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8 min
La condena de Nirgham
Varios |
26.04.15
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Sinopsis

Nirgham, un pueblo humilde es asediado por el poder de Milo, un dios sanguinaro y desconocido que reclama su ofrenda. (Uno de los primeros relatos "serios" que escribí a temprana edad. Siempre me ha parecido atractivo, aunque pueda rellenarse más.)

           Nirgham es un pueblo costero, escoltado por pequeñas montañas, sencillo al igual que sus habitantes, que vive de lo que el mar le ofrece. Pero aquí no todo es calma. Sufrimos la ira de una antigua deidad que atormenta año tras año nuestro pueblo con los sacrificios de jóvenes. Milo es su nombre. Según nuestros ancestros lleva milenios sacrificando las mujeres del pueblo, ningún hombre en su sano juicio fue capaz de enfrentarse a él. Nunca se le ha visto. Siempre se ha dicho que tiene el pelo largo y blanco como la nieve de invierno, ojos tan oscuros que no puedes mirarlos del miedo que transmiten,  una boca tan grande que era capaz de comerse personas enteras sin masticarlas, los brazos y el resto del cuerpo llenos de una capa viscosa que daba miedo tocar, garras en vez de dedos con los que era capaz de arrancarte cada parte del cuerpo con el más leve movimiento y tentáculos en vez de piernas, con las que solía agarrar a los sacrificios para poder empezar su festín.

 

           En la plaza del pueblo -el lugar más concurrido- colocaron una mesa, con una caja oscura encima y en esta, decenas de papeletas con los nombres de las mujeres del pueblo escritas en ellas. Pero el sentimiento esta vez fue distinto que otros años, cual fue mi desgracia y mi desdicha al conocer el nombre de la desafortunada que seria entregada a Milo. Catherine, mi amada, ha sido elegida como sacrificio a la deidad y yo no podía aceptar el echo de que ella, el amor de mi vida, el ángel que me transmite un rayo de alegría, esperanza y amor, pudiera desaparecer de mi vida como si nunca hubiera estado. Esto era algo que no podía permitir que ocurriera y, loco me llamaron pero decidí hacer frente a Milo y acabar por una vez con el sufrimiento de mi pueblo, y sobretodo el de Catherine.

 

Al empezar el invierno, después de quince noches, sería cuando se haría el sacrificio. Mi plan era simple: Ir al altar de los sacrificios un día antes para esperarlo y, cuando menos se lo esperara, emboscarlo y acabar con nuestra perdición.

 

           Recé día y noche por mi suerte. Pasaba todo el día con Catherine, por miedo a lo que nos podía ocurrir. Teníamos mucho miedo de aquel ente. No sabíamos de lo que era capaz de hacer y de si eran ciertos los mitos sobre él o  era una simple fabula. Pero la suerte estaba echada, yo tenía mi decisión y esta era la de acabar por una vez con nuestro tormento.

 

           Llegó el día. Marché sin que nadie se diera cuenta, oré otra vez más por mi y mi amada. sin más preámbulos fui camino a aquel altar.

 

           Salí del pueblo. Atrás dejaba lo que más quería, para dar mi vida por ella y si fuera posible, recuperarla. Pequeños torreones del pueblo se podían ver a lo lejos, una vez adentrado en el bosque solo podía fiarme de el conocimiento que tenía sobre aquel horrendo lugar. Árboles y más árboles se alzaban hacia el cielo. A más me adentraba se podía percibir un susurro en el aire. Los árboles parecían cobrar vida y adoptaban extrañas figuras en los troncos, parecía gente que había pasado por allí pero que se quedó en el camino. No había animales ni plantas, solo aquellos árboles que, quien sabe porqué, estaban ahí riéndose del desdichado que tenía que hacer aquel camino angosto. Paso a paso se me congelaba el cuerpo, teniendo el frío en mis hombros, también tenía miedo por lo que pudiera encontrar. Nunca nadie había pasado por aquí sin haber vuelto a su casa, toda persona que pasara por aquí sabía que quisiera o no, volver a casa no era una opción.

 

           Llegué a al altar y en ese momento, a la vez que mi corazón se detenía al ver aquellas sangre de sacrificios anteriores, descubrí que Milo realmente existía. Se aproximó al altar, estaba preparando la llegada de Catherine. Vigilaba tras los árboles. Parecía que no sabía de mi presencia, pero estaba equivocado al ver que aquella mirada se dirigía hacia mi. Justo en aquel instante, Catherine  aparecía de entre los árboles, helada y asustada ante la presencia de aquel ente. Milo se acercó rápidamente para empezar su fiesta particular, pero no sé cómo ni de donde saqué la fuerza para proteger a Catherine y me puse entre los dos. Milo echó atrás y me miró. Los tres sabíamos que yo, un humano como otro cualquiera no era capaz de enfrentarme a aquella bestia, pero, intente comunicarme con él. Cual fue mi sorpresa que, sabía hablar. Nunca sabremos como lo aprendió, pero es un ser que lleva milenios viviendo junto a nosotros, posiblemente fuera uno de sus poderes, poder aprender idiomas en un abrir y cerrar de ojos:

 

— ¿¡Quién osa interrumpir el ritual sagrado de Milo!? — gritó enfurecida la deidad.

 

— Yo, Dante, acabaré con tu vida y evitaré a toda costa que puedas hacer daño a mi amada y nuestro pueblo.

 

— ¿Tú, un simple mortal que no tiene nadas más que una simple espada para detener a una deidad como yo, pretende acabar con mi vida? Me haces reír, humano. - Decí Milo, jocoso.

 

— ¡Por Catherine sería capaz de hacer lo que fuera, como si a la propia muerte tuviera que hacerle frente!

 

— Humano, ni en un millón de años serías capaz tan siquiera de alcanzarme. No puedes competir contra un poder como el mío. He vivido miles y miles de años ¿crees que tú, un ser que necesita comida y un lugar donde cobijarse, podría ser capaz de tan siquiera hacer un mero rasguño a un ser como yo?

 

           No podía seguir escuchando aquellas palabras y me abalancé contra aquella bestia. Un leve movimiento hizo aquella cosa que, no podía moverme, no podía hacer nada. El tiempo se había parado, el viento dejó de soplar, no hacía ni frío ni calor, no había nada ni nadie a mi alrededor, tenía aun más miedo. Milo acabó por explicarme qué sucedía:

 

— Humano, estos sacrificios son por mero placer. Un ser como yo puede hacer miles de cosas, cada cual más divertida y entretenida que la anterior, pero el hecho de que vosotros elijáis al azar quien será la desafortunada que tenga que venir aquí y sufrir mi poder. He de admitirlo, aunque no tenga sentimientos, o estos estén en lo mas oscuro de mi ser. Voy a ofrecerte un trato: Darás tu cuerpo como sacrificio, sufrirás lo que ningún humano haya sufrido nunca y liberaré a tu amada y tu pueblo de mi…

 

—¡De acuerdo! — dije antes de que pudiera acabar su oferta.

 

— Bien. Catherine, puedes volver a tu pueblo, eres libre. Puedes dar la noticia de que tu querido ha dado su vida por toda la escoria que hay en tus tierras. También puedes quedarte a ver como sufre tu querido, como sufre por salvar tu vida…

 

— ¡Márchate! — exclamé a Catherine.

 

           Un instante fue el que pasó hasta que de repente, sentí un inmenso dolor en mi cuerpo, un dolor inexplicable. Parecía que caía en agujeros lleno de pinchos, que me arrancaban  las partes del cuerpo a mordiscos, dolor y más dolor a lo largo de mi cuerpo. Catherine se quedó petrificada, ante mis gritos, ante aquella perturbadora escena. No fue capaz de moverse del sitio,  no puedo hacer ni decir nada. Una vez acabado mi sufrimiento, se acercó a mi cuerpo, un cuerpo vacío, lleno de vida anteriormente, yacía en el suelo junto a su amada que solo podía llorar y llorar.

 

           El sacrificio fue alto, pagué mi vida con tal de salvar la de Catherine. Pero siempre supe que, en el fondo de aquel sufrimiento, una parte de mi estaba feliz. Fui a salvar lo más hermoso que tuve en mi vida, y así lo conseguí.

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