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6 min
LA CHICA DEL PUENTE (2.1) vs Musi
Amor |
19.02.21
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Sinopsis


... Ya no oigo el coche de policía y sus luces parpadeantes desparecen tras el recodo de la carretera. Me parece imposible haber podido escapar. No sé dónde estará Hanna, se la han llevado en otro coche para que no estuviéramos juntas.

Este hombre que me ayuda a escapar parece un ángel. Me mira con ternura. Intenta levantarme, pero un dolor intenso me recorre el brazo y me quejo. Me insta a levantarme y caminar. Lo intento, pero las piernas no me sostienen. Tengo mucho frío, miedo por Hanna, y empiezo a sentir que voy a desvanecerme otra vez...

             

                                               ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

 

Despierto de un largo sueño. Debe ser muy tarde, todo está oscuro y en silencio. El entorno me es extraño, con el brazo que no me duele levanto la colcha. Tengo que saber dónde estoy. El estómago me ruge de hambre. Tomo el pasillo a la derecha y entro en un comedor; se adivinan la mesa y las sillas con la escasa luz que entra por las ventanas.
Veo una puerta abierta y me dirijo hacia allí, parece la cocina. Hay un extraño frigorífico con una pequeña puerta debajo y una grande arriba. Abro esta última y aparece ante mí una apetitosa variedad de comida. Sin dudar elijo un pastel de queso envuelto en un plástico transparente. Hanna sabe lo mucho que me gusta... Dios! Qué rico. 

Vuelvo a la cama. En el primer hueco que aparece en el pasillo oigo su respiración y a ratos, un leve ronquido. Entro y me introduzco en la cama, colocando mi cabeza en su hombro y me abrazo a su cintura. Su cuerpo se remueve, abre un poco sus ojos y me mira.

—Roncas —le digo en un susurro.

—¿Te he despertado? —me contesta como respuesta.

—Un poco, tenía frío y me dolía el brazo.

—Ahora ya no... 

Asiento sin responder y nos quedamos en ese abrazo en el silencio de la noche. Me aprieto contra su cuerpo mientras deslizo mi mano bajo la camiseta del pijama, dejando mis dedos jugando con el suave vello de su pecho. Siento sus caricias en mi cabeza, sobre el pelo aún húmedo.
Se me encoge el corazón por sentir su cuerpo otra vez a mi lado, su calidez y ternura, su aroma a sueño.

—Te he echado mucho de menos, Hanna. Dime que esto no es un sueño, mi amor.

—Marina... —su voz tiene un pesar tan hondo —¿te encuentras bien?

—Si. ¿Por qué? —Respondo sin comprender.

—Por nada —contesta el hombre que yace a mi lado. —Cierra los ojos y duérmete otra vez, te hará bien.

La luz de la mañana que entra por la puerta entreabierta me da directa en los ojos. Siento un lametón húmedo en la mejilla y un ladrido acaba de despertarme. Luego se escuchan unas patas alejarse. Me levanto de la cama. Colgada de una silla encuentro una bata azul marino, me la pongo sobre el pijama y salgo en busca del baño. Como no sé dónde está, llego al comedor, donde un hombre sentado a la mesa frente a una taza de humeante café, sonríe al verme entrar. Un perro enorme se encuentra a su lado moviendo el rabo de un lado a otro. Él se levanta de la silla y se acerca despacio a mí.

—Buenos días, Marina. Me alegro de verte recuperada.

Realmente él se alegra, me lo dicen sus ojos y su sonrisa.

Sólo hay un problema. No sé quién es. Doy un paso hacia atrás evitando su acercamiento.

—Yo... hola —respondo, parpadeando como si tuviera un tic.

—Vale, ya veo. Tranquila. Soy Samuel —dice a modo de presentación. —¿Te acuerdas de algo de ayer?

—Samuel, no te conozco. —Aunque me inspira confianza, tiene que saber que estoy alerta. —No, no recuerdo nada de ayer. No recuerdo cómo he llegado aquí. —¿Dónde está Hanna?

—No sé quién es Hanna. ¿Es una amiga del sanatorio? 

—¿De qué sanatorio me hablas? —Envuelvo el cuerpo con mis brazos e inicio un balanceo adelante atrás. 

Me pide que me siente. Obedezco, estoy acostumbrada a hacerlo. Pero empiezo a hiperventilar. Lo nota.

—Si te tranquilizas un poco, te contaré lo que sé. Come un poco —me acerca un plato de magdalenas. 

Con un esponjoso dulce en mis manos, inicia su explicación.

—Ayer por la tarde paseaba a Queen por la ribera del río... ésta es Queen.  —Samuel acaricia la cabeza al animal, que le corresponde con otro ladrido. 

—Vi como saltabas desde lo alto del puente del Diablo, fui por la orilla hasta que pasaste por mi lado y te recogí del agua. Estabas desorientada y te desmayaste. Te traje a casa y has estado durmiendo hasta esta mañana. Yo tampoco te conozco, pero me pediste ayuda cuando pasó un coche de policía... no me pareciste una delincuente, y aquí estás. 

—No recuerdo nada... Samuel. —Cruzo por un instante la mirada con él. —Es imposible que yo haya saltado de un puente. Jamás lo haría. ¿Por qué lo iba a hacer? 

—Tranquilízate. Intentaré averiguar lo ocurrido. Ayer vinieron dos agentes preguntando por ti y les dije que no te había visto. 

—Me buscan... tengo que irme, irme a casa y avisar a Hanna. Si me devuelves mi ropa, me marcharé y ...

—¡Marina, escúchame! —se acerca y coge mis brazos.

Un dolor punzante atraviesa mi brazo derecho de punta a punta.

—Ay! —grito, pero no me suelta.

