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143 min
La Burbuja. (planeta hostil)
Ciencia Ficción |
24.01.15
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Sinopsis

Bernie se pregunta qué hay más allá de la "burbuja". Su abuelo le contó que hubo un mundo anterior en el exterior, extenso y sorprendente. Su padre, sin embargo, dice que creer en eso es peligroso. Y él está dispuesto a averiguarlo. Antes de morir, su abuelo le deja una caja con cosas que supuestamente pertenecieron a ese mundo. A partir de ahí, todo cambiará para él...

LA BURBUJA ( PLANETA HOSTIL)

 

 

1

 

   Su padre siempre había sido reacio en cuanto a hablar sobre ello. Decía que no era bueno para el espíritu ni la mente. Que había que seguir adelante y estar contentos con el hecho de estar vivos y tener todo lo que tenían para vivir. Que nadie sabía cómo había sido ese supuesto "anterior mundo" , si es que acaso había existido y que lo único que importaba era su actual "mundo"; es decir, ese limitado lugar que se ubicaba dentro de la "burbuja", como ellos le llamaban, con todas sus peculiaridades, pautas, leyes y costumbres que la conformaban.  Decía también que, si aquel mundo hubiera existido alguna vez, hacía mucho tiempo que había desaparecido, y que si hubiera un "mundo exterior", probablemente, sería un lugar hostil. Pero su abuelo era diferente. Le contaba, a escondidas, historias extrañas sobre ese "otro mundo" que supuestamente había precedido al actual. Historias que, de pequeño le fascinaban y ahora, que era un muchacho, le obsesionaban. Por eso, él necesitaba conocer qué había más allá de sus invisibles muros; que misterio encerraba. Recordó algunas de esas historias, historias que él le había contado; historias fascinantes sobre un mundo gigantesco, repleto de gente, por todas partes; gentes que lo habitaban y lo poseían, y artefactos mecánicos de todas las formas y usos posibles. Él le había contado que la gente se agrupaba en inmensas ciudades, gente de lo más variopinta, y que estas se edificaban hacia el cielo como colosos de piedra. También le había contado que eran ruidosas, muy ruidosas... A ambos les gustaba imaginárselo, porque Pablo, su abuelo, no las había conocido personalmente, pero, al igual que él, su propio abuelo, que decía sí haberlo hecho cuando solo era un muchacho, se las había contado en más de una ocasión. En ese momento de reflexiones continuas alguien llegó por detrás y le puso la mano derecha sobre los ojos, tapándole la vista.

-Si adivinas quién soy tendrás premio.- Dijo una voz femenina.

- Eres... mi madre....- dijo él y en ese momento se revolvió y, cogiéndola por la cintura, la colocó delante suya, sobre su falda.

- No soy tu mamá...

- ¿Entonces no tengo premio?- Preguntó Bernie jocosamente.

  Ella entonces le enseñó una botella de licor casero que llevaba en su mano izquierda y ambos se sonrieron, y, a continuación,  se sentaron orientados hacia el límite invisible de la "burbuja".  Comenzaron a beber, compartiéndola. Tanto Maggie como él permanecieron en silencio mientras el líquido quemaba sus gargantas.

- Algún día lo haré.- Musitó él por fin después de un rato.

- Es una locura.- Aseveró ella.- Este es nuestro lugar, Bernie.- Él la oyó pero no respondió. Se limitó, tan solo, a saborear el licor.- Ya sabes lo que dicen nuestros mayores...

- Sí.- Afirmó él con resignación. - Este es nuestro hogar... el exterior es hostil... aquí estamos a salvo...- Comentó Bernie como remedando, irónicamente, lo que había oído una y otra vez.- Pero, ¿Cómo lo saben? Si nadie ha conseguido salir nunca ¿Cómo saben nada de eso?

- Supongo que "ellos" lo decidieron así.

- ¿Ellos?- le preguntó Bernie algo contrariado.- ¿Ellos? ¿Quiénes son "ellos"?  ¿Quiénes son?

- No lo sé...- Confesó la chica abrumada.- Pues "ellos"... Ya sabes lo que cuenta la leyenda. A ti te lo han dicho tantas veces como a mí… "Ellos" nos protegieron. Pusieron esas barreras invisibles para que nada nos hiciera daño, para protegernos del exterior. No sé más...

- Pero, ¿Quiénes son? ¿Por qué no quieren que salgamos al exterior? ¿Qué hay afuera que no quieren que veamos?

- No lo sé Bernie. Aquí está nuestro sitio. Tenemos lo que necesitamos...

- Sí, eso es lo que dicen- afirmó él con resignación.- Y, dime Maggie, ¿es esto lo que quieres de verdad? ¿Esta vida monótona y absurda? Crecer, casarte, tener hijos, trabajar, aquí encerrada... ¿Eso es todo lo que quieres?

- Entonces ¿Qué? ¿Atravesar el "muro"? Sabes que es imposible... ¿Ir al exterior? Dios mío Bernie... No sabemos nada de lo que hay ahí afuera... o si existe un "exterior" más allá del "muro". Esta es nuestra vida. Así hemos aprendido a vivir.

- ¡Claro que existe! ¡Sé que existe!... Además, esto no es vivir, es solo... respirar...- Entonces Bernie dejó la botella de licor en el suelo y se puso de pie.

- ¿Qué quieres decir con que sabes que existe?- Bernie no le hizo caso y comenzó a caminar despacio hacia el límite.- ¿Qué sabes Bernie?- No le hizo caso y continuó.- ¡Bernie!

- Algún día lo conseguiré. Sé que lo haré...- Dijo hablándose a sí mismo.- Encontraré la manera... Mi abuelo me dijo que había una manera... Él me lo dijo.

- ¡Bernie ten cuidado!- Le advirtió ella puesta ya de pie.- Te estás acercando demasiado... Es peligroso...

  Él se paró entonces y se agachó, cogiendo una pequeña piedra y lanzándola con rabia hacia el vacío, en dirección al "muro" invisible.  Esta recorrió el espacio entre ambas y, al llegar al límite de la "burbuja", provocó un leve aluvión de chispas y salió despedida hacia adentro con brusquedad. Maggie caminó hacia él para tratar de disuadirlo de su peligroso empeño pero ya él había cogido una rama que había por allí, en el suelo, y había caminado hacia ese límite. Una vez llegado a ese punto, trató de traspasarlo, pero esta vez fue él mismo quien salió repelido, cayendo hacia atrás, al suelo. Ella se puso de rodillas, junto a él.

- ¿Estás bien?- le preguntó, interesándose.

- Sí, sí, estoy bien.- Asintió.

  Intentó mirar a través del campo de energía y no vio nada, tan solo un leve reflejo de ellos mismos, como si fuera un espejo distorsionado. También miró a lo alto. Era el mismo mecanismo, con la diferencia de que no eran ellos los que se reflejaban sino el espacio vacío que había sobre sus cabezas y, más arriba, creaba un reflejo extraño y artificial, como si, en vez de un cielo, sobre sus cabezas, hubiera una gran superficie uniforme que se aclaraba o se oscurecía dependiendo del ciclo que experimentaran, es decir, el ciclo diurno o el nocturno. Y ese espacio también era infranqueable, y lo sabía. En una ocasión había echado a volar una cometa de un material muy ligero, aprovechando la suave brisa que había siempre en las capas superiores, y se volatilizó a unos cincuenta metros de altura siguiendo la vertical de la pared invisible del límite. ¿Pasaría igual mucho más arriba, lejos del límite? No había forma de saberlo, pero Bernie suponía que sí.

- Todo esto debe tener algún sentido.- Se dijo.

El interior de la burbuja tenía unos dos mil quinientos metros cuadrados de superficie y él suponía que la respuesta debía estar en el exterior. "O tal vez no", musitó pensando en su abuelo y en algunas de las cosas que le había dicho. Unas quinientas mil personas sobrevivían gracias a la agricultura, la ganadería y el comercio. El terreno era fértil, el tiempo siempre era moderado y agradable y por la noche solía caer un rocío que lo impregnaba y humedecía todo.  Era una vida humilde, laboriosa y monótona con la cual sus habitantes parecían sentirse satisfechos. Nadie se cuestionaba nada. No se hacían preguntas indiscretas e incómodas acerca de la naturaleza de la burbuja ni sobre un posible "exterior". Simplemente lo aceptaban, pero Bernie no podía actuar así.

  Después de eso llevó a Maggie a su casa y él se fue hacia su cobertizo. Allí tenía guardada una caja con algunos enseres que su abuelo le había confiado de forma secreta antes de morir, advirtiéndole previamente que esos objetos pertenecían a ese "anterior mundo" y que debía guardarlos celosamente y protegerlos. Había, por ejemplo, viejas fotografías de gente que hacía mucho había muerto y que, supuestamente, había conocido los sucesos que les había llevado desde ese "anterior mundo", a vivir dentro de la burbuja invisible. Las estuvo ojeando de nuevo. Eran "momentos congelados" en los que se veían personas sonrientes, no solo eso, parecían realmente felices, o de lugares realmente evocadores. Por ejemplo, en una se veía un hombre y una mujer y, detrás de ellos una especie de maquinaria de acero con ruedas que su abuelo había dado por denominar "coche", y que, según sus palabras: "era veloz como el viento". Bernie pensó en la maravillosa sensación de libertad y excitación que debía producir subirse en uno de esos "coches". También había otra fotografía que le gustaba mucho, y en esta se veían un grupo de chicos jugando dentro de una inmensidad de agua realmente impresionante que su abuelo había llamado mar pero que no había conocido personalmente. No lograba a imaginar que pudiese haber tal cantidad de agua en ningún sitio.

  Había también lo que Pablo había llamado una "pistola". Su abuelo le había contado cómo funcionaba y le había dicho que tuviera mucho cuidado y que nunca la disparara fuera de un recinto cerrado, que eso podría llamar la atención de "ellos".  Lo cierto era que no se explicaba como un utensilio tan pequeño podía ser tan peligroso. La agarró por la empuñadura, tal como le había enseñado, metió el dedo en el gatillo, y, asegurándose que tuviera puesto el seguro (recordó que él se lo había advertido varias veces, y, por la forma de hacerlo no bromeaba), apuntó hacia una pared y lo apretó un par de veces, escuchando el "clic" apagado del percutor, imaginándose cómo su abuelo le contaba la forma en que esta detonaba y escupía esos pequeños proyectiles. Después de eso la observó y pensó que cualquier día la dispararía en algún sitio y comprobaría si lo que le había dicho era verdad, pero no en ese momento, porque podría oírlo su padre o su madre. Además de eso, había un par de cosas más, como unas gafas de visión nocturna, un destornillador, un reloj que no funcionaba, un teléfono móvil inservible y un dado, entre otras cosas, y un cuaderno escrito a mano, de escritura más o menos nítida. A excepción de esto último, no tenía ni idea de para qué servían. Cogió el cuaderno mientras trataba de imaginar un mundo como ese, en el cual hubiese esas y muchas cosas más; in mundo tan excitante como ilimitado y que estaba lleno de cosas asombrosas. Abrió entonces el cuaderno, como había hecho en más de una ocasión, pero nunca, desde que se lo diera su abuelo, se había atrevido a leerlo por que este le había dicho que, cuando lo hiciera, probablemente todo cambiaría para él; cambiaría su concepción de las cosas y su visión de sí mismo y de lo que le rodeaba. En su tapa interior había un dibujo de un artefacto y unas instrucciones de uso. Su abuelo le había comentado al respecto que era un artefacto capaz de derribar los muros invisibles que los cercaba y que se supone fabricaron los primeros moradores de la burbuja pero que no sabía si era verdad y, de ser así, qué había sido de ello. Se sintió cobarde en cierta medida porque sabía que en esas páginas había respuestas; respuestas que su abuelo no había querido darle verbalmente y que nunca, hasta ahora, se había atrevido a buscar. Pero cuando se disponía a comenzar su lectura oyó ruidos en el exterior del cobertizo y entonces lo ocultó todo rápidamente y acto seguido la puerta se abrió, al fondo, apareciendo la silueta de Randy, su padre, que, después de localizarlo, fue hacia él con pasos cansados.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó este con un claro reproche.

- Nada. Solo descansaba.

- Hijo, ¿recogiste la comida de los animales?- Bernie asintió.

- Sí, lo sé. Mañana me levantaré temprano y haré el resto.

- Ya sabes que debes limpiar las cuadras y tienes que ir a ver las crías...

- Sí, ya lo sé, padre.

- ¿Ocurre algo?- Inquirió su padre algo molesto con su tono de voz.- Pareces enfadado.

- No me ocurre nada. No te preocupes que yo me encargo.- Afirmó sintiéndose algo agobiado.

- ¿Es cierto que a veces te acercas al límite y arrojas cosas?- Preguntó de forma directa.

- Sí.... sí, a veces... lo hago.- Bernie se sintió desarmado ante las inesperadas y directas palabras de su padre.

- No quiero que vuelvas a hacerlo, ¿de acuerdo? Ya sabes que la ley lo prohíbe.

- Sí, padre, lo sé.- Contestó fastidiado, pero no tenía ganas de discutir ni tampoco quería que él pudiera descubrir los objetos de su abuelo. Ellos nunca se habían llevado bien.- Ahora voy para allá.

- Está bien.- Su padre le dedicó una última mirada que más era de preocupación que de reproche, y se fue.

  Una vez que se cercioró de que este se había marchado lo escondió todo excepto el diario, que ocultó en su habitación.

 

 

 

2

 

  Sus padres ya dormían. Él estaba en su habitación, a la lumbre de una vela. Cogió por fin el cuaderno, se acomodó, lo abrió por el principio y comenzó a leer:

 

 "Hoy por fin me he dado cuenta de que algo está pasando, aunque, en el fondo, llevo algún tiempo presintiéndolo. Tal vez sea un puñetero paranoico, pero mi instinto me dice que algo va a ocurrir. Y el origen fueron esos dos malditos meteoros que cayeron hace un par de meses. Uno cayó en África, y otro en Alaska. No fueron fortuitos, de eso estoy convencido. ¿Cuantas probabilidades hay de que caigan dos a la vez? Tengo amigos que trabajan para la NASA y ellos me lo decían; me decían que a los medios de comunicación les contaban unas historias que nada tenían que con la realidad, que los militares estaban estupefactos con la trayectoria que estos adoptaron para entrar en la atmósfera. Los habían descubierto demasiado tarde y, ante el comportamiento de estos al acercarse no habían tenido capacidad de reacción. Creo que ese fue el principio de la cuenta atrás. A partir de ahí el planeta empezó a cambiar. Nosotros también. Algo traían esas rocas, a pesar de que el Gobierno diga lo contrario. A partir de ahí aumentaron los índices de criminalidad, de asesinatos, de suicidios, de enfermedades mentales... Fue como si nos hubiésemos vuelto todos locos, de repente.  Recuerdo por ejemplo a un amigo que se llamaba Roberto, piloto del ejército; un tipo preparado tanto mental con físicamente; había pasado incluso las pruebas para ingresar en el programa de la Agencia Espacial, con experiencia en combate real. Un día íbamos en un transporte gubernamental y nos quedamos atascados en el túnel de entrada de la zona norte de la ciudad y el tipo comenzó a sudar profusamente y a temblar de una forma inusual, como si estuviera muy nervioso o aterrorizado o algo así, y el tipo, sencillamente, perdió la cabeza. Intenté calmarlo pero me dejo KO de un puñetazo. Cuando desperté me dijeron que había tumbado a cuatro personas más, que se había apoderado del microbús y que, en su desesperado intento de salir del atasco, había causado un montón de heridos y algún que otro muerto y que al final, la policía no habían tenido más remedio que abatirlo. Increíble, ¿no?

 En otra ocasión a mi equipo y a mí se nos dio la misión de arreglar unos desperfectos en la Estación Espacial Internacional, en los módulos de comunicación y en el Nodo 1, y así mismo hicimos. El caso es que conozco muy bien a mi equipo, tanto como ellos a mí. Cuando estábamos dos miembros del equipo y yo en el exterior de la estación, uno de ellos sufrió un inexplicable ataque de pánico. Estoy hablando de un tipo que lleva conmigo unos dos años, con más de cinco años de servicio, unas veinte salidas al espacio a sus espaldas y un alunizaje, por si eso fuera poco. De repente, se volvió loco. Se quitó el casco porque decía que había algo adentro y que trataba de llegar a su cerebro entrando por uno de sus oídos. No pudimos hacer nada. Fue terrible. La gente ha comenzado a enloquecer,  de forma sorprendente e inexplicablemente. Se suicidan, uno tras otro. Como si hubiera algo en el aire. Nadie tiene una explicación al respecto. Ni si quiera el Gobierno. Están tan confusos como el resto de nosotros. Es como si todo el mundo se hubiera vuelto loco de forma masiva. Una especie de esquizofrenia colectiva. Todo se desploma a mí alrededor. Se ha convertido en una encarnizada lucha por la supervivencia. Estás en el supermercado y te ves en medio de un feroz tiroteo. Entras a un banco y un loco que entra después de ti amenaza con volarte la tapa de los sesos. Estás en un bar y se produce una encarnizada pelea. O en el trabajo,  y un compañero insatisfecho se carga a la mitad de los empleados. Mi mujer falleció hace un mes atropellada por un malnacido borracho. Él tipo se dio a la fuga y dos horas más tarde se presentó en una comisaría y se pegó un tiro. No sé cómo quitarme esta sensación de frustración y desesperación. Todo se hunde bajo mis pies, tanto dentro de mí como a mi alrededor. Vamos hacia el caos más absoluto.

 

  Había un tipo, en realidad un vagabundo, de pelo largo y barba canosa y descuidada y mirada perdida caminando de acá para allá, vociferando,  diciendo cosas extrañas, dando una especie de sermón apocalíptico, haciendo gestos grandilocuentes... Decía cosas como: "¡una grande tribulación como la cual ningún hombre ha visto jamás, no, ni volverá a suceder! ¡Lo advierten las Santas Escrituras! ¡Una grande tribulación y después vendría el fin de este podrido mundo! ¡Por eso, arrepiéntanse antes de que sea demasiado tarde! Porque ninguna carne se salvará a menos que se acorte esta grande tribulación ¡Arrepiéntete de tus pecados antes de que llegue el fin...!"

   No sé por qué pero el tipo se acercó a mí. Tampoco sé por qué me causó impresión, tal vez porque estoy sensible y conmocionado por todo lo ocurrido. El tipo se acercó a mí y me agarró con ambas manos por los brazos, y me zarandeó, diciéndome:

- "¡Hermano despierta, tienes que mantenerte despierto!",- sus ojos desorbitados me traspasaron y su voz sonaba en mi cabeza como un trueno.- Ya lo dicen las escrituras: "y habrá una gran tribulación como la cual no ha habido otra en la tierra... y se esos días se acortarían a causa de los elegidos por que si no toda carne perecería... y los elementos, estando intensamente caliente, se derretirán. Y en los cielos habrán grandes señales. Y el mar se convertirá en sangre y las estrellas caerán..."

- Los elegidos, ¿Quiénes son los elegidos?- Pregunté yo perturbado como estaba.

- Eso solo él lo sabe, hijo.

- ¿Él? ¿Quién es él?

- ¡El señor, hijo mío, el señor! Se han desatado las plagas para este mundo impío. Pero ha llegado la hora del juicio... ¿Tienes algún pecado que confesar, hijo mío? ¡Confiésalos antes de que sea demasiado tarde...!

  El tipo me miró de forma desquiciada y me agarró con una fuerza exagerada para ese enjuto cuerpo, y lo único que pude hacer fue quitármelo de encima de un empujón y largarme.

