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4 min
La casa del río
Drama |
12.10.21
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  • 309
Sinopsis

–¿Lo pude haber evitado?

–Tal vez. –especulaba mientras boqueaba aire unos segundos.

Él me había llamado bajo un arrebato embrutecido de medianoche y me amenazó diciéndome que iría tras de mí. Yo preocupado, le avisé a Elisa sobre la conversación que mantuve con él y le insistí que me acompañara a la casa que tenía en Cuesta Blanca.

Un espasmo hace que mi respiración pese como si corriese una maratón, él me mira y tira su cigarrillo contra mi cara, se da vuelta dándome la espalda y camina hacia la puerta silbando. Escucho levemente que arranca la Kangoo. Acelera hasta que regula y queda en marcha. Un azote de puerta truena y percibo que entra a la casa otra vez, sus mocasines retumban cada vez más fuertes en mis oídos, están tan cerca que puedo olfatear la pasta “Cobra” negra de sus zapatos.

El estallido de un saco arpillero sobre el suelo inunda mis pulmones de aire como un sondoro descarriado. Me vuelve a observar y no dice nada, noto que bajo el brazo lleva algo similar a una pelota grande dentro de una bolsa y avanza hacia la cocina, sin escrúpulos come todo lo que hay dentro de la heladera, sin dejar de sujetar el morral ovalado.

Trato de gritar o pronunciar alguna palabra y no puedo, el aire no es suficiente. Quiero preguntarle por Elisa y el regusto en la boca no me deja. Entonces pienso en ella, en el día que se mudó al lado de casa y traía un vestido por encima de la falda con volados de satín color rojo, de su sonrisa fresca y sensual, de como yo desde la ventana la miraba y un sudor cálido me corría por la piel invadiéndome hasta el interior del cuerpo.

Él regresa de la cocina y me muestra el lomo de una botella verde partida en una mano y la bolsa en la otra, con las puntas vidriada corta las ataduras del saco arpillero y el contenido se desploma emanando un aroma conocido, una fragancia que solía envolverme entre mis alocados y húmedos sueños, donde Elisa me ayudaba a olvidar las frustración, las mala tarde después del trabajo y por sobre todo a sentirme atraído a ella.

Ahora, él se sienta en el sofá y fija la mirada en el contenido del costal.

–Tenía un cuerpo hermoso. –murmura y saca del bolsillo de la campera una petaca.

Bebiéndola se erige sollozando y toma el bulto, balancea el brazo hacia atrás dándole impulso y tira la petaca por la ventana hasta el río. Se acerca a mí, y sin soltar el morral, impacta repetitivamente la punta de su mocasín sobre mi abdomen provocándome un dolor profundo como si una compactadora moliera mis huesos una y otra vez.

Luego de unos minutos, el jadeo constante de él le impide seguir impartiendo puntapiés contra mi abdomen, cansado y dolido por lo ocurrido lleva ambas manos a su cabeza y alisa su cabello para atrás. Inhala un poco de aire y me dice. -esto te pasa por “garca”. - y arroja el contenido de la bolsa contra el piso.

El parietal derecho de ella estaba hinchado como un globo, sus ojos pardos eran descoloridos y sus labios carnosos tajeado y podridos, emanaban un olor fétido.

Acometido por la venganza, el esposo de Elisa se saca el anillo y lo arroja entre la cabeza y mi cuerpo, me sonríe y se retira silbando “Wind of Change” de Scorpions.

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Actualmente un dandy sin vermú, que en el despertar de su adolescencia y luego de oír las incisivas opiniones de George C...! mientras se ojeaba la 13/20, nippur, el eternauta, el diario o madhouse lo tentó el 4 poder. En la juventud luego de hacer mucho head bange! la melena se fue, la panza apareció y la militancia llegó, militar por el asado, la cerveza, la lectura e Internet. El viejo se harto y lo mando a laburar! y aunque los años pasan nunca perdió el espirito púber punkero.

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