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4 min
La casa de Lucilia
Varios |
26.12.14
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Sinopsis

Este relato es un remedo del famoso cuento corto “La casa de Asterión” de Jorge Luis Borges. Por supuesto mi personaje es mucho mas humilde y su fin mas prosaico. Les dejo un link para leer el de Borges: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/borges/la_casa_de_asterion.htm

                                                                                             Algunos la llaman Blowfli

                                                                                                        W1: Calliphoridae

 

Hoy me he despertado ansiosa. Voy zumbando del dormitorio al baño y, desde allí, la gula me atrapa y me dirige hacia el comedor en busca de un buen desayuno. Mis ojos son mil, y aun así, no me alcanzan para apreciar tantas maravillas que encuentro. Beso con devoción una tostada y luego la traiciono besando también la mermelada.

Esto irrita a los que viven conmigo. Solo hace diez días que nos conocemos. Deploran mis malos modales, me retan y para castigarme me apartan con enojo. Con media vida a cuestas ya los conozco y no me dejo amedrentar. Revoloteo molesta a su alrededor hasta que cada cual ha recibido lo suyo.

Ahíta, salgo al jardín, voy de flor en flor solo para entretenerme mientras el sol me entibia. Recorro todo ese entorno con un placer de dueña. Hago reales sus aromas al tocarlas y pierdo días de existencia en el embeleso. Sin aburrirme, no encuentro nada nuevo y regreso, acalorada y refulgente, a la sombra de la casa.

Para entonces, ya se han ido (regresarán al anochecer) y esta soledad me da una sensación de seguridad que me tranquiliza. Bajo el nivel de mis recelos, naturales pero también agotadores. Tanto, que ya siento, incipiente, un poco de hambre.

Sin un propósito definido, pongo los pies en la tierra y paso de un cuarto a otro. Piso la madera en unos y los mosaicos en otros. Reviso esos armarios ajenos y hasta siento a quién pertenecen. Al tocar ese pañuelo multicolor lo sé de seda y con un suave dejo de gardenias. Justo al lado, en otro menos abarrotado, también encuentro la seda en una elegante corbata que conserva la loción de afeitar. Escalo la cama, y al atravesarla, distingo abrazados a la gardenia con la loción de afeitar.

Pienso que el título de espía me calza como un guante. Jugando, me disfrazo de negro pero un rayo de sol me revela verde y brillante.

Impune, exploro otros dormitorios de cortinas menos abiertas. Toco aquí y allá, mas no consigo distinguir ninguna presencia u olor. Seguramente la vida se los ha llevado y floto en una atmósfera que mezcla la melancolía con un feliz anhelo de un próximo reencuentro. Con ojos distintos, se multiplican frente a mí esos millares de retratos con sonrientes caras y esos miles de juguetes antiguos que parecen esperar ansiosos las viejas y las nuevas caras para ser queridos otra vez.

Tanta curiosidad ha exacerbado mi hambre, de modo que visito la cocina y, apoyada en la pared, los espero con impaciencia. La luz mengua, el sol se va y ellos llegan en una explosión de ruidos que me amedrenta. Me paralizo instintivamente y espero que no me distingan de las sombras.

Mi hambre ya me obnubila y, aunque sé que les molesto, necesito comer. La luz regresa y pasan a mi lado charlando. Dejo escapar lentamente el aire que aprisionó mi temor, parece que no me han advertido. No puedo creer que me ignoren de esta manera y han dejado, presiento, comida sobre la mesada mientras siguen hacia el comedor. Enloquecida de hambre y de miedo vuelo hacia la mesada. La toco, la huelo y, desquiciada, comienzo a comer. Un cambio en la luz, que sé fatal, dispara alocadas mis alas y mi cuerpo verde iridiscente me delata en el inútil intento de huir.

— ¡Por fin! — Exclamó Juan con el matamoscas en la mano—. Ya no aguantaba más a esa mosca.

 

  1. Wikipedia

 

Carlos Caro

Paraná, 19 de abril de 2014

Descargar XPS: http://xurl.es/ksny2

 

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Satisfecho Ingeniero Químico y hombre de negocios de diversa suerte. Hoy ya jubilado, desfachatado, intento narrar cuentos y transmitir mediante ellos lo que nunca podría “decir”. Solo puedo esgrimir como antecedente el haber leído todo cuanto cayó en mis manos, he sido un roedor infatigable de librerías. Desde los clásicos hasta los prospectos completos de los remedios, práctica ya un poco abandonada por falta de las dioptrías necesarias. Nunca me hubiera atrevido sin el estímulo y las críticas de profesionales: mi esposa y su compañera de estudios. Todos nos conocimos hace cuarenta años cuando ellas estudiaban el Profesorado Universitario de Lengua y Literatura. Inquieto, me asombro de esta predestinación. Debo también mencionar en mi haber, el estilete afilado que es la mente de mi hija quien me sigue letra a letra y me alerta cuando no escribo lo que quería escribir. Para terminar, aprovecho para pedirles críticas; todas, de cualquier índole. Solo así aprendo. Esta es la cuenta principal a mi nombre en “tus relatos”, si quieren acceder a la secundaria y sus cuentos pulsen el “Web” de este perfil. Iré publicando cuentos en ambas para facilitar su lectura y es mi intención que nos divirtamos juntos con la literatura. Mis blogs, desde: http://carloscaro7.blogspot.com.ar/

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