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2 min
La chispa de la vida
Reales |
13.06.15
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Sinopsis

Caen las gotas en el suelo, y los adultos corren a guarecerse, los niños corren a mojarse, mientras las madres les riñen por asomarse, a un mundo ellos solos, a vivir como los locos, por acercarse a lo peligroso, por ser los pilotos, de su vida, de su todo.

Las lágrimas caían desde el cielo, acompañadas de un rugir en medio de la oscuridad en forma de destellos. La gente se refugiaba de esto, pero él extrañamente se sentía más en casa que nunca en medio de ese caos. Cada gota que golpeaba en su cara, cada disparo de agua que atravesaba su ropa, era como una inyección de vida en su alma, la cual apagada se entregaba a la locura en algún lugar inobicuo. 

Después de tanto tiempo volvió a sentir, después de tanto tiempo, escapó de la jaula del estigma y el artificio, escapó del opio popular, y se entregó al instinto, a la simple voluntad de un niño, que cual indio quería disfrutar bajo la lluvia. 

Podía volver a sentir, podía volver a respirar, que tal fue su alegría que derramó todos esos sentimientos que el mundo le había obligado a ocultar, que manifesto que estaba vivo de la forma más evidente posible, mostró que sentía y lloro como un niño, pues sus lágrimas las probocó la lluvia, mostró que vivía y rió como el chiquillo que su mente encerraba, acompañando el martilleo de los truenos.

¿Qué pensarían los de su alrededor? ¿Qué vendría después? 

¿Y qué coño importaba? Que le llamasen loco, pues la locura es la realidad de aquellos que  afrontan el mundo, de aquellos que no se evaden de la verdad a base de los estereotipos y las costumbres, la locura, era la única ventana abierta en esa habitación en que todas las puertas eran pintadas. Y pese a todo lo material de su exterior, la locura erala única razón para vivir ya.

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