 Estoy  en el sótano. Supongo que trato de esconderme. Sé que es una tontería pero no quiero estar arriba. Todo me recuerda a ella. Cada rincón, cada palmo de la casa. Tengo que ser fuerte por que sé que esto va a ser muy duro.  Llevo cinco días aquí abajo, aislado de todo. Pero me va quedando poca comida ya...

 

  Mientras estaba tirado en el viejo sillón del sótano oí un fuerte golpe arriba, como un impacto de un vehículo o algo así. Cogí el rifle y me dispuse a subir para saber de qué se trataba. Estaba asustado. Lo primero que pensé era que alguien había empotrado el coche en la puerta de mi casa para penetrar a ella. Últimamente se ha convertido en una práctica muy común, desgraciadamente. Y vivo en una zona lujosa, lo cual la puede llegar a hacer blanco de ello. Pero era un camión que se había estallado contra el muro del jardín y había penetrado hasta el porche. Fui hasta la cabina y miré dentro. El tipo estaba ensangrentado y estaba recostado contra el volante. La cabina estaba destrozada. Lo eché para atrás con cuidado. Parecía muerto, al menos esa fue la sensación que me dio. Cayó hacia el otro lado. No podía ver su rostro. Así que le miré el pulso en el cuello y me pareció que tenía, muy débil, pero que su corazón latía aún, y, entonces, le volteé la cara, y vi, sorprendido, que ese rostro no parecía humano. Detrás de las numerosas heridas del accidente se adivinaba un rostro grotesco y monstruoso, más propio de una película de terror que de la realidad. Su piel era áspera y el color era ligeramente verdoso. Apenas tenía dientes, como si estos se hubieran caído pero asomaban otros que parecían afilados, más característico de animales. Y sus pómulos eran anchos y pronunciados. Entonces me di cuenta que su cuerpo, al menos de cintura para abajo, había quedado atrapado bajo la destrozada cabina y un pequeño amasijo de hierros. Y me quedé allí, mirándolo, estupefacto, sin saber qué hacer exactamente, y, de pronto, aquello empezó a despertar, y empezó a producir una especie de maullidos que me parecieron aterradores, y entonces su cabeza se giró hacia mí, y unos ojos ensangrentados, de pupilas grandes, y desprovistos de toda humanidad, se clavaron en mí de forma hostil. En ese corto intervalo de tiempo pude observar que la criatura mutaba poco a poco, cambiaba, se transformaba de tal forma que su antigua naturaleza humana desaparecía cada vez más a cada lento pero evidente cambio. La criatura recuperó fuerzas, tanto así que casi me alcanza la cara de un manotazo, y, al ver que estaba allí atrapado y eso le impedía alcanzarme, trató de zafarse de todo aquello que se lo impedía, y se puso furioso por no poder hacerlo y empezó a gruñir y a echar espuma por la boca, como un animal rabioso,  e hizo fuerza una y otra vez y entonces le puse el cañón de mi escopeta sobre su rostro y apreté el gatillo, porque de lo contrario estaba seguro que habría logrado salir, y los pedazos saltaron por todas partes, y, en un segundo me llené de sangre y de sesos y me quedé quieto, conmocionado y perturbado, aterrorizado, y alguien me quitó el rifle y me sacó de allí..."

 

 

 

 

 

3

 

    Bernie se despertó sobresaltado. De alguna manera, lo que había leído en el diario la noche anterior le había sobrecogido de una forma que no sabía explicar. Recordó entonces las advertencias que su padre le había dado el día anterior, así que se levantó sintiéndose más cansado que de costumbre y se preparó para la maldita rutina diaria. Sus padres, junto en otras once familias, eran las encargadas de cuidar y trabajar una granja de animales que constaba de unas doscientas gallinas,  treinta gallos, cuarenta vacas, quince toros, siete caballos, cien ovejas y cien cerdos. Allí todos trabajaban para la Comunidad, y era esta comandada por el Consejo de Ancianos, que eran los que ministraban toda su producción. Era un trabajo que odiaba pero se suponía que todo ciudadano debía estar orgulloso de producir algún tipo de beneficio para la Comunidad, pero él no se sentía así y no podía engañarse al respecto. Antes de irse guardó bien el cuaderno. Volvió a su casa al atardecer. Estaba cansado. Había sido un día especialmente agotador. Uno de esos típicos días monótonos, pero agotadores, por otra parte. Su madre le preparó la cena, un cocido, pan casero, cerveza y fruta. Olía muy bien, pensó Bernie. No estuvo muy hablador. Sus padres contaban las mismas cosas de siempre. Mientras cenaba, su madre le miró varias veces de reojo, suponiendo que algo le pasaba.

- Hijo, ¿estás bien? ¿Estás bien Bernie?- la segunda vez preguntó con cierto aire de preocupación, cuando ya no pudo callárselo más.

- ¿Qué? Sí mamá, estoy bien, claro que sí.

Lo cierto era que pensaba en el diario.

- Di algo. Estás tan callado...- le pidió ella.

- Uno no está siempre igual de hablador, ya sabes...- se defendió él.

- ¡Sí, mujer! Ya sabes cómo son los chicos y sus cosas...- Comentó su padre con esa voz ruda y directa que tenía, e hizo un gesto como de complicidad hacia él pero con cierta ironía.

- Ah, ya...- Afirmó su madre creyendo sobrentender que se estaba refiriendo a algún tema sentimental.- Bueno, ya es mayor y va siendo hora que forme una familia... ¿no?- preguntó, esta vez, directamente a él.

- Sí, sí, claro.- Contestó Bernie algo perplejo, pero sin hacerle demasiado caso.

- Maggie es una chica muy simpática y trabajadora... Sería una buena mujer y una buena madre...

- ¡Mamá, por favor!- Protestó Bernie.

- No me digas que no le has echado el ojo... Si se nota que... no sé, hacéis muy buena pareja.- Replicó ella con creciente interés.

- Somos amigos.

- ¿Sólo amigos?

- Sí, solo amigos, nada más, mamá...- Bernie comenzaba a sentirse fastidiado por la insistencia de su madre.- Sí, es simpática, guapa, trabajadora, y todo eso que decís las madres, pero es de esa clase de mujeres que se conformaría con arreglar su casa y hacerle de comer a su querido maridito...- Adujo él con un inconfundible tono de burla.

- Y, ¿Qué tiene eso de malo?- preguntó su madre algo molesta, porque, de alguna forma, también se veía perfectamente retratada en esa descripción.- ¿Qué tiene de malo?

- Nada, nada...- Respondió él tratando de evadir la mirada ofendida de su madre.

- ¡Está bien, Bernie!- Atajó su padre en energía.- ¡No te hagas el listo! Y tú,- dijo ahora dirigiéndose a ella,- deja de agobiarle con esas cosas.- Lo cierto era que a él no le gustaba Maggie para que formara parte de la familia por que le consideraba irresponsable y  no totalmente comprometida con la Comunidad, y ya con su hijo tenía bastante.

  Después de eso ella se levantó sin decir nada y comenzó a recoger los platos. Bernie hizo lo mismo con su cubierto y, después de lavarse los dientes, orinar y lavarse las manos, se fue a su habitación. Espero un rato hasta que le pareció que ellos dormían y, después de encender un pequeño candil, abrió el diario y continuó leyendo:

 

"Gente del vecindario nos hemos atrincherado en un par de chalets que hemos acondicionado para ello. En realidad lo que hemos hecho es fortificarlo; poner vidrios rotos en las rejas exteriores, reforzar las entradas y las ventanas, y ese tipo de cosas. Tenemos miedo, mucho miedo. La gente, en general, está empezando a agruparse para ser más fuertes y protegerse. Todo se está yendo al garete. En cualquier momento uno de esos "infectados paranoicos" aparece de la nada y comienza a matar de forma irracional e indiscriminada. El pillaje se ha hecho común y brutal. Mucha gente sobrevive de esa forma. Algunas cosas empiezan a escasear. Todo comienza a derrumbarse como un castillo de naipes. La sociedad como la habíamos conocido hasta ahora va desapareciendo poco a poco y comienza a imperar la ley del más fuerte.  Las fuerzas del orden se ven superadas por la avalancha que supone todo esto. La gente sin escrúpulos se multiplica tan aprisa como esos malditos infectados. Nadie sabe cómo ni porqué. El tipo que está a tu lado, ese que tantas veces te ha cubierto las espaldas, de repente se vuelve loco y sufre una especie de paranoia  o de fobia o algo así y entonces se convierte en una especie de loco hijo de puta que no sabe hacer otra cosa que matar todo aquello que le rodea. Es como si una reacción desmedida de terror le pusiera sumamente agresivo, y ya no fuera capaz de reaccionar con cordura, ni siquiera de distinguir la realidad.  Y, por si eso no fuera bastante, encima tienes que luchar por las cosas elementales con otros grupos armados tan asustados como tú y los tuyos. A veces hemos tenido enfrentamientos con gente así, y no es fácil dispararle a un tipo que sabes que solo quiere sobrevivir como tú y que está tan asustado como lo estás tú. No hace mucho, por ejemplo, un grupo pequeño de lo que parecían delincuentes de poca monta intentaron quitarnos los víveres que habíamos conseguido en un supermercado y, en otra un grupo de ex-militares o algo así intentó quitarnos nuestras armas, vehículos y supongo que también provisiones,  y tuvimos un cruento tiroteo con ellos. Los tíos eran muy efectivos; sabían bien lo que hacían, y nos costó repelerlos. Murieron tres de los nuestros; un policía, un ex-marine y un repartidor de pizzas. A mí me hirieron, pero solo fue un rasguño. Hemos visto la necesidad de organizarnos, para defendernos. Y la gente cada vez se vuelve más loca, y nadie está exento de ello, ni siquiera los militares. Lo mejor es agruparte para poder repeler los ataques.

 

  La gente está empezando a mutar. Como el conductor del camión que se estrelló contra mi casa. En un principio fueron casos esporádicos pero cada vez se están haciendo más preocupantemente comunes. No es que cambien de la noche a la mañana, pero tampoco puede decirse que son cambios graduales. De repente comienzas a notar que alguien está cambiando, sin saber exactamente en qué, y horas más tarde se ha transformado en una especie de mezcla entre zombi y hombre lobo o algo así.  Si lo otros, los paranoicos esquizoides, daban miedo y eran peligrosos, no tienen ni punto de comparación con estos. La gente muta de forma repentina y aleatoria. No es que sea como en esas pelis de terror en los que un infectado te muerde y te transformas, no, ni mucho menos. La gente se transforma y nada más. Nadie sabe por qué o cómo. Todos somos víctimas, de una forma u otra. Como si hubiera algo en el aire. Una maldición o algo así. Y entonces tu cuerpo cambia. Tu piel se cuartea y se pone áspera. Te salen colmillos y garras, y pequeñas protuberancias por la cara y el cuerpo. Tus ojos se ponen de un color verdoso y te haces mucho más fuerte, porque tu masa muscular aumenta, y más ágil que antes y sobre todo, muy agresivo. Algo realmente aterrador. Como despertar dentro de una pesadilla.

 

 La sociedad actual se hunde. Sé que antes he escrito algo así, pero era en un sentido más o menos figurativo. Ahora no hay nada de exagerado en decir que todo se ha ido a la mierda.  Los mutantes son una amenaza demasiado peligrosa. Aparecen en cualquier parte y son muy difíciles de parar. Por eso la gente sigue optando por reagruparse, con la única prioridad que la supervivencia. Es lo único que importa.  Esto nos está transformando a todos. Nos hace ser crueles y egoístas. También a los que, por el momento, no hemos mutado, nos ha convertido en monstruos. Todos somos una potencial amenaza para los demás. Cualquiera es un enemigo, alguien a quién no puedes darle la espalda. Ya no son solo los mutantes. No te sientes seguro ni estando entre los tuyos.

  Ayer por la noche estaba acostado en un rincón y me despertó un ruido extraño que, en ese momento, no supe identificar. Encendí una pequeña linterna pero otro tipo, dándome un susto de muerte, salió de detrás de mí y me la apagó. Después me susurró que no hiciera ruido y que mirara al final del pasillo. Movido por mí ya entrenado instinto de supervivencia, cogí mi arma y me escondí detrás del sofá. En un principio no vi nada hasta que mis pupilas fueron adaptándose a la oscuridad. Agucé mis sentidos y oí algo que me erizó la piel; una especie de jadeo entrecortado que parecía emanar de las entrañas de una bestia. Iba acompañado de una respiración que era como un silbido, una respiración profunda, pesada, gutural. No se veía quien originaba esos sonidos pero intuí que se trataba de un mutante que se había colado en una de las habitaciones. Así era porque unos instantes después sonaron gritos llenos de pánico y varios rugidos aterradores. Entonces el tipo que me había asustado unos instantes antes me hizo una seña para que le siguiera, y ambos fuimos tras el mutante, muertos de miedo, o por lo menos yo lo estaba, pero sabíamos que era inevitable el hacerlo, y, al entrar en el dormitorio donde este se había colado disparamos a quemarropa, gritando como posesos y sin percatarnos si había personas vivas o no ni hacer distinción entre estas y el monstruo. Lo que más recuerdo es el sonido ensordecedor que rebotaba dentro de mis oídos y el olor a pólvora y carne quemada. Después de eso hubo un silencio metálico y solo quedó una habitación llena de vísceras y sangre. Alguien encendió la luz y recuerdo que comencé a temblar al ver el cuerpo inerte del mutante pero también los cadáveres destrozados de un hombre, una mujer y una niña. No sabía qué era lo que había destrozado el monstruo y qué era lo que habíamos hecho nosotros, pero, cuando pienso en ello, intento creer que el mutante ya les había matado antes del tiroteo, supongo que para tratar de acallar mi conciencia. Después de eso fui a vomitar. "

 

  Bernie se quedó petrificado después de vivir esa escena en su mente. Aquello debió de ser terrorífico, pensó.  De pronto, y sin saber por qué, su visión de las cosas cambio. No sabía explicarlo ni sabía entenderlo, pero, indudablemente, así era. Aquella verdad era demasiado aterradora e indescifrable, y por esa misma razón sintió la necesidad de conocerla. Aquel mundo que el diario describía era tan diferente al que él conocía... Allí luchaban por sobrevivir. Todo se reducía a luchar y morir, no había más, una ecuación abrumadoramente simple. Dentro de la burbuja, sin embargo,  todo se basaba en las costumbres y la tranquila rutina de las cosas. Apenas había nada de qué preocuparse, al menos comparable a eso. Tampoco había nada que le hiciera sentir vivo de verdad. Con esos perturbadores pensamientos se durmió y soñó con esos monstruos terribles.

 

 

 

 

 

 

 

4

 

 Al día siguiente se despertó con la sensación de no haber descansado bien. Lo hizo temprano para realizar sus labores en la granja. Casi siempre se levantaba a la vez de su padre, se tomaban algo caliente, y se iban para allá juntos, al menos en la jornada laboral. Para él los días solían ser lentos y pesados, pero ya había aprendido a acostumbrarse a ello. La tarde, sin embargo, era otra historia. Solía pasarla a veces en compañía de sus amigos, tomando algo o haciendo cualquier cosa, o con Maggie, o, como en esta ocasión, a solas, pensando en cosas suyas o simplemente relajándose. Pero como estaba deseando coger el diario de nuevo, se fue a un lugar tranquilo y se puso a leerlo otra vez:

 

 "La gente desconfía de los demás. Los grupos se dividen o son exterminados. Cualquier síntoma de estrés, o de cualquier otra cosa asusta al resto del grupo porque piensan que son los síntomas de la transformación, y al final eso produce tensión y malestar. Por el contrario, hay veces que no le das importancia a detalles que lo tienen o simplemente ocurre que alguno del grupo se transforma y es algo que no ves venir. Ese tipo de cosas ha pasado en nuestro grupo. Por eso Raúl, su hermana Silvia y yo hemos optado por dejarlo. Había demasiados elementos inestables. Entre otras cosas lo que ocurrió la pasada noche con lo del mutante. Me siento muy mal por ello, me siento culpable por que realmente no sé si matamos a esas personas, pero no hay nada que pueda hacer excepto pedir perdón a mí mismo y a Dios. Pero la situación se hace insostenible. Y hemos decidido irnos antes de que ocurra algún nuevo caso de mutación o de enfrentamiento con algunos del grupo y pueda sufrir alguien daño innecesariamente. Así que nos largamos. Ahora vamos a la ciudad en busca de Peter, mi hijo, y Leyla, mi ex. Después quizá vayamos a un emplazamiento cerca del cabo Kennedy pues hará una semana recibí un mensaje de uno de los de mi equipo diciéndome que alguna gente  de la NASA se ha asentado allí y que están tratando de averiguar qué produce la mutación. Eso fue antes de que se cayeran las comunicaciones, por supuesto. Nuestra política de viaje es simple; tratamos de huir de todos, sean humanos, paranoicos o mutantes. Intentamos pasar desapercibidos y no meternos en más problemas de los estrictamente necesarios. Cuando, por ejemplo, te encuentras con otros humanos, nunca sabes qué clase de gente son; si son gente de buen corazón que solo intenta sobrevivir o son auténticos cabrones despiadados. La cosa es que ellos tampoco saben qué clase de persona eres tú. Es increíble lo que podemos llegar a hacer en una situación extrema para sobrevivir, tanto en un sentido como en otro. Cuando se acaba la esperanza y el miedo se apodera de nosotros, es entonces cuando nos transformamos en monstruos sin conciencia ni alma. Al margen de esos terribles mutantes, la parte más oscura del ser humano también puede ser terrorífica.

  El otro día decidimos meternos en el metro para huir de un grupo de tipos que trataban de liquidarnos. Se asustaron, no nos siguieron por mucha distancia allá abajo. Nosotros también estábamos asustados y desesperados y nos pareció la única opción para despistarles. Más adelante volvimos a encontrarnos con otro grupo de cinco tipos de la misma calaña que los anteriores. Lo único que queríamos era largarnos, pero los malnacidos querían a Silvia y supongo que también pretendían quitarnos todo lo que lleváramos de valor. Entonces fue inevitable el enfrentamiento y herimos de gravedad a uno de ellos pero Raúl también resultó herido y los tipos acabaron por pillarnos porque la encañonaron a ella y no tuve otra opción que soltar mi arma. Los tipos entonces le pegaron un tiro a su amigo moribundo sin apenas pestañear y a mí me dejaron grogui de un puñetazo. Pretendían divertirse primero con ella y más tarde con Raúl y conmigo, pero de otra forma. Un instante después comencé a salir de mi aturdimiento y comprobé que estaba boca abajo, junto a Raúl, que estaba totalmente inconsciente con el hombro bañado en sangre, y dos de los tipos estaban junto a nosotros, vigilándonos, mientras los otros dos habían llevado a Silvia a una pequeña habitación para operarios o algo así que había unos metros más allá. Los nervios y la impotencia me comían por dentro por que la oía gritar y forcejar con esos hijos de puta, pero no había nada que pudiera hacer, aunque intenté apenas incorporarme pero los tipos me encañonaron y me dejaron bien claro que si trataba de hacerlo otra vez me dispararían a las piernas. Angustiado podía oír lo que estaba ocurriendo en esa habitación y como los tipos me decían riéndose que después se ocuparían de mí. A pesar de eso traté de levantarme por segunda vez pero uno de ellos me golpeó con el arma en la cabeza y de nuevo me quedé conmocionado. Entre la conmoción que tenía y la rabia que sentía, conseguí no desconectarme del todo de la realidad, aunque sin estar consciente; digamos que en un estado de semi-inconsciencia, de dispersión o algo así, y, entre esa confusa nube de sentidos creí oír jadeos guturales, gritos, disparos, gruñidos... Incluso creí adivinar una silueta oscura que se agachaba sobre mí y tal vez me olía, puede que hasta me tocara. Lo que recuerdo es que abrí los ojos a duras penas y vi delante de mí una imagen difusa pero monstruosa y entonces creo que fue cuando terminé por perder el conocimiento del todo, con la sensación que no volvería a abrirlos más. Pero no fue así. Ante mi propia sorpresa, volví a abrir los ojos..."

