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6 min
La cabaña de la playa.
Amor |
02.05.16
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Sinopsis

Este relato no es un relato de amor convencional, o al menos no trata sobre el amor entre dos personas exclusivamente. Trata sobre el amor hacia la vida, hacia las pequeñas cosas, hacia las personas que nos rodean. La cabaña de la playa es un lugar en el que muchos desearíamos vivir o al menos visitar una vez en la vida, como mínimo. Es un lugar ficticio, aunque estoy seguro que todos hemos visitado un lugar que nos maraville y nos enamore. Todos estos lugares son la cabaña de la playa, lleven el nombre que lleven, lugares que nos han proporcionado sensaciones inexplicables.

 Observo el amplio mar; cristalino, sentado en la cómoda arena, reconfortado por el cálido sol y acariciado por un viento suave. Nada me perturba, formo parte del hermoso paisaje que me rodeada y mi mente vuela libre, en paz, por primera vez en mi vida.

Nunca he sido buen compañero de la tranquilidad; la serenidad; la paciencia, y aquí me encuentro, en el mejor lugar jamás imaginado. O al menos para mi y en este presente; que tanto aprecio, que tanto disfruto.

 

Los días son interminables aquí, pero casi nunca se hacen pesados. Uno puede perderse durante horas observando su alrededor; maravillándose con los altos acantilados, con el mar o con el horizonte. Por la noche el espectáculo reside en el cielo, dónde un mar de estrellas puede apreciarse, y también la Luna, ahora tan especial para mi. Creed cuando digo, que en este lugar, uno puede disfrutar de cada segundo como si fuera el mas preciado.

Al principio no fue fácil, pero cuando te acostumbras, siempre puedes disfrutar de las posibilidades que ofrece el entorno.

 

Un pequeño bosquecillo se adentra un poco en la playa; es allí dónde me escondo del sol del mediodía; dónde escalo los robustos arboles; dónde cuido de la vegetación y dónde ofrezco alimento a los gatos que viven allí, libres y salvajes.

Por supuesto también tengo tareas y trabajo, pero en ningún caso me desgastan, por el contrario me enriquecen y cultivan mi mente. Tenemos un pequeño huerto cerca del bosquecillo que requiere nuestra dedicación. Se debe ir a buscar agua; la mas buena que he probado nunca, la mas clara, en una fuente natural que se forma en la montaña, justo detrás del bosquecillo.

Otras tareas requieren nuestra atención como es el caso de la cocina, de la misma manera que la búsqueda y preparación de alimentos.

Al principio solo podía colaborar en la limpieza y el mantenimiento de la cabaña, pero con el tiempo, soy capaz de ayudar en lo que se necesite. Nunca he aprendido a hacer tantas cosas en tan poco tiempo.

 

Creo que podría pasar toda mi vida en esta cabaña, suficientemente grande para todos, y acogedora como la que más. Todos respetamos el espacio de los demás y encontramos la intimidad que necesitamos sin problema alguno. Los primeros días me pareció un poco incómodo, pero la familia que me ha acogido es maravillosa:

“Río” es un hombre de mediana edad alto pero delgado. Sus cabellos negros le llegan hasta la cintura y parece no haberse afeitado la barba en años. Sus consejos me ayudaron a adaptarme al lugar y también a disfrutarlo. “Río” me enseñó a tejer, a cocinar, entre otras muchas cosas. Sus historias me fascinaban, contados con una voz tan dulce como misteriosa. Cada noche, sentados cerca de la hoguera en la playa, “Río” contaba toda clase de historias que maravillaban a los presentes. Lo que más admiro de él, es el trato que ofrece a su familia e incluso a mi mismo. Es todo generosidad y dedicación hacia los demás.

“Tierra” es la compañera sentimental del tejedor contador de cuentos. Es una mujer tan hermosa como fuerte. Trabaja duro y disfruta bien. Su humor es tan espontaneo e inteligente que nadie puede contener las carcajadas cuando bromea. “Tierra” también danza y toca unas hermosas melodías con la flauta ( muchas veces acompañada por la guitarra de su compañero ). Tierra y Río son encantadores; discuten poco y breve, nunca tienen reproches que replicarse y lo solucionan todo con respeto y empatía, mucha empatía. La felicidad que ofrecen a sus hijos es increíble, y también la educación. Tierra suele encargarse de ir a recoger agua a la fuente y de las reparaciones más complicadas. Tiene como afición recolectar conchas y la cabaña esta adornada con ellas.

“ Luna” es la hija menor de mis anfitriones en la cabaña de la playa. Tiene solo once años pero domina la horticultura a la perfección. Fue ella quién me enseñó todo lo necesario para recoger unos buenos alimentos y gran parte del tempo lo paso con ella en el huerto. Su sueño es viajar por todo el mundo y día a día me cuenta, paso a paso, como va a lograrlo. Nunca he conocido una niña con tanta fuerza, con tanta decisión y valentía

Por último está el hijo mayor de la familia, el amigo mas puro y más especial que jamás haya tenido. Su nombre es “Tuno“, derivado de Neptuno. Tiene casi mi misma edad y suelo pasar los días sin separarme apenas de el. Nos gusta nadar durante horas por el mar y descubrir calas cercanas y cuevas. Actualmente estamos construyendo otra cabaña más pequeña en una reducida playa cercana a la que vivimos. Es un chico muy inteligente y con muchas aspiraciones, igual que su hermana. Es realmente especial, sobretodo para mi, y su algún día abandono este lugar espero que él lo haga conmigo, si de esta forma lo desea. “Tuno” también colabora en el huerto y hace pequeños viajes a la ciudad o al pueblo para conseguir algunos objetos empleando el trueque. Allí también vende las hermosas piezas de artesanía que su padre elabora y, el dinero que consigue, es guardado por si surge cualquier emergencia.

 

Imagino que muchos os preguntareis lo mismo: dónde queda el resto del mundo, la sociedad, el dinero, el trabajo, la sanidad...

La verdad es que los primeros días temía perderme en este paraíso y no regresar jamás al mundo real. Pero aquí no me falta de nada y tengo mas de lo que pueda encontrar en cualquier otro sitio. Entonces me pregunté que llenaba más mi corazón, vivir en la cabaña de la playa, o creer vivir en el mundo que hasta ahora conocía. También he de decir que este lugar me parece real, más real que nada.

Mi elección esta clara y estoy seguro que el día que pretenda regresar, estaré mas que preparado, para afrontar la vida que nos han impuesto, y, transformar a su vez la realidad con los pequeños actos que salgan de mi corazón. Mi sueño ahora es extender la paz que he encontrado, por todas partes, por todo el mundo. Quizá algún día todos podremos amar la vida, de la misma manera que la cuidamos, la respetamos, y disfrutar de lo que nos ofrece cada segundo, cada instante, en cada respiración.

 

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