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7 min
La comorbilidad existencial Fin
Varios |
04.12.10
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Sinopsis

-1.....2....3....4....

-Respiras, tomas aire profundamente y lo sientes en tus pulmones. Oyes mi voz, la escuchas cercana, estás volviendo conmigo en...

-5.....6....7....8...9....

Androiovic tomó aire y lo soltó lentamente mientras parpadeaba con vehemente intermitencia. Se acomodó en el diván, y dejó escapar un profundo suspiro. A escasos metros de él, la psicoanalista sonrió:

-No sé porqué insiste...en que hagamos este tipo de terapias. Usted ya está curado de su problema, desde hace tiempo, y con un ínfimo riesgo de recaída, además.

-¿Qué ha pasado esta vez? Por favor...ya sabe que es muy importante para mí.

-Pues resumiendo un poco...habló de nuevo, de otras supuestas reencarnaciones, que yo asociaría a roles acogidos en el subconsciente que no has sabido satisfacer. Lleva siendo usted mismo, mucho tiempo, tal vez debería cambiar... un poco... sus cables mentales. Aparte de eso, parecía como si hubiera ido armado, durante un instante...Mostró una actitud muy agresiva.

-La sociedad es basura...No deja satisfacer los roles mentales que tenemos las personas. La televisión, la prensa...nos hacen ser lo que ellos quieren; nos hacen envidiar a los personajes de sus series, para tener controladas nuestras prioridades y nuestras preocupaciones. Pero...la gente no se da cuenta...están demasiado ocupados intentando alcanzar esas prioridades.

-Sin embargo....usted si se ha dado cuenta. -comentó ella, intentando cuestionar los delirios de grandeza del paciente.

-Y mucha gente, se da cuenta. ¿Pero de qué sirve? No se puede hacer nada, si no sigues al rebaño te dejan apartados. Antes...la naturaleza elegía a los más fuertes, a los mejor adaptados al medio...y les pemitía sobrevivir para perpetuar sus genes vencedores. Pero ahora...el sistema filtra a los "perdedores"...nos estamos creyendo dios, sólo, por que él goza de muchas cosas, excepto de presencia.

-Señor Androiovic, durante el periodo de hipnosis, amenazó usted a una mujer. ¿Ha infringido daños alguna vez, a una mujer, en forma de maltrato físico?

El paciente ensanchó las comisuras labiales, mostrando, de cara a la galería, una inmaculada sonrisa. Se alisó con ambas manos, las perneras de los pantalones, y luego subió la mirada de nuevo, dirigiéndola a su interlocutora.

-Le estoy hablando de cosas...mortalmente transcendentales, y usted...me pregunta por eso.

-Si...porque tal vez no podamos hacer nada contra el sistema, pero si podemos hacer algo para ayudar a personas indefensas o maltratadas. Al fin y al cabo, tanto los maltratadores, como sus esposas, son víctimas del sistema.

-¿Qué?- preguntó el tipo, enarcando las cejas. Se inclinó en el diván, y posó un pie sobre la moqueta de la consulta. Era bastante corpulento y considerablemente alto, por eso, cuando se levantó y miró a su psicoanalista con la mirada perdida y haciendo desordenados movimientos con los dedos, la mujer, comenzó a temblar. -¿Está insinuando que he maltratado a mi esposa? ¿Qué somos víctimas de esta mierda?

-No...no quería decir eso, tal vez, me haya entendido usted mal.

Androiovic se sentía insultado por aquella famélica mujerzuela. Por ello no dudaba en absoluto, mientras se acercaba en una clara postura desafiante, hacia ella. Había entrelazado ahora, ambas manos a la espalda, y sonreía, con esos ojos completamente despersonalizados, y esos pasos, lentos, y minuciosos, como si intentara hacer de cada zancada, una profunda y lenta puñalada.

-¿Por qué es usted así? No me perdona ni una...

