cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

4 min
La costra
Fantasía |
08.05.15
  • 0
  • 0
  • 346
Sinopsis

Ese lunes amanecí con una costra en el cuello.

Ese lunes amanecí con una costra en el cuello.

La vi mientras me cepillaba los dientes, en el espejo. Apenas se distinguía de la piel, y como no soy de preocuparme por esas cosas, la dejé estar.

Ese lunes fue como cualquier otro lunes. Salí temprano de casa, antes de que salga el Sol. Caminé hasta la oficina esquivando y empujando a mis propios reflejos, que iban a otras oficinas y venían de otras casas. Me senté frente al monitor y no me levanté hasta que me lo indicó la bocina. Almorcé, sonó otro bocinazo, y volví al monitor. Salí de la oficina, cuando el Sol ya se estaba ocultando. Cené y me fui a dormir.

No recordé mirar cómo estaba la costra en el espejo esa noche mientras me cepillaba los dientes.

Al día siguiente me levanté para lo de siempre.

Mientras me cepillaba los dientes, en el espejo me encontré con que la costra era un poco más grande y estaba más roja, pero no me picaba ni me ardía. Pensé que si seguía creciendo o empezaba a molestarme, iría a visitar al médico. Después me olvidé de ella.

Entonces caminé hasta la oficina, en la penumbra del amanecer. Llegué, trabajé (bocina), almorcé (bocina), trabajé (bocina), y salí. Mientras volvía, me distraía mirando las farolas de la calle, que se iban encendiendo una a una. Cené apurado, porque estaba cansado y con ganas de dormir. Ni siquiera me cepillé los dientes. En la pieza, me descambié y me desplomé sobre la cama.

Desperté con la alarma de mi despertador, que vagamente me hacía pensar en los bocinazos del trabajo. La verdadera alarma, sin embargo, la tuve cuando llegué al baño a cepillarme los dientes.

La costra era mucho más grande, y estaba de un extraño color verdoso. No dolía, así que pensé que esperaría para ir al médico, pero que la iría controlando durante el día. Me cepillé los dientes, me coloqué mi saco y una bufanda (puse especial cuidado en ocultar esa cosa verde en el cuello), y salí de casa.

Caminé, llegué, trabajé, no almorcé, seguí trabajando, y salí. Jamás pensé en la costra. Corrí a casa, quería dormir. El Sol hacía tiempo que se había ocultado.

Me desplomé en la cama, sin cenar, vestido para el trabajo.

Al día siguiente me desperté, ya vestido y con bufanda puesta. Me cepillé los dientes, nada estaba fuera de lo normal. Salí para el trabajo.

Volví del trabajo. Dormí.

Desperté al otro día, vestido. Caminé al baño. Desde el espejo me devolvió la mirada un pobre desfigurado. Una mancha verde preocupante salía debajo de la bufanda y me llegaba hasta la barbilla. Picaba, y picaba mucho.

Estaba decidido. Esa misma tarde, después del trabajo, visitaría al médico.

Fui y volví. No trabajé tan duro. Salí un poco más temprano, el Sol todavía pegaba en los edificios más altos. Imaginé subir hasta alguno de ellos para disfrutar del calor, pero me dije que tendría tiempo al día siguiente. Los pájaros volaban de árbol a árbol, buscando el mejor lugar donde pasar la noche, y pensé que nosotros muchas veces hacíamos lo mismo, yendo de cama en cama, o de rama en rama.

Llegué a casa, junto con el fin de semana. No había rastros de ninguna costra. Ni siquiera una mancha que pudiera sugerir que allí había habido algo. Cené, feliz, y me acosté temprano.

Me levanté tarde al otro día, reparado. Listo.

Salí a correr, almorcé, visité a mis padres, salimos con amigos, me emborraché. Desperté mareado, tomé unas pastillas, no almorcé, salimos con amigos, me acosté, dormí.

Dormí.

Ese lunes amanecí con una costra en el cuello.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Este relato no tiene comentarios
  • Este relato no tiene valoraciones
  • Ese lunes amanecí con una costra en el cuello.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta