se lo merece, se honra.

    Una de reflexión, para la consideración de todos los lectores en general.

    No existe hecho más agotador, que la persistencia de un recuerdo, el que no tiene fin.

    Aprendizaje de la vida: el deseo se pierde cuando no tiene sentido y muere el encanto de las horas vividas.

    Una mirada a la mentira, que dura hasta que la verdad florece, como la señala el refrán español. Saludos!

    Vamos y somos muchos, mañana seremos más...Una verdad incuestionable.

    Un relato real, sin ficción, para la reflexión entre la fe y creencias, racionalidad y enseñanzas.

    Una mirada a la manifestación de la debilidad: la arrogancia del espíritu y la insensibilidad.

    El reconocimiento a una gran amistad. Dedicado a los amigos y amigas.

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Soy una aficionada a todo género del arte y me apasiona la escritura, la desarrollo como parte de mi actividad diaria. El cuento, el relato y la poesía libre me fascinan, como una manera de expresión, que la combino con mis actividades profesionales como abogada.

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