—¡No puedes irte!. —Contesta alterado. ¡No tienes casa!. ¡No tienes ropa! ¡Sólo llevabas una bata del sanatorio mental La Milagrosa!

—¡Mientes!...  ¡Mientes! —Respondo, intentando soltarme de sus manos con todas mis fuerzas. Las lágrimas se escapan hacia mis mejillas. Por el dolor y por la realidad.

—No miento, Marina —me dice en tono muy suave mientras me rodea fuertemente con sus brazos.

Pasan unos minutos antes de que mi temor empiece a disiparse entre el latido de su pecho y esos brazos que me confortan. Luego, con una mano bajo mi barbilla, levanta mi cabeza y nos miramos a los ojos. Se tiende un puente entre el vacío de ambos, dos miradas pidiendo asustadas calor y comprensión. Es un instante mágico entre las horas, pero el dolor me hace bajar de las nubes.

—Samuel... ¿puedes ayudarme? 

Confunde mi petición y me recuerda que sí, que lo hará.

—Me refiero a mi brazo, creo que tengo algo roto.

 


Comtinuará...

 

 

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  • Claro Francesc, depende de las fechas en que lo supieras. Hoy en día ya no tiene la más mínima importancia el sexo de quien escribe... o eso quiero creer, jeje.
    Pues claro mujer, que respeto tu anonimato. No se me ha ocurrido hacer lo contrario. La evolución social, ya había empezado en los años 60, a partir del año 69 del Mayo Francés. Y esta evolución se notaba en la música. No fue cosa sólo de los años 80. Otro aspecto, es que no es que vosotras pudiésis escribir temas eróticos, pero me chocó porque no lo había oído decir nunca.
    Azel, me has dejado encantada con tus recomendaciones, de verdad que agradezco tu detallado punto de vista e intentaré tener en cuenta tu visión. Sólo pido un poco de paciencia, siendo que estoy completamente fuera de mi "zona de confort" literaria. Un cordial saludo.
    Es decir, plasmar sus dudas con lo que pasa y sus recuerdos, denotar un poco más que tiene algún trastorno. Aunque es sólo mi opinión y tú has querido imprimirle al personaje este carácter. Si tuviera que elegir la mejor parte, creo que la primera tiene un poco más de potencia e intensidad, esta parte baila un poco entorno a lo ambiguo y el lector puede perderse, aunque también se hace preguntas y hace que se interese.
    De ahí que la construcción del personaje (que me gusta) pero se me antoja que no está del todo definida: primero ella está bastante en contacto con la realidad, sabe que la busca la policia y quiere huir, un hombre le ayuda y acepta esa ayuda; luego se despierta en un lugar desconocido y quiere saber dónde está (ahí puede haber un resorte dramático) pero su reacción inicial se deshincha y vuelve a la cama como si fuese lo más normal. Luego en la discusión ella no recuerda nada e incluso se altera. Por un lado, creo que deberías implicar un poco los sentidos del personaje con los nuestros: qué ve, si ve sombras, algo que se distorsiona, de pronto recuerda algo pero hace mucho tiempo, duda...
    Me gusta el acercamiento inmediato con el que continúas, en primera persona, tras una introducción con muchos datos y mucho tiempo ficticio. Lo que quizá choca un poco, aunque el ritmo tampoco se resiente, es que esta parte tiene muchísimo diálogo directo, y el diálogo directo es la máxima aproximación al tiempo real, entonces, si estamos leyendo dos minutos un diálogo, el tiempo ficticio de la historia es prácticamente eso, casi igual al tiempo real, y eso para un poco la trama. El personaje entiendo que está confuso y mareado por recuerdos y deseos, lo que trastoca su realidad y no es consciente muchas veces de lo que pasa, por eso llego a preguntarme cómo consiguió escapar.
    Francesc, primero de todo, y a pesar de que no entiendo el interés por mi nombre, si lo supieras o supieses, espero que respetes mi intimidad y te lo guardes para ti solo. Dicho esto, te diré que no voy a desvelar nada de Marina, tendrás que ir leyendo los episodios, que no van a ser muchos. En cuanto al tiovivo, no era difícil... en la esquina de una plaza tocando un antiguo barrio de la ciudad, no podían ser las atracciones del Paralelo ni las del Tibidabo. En esos años la mentalidad de las familias se iba abriendo poco a poco, hasta llegar a los ochenta, donde se dio la vuelta del revés. Jeje... y qué diferencia hay que un relato erótico esté escrito por una mujer y otro escrito por un hombre? Ya me dirás...
    Me olvidaba de decirte, que mujeres que a la hora de hacer el amor con uno, lo agarraban como la protagonista de mi historia, para que las dejara embarazadas y que ellos se casaran con ellas. Yo he conocido a varias. Cuando el amigo Carlos me dijo que en estas páginas habían mujeres que escribían cuentos eróticos, no me lo podía creer jejeje.
    Hay que ver cómo has adivinado lo de Gala Placidia. ¿Recuerdas la tribuna que sobresale? Pues allí estuve yo con el padre de la chica. He escrito este realato como algo pintoresco que todavía coleaba, pero en Barcelona la mayoría de las familias ya no eran de aquella manera tan antigua. Aquella gente despotricaba de la modernidad, y fue entonces cuando yo fui al Instituto Americano donde habá muy buen ambiente y las chicas no tenían nada que ver con aquella novia, y me fue muy bien.
    Talento desbordado por la inventiva, donde la destreza, de cómo se perfilan los personajes, van descubriendo un trama, que cautiva. Espero el final y muchas más historias compartidas. Un afectuoso abrazo Serendipity.
  • Estáis invitados a celebrar mi 200 con este disparate de la serie "Diablillos": ... de cómo es de eterno el amor... hasta que se termina. Mil gracias eternas por vuestra compañía.

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