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5 min
La Casa
Amor |
11.11.14
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Sinopsis

Se mueve, se agita. Siento su respiración, su continuo movimiento. Veo las sombras, locas, enloquecedoras. Nunca puedo fijar la mirada sobre ellas. Pasan tan rápido. Sombras de cuatro patas,  como cuadrúpedos. Jadeos y algo parecido a ladridos. Aunque no quiera son mi compañía.

Esta casa es el infierno. Esta casa tiene vida. Transpira en verano, como un ser vivo. Sus paredes gotean. Esas gotas tienen gusto salado, las probé. No había dudas, era la casa transpirando. En invierno sus paredes están heladas y despide sobre esas mismas paredes secreción viscosa. Mocos. Lo sé, los probé.

Exhala olores. Asquerosos. Las sombras tienen olor. Las sombras de cuatro patas tienen olor. Olor a pelo mojado, a culo sucio, a tierra, aliento fétido, pis, mierda. Las sombras se rascan. Siento cuando se rascan. Raspan el pelaje con sus pezuñas. A veces al rascarse golpean una silla, la mesa, algún mueble o el piso.

“Basta”, les digo y tiro manotazos al aire. “Basta carajo”. Ellas se rascan y a mí después me pica. Me rasco los tobillos. Lo que les pica a ellas me pica en los tobillos, hijas de puta. Pero no las puedo ver, ni mucho menos alcanzar. Ellas sí me alcanzan. A veces siento que me lamen. Estiro la mano o tiro una patada. Nunca las puedo alcanzar. Varias veces he tenido un pedazo de madera cerca. “Dale, lameme, sombra de mierda”. “Dale”. Me lamen! Varias juntas! Enseguida tiro palazos al aire, giro, me levanto, me caigo, me arrastro. Nada. Nada.

No hay espacio en esta casa. Toda, toda llena de porquerías. Todo empezó cuando llené un cuarto de porquerías que creí me servían. Luego otro. Y más luego, otro. No quedó más espacio. Mi cama, llena de porquerías, duermo en algún rincón, incómodo. No puedo estirar mis piernas, no hay lugar, está lleno de porquerías. Para moverme me arrastro y paso por debajo de todas las porquerías. Porquerías. A veces me paro, en un pequeño espacio donde apenas puedo elevarme pero donde ni siquiera podría moverme. Ni un centímetro podría moverme. Me arrastro y siento el barro pegado a las baldosas. Sensación desagradable a la que no me acostumbro. A veces con mis manos aplasto mi barba. Mi barba creció y no sé como me queda porque no tengo donde verme. El baño? Perdí el rastro. Seguro que habré entrado, en algún momento, pero cómo voy a poder ver el inodoro, el bidet o la ducha si todo está lleno de porquerías. Y las sombras. Hijas de puta. Ahí va una! Pasó por encima de todas las porquerías. Las muy hija de putas atraviesan las paredes! Una vez lo intenté, pero me rompí la nariz. Lloré, porque golpearse la nariz es llorar y lloré mucho. Y supe, y por eso también lloré, que no era como las sombras, que no era un demonio como ellas, porque si fuese un demonio como ellas atravesaría paredes y haría explotar todas las porquerías de esta casa que me tiene preso!

Me tiene preso. Porque de acá no puedo salir. El espacio con más porquerías de la casa es el que está frente a la puerta. Llegan hasta el infinito! El infinito es el techo y como no veo el techo calculo que está en el infinito. Dejé de hacer calculos, de atarme hilos para llegar hasta la puerta y poder volver al lugar de largada para no perderme entre las porquerías. Me cansé de comer porquerías. Pedazos de madera blanda. Tapices. Pedazos de la misma tierra que está adherida al suelo o a las porquerías. Porquerías.

Y no soporto más el frío en mi cuerpo. Estoy desnudo. Mis ropas se fueron desprendiendo al rasgarse con las porquerías. Estoy lastimado. Mis uñas también crecieron. No puedo apoyar mis manos porque están llenas de callos. Tengo un dedo, el meñique, desprendido. Se cortó con algo filoso. Con algo. Desconozco a esta altura el nombre de muchas cosas que encuentro en mi camino. Las llamo porquerías. Y llamo sombras a las sombras. Esas sombras que me enloquecen.

Y busco el reposo. Descanso mi cuerpo, tembloroso. Y sobre mi rostro siento el lamido de una sombra. Un lamido suave, húmedo, pegajoso. No tengo fuerzas para echarla, ni para intentar golpearla. La dejo. No me desagrada. Y siento el lamido de otras sombras. De varias sombras. Todo mi cuerpo siente el lamido de las sombras. Y se posan una encima de la otra para lamerme, con desesperación y me lamen y no paran y sus lamidos son sonoros, mi cuerpo está mojado, siento un charco de saliva debajo de mí y siento que al lamerme comienzan a desprender, por su fuerza, por su energía, partes de mi cuerpo. Mi piel desaparece porque siento que ahora lamen mi carne y siento, de a poco siento que cuando ya no hay más carne lo que quedan son sólo huesos y que estos se desprenden al igual que todas las porquerías, que sostienen el techo de la casa.

 

 

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