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3 min
La chica del autobús
Varios |
15.08.07
  • 3
  • 5
  • 1994
Sinopsis

La chica que baja en Collblanc se muerde las uñas, nerviosa. Parece que piensa en algo. Luego saca un libro, el de siempre, y sigue seis páginas más allá que ayer. Un rizo cobrizo le cae constantemente sobre el ojo derecho, siempre lo aparta con el mismo gesto aburrido. Cuando lleguemos a la esquina dejará de soñar, guardará su libro con toda delicadeza en el bolso y bajará, cruzando el semáforo y agradeciendo al conductor que le deje pasar. Se alejará con paso rápido y el autobús girará a la derecha, calle arriba... aunque todo parecerá ir muy lento. Y me quedaré mirando cómo desaparece de mi vista, y quedaré embelesado hasta llegar a mi parada. Después de tantos dias, aún no he encontrado el momento de decirle si se quiere sentar, si sabe si este autobús para en el mercado o si ya ha leído el anterior libro que publicó Isabel Allende, que también está muy bien. A lo mejor debería preguntarle si tiene hora... claro que tiene, lleva el reloj en la muñeca izquierda. Bueno, almenos hoy he conseguido sentarme a su lado. Ella, absorta entre las páginas del libro, ha levantado brevemente la vista y... creo que me ha sonreído. Sí, de hecho me ha sonreído fugazmente y han sido las tres milésimas más increíbles de mi vida. Aún sigo reviviendo ese momento... y sus ojos me han mirado, son preciosos. Creo que todavía aguanto la respiración esperando el instante en que tenga que bajar. ¿Me mirará otra vez? ¿Quizá otra magnífica sonrisa? Cada día merece más la pena este viaje a ninguna parte...


El chico que sube en Diagonal cada día a la misma hora que yo mueve el pie izquierdo a ritmo constante y rápido, parece nervioso. Me sigo preguntando de dónde vendrá cada tarde... ¿y dónde se debe bajar? Quizá debería averiguarlo, alomejor vive muy cerca de mí. Almenos hoy se ha sentado a mi lado... ¡y creo que me ha sonreído! Sí, me ha sonreído y yo le he devuelto la sonrisa, tímida... el corazón se me ha puesto a cien y he disimulado leyendo una y otra vez la misma línia. No podía concentrarme y vigilaba de reojo cada uno de sus movimientos, incluso su respiración. Quizá debería decirle algo... ¿pero qué? Pronto llegará ya mi parada y tendré que bajar. ¡Y tendré que pedirle que me deje pasar y quizá vuelva a sonreirme! Ojalá...
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