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2 min
La clave está en el tejón.
Varios |
31.12.14
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Sinopsis

Cuando escribo no hay fronteras. Este es el ejemplo de un "consentimiento" en la redacción de un relato.

"Pensé que  transmitía una sensación de aislamiento, no sé por qué. Aunque su forma de ser y de hablar eran dulces, me pareció que estaba solo."


Esta cita me hizo reflexionar mucho. Me vi reflejada en ella; quizás, también, el miedo que supuso el ver que la escritora reflejó mi posición hizo que saltasen las alarmas. 

Cuando digo la palabra "alarma" siempre proyecto una  imagen:


¡PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN!- vociferaba el policía frente a una maraña de vehículos enfrascados en una discusión.


Esa imagen se ve contaminada por la serie "Walking Dead", excepto porque en la mía hay lluvia y conductores ordinarios; sin ningún atisbo de "Apolapsis Zombie". Que, por cierto, muy buena serie. 

A su vez, en esa imagen se impregna de un monstruo que habita en nuestro interior reptando a través de nuestros intestinos y emerge por nuestros orificios nasales con un tamaño miniatura que le ayuda acceder a nuestro mundo. 

Pero, a la postre, esa secuencia se congela y no avanza. Se queda sumergida en una bruma espumosa, descolorándose y fragmentándose en trozos de cristal. Esto me llevó a la basura. Sí, exacto un cubo de basura invadido por tejones, pugnando por alimentar a sus familias con los desperdicios humanos o "beneficios" que aislamos en una bolsa de plástico. Qué festín para ellos. Y eso es lo que les empuja a incentivar la agresividad ante un "tejón forastero"; sus familias y ellos mismos, necesitan saciar su apetito, aun significando cometer un delito en los suburbios de "Tejón City". ¿Hay una posibilidad de compararnos con ellos? 

Entonces si lo hacemos con los tejones, ¿no sería  también lícito hacerlo con los hipopótamos? Una vida y un lema: luchar hasta alcanzar nuestro propósito

 

Pero, como el monstruo que nos absorbe y el tejón que se arma de valor para hincar el colmillo, están igual de solos que el chico, amable y afable que irradia soledad en la cita. Aún estando sumergido en una conversación amena, con la mejor compañía, las paredes de sus órganos se embadurnaban de suciedad y hacía imposible ver con claridad el valor de las cosas; el valor del terrón de azúcar, de la taza de té, del sabor que espolvoreaba la sala...

 

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