 

 

 

 Bernie fue a tomarse un trago con un par de amigos. Últimamente Travis, su mejor amigo, lo había notado pensativo, ensimismado. Hablaron del tema sin llegar a ninguna conclusión unánime y, después de eso, jugaron una partida de cartas con otros tres tipos.

- Me dijeron que el otro día estuviste en el límite oeste...- comentó uno de ellos.

- Sí, estuve por allí.- Corroboró él sin mirarle.

- Vamos Bernie, te toca.- Dijo otro de ellos con cierto aire hostil.- Y, ¿Qué estuviste haciendo allí? ¿Algo interesante?- Se trataba de Richi, un chico con el cual, desde hacía tiempo, existía cierta antipatía recíproca, y, en el último año más o menos, una especie de "guerra fría".

  Richi era un chico demasiado tradicional incapaz de hacer nada por su propia iniciativa y tal vez eso podría explicar esa animadversión pero la realidad es que se trataba de algo más que eso, inexplicable y absurdo pero irremediable. Era como un halo negativo que flotaba entre ambos. Se trataban pero nada más. A Richi no le gustaba la actitud que Bernie tenía con respecto a la Comunidad. Ni tampoco le gustaba que Bernie creyera que no la necesitaba y que podía prescindir de ella.

  Bernie entonces le miró de soslayo y tiró una carta sobre la mesa, ignorando su comentario.

- Por  lo menos no voy persiguiendo chicas como un pringado.

 Ambas miradas se cruzaron con evidente hostilidad. Varios chicos apostaron algunos enseres personales para poder seguir en la partida.

-Yo que tú tendría cuidado con lo que dices.- Le dijo Richi a modo de advertencia. Bernie tan solo sonrió.

-Dedícate a jugar y deja de "comerme la oreja".- Comentó Bernie.

 La partida continuó.

-Algún día vas a tener un problema serio.- Sentenció el largirucho Richi.

-¿Sí? No me digas. ¿Y eso?- Preguntó él provocativamente.

- Bueno, aparte de que te pueda partir la cara, vas a tener un serio problema con el "Consejo'. - Richi  subió el tono de su perorata.- ¿Sabéis lo que ha estado haciendo este estúpido?- Preguntó esta vez dirigiéndose al resto de integrantes de la partida y otros chicos que la observaban.- ¡Se ha acercado al límite y ha estado arrojando cosas sobre la barrera!

- Tío, ya sabes que eso está prohibido y además puede ser peligroso.- Comentó otro de los chicos con evidente desaprobación.

-Estas infringiendo las normas.- Agregó Richi.

- ¡Que le den a las normas, y a ti también!- Respondió Bernie mirándole, algo harto de todo aquello.

 Entonces Richi, actuando de forma instintiva y totalmente irracional, se lanzó sobre él, y ambos rodaron tirándolo todo al suelo. En un segundo se enfrascaron en una especie de combate sin reglas en el que ambos trataban de golpearse y provocar el mayor daño posible a su contrincante. El momento de explosión de adrenalina fue súbito pero lo cierto era que más parecía una riña entre niños pequeños que otra cosa, y además ninguno de los dos tuvo tiempo de sufrir daño por que los demás enseguida intervinieron para evitar que eso sucediera. Después que las cosas se tranquilizaron un poco ambos se largaron con sus respectivos amigos; en el caso de Bernie con Travis. Una vez solos, y después de conseguir un par de cervezas, se las tomaron mientras charlaban en un lugar tranquilo.

- No sé lo que te pasa últimamente...- reprochó Travis,- pero estás raro. No sé, como distante.- Le siguió diciendo con total sinceridad...- Sé que estás harto de todo eso de la Comunidad y ese tipo de historias, pero...

- ¿Pero qué?- Interrogó él ofuscado.

- Nada, nada...- Travis quiso aludir la cuestión al comprobar su reacción.

- Es que... no sé...- De alguna forma Bernie reconoció que su amigo tenía razón.

- Yo sólo digo que... es como si todo te diera lo mismo, como si nada te importara...

- ¿Nunca te has preguntado por qué estamos aquí, encerrados? ¿Qué hay ahí afuera? ¿Quién nos encerró? Cosas como esas. ¿Nunca te has hecho preguntas?

- Solo sé lo que me han contado.- Contestó Travis incómodo.- Que unos "seres" superiores a nosotros nos metieron aquí hace un tiempo indeterminado para protegernos del exterior y que debemos seguir las leyes de la Comunidad para sobrevivir. Que la Comunidad es lo más importante, que el Consejo de Ancianos es el organismo superior y tiene que velar por los intereses de la Comunidad y, bueno, todo lo demás que tú sabes, como lo sé yo.

- ¡Ese es el asunto!-  Exclamó Bernie visiblemente contrariado.- Sabemos lo que nos dicen, nada más, y ni siquiera sabemos si es verdad o no. Desde pequeños nos enseñan unos dogmas que estamos obligados a creer y a repetir.  El mero hecho de plantear esta cuestión resulta algo incómodo. Pero la realidad es que no sabemos nada de nada. A lo mejor ellos lo saben, saben la verdad de todo. E incluso puede que sepan cómo salir de esta maldita "burbuja".

- ¿Ellos? ¿Te refieres al "Consejo"?- Su cara denotaba cierta incomodidad, tal como Bernie había planteado momentos antes.-¡Vamos Bernie! Creo que empiezas a rozar la paranoia. Ellos solo quieren el bien de la Comunidad. Son los Ancianos, no lo olvides. Han luchado toda su vida por los intereses de esta. Su edad les permite tener otra perspectiva de las cosas.

- Sí, es posible... Pero, ¿Y si te dijera que antes éramos los dueños de todo, que podíamos caminar por el exterior, por donde quisiéramos, por un lugar inmenso que no tenía fin, y teníamos artefactos mecánicos complejos que utilizábamos para nuestro beneficio y que éramos dueños de una tecnología muy avanzada...?  ¿Qué me dirías entonces?

- Pero, ¿De dónde sacas todas esas chorradas tío? ¿Estás borracho o qué?- Le contestó Travis malhumorado.

- ¿Lo ves? ¡Eres como los demás!- Bernie se levantó resignado por su estrechez mental y se fue con pasos lentos.- "Estás tan amaestrado como los demás. Eres otro pobre estúpido incapaz de ver más allá de sus narices ..."- Y se largó.

 

 

 

 

5

 

 

 Bernie cogió entonces el cuaderno y siguió leyendo:

 

  "Desperté con un tremendo dolor de cabeza. Me levanté desorientado y vi que estaba rodeado de cuerpos y sangre. Era una escena realmente grotesca. Con la fuerza de un puñetazo en el mentón recobré la noción de las cosas y comencé a recordar por qué estaba en esa situación. Busqué a Raúl y a Silvia pero ambos estaban muertos, así como el resto de los tipos. Yo era el único que había sobrevivido, y eso me desesperó hasta el extremo de casi volverme loco. Acto seguido me pregunté cómo y por qué había sido así, por qué el maldito mutante no me había matado a mí también.  Busqué algo con que tapar a mis amigos y me largué, después de coger un par de armas. Puedo decir que nunca he sentido tanto miedo como en aquella oscuridad, sin apenas poder ver nada, oyendo ruidos por todas partes, esperando que en cualquier momento un mutante saltara sobre mi espalda o surgiera de la oscuridad como un fantasma. Un poco de intuición y mucha suerte hizo que, al final, pudiera salir ileso. Para ello tuve que ocultarme varias veces de mutantes que pasaron cerca de mi merodeando, y ninguno de esos bastardos me olió. Tenía que limpiarme el sudor a menudo y permanecer oculto cuando sospechaba que alguno andaba cerca. Darles esquinazo y no hacer ningún ruido. Hubo uno que me descubrió, pero pude cargármelo antes de que llegara a mí. Tuve suerte porque son muy rápidos y feroces. Solo acertándoles en la cabeza o reventándoles el pecho o el estómago con balas para elefantes o balas explosivas, puedes conseguir pararlos en seco.

 Al final logré salir al exterior con vida, ¡Dios mío! Nunca me había alegrado tanto de ver la luz del Sol. Aquello era una ratonera, una trampa mortal. Cuando llegué a lo que creí que era un lugar medianamente seguro, no pude evitar pensar en todo lo que había pasado allí abajo y lloré con amargura. Después de que me cansé de hacerlo comencé a pensar en por qué ese mutante no había acabado conmigo. ¿Tal vez por el olor? o ¿porque no estaba consciente? No sabía qué pensar pero intuía que debía haber una razón, que no podía ser fruto de la mera casualidad. Le he dado vueltas al asunto y no le encuentro lógica. Estoy muy cansado. Voy a tratar de dormir un poco...

 Una semana después de lo del metro he llegado a casa de mi ex y no están, ni ella ni mi hijo, y tengo que confesar que el mundo se me ha venido encima. ¿Qué habrá sido de ellos? Rezo para que se hayan largado y hayan conseguido sobrevivir. No puedo pensar en lo contrario porque un terrible nudo se me aprieta en el estómago y entonces me dan ganas de colocar mi pistola sobre la sien y apretar el gatillo. Espero que estén bien y encontrármelos cuando y donde menos me lo espere..."

 

 

Al día siguiente Bernie volvió a encontrarse con Travis y le pidió disculpas por su estúpido comportamiento. Últimamente había estado muy ofuscado, con los nervios a flor de piel. No era excusa pero era la verdad.

- Me gustaría ser como tú,- le dijo mirándole a los ojos,- como los demás. Esto es todo lo que conocen... Solo saben lo que les han enseñado y es lo que aceptan. Pero yo no puedo. Me siento como ahogado. Nada para mí tiene sentido. Nada.

- Sí, ya.- Le contestó Travis sin tener muy claro si aquello era un reproche o seguía siendo su forma de disculparse.- Dime, ¿Por qué te crees diferente?- La pregunta cogió a Bernie de improviso.- Sí, hablas de lo absurda que es la vida aquí, de lo estúpidos y conformistas que somos y me pregunto qué te hace diferente, qué tan especial. Has nacido, como yo, aquí adentro. Has crecido aquí. Has aprendido las mismas cosas que yo. ¿Por qué crees que sabes algo más que yo no sé, o el resto de nosotros? Todo lo que me has contado... ni siquiera sabes si eso es verdad...

- No se trata de eso.- Protestó Bernie molesto.

- Entonces ¿de qué?

- ¡No lo sé! ¡Estoy confuso! No me encaja nada de lo que me han dicho. ¡Esto no es más que una jaula de cristal! ¿No te das cuenta?- Replicó Bernie con voz quebrada.

- Sí, ya sé que hay cosas que no sabemos... ¿Y qué? ¿No te has parado a pensar que tal vez sea mejor así? ¡Ya sé que alguien debió construir esa barrera que nos impide salir! No soy tonto aunque lo creas. Solo sé lo que me han contado; que "ellos" lo hicieron. Para mí es bastante. "Ellos" lo hicieron para protegernos. No sé quiénes son pero, ¿y qué? Tampoco quiero saberlo, créeme. Ya sabes que eso es algo de lo que no hablamos. Y, si es así, por algo será. ¿No te parece?

- ¿Cuánto tiempo llevamos así? ¿Lo sabes?- Bernie lo miró con intensidad.- Nadie lo sabe. Ni siquiera yo. Pero, imaginemos, por decir algo, que llevamos cien años.  ¿No te has fijado que la población no aumenta ni disminuye de forma considerable? ¿Que los recursos se sostienen de forma equilibrada? El agua, los alimentos... todo lo que nos sustenta. Hay familias que tienen un hijo o dos o ninguno pero ninguna, al menos que yo conozca, tiene más. ¿Conoces alguien que tenga cuatro o cinco hijos?- Bernie dejó un par de segundos para que su amigo reflexionara mientras hacía un ademán de extrañeza.

- ¿Qué quieres decir exactamente?- Preguntó este con incredulidad.

- Quiero decir que no solo "algo" o "alguien" nos ha metido aquí si no que, además, ese "algo" o ese "alguien" nos controla... Nos está vigilando y controlando.  ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Hasta cuándo? Eso no lo sé, pero me gustaría averiguarlo, y, lo que no entiendo, es que nadie haya llegado a esa conclusión.

- Cada vez estás peor...- Travis hizo un gesto de contrariedad.- Deja de comerte la cabeza con ese tipo de cosas y vamos a divertirnos un rato, anda.- Y le puso la mano por encima del hombro, llevándoselo de allí, mientras Bernie se resignaba al hecho de que no sacaría nada de él.

 

 Una vez en su habitación, ya caída la noche, continuó con la lectura del cuaderno:

 "La vida es una mierda. Todo se reduce a sobrevivir un instante más. Vas de acá para allá intentando evitar el peligro, o te parapetas en un lugar con la misma intención, tratando de sentirte seguro, pero es una ilusión, no puedes huir, porque no hay lugar seguro ni camino que se aleje de la muerte, la destrucción y el sufrimiento.

 Sé por qué atacan esos mutantes y que patrón siguen.  Como un depredador que va de caza, huelen nuestro miedo. Un método infalible de selección. Después de todo, ¿Quién no les tendría miedo a esas infames criaturas? ¿Quién no tendría miedo de algo que una vez fue humano y que se ha transformado en un ser de piel pálida y acartonada, unos ojos inyectados en sangre y una total ausencia de miedo o cordura? Solo un loco o un paranoico.

 ¿Cuánto tiempo hace de los meteoros? No lo sé con certeza, he perdido la noción del tiempo. Tal vez un año o tal vez un poco menos. Pero, a partir de ahí todo ha pasado de tal que parece que hiciera más. Y es increíble que haya sobrevivido hasta ahora. ¿Cuánta gente a muerto o se ha transformado? Tampoco lo sé. ¿Un tercio quizás? ¿La mitad? Lo único que sé es que han sido muchísimos. Y, ¿Por qué está ocurriendo todo esto? ¿Por qué? Es la gran pregunta. A veces pienso en las palabras de ese viejo loco que hablaba del fin del mundo y todo eso y pienso si no tendría razón. La verdad es que no sé que pensar al respecto. Debe obedecer a algo o ser consecuencia de algo, pero ¿de qué?

 He logrado llegar a una colonia asentada en Houston, en lo que era la base de la NASA. Después de resignarme al hecho de que mi hijo había desaparecido, estuve por algún tiempo vagando de un lado a otro, buscándolo, hasta que me di cuenta que eso no me llevaba a ningún sitio, así que recordé lo que me dijo un amigo cuando todo esto empezó, y decidí aferrarme a esa esperanza. Me costó llegar aquí pero ha valido la pena por que en sus antiguas instalaciones había un gran número de gente sobreviviendo, muchos de un ellos antiguos conocidos e incluso amigos, en su mayoría científicos, astronautas y soldados, y algunos de sus familiares, claro. Ellos ha averiguado cosas, por ejemplo que los mutantes son sensibles a ciertos sonidos agudos, que temen el fuego y que son vulnerables a ciertas toxinas. Eso les ha permitido sobrevivir y, ahora que estoy aquí, espero que lo sigan haciendo,  Algunos dicen que el presidente y otros mandatarios permanecen ocultos en algún búnker secreto y que están tratando de reestructurar el Gobierno y reorganizar al ejército. Pero nadie sabe de eso otra cosa que no sean rumores y especulaciones. El tiempo dirá.

 Mientras, han creado una especie de ejército aquí, en la base, y a mí me han destinado a una de los patrullas encargada de salir al exterior y dar caza a zombis y paranoicos. Tenemos armas y equipo para ello. A veces nos dan ciertos sustos pero, generalmente solemos salir airosos. Somos implacables y nos cargamos a muchos de ellos, aunque a veces vamos en busca de especímenes vivos y eso convierte la cacería en algo mucho más peligroso, pero todo lo que hemos averiguado sobre sus puntos débiles nos facilita la tarea. La gente está esperanzada en cuanto a esto y sobre todo para que todo vaya volviendo, poco a poco, a la normalidad, pero lo cierto es que no sé si comparto esa idea, o, por el contrario, temo que, de nuevo, ocurra algo que otra vez nos arrastre, un poco más si cabe, al borde del abismo. Hace algún tiempo ya que comencé a pensar que esto no es fruto de la casualidad, que hay una especie de fuerza maligna o algo, no sé, que lo dirige y que no dejará que nos salgamos con la nuestra.  Y mientras, no pierdo la esperanza de encontrarles, a mi ex y sobre todo a mi hijo,..

 

 He conocido a una chica. Se llama Katrina. No sé exactamente cómo ha sido pero creo que algo ha surgido entre ambos. Hacía tanto que me sentía solo que el mero hecho de pensar en ello me dolía. Supongo que eso es algo que nos ocurre a todos. Me sentía muy solo pero a la vez me daba miedo de los demás. Es una sensación muy contraproducente. Quiero sobrevivir y quiero que ella esté a mi lado. Me doy cuenta que no soy el que era antes de que todo esto comenzara. En cierta forma, es como si algo, dentro de mí, hubiera muerto. Dentro de todos en realidad. Al menos, así lo siento. Me he vuelto desconfiado, solitario, tal vez incluso algo paranoico e insensible. Supongo que es el precio de la supervivencia.

 

 Últimamente nuestro entorno está cambiando. Es curioso que esto comience a ocurrir justo cuando estábamos consiguiendo controlar a los mutantes. La vegetación lo invade todo. Flores extrañas que crecen por todas partes. Raíces voraces rajando el asfalto, abriéndose paso a través de él, trepando por las paredes, por los edificios... Es tan extraño..."

 

 

 

 

 

6

 

Randy era un hombre delgado pero fuerte,  A través de su piel sin apenas una pizca de grasa se adivinaban tendones, músculos y huesos. Su rostro era serio y anguloso. Llevaba pelo corto y barba recortada. Sus ojos eran directos y su mirada solía ser circunspecta. Era intenso y persistente en su forma de ser. Todo ello constituía una permanente incompatibilidad con Bernie, inconformista y apresurado por naturaleza. Los ancianos del Consejo le habían dicho que querían hablar con él referente a su hijo y eso no le había gustado en absoluto. Él entendía que su hijo era todavía un muchacho y que tenía que divertirse,  que, según creía, era lo único que le importaba,  y que, como tal, cometería errores, como él mismo cometió a su edad, pero su actitud y sobre todo que el Consejo de Ancianos le llamara la atención comenzaba a traspasar los límites de su comprensión y su paciencia.  Por supuesto, tuvo una "charla" con él.

 - ¿En qué estás pensando, maldita sea?- le increpó con mirada intensa y gesto malhumorado. - ¿Es que no vale de nada todo lo que te he enseñado, todo lo que te he dicho? ¿No has oído nada de lo que te he dicho o qué? - Bernie no dijo nada, tan solo se quedó en silencio tratando de soportar el vendaval que se le venía encima. Pero eso no le gustó a su padre.- ¿No dices nada? ¡Mírame, vamos, y contéstame como un hombre!

- ¿Qué quieres que te diga, padre? ¡Solo quiero que me dejen en paz!

- ¿Que te dejen en paz?- Repitió Brandy indignado y lo agarró con fuerza por ambos brazos tratando de hacerlo salir de su caparazón de víctima, tal como él lo veía, de hacerlo despertar, reaccionar. Pasados unos segundos iniciales de irremediable tensión se relajó y le fue soltando.- ¿Es que no te importa nada que no seas tú? ¿No te importante tu familia? ¿No te importa la Comunidad? ¿Qué es lo que te importa entonces? ¡Dime! ¡Dime! ¿Qué?- Cuando le soltó, Bernie se dio la media vuelta para largarse pero su padre le volvió a coger, esta vez de un solo brazo, y le impidió que lo hiciera.- ¡ Eh! ¡No tan rápido! El "Consejo" ha estado hablando conmigo... No está muy contento con tus acciones. Dicen que varias veces te has acercado a los límites y has lanzado cosas... has infringido las normas.

- ¿Las normas? ¿Las normas de quién?

- ¡Las normas de la Comunidad!- Bramó Randy- Sin la Comunidad no somos nada, no podríamos sobrevivir.

- Ni la Comunidad sobreviviría sin nosotros...- contestó Bernie sin mostrarse apenas enojado o molesto, citando una de las máximas que repetían una y otra vez a los pequeños en los centros de enseñanza infantil.

- ¡Sí, eso es!- Afirmó su padre.- Formamos parte de esta y la necesitamos tanto como ella a nosotros... No quiero enterarme de que vuelves a ir a los límites de la burbuja, ¿de acuerdo? Y mucho menos que lanzas nada. ¿Me has entendido?- Bernie asintió.- ¡Ah! y otra cosa, por lo visto tuviste algún tipo de problema con Richi ¿no?

- Sí. Pero fue una tontería.- Confesó Bernie para salir del paso.

- Pues ha pedido al Consejo una "confrontación."

- ¿Qué?- Preguntó Bernie realmente sorprendido - Vamos, no creo que el "Consejo"...- Hizo un gesto de contrariedad.- ¡Fue una chorrada! Simplemente estábamos jugando una partida y discutimos. La cosa se desmadró un poco, nada más.

- Eso díselo al "Consejo"...- le contestó su padre resignado,- esta tarde tenéis un careo. - Bernie se quedó un rato pensativo.

- ¡Claro! Ya entiendo. El verdadero problema es Maggie.- Sonrió irónicamente.- Esta loco por ella y ella no le hace el menor caso. Todo esto es por eso. Maldito estúpido... Si lo que de verdad quiere es pelearse conmigo, tendrá lo que busca.- Sentenció él casi con indignación.

 

 Esa misma tarde, como su padre le había anunciado, fue a la Sala del Consejo,  que no era otra cosa que una gran sala de austera decoración, un lugar funcional donde dilucidar asuntos y tomar decisiones, y encontró a Richi colocado en el banquillo de su izquierda, junto a su padre. Por detrás de sí estaban los asientos comunes donde cualquier ciudadano podía asistir a las vistas, y frente a sí había un mostrador donde se colocaban los cinco Ancianos miembros del "Consejo", y que representaban la máxima autoridad dentro de la Comunidad. Ellos eran los que tomaban las decisiones importantes, los que impartían justicia y los encargados de marcar las directrices de esta. La Comunidad, en realidad, tenía un número pequeño de leyes y reglas que, bajo ningún concepto podían ser vulneradas. El resto eran decisiones que ellos tomaban bajo votación en vista de las "costumbres y tradiciones" o de "leyes no escritas" y, por supuesto, de su propio sentido común. Por ejemplo, para zanjar temas personales existía el "derecho de confrontación", que podía ser verbal o física. Todo dependía de cuál de estas pedía el solicitante y si la aceptaba o no el "Consejo". Así de directa y simple eran las cosas allí adentro. De esta forma se arreglaban las disputas personales de una forma rápida y, generalmente eficaz. Por supuesto, un miembro de la Comunidad podía rehusar una "confrontación", pero si lo hacía perdía cualquier tipo de derecho de reclamo, y además, probablemente sería mal visto por los demás miembros.

 Bernie estaba ciertamente ofuscado y contrariado. Sabía que el único propósito de Richi era ridiculizarle ante los demás y, sobre todo, ante Maggie. A él no le gustaban las peleas en general,  y mucho menos por una chorrada como esa, pero tal vez por cómo habían ocurrido las cosas últimamente, por la fragilidad de sus emociones y por qué Richi le caía como una patada en el estómago, estaba dispuesto a llegar hasta el final.

- Señor Márquez- le dijo el miembro que ocupaba el sitio central del mostrador, que actuaba de portavoz del "Consejo",- ha sido citado aquí por el señor Walton para responder a una invitación de "confrontación", pero antes de eso queremos aprovechar la ocasión de tratar algunos asuntos...- el portavoz, un hombre de cara ancha, tez morena y ojos arrugados, clavó su mirada en él después de decirlo.- Hemos llegado a saber que usted ha incumplido las normas en cuanto a la prohibición de acercarse a los límites de la burbuja e incluso a la de no arrojar nada hacia esta...

- Nuestro Primer Consejo, el "Consejo Maestro", lo puso por escrito.- Continuó otro miembro del "Consejo", esta vez un anciano de cara delgada y alargada, y ausencia de cabello...- "Queda prohibido a cualquier miembro de  la Comunidad, a no ser por orden expresa de este "Consejo"' acercarse a los límites de nuestro territorio de seguridad así como tratar de manipular los límites de esta, o arrojar o lanzar cualquier tipo de objeto..."

- E igualmente tratar, de alguna forma, de cambiar su composición así como deteriorarla o alterarla. - Siguió un tercer miembro, precisamente el padre de Maggie, que era uno de los cinco miembros de este.

- La Comunidad necesita de nosotros tanto como nosotros de ella...- Dijo un cuarto.

- ¿Qué tienes que decir al respecto?- Preguntó el quinto.

- No sé qué decir...- Contestó él tímidamente. Lo cierto era que aquellos hombres tan importantes y mayores, que eran los máximos dirigentes, tenían una presencia circunspecta y trascendente que le intimidaba un poco.- Es cierto que me he acercado a los límites y también lo es que he arrojado cosas... Pero no veo que haya causado ningún tipo de deterioro ni de perjuicio a nada...

 Los miembros del "Consejo" le miraron con gravedad mientras se levantaba un leve murmullo de desaprobación en los asistentes que estaban detrás de él.

- ¿Eres consciente de que has infringido las leyes de la Comunidad?- Preguntó el portavoz.

- ¿Y lo eres de que tus acciones son contrarias al bien de esta?- Preguntó el padre de Maggie.

- ¿Por qué crees que está ahí la burbuja?- Las preguntas iban sucediéndose en un caudal continuo de reprobación y reproches por parte de los cinco ancianos.

- No soy consciente de nada, excepto de lo que no me han dicho...- Contestó Bernie armándose de valor.- Desde pequeño me han enseñado que esa barrera invisible nos protege de un exterior hostil y peligroso, pero no sé exactamente a qué se refieren ni por qué.  Me han enseñado que la colocó un alguien o un algo abstracto y misterioso, "ellos"... pero nadie me dice quiénes o qué son...

- Hijo...- contestó el que estaba más a su derecha- es posible que no entiendas muchas cosas, que te hagas muchas preguntas. Yo también, a tu edad, me las hacía. Pero puede que, a medida que vayas madurando, vayas viendo las cosas de otro modo... solo ten un poco de paciencia.

- Es necesario que existan leyes, y es necesario que estas sean respetadas.- Adujo el padre de Maggie.

- Vivimos en un ecosistema que es más complicado de lo que parece. Si no actuamos en total unidad podría peligrar nuestra propia existencia.- Los miembros del "Consejo" concatenaban sus comentarios como si en vez de cinco personas diferentes, fuesen una sola con cinco extensiones, tal era su capacidad para ello.

- El "Consejo Maestro" nos dejó escritas directrices para nosotros.- Continuó otro'- Solo sabemos lo que ellos dejaron escrito. Y eso es lo que necesitamos saber.

- Dejaron escrito que, de no haberlos metido "ellos" en esta burbuja gigante, se hubieran extinguido.

- Sí, ni siquiera nosotros sabemos quiénes son "ellos".

- "Ellos" nos la fabricaron para que pudiéramos sobrevivir. Todo lo que les rodeaba les era hostil.

- Sí. Gracias a eso estamos aquí.

- Por eso debemos respetar las leyes que nos dejaron escritas, porque ellos estuvieron más cerca de la verdad que nosotros. Es lo que nos ha permitido sobrevivir.

- ¡Nunca lo olvides!- Pronunció esta vez el portavoz con voz grave.- La Comunidad está por encima de los individuos que la componen.

  Los miembros del Consejo terminaron su perorata y se quedaron mirándole como esperando algún tipo de respuesta. Pero él no dijo nada, permaneció en silencio, por que sabía que cualquier cosa que dijera no serviría para otra cosa que para empeorar su situación. Los miembros del "Consejo", tomaron este silencio por todo lo contrario, es decir, como una muestra de sumisión y entonces el portavoz continuó con la cuestión primaria:

- El ciudadano Ricardo Bustillo ha solicitado una "confrontación" hacia usted. Póngase en pie el peticionario...- El chico alto y delgado se puso en pie, como había solicitado el portavoz, con cara seria y gesto tenso.- Señor Bustillo, hijo de Edgar Bustillo y Sophie Wilson, atenderemos su petición delante de los ciudadanos aquí presentes...

- Señores del "Consejo", traigo esta petición para tratar de zanjar, de una vez por todas, mis diferencias con el ciudadano Bernardo Márquez. Hemos llegado a un punto de antagonismo que, personalmente, se me hace difícil de soportar o reprimir. Tengo constancia, por otros amigos, que el señor Márquez, en más de una ocasión, ha hablado despectivamente de mí o de mi familia. Hace algunos días, jugando una partida de cartas, hizo serias acusaciones contra mí y terminamos peleándonos dentro del local, cosa de la cual me arrepiento, por que sé lo que dice la Ley al respecto. Reconozco que estoy llegando a un punto de total aversión hacia él, así que antes de que ocurra algún daño irreparable o incurra en algún tipo de delito, solicito mi derecho de "confrontación física" con el ciudadano Bernardo Márquez, para zanjar el tema de una vez. Traigo algunos testigos de mis acusaciones, si el "Consejo" estima oportuno tomarlo en cuenta.

- No es necesario.- Aclaró uno de ellos.- Ya conocemos sus testimonios.

- Tu solicitud es válida y será atendida por este "Consejo". Señor Márquez, ¿tiene algo que decir al respecto?

- Pues...- Bernie sonrió contrariado.- ¿Qué puedo decir? Esto me parece absurdo... La rabieta de un niño, nada más...

- El "Consejo" ha atendido una petición totalmente legal y válida.- Argumentó el segundo miembro de su derecha' el padre de Maggie.

- Sí, lo sé, las malditas leyes de la Comunidad.- Alegó visiblemente enfadado.- Leyes que prohíben cualquier tipo de violencia en lo cotidiano, pero que la permite si viene supervisada por el "Consejo", como si fuera un espectáculo público.- Los miembros del ,Consejo" lo miraron con reprobación.- Es absurdo, ¿no se dan cuenta? No ha habido ningún tipo de ofensa ni nada parecido... Lo cierto es que él...- dijo señalándole con energía,- está coladito por una chica que no le hace ni caso y él piensa que es culpa mía. Y todo se reduce a eso...

- ¡Cállate, maldito estúpido!- Dijo Richi casi interrumpiendo a Bernie.- ¡Cállate!- Ahora parecía enfadado de verdad.

- ¡ Está bien, señores!- Cortó el portavoz con decisión.- No es tiempo de reproches.

- Es más que evidente que no van a llegar a ningún tipo de acuerdo verbal.

- Si tienen algo que solucionar, la arena es el lugar...

- Ciudadano Bustillo, ¿se reafirma en su petición?- Richi asintió.- Ciudadano Márquez, ¿la acepta usted?

- Está bien, si es pelear lo que quieres, eso es lo que vas a tener.- Dijo Bernie hablándole directamente al otro muchacho.- ¡La acepto!

- Entonces, el momento queda fijado para mañana, a la segunda hora de la tarde, en el Recinto Comunal. Hasta entonces no deberán disputar los ciudadanos implicados... Doy por finalizada la sesión.- De esa forma, el portavoz disolvió la "confrontación verbal".

 

 

 Bernie estaba cenando, esa misma noche, ante el silencio metálico de su padre, que cenaba igualmente, centrando toda su atención en el plato de lentejas y arroz que tenía ante sí. Su madre, sin embargo, le miraba con preocupación y sobre todo con resignación.

- ¿No vas a hablar con tu hijo?- Preguntó ella sin poder soportar más ese extraño silencio.

- ¡Ya es mayor!- Contestó Randy con aspereza.- Tiene que aprender a resolver sus problemas.- Miró a su mujer como tratando de zanjar el asunto. Desde luego, era evidente que no se sentía nada cómodo en ese papel. - No hace caso a nadie ni a nada. Piensa que lo sabe todo. Tiene que ser consecuente con sus propias acciones...- Reprochó insatisfecho con su actitud ante el "Consejo".

- ¡Pero Randy...!- Protestó ella insatisfecha.- No es más que un muchacho... ¡Vamos papá!  No seas tan duro con él, por favor. Mañana va a entrar en la "arena", y no sabemos qué va a pasar. Pueden... pueden hacerse daño, alguno de los dos.- Alegó ella algo preocupada.- Solo son dos niños jugando a ser hombres...

- Pues lo hubiera pensado antes.- Fue la seca respuesta de su padre. Bernie era espectador pasivo de la perorata de ellos. En el fondo estaba disfrutando.- ¿Qué te crees, que van a matarse o algo así? Ya sabes las reglas. Se darán un par de golpes y ya está. A ambos se les quitarán las ganas de estar peleándose por tonterías.

- ¿Cómo lo sabes?- Preguntó ella indignada?- ¡Ah, claro! ¡Lo olvidaba! Son cosas de hombres ¿no? A mí también me parece algo absurdo. ¿Qué van a conseguí así? ¿Qué van a lograr?

-¡Oh, vamos! van a lograr que... por ejemplo... no traten de arreglarlo por su cuenta. Que no se lleguen a odiar de tal manera que uno sea capaz de matar al otro... Ya lo sabes, son las normas de la Comunidad. Esas normas son las que nos hace sobrevivir... ¿Lo recuerdas?

- Sí, lo sé, pero, me pregunto si de verdad es necesario llegar a esto.

- ¡Deja de decir esa clase de cosas delante de él,- y su padre le señaló con la cuchara,- o estarás dándole la razón y malcriándole más de lo que lo tienes ya!- Zanjó su padre con rotundidad.- Debe madurar y hacerse un hombre.

 Su madre se calló pero hizo un gesto de contrariedad mirando hacia Bernie y este, por fin, abrió la boca para decir: "¿Qué hay de postre?"

 

 

 

 

 

7

 

 Una vez en su habitación, Bernie abrió de nuevo el cuaderno. No es que no le preocupara lo de la confrontación, pero no le tenía miedo al larguirucho de Richi y estaba ansioso por seguir la lectura de este: 

 

 "Por primera vez he visto a los mutantes agruparse para atacarnos, formar pequeños grupos. Hasta ahora habían sido criaturas solitarias, pero, curiosamente, ahora que comenzábamos a ganarles la partida, comienzan a hacerlo para hacerse más fuertes. No sé si por puro instinto de supervivencia o qué, pero es tan extraño... Y, recuerdo que al principio solo se conformaban con atacarnos, matarnos o, a lo sumo, infectarnos, pero ahora nos han puesto en su dieta alimenticia. Hace algún tiempo que hemos dejado de estar en la parte más alta de la pirámide.

 Nos hemos parapetado en una antigua base militar. No sé cuánto tiempo podremos aguantar. Estamos organizándonos y todo eso, pero tal vez lo único que funcione de verdad sea darles esquinazo, ser más listos que ellos, correr todo lo que se pueda. No lo sé, pero cada vez creo menos en poder sobrevivir.

 

 Observado continuamente su comportamiento hemos descubierto que están comenzando a aparearse; otro rasgo nuevo. Forman manadas en las cuales existe un macho dominante, hembras y otros machos que permanecen subordinados a este. Suelen haber contiendas y luchas entre ellos pero rara vez se matan en las encarnizadas batallas. En estas no utilizan los dientes, al menos de forma letal, simplemente se dan zarpazos y puñetazos hasta que uno de los dos huye o cae conmocionado o, a veces, pocas veces, gravemente herido. 

 Otra cosa digna de mencionarse es la vegetación, una vegetación extraña que florece por todas partes, se lo traga todo, lo va devorando todo a su paso. Raíces que atraviesan el asfalto, que crecen en las paredes, enormes tentáculos que brotan del corazón de la tierra... Si esto sigue así, en poco tiempo, una especie de selva nos engullirá por completo. La ciudad desaparecerá bajo estas malditas plantas.

 

 La lucha no se hace fácil. Tenemos científicos que tratan de hacernos la supervivencia más factible, y armas automáticas, explosivos, un par de tanques y un helicóptero, pero también hemos sufrido ataques de grupos mutantes y muchas bajas. Pero creo que estamos logrando repelerlos, a pesar de todo. Tratamos de hacernos fuertes, y tenemos constancia de que existen otros grupos organizados que también están luchando por la supervivencia. Pero, a pesar de todo, no sé si podremos resistir mucho tiempo.

 

 Hoy estamos optimistas. Bueno, más exacto sería decir "ligeramente optimistas". Nuestros científicos han diseñado armas biológicas contra esos malditos mutantes, armas que les hacen daño de verdad. Ya las hemos probado y dan resultado. ¡Oh, que si dan resultado! Por una parte es un gas que les daña y les paraliza, atacando además su sistema respiratorio. Aunque a nosotros también nos daña pero resulta práctico en algunos casos como cuando hay que limpiar algún escondrijo de esas ratas. Lo mejor son los dardos. La toxina les ataca el sistema motriz y, además de eso, les infecta con un virus especialmente diseñado para ellos. Ya lo he visto en acción. Caen al suelo paralizados, después de unos treinta segundos de espasmos y convulsiones violentas. Jadean, respiran entrecortadamente, y sus ojos se quedan vidriosos mientras se preguntan qué es lo que los está matando. Ojalá esto sea el "principio del fin". Tal vez, después de todo, podamos acabar con la infección y así poder restablecer la sociedad y el orden y poder vivir de nuevo libres de este terror. ¡Dios mío! Estoy tan cansado...

 

  Cuando todo esto acabe,  buscaré a mi hijo y después Katrina y yo construiremos una casita de madera cerca de un lago o del mar y nos dedicaremos a hacer el amor y a disfrutar de la playa... Será maravilloso tirarse en una hamaca al atardecer con una cerveza en la mano, mientras ellos juegan despreocupadamente...

 

  El arma biológica está dando resultado y la población mutante está disminuyendo. Y, cuando nos atacan, logramos repelerlos con más eficacia. La intención de los mandos es compartir nuestros conocimientos con otros asentamientos. Mañana saldremos Katrina y yo con un escuadrón en dirección norte para hacer eso mismo. Será estupendo encontrar a otros y decirles: "Aquí tenéis algo que acabará por fin con esos malditos monstruos... Ojalá encontremos a Peter y su madre en el camino."

 

 

  Bernie esperaba junto a sus padres y su amigo Travis el momento de la "confrontación" en un banco que había tras un círculo amplio de césped,  no de arena, a pesar de que a ese recinto todos le llamaban "la arena", porque hacía tiempo que la arena inicial había sido sustituida por césped para evitar que los contendientes se la tiraran a los ojos, cosa que, por otra parte, solía ocurrir con bastante asiduidad. Sea como fuere, Bernie estaba allí y Richi en el banquillo de enfrente, y en las gradas había gente que esperaba mientras conversaban tranquila y respetuosamente a que esta comenzara. No es como si fueran a ver dos deportistas o luchadores competir, si no que era más bien como ver dos amigos o al menos conocidos arreglar una desavenencia de la manera menos lógica y racional. No es que fuera algo muy habitual dentro de la burbuja pero era algo que estaba totalmente aceptado dentro  de la sociedad de la Comunidad y que se veía en total normalidad.

  Los miembros del Consejo de Ancianos entraron y todos sin excepción clavaron sus ojos en ellos hasta que ocuparon sus asientos respectivos y se sentaron; todos excepto el portavoz, que permaneció de pie y comenzó a hablarle a los presentes:

- Ciudadanos de la Comunidad, estamos aquí reunidos para dar lugar a una "confrontación" entre el ciudadano Ricardo Bustillo y el ciudadano Bernardo Márquez. Estos dos miembros de la Comunidad han entrado en conflicto y es un derecho, en este caso ejercido por el ciudadano Ricardo Bustillo, pedir una "confrontación" contra el otro miembro, en este caso Bernardo Márquez, miembro que la ha aceptado. De esta forma se procederá a zanjar la cuestión delante de la Comunidad, tal como estableció el primer Consejo, el "Consejo Maestro" en las "Leyes de Convivencia Comunitaria". Así que, ahora les pedimos que entren en el "círculo" a ambos contendientes...- Richi y Bernie caminaron el uno hacia el otro hasta colocarse a unos tres metros el uno del otro.-  Esto solo es una forma de solucionar algo de difícil solución...

- No es una lucha a muerte...- Agregó otro miembro.

- Ni es una lucha sin reglas...- Comentó un tercero.

- Nada de juego sucio...- continuó el cuarto miembro.

- Solo las llamadas "reglas de caballero"... nada de morder ni de atacar los ojos o los genitales...- Aclaró el miembro del Consejo que quedaba por hablar, que era precisamente el padre de Maggie.- Ni de golpear cuando el otro no tiene capacidad de respuesta, ni golpes a la cabeza desde la posición vertical mientras el otro permanece en posición horizontal.

- El final de la "confrontación" lo marcará que uno de los dos quede sin sentido o visiblemente conmocionado, o quede tendido en el suelo...- Habló de nuevo el portavoz.

- O el hecho de que alguno de los dos sangre profusamente...

- O dé muestras de rendirse...

- O en el caso de que el portavoz decida pararlo... Así que, dense la mano y prepárense para llevarla a cabo.- Ambos acataron la orden de este sin ningún atisbo de amabilidad.- ¿Está preparado señor Bustillo?- Richi asintió con gesto serio.- ¿Y usted señor Márquez?- Bernie también asintió.- Está bien, pues ¡que comiencen las hostilidades...!

 Ambos se miraron a los ojos durante, al menos, un par de segundos intensos. Después de eso, Richi se cuadró delante de él con una postura pugilística y Bernie se quedó con los brazos a media altura entre la cabeza y la cintura, eso sí, a la expectativa. Richi dio un par de pasos hacia él, pero él retrocedió. A continuación le tiró un puño con fuerza pero poca puntería, que Bernie fue capaz de esquivar. Richi acortó la distancia tirando un par de puñetazos más, y Bernie se cubrió como pudo recibiendo los impactos en los antebrazos. Richi hizo un gesto de dolor; por lo visto se había hecho daño en uno de los nudillos al golpear algo duro como tal vez el codo de su adversario. Entonces, una vez repuesto de ello, dio un paso hacia adelante y amagó un puñetazo pero en realidad le lanzó una patada frontal que le impactó entre el pecho y el estómago. Eso hizo que Bernie callera hacia atrás mientras sentía un dolor intenso. A duras penas se repuso y trató de levantarse antes que Richi llegara a él,  Este entonces quiso abalanzarse hacia él, que ahora estaba de rodillas. Fue tal su ímpetu que consiguió que ambos rodaran por el suelo en un abrazo violento. Ya para ese instante, Bernie se había recuperado del dolor, y, no solo eso, estaba furioso. Richi quiso ponerse sobre él pero ambos forcejearon hasta que Bernie logró ponerle el antebrazo por el cuello y hacer presión con todo el peso de su cuerpo,  colocándose en una posición dominante, y ninguno de sus esfuerzos logró evitar que la presión fuese cada vez mayor, hasta que el muchacho flaco y espigado perdió el conocimiento, y entonces Bernie le dejó y, con síntomas evidente de cansancio y dolor, se puso de pie. El médico se acercó al muchacho y le examinó. A continuación les informó que este estaba bien, solo había perdido el conocimiento, pero su pulso y su respiración eran totalmente normales. Sus padres le recogieron y le reanimaron.

- Damos por terminada esta "confrontación" entre los ciudadanos Ricardo Bustillo y Bernardo Márquez. Aquí y ahora todo queda zanjado. Y, se espera que, de aquí en adelante, exista una conducta cordial entre ambos. 

  Dicha estas palabras por parte del Portavoz, la gente salió del recinto y volvió a sus tareas, con las más diversas opiniones sobre lo que allí acababa de ocurrir. Bernie, por su parte, se puso una cataplasma de hierbas antiinflamatorias en un par de contusiones que tenía, se dio un reconfortante baño y cenó.  Como suponía, aquello no había durado más de cinco minutos de adrenalina a tope. Después de eso, y una vez a solas en su habitación, cogió de nuevo el diario y se puso a leer.

 

 

 

 

 

8

 

  "Ahora estoy totalmente convencido de ello; esto debe ser una especie de ajuste divino o algo así. Primero fueron los "paranoicos", después los mutantes, y ahora esta extraña vegetación que nos va engullendo poco a poco. Una chica de nuestro equipo se acercó a ver una de esas flores. Era como una rosa, incluso con sus espinas, pero de color lila, con más pétalos y unas hojas oscuras y brillantes. Entonces varias de esas espinas salieron despedidas hacia ella con velocidad, y una se le clavó en su garganta y otra en su mano. Todos los que lo vimos, inclusive ella, nos quedamos sorprendidos, y la miramos con incertidumbre mientras ella se quitaba las espinas, y las observaba con incredulidad. Y entonces empezó a sentirse mal. Fue cerrando los ojos mientras nosotros tratábamos de socorrerla. No sabíamos lo que hacer, así que la dejamos dormir. Pero ya no despertó más. Se durmió plácidamente y murió. Desgraciadamente no fue el único caso. Comenzaron a ocurrir cosas extrañas con esa vegetación que crecía por todas partes. Flores que envenenaban y mataban, raíces y apéndices que nos atacaban... Uno de los nuestros se sentó sobre un árbol y de repente unos apéndices vegetales lo agarraron por el cuello y los brazos y lo estrangularon. ¿Qué puedes hacer contra eso? Cuando cortamos el apéndice ya estaba muerto.  Cortas sus tentáculos y no les afecta, no es como cortarle un brazo a un mutante. ¡Les vuelve a crecer! Les disparas y también es en vano. Por Dios, ¿qué clase de criaturas son esas? Resulta frustrante. Grandes vainas capaces de engullirte y descomponerte con un potente ácido. Se cierran sobre ti con un movimiento sorpresivo y veloz y te tragan como una planta carnívora traga a una mosca despistada. Pero ¿Por qué? ¿Por qué ocurre todo esto? ¿Quién lo controla? ¿Quién lo ejecuta? Debe de haber una razón, pero ¿cuál? Y, mientras yo me devano los sesos con este asunto, la vegetación sigue creciendo, ocupándolo todo, corroyendo los edificios, partiendo el asfalto, atravesando el hormigón, transformando la ciudad en una jungla extraña y mortal.

  Muchos han caído, y todo se reduce a eso, a esperar el momento en que le toque a uno. ¿Cuándo parará todo esto?  Es como si todo se hubiera vuelto en nuestra contra.. Este planeta ya no es el que conocíamos años atrás. Se ha convertido en un lugar extraño y hostil, un lugar en el que tienes muchísimas posibilidades más de morir que de sobrevivir. El otro día vi un grupo de ratas acercarse a una de esas plantas porque había un perro muerto y las plantas no le hicieron caso, y después dos tipos se acercaron a ver si el animal podía ser comestible y las plantas les atacaron y murieron. Traté de ayudarles pero no pude hacer nada. Después volví al lugar a observarlo desde una distancia prudencial y a la hora más o menos se acercó un gato y las plantas tampoco le atacaron, como con las ratas. ¿Es posible que sean selectivos? En cualquier lugar te acecha el peligro, en cualquier rincón la muerte, ya sea de manos de algunos de los mutantes que aún quedan,  de una planta venenosa, de una de esas vainas carnívoras o de esos malditos apéndices que estrangulan o te amputan brazos y piernas. Y los cadáveres los absorbe el suelo, los hace desaparecer, los digiere. ¡Dios mío! ¿Qué será lo próximo?"

 

 

  Bernie, a partir de ahí, comenzó a descuidar parte de sus quehaceres, y eso le trajo más de una bronca con su padre. Simplemente no se sentía motivado. No sabía si la razón era esa,  pero cuanto más leía el diario, más desarraigado se sentía de todo, en especial de las creencias y tradiciones de la Comunidad. Comenzaba a dudar de todo lo que, desde pequeño, le habían contado, y eso le perturbaba. Sabía que debía haber algo allí afuera, pero, si era cierto todo lo que contaba ese diario, ¿quién querría estar ahí? Pero entonces ¿qué? No sabía en qué creer, ni sabía que pensar al respecto, ni siquiera en cuanto a lo que contaba el diario. Aquello era tan... delirante, que se hacía difícil de creer. Pero tal vez por eso resultase más verosímil; tal vez por eso mismo fuese más complicado inventar una historia así. Y, además, ¿qué sentido tendría hacerlo? De todas formas necesitaba saberlo. Más allá de estúpidas  tradiciones e historias inconclusas, necesitaba saber el por qué y el cómo, preguntas que aquella sociedad simple e inmovilista no sentía la necesidad de hacerse. Sabía que una sociedad tan pobre tecnológicamente no podría haber creado algo de la envergadura de la burbuja,  resultaba algo demasiado evidente, y eso suponía que existía algo o alguien mucho más avanzado de lo que ellos eran capaces siquiera de comprender. Las preguntas que una y otra vez resonaban en su mente era "quiénes la habían creado, por qué y cuándo". ¡Todo era un contrasentido! Pero los demás no se cuestionaban nada de eso, y era algo que no podía entender.

 

 Maggie, últimamente, se había mostrar reservada y triste. Como hija de uno de los miembros del "Consejo", se suponía que debía ser un ejemplo para las demás jóvenes de la Comunidad, pero ese era un rol que no le hacía sentirse cómoda. Bernie sabía que ella estaba enamorada de él. A él también le gustaba bastante aunque tal vez no llegaba al extremo de decir que estaba enamorado, o tal vez es que no se atreviera a pensarlo. Él también se había mostrado distante. Ahora se acercaban las fiestas de la cosecha, y, según era la costumbre, los varones enamorados invitaban a la "noche del baile de compromiso" o "baile de parejas", a sus chicas, donde las parejas, tanto formales como las que iban a serlo en un futuro no muy lejano, declaraban públicamente su compromiso mutuo. Ella había esperado recibir su invitación pero se acercaba la fecha y él no lo había hecho. Por su parte, Bernie, no se había sentido capaz de hacerlo porque, por una parte, no quería hacerle daño tal vez porque ambos tuvieran diferentes metas y diferentes conceptos de la vida allí adentro, y también porque tal vez él no era el muchacho que ella necesitaba, y sabía que sus padres así pensaban sobre su relación, y, además de todo eso, y por si esto fuera poco, se sentía confundido, no sabía cómo encajaba él en todo aquel complejo y a la vez simple engranaje.

  Bernie estaba acostado sobre la hierba, era de noche,  y miraba el "cielo" de la burbuja. Era un cielo oscuro, compacto, hermético. Entonces se le ocurrió. ¿Qué pasaría si utilizaba la pistola que había en la caja contra el muro invisible de la burbuja?  Trató de tomar una decisión al respecto, y entonces le sorprendió Maggie. Parecía alterada. Bernie pensó que había llorado. Se sentó junto a su lado y él dejó de estar tumbado para sentarse también.

- ¿Qué ocurre?- Le preguntó en vista de su estado.

- ¿Qué soy para ti?- Le soltó ella como un repentino puñetazo. Tensó su gesto ligeramente.- ¡Sí! Es una pregunta sencilla, ¿no crees? ¿Qué soy para ti? ¿Qué significo?

 Bernie se quedó perplejo por un momento. Después le acarició el pelo con ternura, pensando que, después de todo, él no era el único que lo estaba pasando mal.

- Dime, ¿Qué ha ocurrido?

- Bueno que...- Maggie llegó dispuesta a presionarle para que le expresara sus verdaderos sentimientos, cosa de la que él no parecía ser capaz, pero era frágil, al menos en lo que tenía que ver con él,  así que depuso su actitud y se mostró confusa y, hasta cierto punto, comprensiva,- He discutido con mis padres, eso es todo... Pero es que, nunca lo había hecho, al menos de esta forma. Mi padre no quiere que siga relacionándome contigo. No aprueba lo nuestro, lo que sea que haya, que no sé bien qué es. Dice que eres peligroso, que no te importa la Comunidad, que eres inestable... que me harás daño.

- Y tú ¿qué le dijiste?

- ¿Que qué le dije yo? ¿Acaso importa?- Maggie lo miró como esperando algunas palabras de parte de él, tal vez de apoyo o que le confirmasen que no le fallaría o algo así, pero lo único que obtuvo fue una mirada introspectiva y confusa.- Me prohibió que siguiera viéndome contigo.... Richi fue a hablar con él y le pidió permiso para... invitarme al "baile".

- Ya.- Comentó él escuetamente comprendiendo que se refería al "baile de las parejas".

- Necesito saber...- pero él no la dejó continuar, le tapó la boca con la mano y después, acercándose a ella y retirando su mano, la besó efusivamente. Ella entonces no necesitó más respuesta que esa y fueron a un rincón y, por primera vez para ambos,  se amaron sin pensar en nada más.

 La vida para Maggie había sido relativamente sencilla hasta ese momento. Hasta los trece años, había ido al "colegio", como cualquier niña nacida bajo la burbuja. Había recibido una educación convencional, como todos los demás. Allí adentro, los hijos de los consejeros no solían tener privilegios especiales. Tal vez por eso era una chica sencilla y transparente, sin excesivas pretensiones. A los quince llegó formar parte de la ciudadanía con una ceremonia ritual y sencilla en la que la Comunidad, de forma oficial, le daba una especie de bienvenida o algo así, y le invitaba a la integración social y laboral. Estaba preparada para ello, tanto mental como físicamente. Aunque era joven era fuerte y laboriosa. Siempre ayudaba en casa y realizaba las tareas que el "Consejo" le asignaba. Un poco antes de eso, su padre entró a formar parte de este a los sesenta años tras el fallecimiento de uno de sus miembros. Era una buena edad contando que nadie había logrado llegar a los setenta y un años bajo la burbuja. Desde pequeña la prepararon para ser útil a la Comunidad. Sobre todo lo habían hecho también para que fuera una buena esposa y ama de casa. Desde pequeña conocía a Bernie, pero a medida que fueron creciendo y relacionándose, algo de él le intrigó, le atrajo. Él era diferente a los otros chicos que conocía, que solían ser simples y previsibles. Era introspectivo, inconformista, en cierta forma extraño, incluso diferente. Ella, generalmente, se había mostrado obediente, sumisa a su padre. Hasta ese momento nunca había osado desafiar su autoridad; la de un hombre recto, tenaz, voluntarioso. Para él, Bernie era una mala influencia para su hija, y estaba consiguiendo descarriarla, volverla contra él. Pensaba por sí mismo, y eso resultaba algo peligroso, sobre todo en esa sociedad colectiva que era la Comunidad. No era normal que surgiera un individuo así, pero a veces ocurría. Y eso era algo que le asustaba.

 

Bernie, a solas en su habitación, reflexionó sobre lo que había ocurrido esa tarde, y sobre Maggie, y llegó a la conclusión de que no era justo del todo con ella y, sobre todo para ella. La estaba arrastrando a una cruzada que no entendía y que ni siquiera apoyaba, aunque ella también era, en cierta forma, inconformista, como él,  pero no sabía demostrarlo de otra forma más que dejándose arrastrar por él.  Con estos pensamientos en su cabeza, cogió de nuevo el diario y comenzó a leerlo por donde lo había dejado la última vez:

 

  "Hemos intentado combatir esta maldita vegetación invasiva, al menos en nuestra pequeña ciudad fortificada, pero todo resulta en vano. Perdemos inevitablemente la batalla. Nada podemos hacer por evitarlo. Ni rociarlas con productos químicos, ni arrancarlas o quemarlas, ni nada de nada que dé resultado. La vegetación se regenera con velocidad, y, cuando actuamos de forma contundente contra ella se vuelve agresiva y hostil hacia nosotros. Sé que suena terrorífico pero así es. Al menos intentamos que adentro no hayan de las "peligrosas", las venenosas o de las que atrapan.  Hablando de esto, ya no tengo duda alguna sobre que son selectivas. El otro día iba patrullando alrededor del flanco oeste por la ciudad con dos tipos más y uno de ellos llevaba un perro, más concretamente un labrador. El caso es que nos sentamos a beber un poco de agua mientras esperábamos a otro grupo y el perro se fue unos metros más allá y se tendió sobre una mullida alfombra de hierba, y allí estuvo durante un rato y entonces, uno de los tipos se levantó y se puso junto a él. Al instante salieron varios tentáculos de debajo de la "alfombra" y agarró a ambos, pero al perro lo soltó, incomprensiblemente, es lo único que se me ocurre porque no he visto que nadie pueda librarse de ellos a menos que les cortes los "tentáculos". Intentamos ayudarle pero salían nuevos tentáculos y nos atacaban a nosotros. A duras penas pudimos zafarnos pero nuestro amigo murió. Los tentáculos lo arrastraron hasta una vaina, que terminó por engullirlo.  Y no es el único caso. La vegetación hostil solo nos ataca a nosotros, los humanos, pero aún no sé por qué.

 

 Nuestros científicos trabajan para neutralizar las amenazas pero, según creo, esto les sobrepasa. Tienen una estructura molecular increíblemente resistente y una capacidad regenerativa sorprendente, más allá de todo lo que conocen y pueden comprender. ¿Cómo luchar contra un enemigo así? Lo único que podemos hacer es quemarlas y convertirlas en polvo, pero me temo que eso no es suficiente.

 

 He decidido dejar la ciudad. Algunos han preferido quedarse. Pero ya no resultaba segura. Como preveíamos, la vegetación se la ha tragado, se ha adueñado de todos sus rincones. Así que un grupito de gente, entre las cuales me incluyo, hemos decidido buscar otro lugar en el cual empezar de nuevo, un sitio que nos proporcione más garantías de seguridad. En el camino nos hemos encontrado grupos de gente armada, algunos de ellos hostiles. Gente que no atiende a ningún tipo de ley humana o divina. Otros, sin embargo se nos han unido. Necesitamos un lugar libre de toda esa vegetación voraz y extraña donde ocultarnos. Es más una esperanza que una certeza. Nadie quiere decir que un sitio así ya no existe aunque todos lo pensamos. Si perdemos la esperanza, ¿Qué nos queda?  Ya hemos sufrido demasiado. Pero no sirve de nada lamentarse o quejarse. Tenemos que sobreponernos a todas la adversidades, por nosotros y por la gente a la que queremos y confía en nosotros. Hemos de ser fuertes. Sobrevivir a toda costa. Tal vez algún día descubramos el por qué. Al menos eso tal vez la daría sentido a nuestro sufrimiento. No lo sé. Tal vez eso nos ayude a enmendar errores, a aprender de ellos. Y así crear un nuevo mundo, mejor que el antiguo, un mundo en el cual sintamos que nos pertenece tanto como nosotros a él, y en el cual nuestros hijos puedan mirar sin miedo al futuro. ¿No sería eso precioso?  Al menos suena muy bien. Hablando sobre eso, tengo que decir que no he logrado encontrar a mi hijo y que cada vez tengo menos esperanzas al respecto. Si está vivo o no es algo que no sé. Me gustaría decir eso de que "presiento que está vivo", pero no puedo engañarme a mí mismo. Ahora, lo único cierto es que estamos más cerca de la extinción que nunca antes lo habíamos estado, y que desearía encontrarlo más que nada en el mundo, pero, últimamente, los sueños no se cumplen; las pesadillas sí. Tengo el consuelo de que, si no ha logrado sobrevivir, al menos no estará sufriendo este infierno. Katrina sigue aquí y estamos juntos. Por el momento me conformo con eso.