El tipo, cambió de orientación durante unos segundos, y se dirigió al perchero. Sacó de su abrigo una pistola, y miró a la psicoanalista, con tono desconcertante.

-Si grita, la mato. Y si no grita, también.- díjo él, y empezó a silbar. Caminó por la estancia pensativo, durante unos segundos, y luego se encaminó hacia ella.

-¿Tiene usted miedo? - preguntó. La mujer negó con la cabeza, incapaz de formular palabra. Solo el hecho, de haber visto la pistola, ya la había dejado completamente paralizada. - ¿Y ahora?- preguntó él posando la boca de la pistola en la frente de la psicoanalista.

Ella, tragó saliva, como pudo y asintió. El loco estuvo carcajeándose durante unos minutos, hasta que volvió a centrar la antención en ella. "Digalo" le murmuró al oído. Ella frunció el ceño incapaz de obedecer. "Dígalo" repitió de nuevo, esta vez, apartó con extrema delicadeza el mechón de pelo canoso que cubría parte de la oreja en la que murmuró el imperativo.

-Tengo miedo...-susurró ella temblorosa. El, de pronto, ensombreció su rostro y apretó los labios en una mueca de insatisfacción.

-¿Cómo puede tener miedo, si tiene un cruciifijo en el pecho, y lo peor que pueda pasar es que se reúnas usted con su ídolo?

-Tengo...familia...por favor...-dijo ella gimoteando. El entonó un rítmico "ssshhh shhhh sssshhhh" invitándola a callar, y luego posó la boca de la pistola, en los labios de ella.

-Abre la boca- dijo él. Ella observó a traves de sus gafas de montura de pasta, color rosa, los glaciares globos oculares de Androiovic, y sintió profudamete alterada la respiración. Sabía que en esos casos, debía obedecer si quería conservar la vida, y abrió la boca sin pensarlo dos veces. El, encajó la boca de la pistola entre los labios de la chica, e introdujo un cuarto del cañón, llegando casi, a tocar la campanilla.

-No soy quien tu crees...- dijo ella, intentando desubicarle.

-¿Qué?

-Falleciste demasiado pronto, moriste de amor....-repitió la psicoanalista tratando de confundir al hombre armado.-

-¿Qué hablas?- preguntó él. De alguna manera, sintió el serbio, como su vientre se contraía atrapando sus tripas y constriñéndolas hasta la angustia. Sin razón aparente, una grotesca tristeza se apoderó de él. Por eso, con el semblante más triste del mundo, susurró de forma elegante:

-Nadie ha confiado en mí, pero sé que tú lo harás.

El disparo resonó en el edificio entero, y en partes de algunos colindantes. Un trozo de irreconocible elemento visceral caía lentamente hacia el suelo dejándose fluir a través de la ventana. En el cristal, un rastro de sangre, marcaba el rastro descendente seguido por un delirio con final de muerte.El superviviente, sacó un pañuelo de tela, bordado con las iniciales de su familia, del bolsillo trasero de los vaqueros, y comenzó a limpiarse la sangre.

-¿Tu crees que ha confiado en ti?- preguntó a la vacía habitación, oyendo en el silencio, el propio eco de su voz. La detonación había hecho a las palomas levantar el vuelo, al parecer, antes de lo previsto; y fuera, sólo animales laborales culminaban las aceras en las calles.

-Si...yo creo que sí. Había nacido para presentar a los demás sus pasados inaccesibles a la memoria y a la historia, pero no lo hacía de forma virtuosa, sino como lo hace aquel, que ya cansado de tales memeces, responde parafernalias mentalmente precocinadas. Has hecho bien.

-Si ha confiado en mí, sé que esto le ayudará a entender la reencarnación.

-Si...lo has hecho bien. - le respodió su propio voz articulada por la habitación.- Ah...y no te preocupes. Lo que le ocurrió a Estefanía, hace ocho años, no fue culpa tuya.
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