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5 min
la apuesta
Humor |
05.12.08
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Sinopsis

en esta historia se juntan la noche, el alcohol y la fanfarronería. Esta mezcla desata la trama del relato.

Desde pequeño he oído contar esta historia en mi casa y me la he imaginado como algo singular y gracioso. No se si en realidad ocurrió o es una de tantas cosas que se cuentan en los pueblos pero que en verdad nunca ocurrieron.
Contaré la esencia de la historia tal como me la contaron, introduciendo datos que son de mi inventiva, con los cuales puedo desarrollar este relato que empieza así.

Han pasado ya muchos pero que muchos inviernos desde que esto ocurrió. Estamos en un pueblo de la comarca Zamorana de Sayago, en tierras donde dos ríos unen sus aguas.
Corren los días de un mes de enero extremadamente frio. Tras un día de duro trabajo en el campo, la gente se recoge en casa nada más que anochece, enciende el fuego en el hogar de la chimenea y allí se están hasta la hora de acostarse.
Algunos hombres, sobre todo aquellos que son jóvenes se marchan al bar a tomar un vino después de cenar, se reúnen con los amigos y comentan los chismes del pueblo.
En una mesa del local están sentados cinco amigos, llevan ya un buen rato bebiendo y el alcohol empieza a hacer efecto en ellos.
Manuel dice que se va, que por hoy ya es suficiente. Todos asienten menos Paco que esta el hombre que no se tiene. Se enfada con ellos y los tacha de niñatos.
-Tú también deberías irte para casa antes de que no sepas llegar a ella -dice Manuel.
-Encuentro la puerta de mi casa con los ojos cerrados, y si fuera necesario hasta la del cementerio -responde Paco.
Todos se hechan a reír ante la salida de Paco y Pablo, otro de los amigos que se encuentran sentados en la mesa reta a Paco a ir al cementerio.
-Cuanto nos apostamos -dice Paco.
Siguen la broma y realizan una apuesta que consiste en ir al cementerio, que Paco entre dentro y clave un clavo en el interior de la puerta del campo santo.
Salen de bar y transitan las calles adoquinadas y oscuras del pueblo, van cubiertos con capas negras que le llegan hasta los tobillos y con las que se cubren para protegerse del frio de la noche.
El cementerio no esta muy lejos del pueblo y no tardan en llegar, se paran frente a la puerta, le dan a Paco el martillo y un clavo y le dicen "ahora no te eches para atrás". Paco coge la herramienta y sin dudarlo ni un instante abre la puerta diciendo...
-Os vais a enterar de quien es el Paco.
Nada más entrar, los que se han quedado fuera cogen un tablón y lo ponen cruzado entre la manilla y la puerta haciendo fuerza con la pared. De esta manera no puede abrirse la puerta, quedando Paco encerrado dentro. Desde el exterior se oyen los golpes que Paco le da al clavo para que este quede introducido en la madera.
Todos esperan con ansia el momento en que quiera abrir la puerta y así reírse de la broma que le han gastado.
Tras los golpes del martillo se queda por un instante todo en silencio para después oírse los gritos de Paco, unos gritos angustiosos que pedíana ayuda con desesperación. "Favor, ayuda. No me hagáis nada, soltarme"
Sus cuatro amigos en el Exterior no paraban de reírse del desventurado Paco que había caido como un inocente en la broma que le habían gastado. Pronto cesaron las risas al oír cada vez con más desesperación la súplicas de Paco, las caras se volvieron serias y en ellas se reflejaba el miedo. No se atrevieron a quitar el tablón que impedía que la puerta pudiera abrirse, en cambio retrocedían con pasos cortos para después darse media vuelta y echar a correr en dirección al pueblo. A sus espaldas se seguían oyendo los gritos de Paco.
-Soltarme, no me hagaís nada. Por Dios os lo suplico no me agarréis, soltarme por Dios, soltarmeee.
Paco quedó toda la noche en el interior del cementerio, junto a la puerta. Mientras, sus amigos se metieron en sus respectivas casas sin comentar nada a nadie, tal era el miedo que llevaban en el cuerpo que no dijeron ni una palabra en todo el recorrido.
De tanto suplicar, Paco quedo sin fuerzas, medio desfallecido y tan solo cuando la luz del día ganaba partido a la oscuridad y vio lo que ocurría se sobrepuso.
-¡Bien sabía yo que había quedado enganchado con el clavo en la puerta!

Y así fue, al clavar el clavo en la puerta, este quedo enganchado con la capa clavandola también. Al ver que no podía separarse de la puerta por que algo lo tenía amarrado allí, se desespero pensando que los espíritus del campo santo lo tenían agarrado por haber ido a invadir su descanso eterno.
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