 

 Cada vez vemos menos mutantes. Y creo que las transformaciones han ido cesando. Los que quedan son los que mutaron tiempo atrás, y cada vez les veo menos, al menos vivitos y coleando. Cadáveres sí hemos visto, cadáveres que las plantas absorben. No es que hayan muerto todos pero los pocos que quedan prefieren esconderse de nosotros, por el momento. La toxina que crearon en el campamento les asestó un golpe casi mortal. Ahora solo nos quedaría encontrar un sitio donde esa maldita vegetación no fuera tan invasiva. ¡Ojalá encontremos un sitio así!

 

 Después de mucho caminar, después de mucho buscar y, en más de una ocasión, desesperar, hemos llegado a una granja en lo alto de una especie de loma, a unas cien millas de la ciudad, detrás de un hermoso valle. No sabemos de quién era pero estaba vacía, no había nadie, por alguna razón que nos es desconocida, pero así es. Y la maldita vegetación mutante parece que no ha extendido sus garras hasta aquí, al menos de la forma tan agresiva como en la ciudad. Así pues esto se nos antoja como un pequeño paraíso; un cielo limpio, largos terraplenes de hierba, incluso parcelas para cultivar. Intentaremos acondicionar esto para vivir medianamente bien y que el lugar nos brinde sustento y seguridad. Al menos, esa es nuestra intención.

 Hay mucho trabajo que hacer aquí. Limpiar la zona, hacer pozos de agua, reparar lo que está deteriorado, arreglar las viviendas y los graneros, plantar, buscar animales para criar... Es todo un reto para mí. Reconozco que soy un "animal" de ciudad. Pero estoy en ello, como el resto de nosotros. Supongo que con dedicación y constancia lo lograremos..."

 

 

 

 

9

 

 

Por fin llegaron las fiestas de la primavera de la Comunidad y eso se notaba en el ambiente. Todo se vestía de color, las calles, las plazas, hasta la gente estaba más luminosa y alegre. Era una semana repleta de actividad. Se pronunciaban discursos, se hacían concursos, se tocaban canciones, la gente comía, bebía y se relacionaba. Y el broche era el "baile de las parejas", que se hacía la noche del sexto día. El protocolo era siempre el mismo: el portavoz del "Consejo" hacía un pequeño anunció en cuanto a ello y decía unas palabras cargadas de emotividad y aludiendo también a lo importante que era tener familias fuertes y unidas que trabajaran en pro de los intereses de la Comunidad. Entonces las parejas legales que quisieran y, sobre todo, las que tuvieran intención de dar ese paso, se formaban dentro de la pista de baile y bailaban al son de una canción romántica que tocaba el grupo. Después de eso se daba la bienvenida a las nuevas parejas, y se comía y se bebía en su honor, y a esas parejas se les consideraban parejas formales ante los ojos de todos. A partir de ahí eran un "matrimonio" y debían hacer una vida en común y formar una familia, un hogar. Por tanto se festejaba como una ceremonia nupcial.

 Maggie había sido informada por parte de su padre de que Richi le había pedido permiso para invitarla al baile, y que él le había dado su consentimiento. A sus ojos, era el chico que a ella le convenía. Había sido tajante en cuanto a eso y sobre todo en cuanto a Bernie. Ella sabía lo que eso implicaba. No es que detestara a Richi, era simpático y siempre había sido muy amable con ella. Pero no se imaginaba pasar toda su vida junto a él, tal vez porque estaba enamorada de Bernie, a pesar de su inseguridad y su rebeldía innata, y puede que por eso precisamente lo estuviera. Cuando su padre le había dado esa especie de ultimátum, ella no había dicho nada, pero una gran duda se había alojado en su mente. Por una parte nunca le había desobedecido, pero por otra pensaba que era ella quién debía decidir con quién pasaría el resto de su vida, no su padre, aunque también le molestaba el hecho de no estar segura de saber lo que Bernie sentía por ella y, sobre todo, de lo que estaba dispuesto a sacrificar. Ciertamente, esa noche fue a la ceremonia sin estar segura de lo que iba a ocurrir.

  Unos instantes antes de que se anunciara el baile, Richi llegó hasta ella muy elegante, esgrimiendo una encantadora sonrisa, y alargó su mano. Según el protocolo y la tradición,  la chica debía asirla si aceptaba o quedarse parada si no lo hacía. Era un simple gesto que encerraba mucho. Ella entonces le miró indecisa pero no le cogió la mano, aunque parecía a punto de hacerlo. Él entonces hizo un pequeño ademán con esta como instándole a hacerlo, seguro de que lo haría. Entonces Maggie vio a sus padres unos metros más allá observándole con firmeza, totalmente convencidos de que eso era lo mejor para ella, y se puso algo nerviosa y, antes de hacerlo, antes de alargar su mano también, Maggie volteó su cabeza hacia el otro lado buscando a Bernie, pero no le vio, y entonces volvió a voltear su cabeza con una mueca de resignación y, sorpresiva e inesperadamente, otra mano se extendió delante de ella y el dueño de esa mano le dijo: "¿Bailamos nena?"

 Sus ojos se iluminaron al contemplar a Bernie, que también iba muy elegante, y cogió su mano sin dudarlo un instante y, después de eso miró a sus padres, sintiéndose satisfecha y sintiéndose fuerte, y, a continuación entraron a la zona de baile, junto con las demás parejas. Richi, por su parte, se quedó como atontado, quieto, inmóvil, mirando con incredulidad a los padres de Maggie, sin ser capaz aún de creerse lo que acababa de ocurrir.

  Bernie y sobre todo Maggie, estaban en otro "universo" ajenos a todo lo que pasaba a su alrededor mientras bailaban esa romántica pieza, y lo hacían como si, en aquel preciso momento, no hubiera nadie más alrededor de ellos ni bajo la burbuja. Bailaron dulcemente y Maggie se sintió feliz como nunca antes. Y, cuando acabó la canción,  se besaron dulcemente y se largaron de allí, no sin antes coger un par de cervezas.

 

Una vez lejos del bullicio, charlaron bajo la cúpula fosforescente, bebiendose sus cervezas y disfrutando del momento.

- Ya empezaba a estar harta de todo.- Comentó ella sincerándose, mientras permanecía sentada sobre una valla.- De que mi padre me dijera siempre lo que tenía que hacer, de lo que la gente espera de la hija de un miembro del "Consejo"...

-Has sido muy valiente.- Comentó Bernie afablemente.

- Y tú.

- ¿Yo?- Él se mostró sorprendido.- ¡Que va! Lo mío es diferente. También estoy harto de muchas cosas, pero soy un caso perdido. Tú, esta noche, has decidido tomar tus propias de decisiones.- Ella le oyó sin decir nada. Su mirada era incierta.- ¿Qué ocurre?

- No me lo esperaba, lo confieso. Me refiero a que aparecieras de repente... Pensaba que no ibas a aparecer por allí. Cuando lo hiciste fue como si... de pronto... todo tuviera sentido. Pero...- ella le observó con gesto incierto- y ahora ¿qué?

- Dame un par de días y acondicionaré una pequeña casa detrás del cobertizo de mis padres y viviremos allí, viviremos a nuestra manera, como nosotros queramos.

- Sí, suena muy bonito.- Contestó Maggie mientras sentía como su mano le acariciaba el rostro con suavidad.

-¿Qué es lo que te preocupa de verdad?

 Ella no dijo nada, tan solo le miró con afabilidad, le cogió la mano y, poniéndose de pie se lo llevó de allí. Él se dejó llevar pero le devolvió la mirada con incertidumbre. Quiso preguntar algo pero ella se lo impidió poniéndole la mano sobre la boca para que no dijese nada. Maggie le siguió llevando de la mano hasta que se hizo evidente que iban hacia su casa. Bernie intentó preguntar de nuevo, porque le sorprendió sin duda comprobar hacia dónde iban,  pero ella se la adelantó y le dijo:" quiero enseñarte una cosa". Después de eso le llevó a un sótano al cual se entraba por la parte de afuera de la casa, por una trampilla y una escalera. Antes de eso, Maggie tuvo que entrar a esta a coger un par de llaves para abrir un candado y la propia cerradura de la trampilla, y encender un par de candiles. Al final de la vieja escalera había una habitación amplia y húmeda, en la cual habían estanterías y diversos enseres, más o menos organizados. Aquello parecía más un lugar donde escondían cosas que un simple sótano.

- Creo que esto te va a interesar.- Le indicó ella.

Había algunos objetos extraños en las estanterías. Algunos estaban puestos directamente en esta pero otros estaban colocados en cajas.

- ¡Vaya!- Exclamó Bernie mirando dos pistolas, muy parecida a la que le dio su abuelo.- Son armas... pistolas.- Le dijo a la chica y cogió una de ellas. Ahora que la observaba con detenimiento se dio cuenta que era un poco diferente a la suya. Tenía un cañón redondo y más corto, pesaba un poco más y en el centro tenía una especie de rueda que giraba.- Según me contó mi abuelo, estos artefactos disparaban proyectiles de metal con gran velocidad. Eran peligrosas.

- Ten cuidado entonces.- Pidió ella un poco atemorizada.

 Bernie siguió investigando las cosas que allí había mientras la luz de las llamas formaban sombras juguetonas.

- ¿Qué es todo esto?- Preguntó intrigado

- No lo sé exactamente. Cosas que mi padre guarda celosamente. He entrado aquí apenas un par de veces y les he oído hablar sobre esto en alguna ocasión. Son cosas que el "Consejo" guarda, cosas secretas...

- Entonces... tú sabías... lo sabias...

- No sabía nada en concreto aunque es cierto que sospechaba... pero tenía miedo...- Confeso ella.- Para mí no es fácil. Por una parte no quería hacer nada que enfureciera a mi padre y por otra, bueno, tampoco quería que por mi culpa te pusieras en contra de la Comunidad. Mi padre no sabe que lo sé pero no soy tonta, sé atar cabos. Aquí hay cosas extrañas que es posible que pertenezcan a ese mundo exterior del que tú, a veces, me has hablado. Ellos lo mantienen en secreto pero creo que tienes derecho a saberlo. Tal vez eso conteste algunas de las preguntas que te inquietan. Tampoco quiero que algún día lo descubras y penses que te lo estuve ocultando. No quiero ser una carga para ti. Si te soy sincera te diré que a veces he pensado en hacerlo pero no sabía si debía o no. Muchas veces he pensado en si habrá algo ahí afuera.

- Yo tampoco lo sé, pero sí sé que, más allá de la barrera invisible, hay o hubo algo más, algo muy diferente a esto, otro mundo, otra gente, y que todo eso se volvió hostil a la gente que lo habitaba y que, de alguna manera, acabaron dentro de esta cárcel, pero no sé por qué o cómo, si fue por su propia iniciativa o porque algo les obligó.  Cuando mi abuelo murió me dejó una pequeña caja que tenía escondida con algunas cosas que pertenecieron a ese mundo. Por ejemplo una pistola diferente a esas...- dijo señalando a los revólveres, que ahora estaban de nuevo dentro de sus urnas. También había un cuaderno que cuenta una historia sobre cómo era ese mundo... de alguien que vivió en ese mundo y de lo que pasó... como una especie de diario. Está viejo y algo deteriorado pero es legible. Ellos escribían como nosotros...- Puntualizó Bernie.

- ¡Enséñamelo! ¡Vamos! ¡Quiero verlo!

- Está bien. Lo tengo escondido. Vámonos. Estar aquí me qpone algo nervioso.

 Maggie asintió y, después de coger un par de cosas y meterla en una mochila, salieron de allí. Por supuesto, lo dejaron todo como estaba y Maggie colocó las llaves en su sitio, para que sus padres no sospecharan nada.

  Bernie entró en su casa a coger el diario y después fueron al cobertizo, encendieron un par de lámparas y, a la luz de la lumbre, él comenzó a leerle desde donde lo había dejado la última vez:

 

 

 

 

 

10

 

 

"Esta noche ha ocurrido algo realmente extraño y sobrecogedor. La noche, de repente, se iluminó como si alguien hubiera encendido un interruptor allá arriba y hubiera encendido unos potentes faros. Todo se encendió con luz de fuego, con un resplandor refulgente, y se fue apagando poco a poco, muy poco a poco. Como si hubiera habido una explosión allá arriba. No sé explicarlo de otra forma, pero fue aterrador. De alguna forma que no sabíamos explicar, sabíamos que estaba relacionado con lo que nos estaba pasando. Seguimos sin saber el cómo ni el por qué. A mí, lo primero que se me pasó por la mente, fue preguntarme: "y ahora ¿qué?, Dios mío". Estoy seguro de que esto traerá nuevas y nefastas consecuencias. No sé quién fue el que dijo que "todo lo que es susceptible de empeorar, empeora", y sin duda, sabía de lo que hablaba. El tiempo dirá. Ya veremos.

 

Algunos de nuestros científicos, los que vinieron con nosotros de la ciudad, están convencidos de que el extraño fenómeno vino dado porque  ha habido un repentino e inexplicable incremento en la actividad solar, más concretamente eyecciones de masa coronal, que superó con creces la que hubo a mediados del siglo dieciocho, esa que llamaron la tormenta de Carrington, y que fundió las líneas del telégrafo, por ejemplo. Y, como sospechaba, sus efectos han sido devastadores. Muchos han muerto debido a quemaduras en la piel, a asfixia y otras razones derivadas de la radiación y el calor. Además de eso, y por si fuera poco, esto produjo un pulso electromagnético que ha fundido todo lo eléctrico, casi toda maquinaria mecánica o electrónica. Cualquier tipo de dispositivo, cualquier chip... todo ha quedado reducido a pura chatarra. Ni luz, ni vehículos ni ordenadores, nada. Esto nos va a fastidiar bastante. Mientras lo solucionan, si es que lo hacen, tendremos que buscar fórmulas alternativas para poder hacer lo que antes éramos capaces de hacer con el poder de la tecnología. Es un desastre, todo es un desastre. Como volver a la edad de piedra. ¡Dios mío! No sé cómo vamos a apañárnoslas.

 

 Hace cuatro de días que ocurrió y nos sentimos en la más absoluta indefensión, y con el ánimo por los suelos. Ni maquinaria,  ni luz, ni gasolineras, ni vehículos, nada... Por si esto fuera poco, hemos notado que las temperaturas han ido subiendo desde entonces. En cuatro día un par de grados. Y los que saben un poco de esto dice que van a seguir subiendo. Espero que sea una ola de calor pasajera, por que lo que nos faltaba era morir achicharrados, después de todo lo que hemos pasado.

 

 Dos semanas después tengo que confesar que no se equivocaron los que auguraron subidas de temperatura. Casi diez grados más. El sol quema como el mismo infierno. Es insoportable. Te pones cinco minutos al sol y te deja como el carbón. Las fuerzas escasean. La comida, el agua... Vivir resulta más difícil que morir. Los que no mueren deshidratados se pegan un tiro y acaban con el sufrimiento. Todo se quema excepto esa maldita vegetación, que parece florecer más incluso. El aire es caliente, quema los pulmones. Todo se reseca, desde el paladar hasta el alma. De día permaneces a la sombra y por la noche apenas puedes dormir. Parecemos tuaregs. Nos tapamos por completo como los nómadas del desierto para conservar lo máximo posible nuestro sudor.  No puedes luchar para sobrevivir, eso podría deshidratarte, ni exponerte al sol más de lo imprescindible. Estoy rezando para que esto sea pasajero, así no hay quién pueda vivir. Si existe el infierno debe ser esto.

 

Ha pasado otra semana más y las temperaturas no bajan. Muchos muertos. Gente deshidratada, con los nervios de punta. Todos nos hemos vuelto más irascibles. Ha habido enfrentamientos por el agua, y muertes. Es como si todos nos hubiésemos vuelto locos. Es difícil pensar con claridad de esta forma, mientras el calor late como golpes de martillo en tu sien y tu cuerpo esta incómodo y pegajoso. No puedo ni sostener esta pluma. Tengo que buscar un trago de agua.

 

 Una semana más y este maldito calor no cesa. Cerca de cuarenta grados de noche y cerca de cincuenta de día. Apenas llueve. A veces ocurren lluvias tropicales que no duran más de veinte minutos y tenemos que estar rápidos para recoger lo que podamos antes de que se evapore y llevarlo a un par de sótanos como depósito, y racionarlo, por supuesto. Además de eso hemos encontrados varias galerías subterráneas que no es que den mucho pero al menos nos permite sobrevivir. Este tiempo ha condicionado toda nuestra actividad, que se ha convertido en nocturna. A veces viene, a eso de las cinco de la madrugada supongo, unas rápidas ráfagas de brisa "fresca", por no decir "no tan caliente", y, por unos minutos es como rozar la gloria.

 

  Algunos, milagrosamente, han llegado a muestra granja, no muchos en realidad, huyendo de la costa. Dicen que el nivel del mar ha subido bastante, tanto que está tragándose parte de la costa,  hasta varios kilómetros. Ciudades sepultadas bajo toneladas de agua en un momento. Es aterrador. Parece que tiene que ver con el deshielo de los polos debido a las intensas temperaturas. Por lo visto, no es solo por aquí. Esto mismo está ocurriendo por todas partes. Los lugares cercanos al mar se han vuelto inestables y bastante peligrosos, y no solo por las inundaciones, también se producen terremotos, tsunamis, tifones y huracanes. ¡Dios mío! ¿Cuándo va a parar este puñetero planeta de machacarnos? ¿Cuándo va a ser suficiente?

 

  He subido esta noche con un grupo de gente montaña arriba hasta encontrar un lugar prominente para observar qué se cuece allá abajo e intentar averiguar, si es posible, si corremos peligro a corto o medio plazo. Hemos estado dos noches ascendiendo y de día nos hemos refugiado en varios lugares. Sé que es una temeridad pero no hemos podido resistir la tentación de hacerlo. Hemos llegado a la parte más elevada de la montaña y nos hemos asomado a una especie de balcón natural, pudiendo ver con nuestros prismáticos y a la luz del amanecer el desolador espectáculo. El mar ha subido, no sé, yo diría, sin poder precisarlo, que unos treinta o cuarenta kilómetros y se lo ha tragado todo, lo ha sepultado todo a su camino. Hasta la granja supongo que hay una distancia de unos cien kilómetros, pero eso no nos tranquiliza en absoluto. Rápidamente hemos tenido que volver a nuestro refugio subterráneo a cobijarnos del maldito sol. Cerca de allí había una caseta de algún antiguo guarda forestal y ahí es donde ahora mismo me encuentro. Pero voy a dejar de escribir y voy a "hibernar" hasta la noche, para estar descansado para volver a la granja. Me queda solo un poco de agua, así que mejor la dejo para más tarde.

 

  Hace un par de días que llegamos de la cumbre de la montaña y la gente se ha mostrado preocupada de las noticias que les hemos traído. Cunde el desánimo. Han especulado mucho al respecto. Dicen que a este ritmo tal vez en seis meses la mayor parte de la superficie terrestre va a estar inundada. Solo se libraran las cotas superiores a los dos mil quinientos metros aproximadamente. Nosotros estamos en ese límite, así que hay mucha incertidumbre al respecto. ¿No resulta irónico, hasta cómico? Me refiero al hecho de que si no mueres ahora deshidratado después puedes hacerlo ahogado. Esto solo es cuestión de tiempo. Nunca imaginé que iba a decir una cosa así, pero, al menos con los paranoicos o los mutantes la muerte era rápida y repentina, así como con las flores asesinas, o, si, a lo sumo, te infectabas, supongo que no te dabas cuenta de nada, que entrabas en un estado de enajenación y ausencia total, y además podías luchar contra ellos, tenías gente que te cubría la espalda y tú se la cubrías a ellos; pero esta situación es como una lenta agonía, en la que salen a flote lo peor que hay dentro de nosotros, y no puedes hacer nada por evitarlo, tan solo tratar de deteriorarte lo menos posible, tratar de sufrir lo menos posible hasta que ocurra lo inevitable. Es ir muriéndote poco a poco.  Es una mierda. Te va desgastando lentamente, te quita la esperanza y las ganas de luchar. Te deja sin recursos. Solo tienes la certeza de una cosa; de que estás realmente jodido. Ya no tengo ganas ni de seguir escribiendo. Y si no cambia la situación, me refiero si no cambia para mejor, dudo que vuelva a hacerlo. Después de todo, ¿Qué sentido tiene?”

 

 

 

 

11

 

 

 Bernie levantó la cabeza y vio como Maggie estaba como hipnotizada, en una mezcla de estupefacción e incredulidad. Ella solo conocía el pequeño fragmento que él le había leído. No sabía cómo se había desencadenado todo hasta llegar a ese punto, pero no pudo evitar el sobrecogerse.

- Pero Bernie...- comentó confusa,- ¿estás seguro de que lo que has leído es veraz? Quiero decir si eso no será una especie de cuento o algo así. ¿Cómo sabemos que eso es real, que pasó lo que cuenta que pasó?

- ¡No, no, no!- Exclamó como si Maggie pusiera en duda su propia fidelidad.- Estoy totalmente convencido de que es real, de que eso fue lo que pasó. Si lo hubieras leído desde el principio... Este simple manuscrito revela la verdad, por qué estamos aquí, cómo ocurrió todo...

- Pero Bernie, eso que has leído resulta tan aterrador...

- Lo sé.- Contestó escuetamente, y, después de volver a observarla con complicidad, volvió a retomar la lectura del cuaderno:

 

 "A pesar de lo que escribí la última vez, de nuevo estoy frente a este papel, escribiendo, principalmente, porque se ha cumplido la condición que impuse; lo cierto es que han ocurrido un par de cosas muy importantes. Lo primero es que, algún tiempo después, la temperatura, ¡por fin!, comenzó a descender. Los que hemos sobrevivido lo hemos hecho sufriendo mucho, pero reconozco que no habríamos aguantado mucho más. Lo cierto es que ha ido descendiendo poco a poco hasta estabilizarse en unos treinta grados, que, para nosotros, es como estar en la gloria, después de haber sufrido ese infierno por unos cinco meses. Creo que ese clima ha influido, de alguna forma, para que la vegetación eclosionara en cientos de flores, plantas y árboles extraños y, todo hay que decirlo, realmente hermosos. Si bien esta vegetación no se ha tragado a  la "nuestra", la que conocíamos, por completo, esta parece haber sufrido también cierto tipo de mutaciones, para adaptarse a la nueva y precisamente no ser engullida por esta. En cuanto a lo del mar, bueno, parece que también ha parado la crecida, o, al menos ha descendido considerablemente. De lo que sí estamos seguro es de que esto ha cambiado la configuración del planeta. Algún tiempo después de que las cosas se "estabilizaran", por decirlo de alguna forma, tuvimos una especie de "revelación colectiva", o algo así. En mi caso, supongo que en el caso de los demás también, fue como entrar en una especie de trance hipnótico y entonces comenzar a ver como diapositivas en mi mente y, de una forma que no se explicar, comenzar a formar un puzle mental, no sé me ocurre otra forma mejor de explicarlo. Eran imágenes, aunque más que imágenes eran conceptos que se visualizaban dentro de mi mente, sin yo poder hacer nada para evitarlo. Entendí, entonces, muchas cosas. Por ejemplo que "ellos", una raza alienígena, descubrieron nuestro planeta, rico en recursos y repleto de agua y de vida, y se sintieron atraídos hasta el punto convertirnos en su centro de atención. Vinieron de un lugar muy lejano del universo y nos estudiaron, no sé cómo exactamente ni por cuanto tiempo, y decidieron hacerse con el control de nuestro planeta, antes de que termináramos por joderlo del todo. Mandaron una especie de avanzadilla, comenzando un proceso de adaptación de nuestro planeta y lo hicieron por medio de esos dos meteoritos, que iban "impregnados" de genes mutantes de diversa índole. Esas esporas fueron transformando nuestros ecosistemas, incluso a nosotros, pero también servían de "selección" para nosotros mismos. Esto les ha permitido eliminar a todos aquellos que no estaban preparados para la adaptación y/o eran más débiles. Después se desarrolló la adaptación y mutación de la vegetación y la atmósfera para sus existencias terrestres y acuáticas. "Ellos", sobre todo en su etapa adulta, se convierten en seres mayormente acuáticos y, dado que nuestro planeta tiene tanta agua, desarrollaron diversos tipos de algas para adecuar el medio a sí mismos. En su etapa inicial, cuando son pequeños, son terrestres, pero, como ya dije, a partir de su fase infantil pasan al entorno acuático. Esas plantas, tanto las acuáticas como las terrestres están diseñadas para ser hostiles a nosotros. En realidad, todo lo que nos rodea está diseñado para ello. Es su forma de mantenernos controlados supongo. Y, por último, el golpe maestro, la sucesión de grandes explosiones solares que generó el pulso electromagnético que, no solo frió nuestros sistemas electrónicos, dejándonos en la más absoluta indefensión, sino que además, por si eso fuera poco, elevó las temperaturas de tal modo que permitió un amplio deshielo, para que el mar extendiera sus fronteras, aunque sin tragarse por completo la tierra seca. Ese mismo calor activó a las plantas alienígenas para que empezaran la transformación de la atmósfera, la adaptación de la temperatura y la composición de esta.  Después "imprimieron" en nosotros el deseo de agruparnos e ir en determinada dirección, como un grupo de aves que su instinto las empujar a ir en determinada dirección migratoria. "Ellos" no permiten que la especie dominante autóctona del planeta el cuál conquistan se extinga. Conservan un número de "ejemplares" que garantice su supervivencia, y se preocupan de mantener y proteger esa especie, pero sin darle la oportunidad de que tengan capacidad de respuesta, de rebelarse, o como se prefiera decir. Acondicionan ese planeta para su propia supervivencia y crean reservas que mantienen y controlan. Cuántas reservas hay es algo que desconozco porque eso no nos lo han revelado. Es su política, su forma de actuar. Hemos estado dos días caminando como sonámbulos hacia aquí, sin que nadie nos guiara ni nos dijera nada al respecto. Simplemente lo sabíamos; sabíamos que teníamos que hacerlo y sabíamos hacia dónde, e incluso sabíamos cuando parar y cuando seguir. Ha sido tan desconcertante... Abrir los ojos y, de repente, encontrarse en otro sitio, pero, a la vez, recordarlo, sin saber el motivo de ese comportamiento. Y ahora estamos aquí, en esta especie de explanada, junto con algunos otros que han llegado de otros lugares, esperando no sé qué.

 

Últimamente ocurren cosas, muchas cosas, cosas que, si lo pienso bien, me congelan la sangre y me aterrorizan. Por ejemplo, después que llegamos aquí volvieron a inducirnos ese estado de trance, como si nos desconectaran o algo así. Salir de él es como despertar muy poco a poco de un sopor terrible, como un animal que sale de un estado de hibernación supongo. Tardas un buen rato en volver de la realidad y, cuando lo haces, te das cuenta de que te falta tiempo, pero no sabes ni cuánto ni cómo ni por qué, aunque sí sabes que han sido "ellos", y eso te da un miedo atroz. Pero, por otra parte, sabes que no tienes nada que temer, no ahora, y, de una forma irracionalmente inexplicable, ni si quieras tienes rencor ni odio. Y lo das por sentado, todo, lo ocurrido, lo que ahora te está ocurriendo... todo. El caso es que, al despertar, y no me refiero solo a mí,  nos hemos encontrado en una especie de reserva, aislados del exterior por una especie de campo de energía invisible aunque no transparente, que no nos permite cruzar hacia el otro lado. 

 

 Es extraño, racionalmente sé que, hace no mucho tiempo, vivía en una ciudad de casi un millón de habitantes y sé (cómo olvidarlo), todo lo que fue ocurriendo hasta llegar aquí, hasta este preciso momento, pero, no sé explicarlo, también tengo la sensación de que eso queda muy lejano en el tiempo y, sobre todo, en mi mente. Es algo que nos ocurre a todos, como si desde siempre lo hubiéramos sabido.  Y, lo más incomprensible, lo aceptamos como algo natural, necesario e inevitable. No sé cómo demonios lo hacen, pero esas malditas criaturas, sean quienes sean, manipulan nuestra mente. Entran en ella, borran cosas, imprimen cosas... Es algo que puedo percibir. No es que anulen mi voluntad ni la de nadie, ni estén controlándonos a cada momento. Es otra cosa, no sé, como que te "empujan" en una u otra dirección. Han introducido conceptos, mensajes en nuestro subconsciente, y algunos son más receptivos que otros a su influencia. Y también percibo que, poco a poco, van soltando esas "riendas".

 

 Lo hemos comprobado. Es imposible salir de aquí. Algunos han intentado acercarse al muro invisible y el latigazo que les han dado les ha dejado inconscientes. La barrera no te mata pero no es nada agradable. Un pequeño grupo de personas lo hemos intentado pero esto es algo que nos supera. No hay manera de burlarlo.  La mayoría de la gente se ha resignado, no sé si por la "hipnosis colectiva" o lo que sea que ellos hagan o porque saben que es el único sitio que les queda para sobrevivir. El caso es que, tampoco sé si es que acaso ese "truco de magia" está fallando en algunos de nosotros o qué,  que un pequeño grupo no estamos en absoluto de acuerdo con esta situación y tratamos de buscar alguna solución al respecto, aunque sinceramente no sabemos cuál podría ser. Se me ocurre que también "ellos" podrían estar permitiéndolo para estudiarnos; observar nuestras reacciones, nuestro comportamiento social o por simple diversión o curiosidad. Los demás repiten lo de siempre, que afuera no podríamos sobrevivir y que aquí adentro estamos protegidos y somos dueños de nosotros mismos, aunque yo no estoy tan seguro de eso. Hemos intentado averiguar qué es exactamente esa barrera invisible que nos atrapa y sobre todo cómo eludirla o atravesarla. Y eso ha generado cierta tensión con los demás, que son mayoría. No sé en qué va a acabar todo esto.

 

  No hemos logrado averiguar cómo funciona exactamente ese campo de energía, qué lo genera y qué lo sostiene, pero hemos llegado a la conclusión de que si "ellos" lograron generar un pulso electromagnético lo suficientemente potente para fundir todos nuestros sistemas manipulando, de alguna inimaginable forma, nuestro sol,  (y eso me sobrecoge), nosotros tal vez podamos crear un artefacto que sea suficiente para anular este campo y así derribar este muro invisible que nos encierra aquí. Tan solo habría que crear algo que produzca una emisión electromagnética lo suficientemente potente para desactivarlo; algo que generara una fluctuación electromagnética por la fuerza de empuje del "efecto Compton" que logre dañar los mecanismos que nutren o generan esos campos de energía. Los que de verdad saben del tema dicen que, en teoría, pueden hacerlo. Creo que se han puesto manos a la obra.

 

  Lo han logrado. Ha creado un dispositivo que, repito, en teoría, genera un pulso electromagnético, aunque lo que desconocemos es de si sería capaz de hacerle "cosquillas" a la "burbuja mágica", como le llamamos. Algunos científicos opinan que probablemente es efectivo. Pero ha habido filtraciones, porque en un sitio como este resulta imposible ocultar algo como eso, y a la mayoría no le ha gustado nada la idea. Ha surgido una especie de guerra civil o enfrentamiento interno, entre los "conformistas", como les llamamos nosotros, y los "insurgentes",  como nos llaman ellos. El artefacto es nuestro, lo hemos creado nosotros, pero ellos, no contentos con arrebatárnoslo, han matado a algunos de los pocos científicos que había. ¡Malditos locos estúpidos! A mí me tan solo me hirieron pero casi me matan. A pesar de eso logré huir y ahora estoy aquí, oculto, aunque no sé por cuanto tiempo. Ellos actuaron con gran agresividad y han logrado hacerse con el control de todo. Intentamos resistirnos pero fue inútil. Nos doblaban en número. Han creado un órgano administrativo y judicial que han dado en llamar el "Consejo", formado por los tres cabecillas de los "conformistas", y, claro, todos obedecen a ese grupo de estúpidos cobardes. Nos arrebataron el dispositivo y lo escondieron. Pero hacerlo funcionar es de lo más sencillo. Solo hay que apretar el botón rojo de la parte de abajo, esperar un minuto que el sistema se cargue, y, cuando se hayan encendido los tres pilotitos verdes, abrir las pequeñas tapas que cubren los interruptores que están bajo las lucecitas y apretar estos cuando las agujas del potenciómetro indiquen que esta cargado al cien por cien. Entonces, el sistema, que estará al máximo, comenzará una cuenta atrás de un minuto, y al terminar esta, hará detonación, liberando el pulso electromagnético; billones de electrones que absorberán la energía de todos los fotones que "pillen" a su paso. En principio no es nocivo para el ser humano, a no ser que te encuentres demasiado cerca del núcleo de la explosión y puedas sufrir quemaduras por el calor generado por este. En cuanto al lugar donde deben colocarse,  los que la fabricaron aseguraban que lo mejor era a unos diez o quince kilómetros del límite de la burbuja, porque no sabían desde dónde se originaba esta pero habían comprobado que ahí había una mayor incidencia del campo vectorial, y eso hace muy probable que esta se genere desde allí, tal vez con algún tipo de mecanismo subterráneo, o generador o algo así. No sé qué nos espera aquí adentro ni por qué nos han metido aquí, qué planes tienen para nosotros realmente, pero, lo cierto es que hay mucha tensión, y, si esos malditos alienígenas no nos matan, probablemente nos mataremos entre nosotros mismos. Es la historia de la humanidad, después de todo."

 

 

 

 

12

 

 Con esas palabras a modo de irrefutable sentencia, acababa el diario. Bernie y Maggie se quedaron impactados, mirándose en silencio durante un buen rato con expresión grave.

- ¿Te lo crees? Además, ¿Que son "alienígenas"?- Rompió ella por fin ese forzado silencio.

- No sé...- Confesó él,- pero, ¿acaso lo dudas? ¿Dudas que pueda ser cierto?-  Preguntó totalmente convencido.

- Podría ser... podría ser un delirio de alguien... una especie de historia inventada... Lo que cuenta es tan terrible...

- Sí, es terrible... para ellos lo fue...

- Desde que me enseñaste el cuaderno en el sótano de mi casa y vi el dibujo lo reconocí; reconocí esto,- dijo cogiendo la mochila y sacando del interior una extraña "caja".  Bernie clavó sus ojos en el aparato con interés. Se acercó y lo cogió y, tras observarlo detenidamente, se dio cuenta de que, en efecto, era el artefacto que el diario describía, el que decía que podía generar un "pulso electromagnético" y derribar la barreara invisible, aunque no tenía ni idea de lo que eso significaba.

- Supongo que los que formaron ese primer "Consejo" mataron a los insurgentes o a la mayoría de ellos, recuperaron el aparato y lo guardaron celosamente, sin atreverse a destruirlo tal vez porque lo considerasen una especie de trofeo, o por tener una especie de "plan b" o algo así,  y con el tiempo olvidaran el verdadero propósito de este.

- O por qué era una forma de sentirse poderoso e imponer su voluntad...- agregó Maggie- tal vez era algo que utilizaron como como arma contra sus oponentes...

- Y también supongo que nuestros antecesores, con el paso del tiempo, fueron olvidando cualquier cosa referente al exterior, bien por manipulación mental externa o por qué simplemente no les hablaron de este a los que nacieron aquí adentro... A "ellos", supongo que les interesa tener una población ignorante y manipulable... por eso mantienen esta especie de sociedad poco avanzada...- Entonces Bernie entreabrió la boca, perdiendo su vista en algún punto incierto, como si alguna malévola idea le rondara la cabeza y, de pronto, la miró con fuego en los ojos, como si una gran idea peligrosa hubiera estallado en su cabeza, pero ella, sin embargo, al contemplar su mirada se estremeció, porque sabía que aquello no auguraba nada bueno.- ¡Comprobemos si la historia es real!

- ¿Qué quieres decir?- Preguntó Maggie atemorizada, pues aquella última frase había sonado como una tremenda explosión en su cabeza.

- Bueno, si, como dices tú, es falsa, no tenemos nada que temer, pero, si es cierta y la burbuja cae, podremos, por fin, saber lo que hay afuera y ser libres...

- ¡Tan solo el pensarlo me asusta! ¿Qué pasaría después? ¿Si la historia de ese cuaderno es cierta, como tu dices, qué pasaría con nosotros, con los demás?  ¡Tú mismo lo dijiste, afuera todo sería hostil! ¡No sabemos lo que nos encontraríamos!

- ¡Ya nos ocuparíamos de eso!- Exclamó él excitado.- Tal vez eso lo hicieron para controlarnos y agruparnos aquí, pero, supongo que la amenaza ya habrá pasado. Eso debió de pasar hace mucho.

- ¡Tengo miedo Bernie!- Dijo ella al comprobar que él ya había tomado la de decisión y que no habría nada que le pudiera convencer de lo contrario. Entonces se abrazó a él.

- No tengas miedo, todo saldrá bien. Sobreviviremos. Además, mira lo que tengo,- y le enseñó el arma,  la pistola automática, que su abuelo le dejó.- Él me explicó cómo funciona pero yo nunca la he probado.- Te protegeré.- Y, cogiéndola de la mano salieron de allí en dirección al pueblo, después de guardar el artefacto en la mochila y la pistola en un bolsillo.

  Por fin llegaron a la plaza, cerca de donde habían bailado poco tiempo antes. Colocó la mochila en el suelo y sacó el artefacto. Para el tamaño que tenía resultaba pesado.

- ¿Estás seguro?- Le preguntó Maggie poniéndole la mano en el hombro, intentando disuadirle de que lo hiciera, pero sin la voluntad necesaria para tratar de impedírselo u oponerse a ello.

 Él asintió y comenzó a manipularlo tal y como en el diario su protagonista indicaba que debía hacerse. En ese instante el padre de Maggie llegó hasta ella después de estar buscándola por un buen rato. Parecía enfadado.

- Pero ¿te has vuelto loca?- Estaba tan ofuscado que no vio que Bernie estaba detrás, agachado, manipulando ese aparato que si buen conocía, la realidad era que no sabía qué era o para qué servía.- ¿Por qué rechazaste a...?- Pero entonces escuchó un extraño zumbido que le llamó mucho la atención y cayó en la cuenta de que Bernie estaba detrás, agachado, ocupado en "su" desconocido objeto.- ¡Pero qué...! ¿Cómo has conseguido eso?- Por asociación de ideas dedujo que era obra de su hija, y eso fue un impacto para su mente. Por una parte no sabía cómo ella había llegado a conocer su existencia y, por otra, cómo había sido capaz de robársela para dársela a él. Después de todo, eran objetos extraños y antiguos que el "Consejo" guardaba, tal vez que ocultaban.- ¿Qué estás haciendo con eso?

 Quiso apartarla de su camino lo suficiente para acceder a él, pero ella forcejeó con él para que no lo hiciera.

- ¡Lo siento padre! ¡Ya estoy harta de que trates de controlarlo y manipularlo todo!- A continuación este, en un arranque de furia, la empujó hacia atrás para comprobar qué era lo que Bernie estaba haciendo. Ella tropezó y cayó de espaldas sobre el suelo. El viejo quiso entonces agarrarle y empujarle y él sacó el arma y se la colocó frente a la cara.

- No sé si sabe lo que es esto pero sé cómo funciona y le sugiero que de un par de pasos hacia atrás o de lo contrario...

- ¡No Bernie!- Gritó ella desde el suelo.

  El viejo dio un par de pasos hacia atrás y miró el arma con cara desencajada. Por su expresión, Bernie dedujo que no era del todo ignorante del daño que aquello podía causar.

- ¡Quieto chico! ¡No manipules eso! ¡No sabes qué es! - Le ordenó con voz rotunda, pero Bernie lo miró y siguió accionando el artefacto.- Eso perteneció a otro mundo, a otra sociedad... no sabes lo que es- esta vez trató de ser persuasivo,- no sabes lo que estás haciendo, no lo sabes... Podría ser muy peligroso, por favor... ¡Por favor, déjalo!- Volvió a emplear un tono autoritario, totalmente irritado por la indiferencia que el muchacho mostraba hacia él, un miembro del "Consejo".- ¿Qué derecho tienes? ¿Qué derecho tienes?- Preguntó con vehemencia.- ¿Qué derecho a estar por encima del "Consejo", de la comunidad? ¡Vas a matarnos a todos! No sé lo que crees que estás haciendo pero vas a conseguir matarnos a todos...

 Y, con esas palabras aún en su boca, se abalanzó sobre él y le agarró la muñeca donde tenía el arma, pero Bernie no quiso apretar el percutor, y rodaron por el suelo enzarzados en una pugna violenta, entonces Maggie aprovechó para acabar de conectar el dispositivo, y Bernie, imponiendo su mayor fuerza física, le dio un puñetazo a este y lo dejó ligeramente conmocionado, aunque no llego a perder el conocimiento.

- Lo siento padre, pero tenía que hacerlo...- Le dijo ella mientras permanecía tendido en el suelo y sangraba ligeramente por la comisura de los labios. - ¡Ya está hecho!- Pronunció Maggie con gravedad.

- ¡Yo que usted correría...!- Le aconsejó Bernie y entonces recogió el arma de fuego, ante la mirada expectativa de ella y su padre, le quitó el seguro, la apuntó a lo alto y dijo: "tenía ganas de hacer esto" y apretó el gatillo un par de veces.

 Sonaron varias detonaciones que no solo asustaron a los atónitos ciudadanos que se habían reunido alrededor de ellos, sino también a él mismo,  que le hizo sentir un dolor intenso y punzante dentro de su oído y, por un momento se quedó tan conmocionado como el viejo lo estuvo antes.

-¡ Bernie! ¡Padre!- Grito ella un par de veces tratando de ayudarles a ambos a levantarse. Bernie se agarró de ella y logró recuperarse del lacerante dolor del oído pero su padre rehusó la ayuda con un gesto hostil y se levantó y se fue, probablemente en busca de su mujer. En un instante aquello fue una locura, y, como Bernie pretendía al disparar el arma, todos huyeron asustados de allí, y ellos también hicieron lo mismo, y se alejaron a toda prisa.

  Un instante después el artefacto "silbó" y se produjo una especie de fogonazo, una explosión ahogada que formó varias ondas expansivas de brillos etéreos y, por un instante el ambiente se hizo denso, y las pequeñas partículas flotaron como sin gravedad en el aire, impregnándolo todo de brillantes chispas, y fue como si el aire se volviera más pesado y una mano invisible los empujara y les hiciera caer. Pasada esa escena inicial, Bernie y Maggie se levantaron del suelo y miraron hacia arriba y hubo chispas, como un cortocircuito gigante, y el campo de energía fluctuó y se esparció,  y entonces todos vieron, muy asustados, una oscuridad profunda y, al fondo de esa oscuridad  pequeñas luces que parpadeaban y se movían lentamente. Todo su mundo, todo lo que conocían, desapareció junto a la burbuja, como si se hubieran quedado desnudos ante la nada. La gente gritó aterrorizada, y hasta el sonido de sus gargantas era diferente. Aquello sonaba como un gran vacío, con un eco extraño, y hasta el peso de sus cuerpos era diferente.

- ¿Qué es esto? ¿Qué ocurre?- Preguntó Maggie muy asustada.

- No es posible...- murmuró él no dando crédito a sus ojos.- ¡No puede ser! ¿Dónde está todo? ¿Dónde está el cielo?- Se quedó por un rato frustrado y confuso.- Ven, vamos al límite.- Le agarró la mano a la chica y salieron corriendo, mientras que sentían que sus cuerpos pesaban menos que antes. Después de un rato encontraron unas bicicletas y las agarraron y montaron en ellas hasta llegar a lo que siempre había sido el “límite” de la burbuja, y contemplaron aterrorizados que no había nada, solo una negrura penumbrosa y misteriosa. Maggie, aguzando la vista, observó una luz que brillaba tenuemente en la profundidad de esa casi impenetrable oscuridad. Ella, y sobre todo Bernie, atravesaron ese límite de forma grave y trascendente. Por fin iba a obtener las respuestas que siempre había añorado, o tal vez temido.  Miraron por última vez hacia atrás y vieron como el césped y todo en general se acababa en una circunferencia muy extensa,  cortada con una precisión milimétrica y, un paso más allá solo había un suelo duro que una bruma tapaba.

- Vamos a ver qué es.- Dijo él con voz extenuada.

 Hacia allí se dirigieron, sintiendo ahora que sus pulmones les dolían. El aire no era igual al que respiraban dentro de la zona de influencia de la burbuja.  A medida que avanzaban veían otros lejanos puntitos iguales al que ellos se dirigían, que se iba convirtiendo en algo cada vez más cercano y evidente, como si la concepción de las distancias fueran irreales, como si se acercaran más de lo que en realidad hacían. Un poco más de avanzar y tuvieron delante aquello. Bernie soltó la bicicleta y se acercó conmocionado. ¡Era otra burbuja pero vista desde el exterior! ¡Todos esos puntitos eran burbujas!

- ¿Bernie, qué significa esto? - Preguntó Maggie conmocionada.

 Pero Bernie no le respondió. Estaba como hipnotizado. Tiró la bicicleta y se dirigió hacia esta sin dar crédito a sus ojos y sin pensar en otra cosa que en aquella impactante realidad. Cuando apenas estuvo a unos diez metros de esta se dio cuenta que era diferente vista desde afuera. Desde esa posición la barrera era luminosa pero un poco transparente. Nacía del suelo y se alzaba más allá de la vista como un torrente de brillos blanquecinos, pero, aun así, podía distinguirse el interior con bastante nitidez. Se acercó entonces, mientras que Maggie le gritaba que tuviera cuidado, que podía ser peligroso, pero él ni siquiera le oyó, tan trastornado y ensimismado estaba. Y la palpó con las manos. Fue una experiencia extraña, por una parte, contrario a lo que ocurría cuando se hacía desde dentro, ninguna fuerza hostil repelía el contacto de forma agresiva. Al contrario, Bernie sintió una sensación densa y de ninguna manera desagradable; una fluctuación de cosquilleos suaves, y sintió un tacto que, si bien no podía catalogarse de líquido, si podía afirmar que no era sólido. Era denso, como una pasta, tanto así que hizo la prueba de meter sus manos hasta sus codos y ciertamente lo logró, pero llegaba un punto que seguir haciéndolo suponía un esfuerzo en el cual resultaba imposible de persistir porque era como tratar de estirar algo más allá de su límite y así es como, al menos, él lo percibió. Después de probar con las manos metió la cabeza y con esta ocurrió igual. La introdujo un buen trozo y miró al interior. Era como mirar debajo del agua con gafas de buzo. Y vio un lugar muy diferente al de su burbuja. Todo estaba saturado de tonalidades rojizas y naranjas. La hierba era como granulada y oscura. Vio un par de árboles marrones con ramas largas y nudosas. Y entonces vio una criatura caminar cerca de allí. Era alta y delgada, de piel oscura, ojos grandes y manos de cuatro largos dedos. Bernie sacó la cabeza aturdido y miró a la chica con grandes ojos.

-¡No son... como... nosotros...!- Balbuceó.- ¡Deben ser... los alienígenas... que decía el diario...!- Intentó explicarle a la chica, incluso tenía intención de invitarla a que ella misma lo comprobara, pero no pudo hacerlo porque, de súbito, ambos fueron atrapados por dos potentes haces de luz...

 

 

 

 

 

13

 

 

 Ambos cayeron en una especie de trance. La luz, que venía desde algún lugar incierto de arriba, los hizo levitar suavemente, y comenzaron a flotar como plumas, ausentes de todo, con los ojos abiertos pero sus sentidos aletargados, como si unas cuerdas invisibles tiraran de ellos, y fueron orbitando suavemente hacia el origen de la luz...

 Cuando Bernie despertó se encontró que estaba en una especie de vacío oscuro, como si flotara  en la nada, pero, a la vez, tuvo la sensación de que aquello era una especie de truco audiovisual y que, en realidad, estaba confinado en una especie de receptáculo mucho más pequeño de lo que parecía, y eso le produjo una sensación de vértigo aterradora, aparte de sentirse desorientado y muy confuso. Poco a poco fue recobrando la noción de la realidad y se dio cuenta que Maggie no estaba allí, con él, y sintió miedo y una angustia terrible. Se puso de pie, pues estaba casi en posición fetal, e intentó gritar su nombre, pedir ayuda, articular alguna palabra, pero entonces, sin saber cómo ni por qué, comenzó a sentir una calma y una serenidad que estaba más allá de toda lógica. Recordó entonces algunas de las cosa que el protagonista narraba en el diario, como que, por ejemplo, "ellos" eran capaces de inducir estados de ánimo y comportamientos específicos. Comprobó sin asustarse, que las paredes, el suelo y el techo, empezaron a fluctuar y a vibrar muy levemente, como si fuera una criatura que respiraba lentamente. Entonces aquello que parecía en principio el vacío y la nada se fue transformando en una atmósfera densa y acuática, salpicada de fluorescencias verdes y azuladas, y se dio cuenta que estaba encerrado en una especie de urna de algo parecido al cristal pero que nada tenía que ver con este, y que estaba rodeado por una solución líquida que también parecía ser agua, un agua densa y oscura. Bernie se preguntó qué clase de seres eran aquellos que eran capaces de exterminar a "cientos de miles" de humanos, (no sabía cuántos seres humanos habitaban ese "mundo anterior" pero suponía que eran muchos más de lo que siquiera imaginaba), y  que, sin embargo, eran capaces de manipular su mente y sus emociones para que no se sintiera excesivamente asustado y estresado, evitando así un posible shock. El caso es que dio un par de pasos y llegó al borde del habitáculo y, alargando los brazos, sintió el extraño tacto de la pared transparente, y le recordó al tacto exterior de la burbuja; la misma consistencia, la misma sensación, la misma textura, y recordó también que podía introducir las manos y así lo hizo, y la barrera le permitió hacerlo,  como si fuera elástica y, aunque no llegó a "palpar" el líquido, creyó sentir las leves oscilaciones de este y un frío agradable y envolvente. Entonces vio siluetas que, desde el fondo, venían hacia él. Eran dos seres extraños que se deslizaban con elegancia y agilidad. A Bernie le pareció curioso el hecho de que, por su cuerpo, se deslizaban unos destellos fluorescentes azules y violetas a medida que se impulsaban, y, cuanto más rápido era el movimiento de su cuerpo y por tanto la impulsión, más veloz y frecuentes eran las ráfagas fluorescentes que cruzaban desde la cabeza hasta lo que parecía una cola. Eran mucho más grande que él, al menos el doble. Piel grisácea ligeramente fosforescente, ojos grandes y profundos, sin pupilas,  y como cuatro "alas" que sobresalían de sus espaldas y que parecían velos por sus singulares movimientos y su textura adaptable y que, de alguna forma, les ayudaba a impulsarse en el medio acuático. Bernie también observó que, en sitios estratégicos del cuerpo, como bajo los hombros y debajo de lo que podría ser la cintura, poseían unas aberturas que eran protegidas por una especie de "párpados" y en las cuales parecían haber unos apéndices, tal vez brazos y piernas, y, en efecto, no se equivocó, porque, cuando estos llegaron a colocarse a su altura, uno de ellos desplegó cuatro apéndices muy parecidos, con la diferencia de que los superiores eran más cortos que los inferiores, pero ambos tenían cuatro dedos nudosos, solo que los dedos de los brazos eran más largos y recordaban más a una mano, pero los de los apéndices inferiores, es decir las piernas, eran más cortos y recordaban más a un pie. Entonces él recogió las manos del campo de energía. Y hubo un destello en su mente y un caudal de información llenó su cabeza. Fue como si hubiera tenido una larga conversación en un segundo. De esa manera supo que Maggie estaba en otro tanque como ese, a salvo, teniendo otra experiencia similar, y que serían trasladados a un "planeta-reserva" donde comenzarían de una nueva etapa. También supo que restablecieron "su" burbuja y que su gente continuaría su apacible existencia dentro de ella y que las otras burbujas eran otras especies que habían sido transportadas allí desde otros planetas. Aquella "forma' de comunicación "entre mentes" le hizo saber que no iban a sufrir ningún tipo de daño, ni ellos ni los habitantes de la burbuja. Él, o algo dentro de su mente preguntó "¿Por qué?" y las entidades respondieron que eso era lo que solían hacer, extender sus fronteras y cuando encontraban algo que les interesaba lo cogían y lo adaptaban a sí mismos, y con las civilizaciones actuaban dependiendo de su grado de desarrollo científico, emocional y espiritual, y que en el caso de su especie la habían catalogado como primitiva, inestable y nociva, en términos que él pudiera entender. Para "ellos", la sociedad humana era rudimentaria y agresiva, y, por tanto peligrosa. No se sentían en absoluto como asesinos ni exterminadores, a pesar de haber acabado, de forma directa e indirecta, con la vida de más de siete mil millones de criaturas. "Ellos" no exterminaban especies, por eso habían construido esa y otras burbujas, y por eso les habían sacado de su planeta, aunque a Bernie le quedó la incógnita de si en su verdadero planeta de origen, del cual solo conocía realmente lo que había dentro de la burbuja, habían dejado a más humanos en otras "reservas". Cuando comprendió esto se puso muy triste. Su afán de salir de la burbuja había respondido al deseo de experimentar ese mundo inmenso y excitante que había conocido por medio del diario, ese mundo que fue el que vio nacer a sus antepasados, pero ahora sentía que todo había sido en vano, y eso le hizo sentirse frustrado, y sabía que era así como se sentía por dentro, pero era incapaz de exteriorizarlo, como si aquellos sentimientos fuesen simples pensamientos pasajeros. Sabía que nada podía hacer contra unos seres tan avanzados y superiores, y, ni siquiera el hecho de sentir que simplemente era una especie de "espécimen protegido" le hizo reaccionar. Él y todos los demás, eran simples trofeos de caza de una raza que poseía un sentido de la moralidad y la ética ciertamente singulares, y nada podría cambiar eso.  "La transmisión inter-mentes" también le comunicó que ahora debía dormir y que, cuando despertara, lo haría en un planeta increíblemente hermoso, lleno de agua, vegetación y diversidad biológica y que, una vez allí,  también se reuniría con Maggie, y también le comunicó que allí tendrían la oportunidad de empezar de nuevo, en ese pequeño y singular mundo preparado por ellos. Entones Bernie comenzó a sentir mucho sueño, y se recostó en el suelo, y, antes de cerrar los ojos vio que muchas criaturas le observaban desde el otro lado del invisible techo...

Fin

 

 

 

 

 

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  • Ricardo, en primer lugar quiero mandarte un cordial saludo y darte las gracias por tu amabilidad. Celebro que el relato te haya parecido interesante. Y, sobre todo, gracias por los consejos. Tengo mucho que aprender y me gusta saber las opiniones y las correcciones de la gente que lee mis relatos. Lo tendré en cuenta para próximos relatos. Gracias otra vez y hasta la próxima.
    Bueno, en fin, que me ha gustado mucho y me encantaría verlo en el cine. Espero que no te molesten estas correcciones y todos estos comentarios. Saludos.
    De modo que quedaría así: '' -¡No son... como... nosotros...! -balbuceó-. ¡Deben ser... los alienígenas...''. La minúscula se usa solo cuando se menciona que el personaje dijo algo, mientras que si después de este hay una acción, la palabra empieza por mayúscula, como en este caso ya corregido: ''-No es posible... -murmuró él no dando crédito a sus ojos-. ¡No puede ser! ¿Dónde está todo? ¿Dónde está el cielo? -Se quedó por un rato frustrado y confuso. -Ven, vamos al límite. -Le agarró la mano...'
    . Ahora, el segundo guión pertenece a la voz del narrador, y ''balbuceó en minúscula'', y el tercer guión, puesto que cierra la voz del narrador, también pertenece a ''balbuceó''.
    Ahora vamos con algunos consejos, si me permites. Te recomendaría que lo repasaras por completo, prestando atención a las repeticiones de palabras y yo siempre aconsejo realizar párrafos más cortos. 'Con esto no digo que quites párrafos no sobra ninguno), sino que esos más gruesos los dividas en dos o tres. Por último te voy a decir cómo colocar los guiones en los diálogos (aunque lo puedes mirar en un libro) con uno de los tuyos: ''-¡No son... como... nosotros...!- Balbuceó.- ¡Deben ser... los alienígenas...''. El primer guión está bien, claro.
    Bueno, Francisco, ya lo he acabado. Empecé ayer (25) y lo he ido leyendo poco a poco debido a su extensión. Más que un relato es una novela corta, eso está claro. Me ha gustado mucho. Un argumento terrorífico de película, muy bien estructurado. Destacar esos ataques cada vez más crueles y difíciles de combatir, subiendo de nivel: primero los dementes, luego los mutantes, las plantas... Esto me llamó la atención, porque no te limitaste solamente al tema de los zombies, sino que esto era solo una parte de la novela; muy bien hecho...
  • Bernie se pregunta qué hay más allá de la "burbuja". Su abuelo le contó que hubo un mundo anterior en el exterior, extenso y sorprendente. Su padre, sin embargo, dice que creer en eso es peligroso. Y él está dispuesto a averiguarlo. Antes de morir, su abuelo le deja una caja con cosas que supuestamente pertenecieron a ese mundo. A partir de ahí, todo cambiará para él...

    Relato existencialista que se desarrolla en un mundo donde la tecnología subyuga y ahoga el espíritu de un joven que se rebela ante lo que le rodea

Me gusta la ciencia ficción pero trato de no limitarme a un tipo de relatos o de autores. Sobre todo me gusta crear; ya sea música o relatos. Un cordial saludo y gracias.

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