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7 min
La criatura de Barafu
Ciencia Ficción |
15.05.14
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Sinopsis

La naturaleza no olvida.

Las últimas expediciones a Barafu fueron tranquilas para el equipo de extracción Alfa de la compañía L.R.A tras la baja voluntaria de dos de sus miembros, por una de las expediciones fallidas a los profundos lagos helados del satélite blanco. Victor, quien comandaba dichas expediciones, no era una persona que tuviese a bien confraternizar con sus compañeros de trabajo, por ello no tuvo reparos en sustituir a aquellos dos díscolos miembros que pusieron en duda los actos que llevaban a cabo. Por supuesto, el resto aguardó la decisión que debía de tomar de cara a la introducción de los dos nuevos, que serían durante las dos próximas misiones, los encargados de llevar al día el material de todo el grupo. Era una de las novatadas que aún se conservan, o Víictor permitía que se conservasen. No era de tradiciones grupales, pero hizo una pequeña concesión.

Barafu era un mundo helado, un pequeño satélite en la órbita de Plutón en el cual se reunían las condiciones perfectas para el envío de misiones de exploración, una de ellas consiguió dar con un extraño material blanquecino -siendo de una forma ovalada-  que resultó de gran utilidad para la construcción de dispositivos resistentes a las temperaturas extremas. Gracias a dicho material, llamado Baelisto -que bautizaron como una antigua divinidad Íbera-, el ser humano fue capaz de introducirse en extraños mundos para los cuales hasta ese momento, no estaban preparados. Las misiones, por norma general, iban bien. La nave de L.R.A, se mantenía en espera en la órbita del satélite mientras ellos se dedicaban a la extracción del Baelisto. Solían extenderse bastante, pero siempre lograron sacar grandes cantidades, Barafu tenía tormentas de hielo atroces que imposibilitan el acceso al satélite durante grandes trechos de tiempo terrícola, motivo por el cual, siempre trabajaban a contrarreloj cuando tomaban tierra… o hielo, en este caso.

Víctor fue el primero en descender del extractor tras colocarse a la perfección el casco atmosférico. Había decidido dirigirse hacia el lago Nolik, una de las grandes extensiones heladas de Barafu que aún estaban sin explotar tras ser descubierta en el último barrido que se hizo. Los yacimientos de Baelisto eran inmensos bajo la superficie pero su acceso era complicado debido a la acumulación de nieve y la dureza del hielo, bastante más considerable que el plutoniano o el de la Tierra. La aleación de los Pulsores -que usaban para taladrar el hielo y extraer el material- no resistía el uso continuado, por lo que tenían que detenerse al menos un par de veces entre hora y hora, eso extendía mucho más el tiempo de expedición. Víctor giró su brazo y se quedó observando el pequeño ordenador móvil que llevaba insertado en su guante derecho, intentando verificar que estaban en la zona exacta para iniciar la extracción. El Baelisto iba directamente al extractor -el vehículo que usaban para desplazarse desde la nave principal- y de allí, ascendían y vaciaban los tanques. El proceso se repetía varias veces al día, hasta que el cuerpo no aguantaba más, o Barafu decidía que ya era suficiente.

- Aquí - Indicó Víctor señalando un punto concreto del hielo.

La pantalla led de su ordenador de mano mantenía un fondo totalmente blanco, con varios números y locaciones mientras un parpadeo azulado se volvía frenético en la zona en la que ellos estaban parados. Esperando.

La extracción comenzó como siempre, sin demasiados problemas para el grupo. Mientras el Pulsor hacía el trabajo de extracción, ellos se sentaban esperando a que éste llenase por completo los tanques del extractor. Durante ese trecho de tiempo, no hablaban unos con otros, el ruido de las ventiscas y las capas de ropa, hacían casi imposible el interactuar entre ellos en Barafu. A Víctor le parecía agradable, pues le daba momentos para pensar en sus propios asuntos.

De forma repentina, la pequeña pantalla anexa al guante de Víctor comenzó a pitar de forma descontrolada, su respuesta fue ponerse en pie. Introdujo los protocolos de análisis en la programación del computador y éste dibujó la silueta de una gran figura de unos trescientos metros bajo la gruesa capa de hielo ‘Es imposible’, se dijo. El hielo era demasiado profundo. Mandó un aviso al grupo mediante los transmisores de los cascos atmosféricos y todos se levantaron de sus improvisados asientos, observando sus respectivos computadores de mano se quedaron igual de sorprendidos que el propio Víctor.

Aquello se movía a sus pies, en las profundidades desconocidas de Barafu.

A Víctor le costaba respirar dentro del casco, notó como un mareo amenazó con hacerle caer, pero se sobrepuso y mandó a los muchachos evacuar de forma inmediata la zona. A lo lejos, no más de doscientos metros de donde se encontraban ellos y todo el equipo de extracción, el hielo comenzó a tomar una forma abombada…

Todos corrían sin destino, mientras Víctor pudo observar como a sus pies, el hielo comenzaba a resquebrajarse, corrían por sus vidas amenazadas por lo desconocido, pero un fuerte temblor sacudió la gran capa de hielo sobre la que aún se encontraban y todos cayeron al suelo con violencia. Dos de los muchachos vieron sus cascos partirse a la mitad, Víctor observó aterrorizado como sus manos iban directas al cuello agitándose ante la falta de aire, estaban muertos al momento de perder los cascos atmosféricos. Pero… ¡Maldición! Del hielo surgió una inmensa criatura blanca de protuberancias azuladas y largos tentáculos en forma de paleta, que debía de usar para moverse por los océanos que existirían bajo las capas de hielo, se irguió imponente ante ellos. Cual Dios, dejó caer sus tentáculos contra el hielo y éste se quebró como una hoja de papel, estaban perdidos antes de siquiera poner un pie allí. Víctor intentó volver a incorporarse mientras veía a otro compañero caer al vacío helado sobre una placa casi en posición totalmente vertical. En la que él se encontraba, ya estaba por ceder y, sin éxito, intentó agarrarse a algo.

La criatura destrozó los equipos entre sus grandes tentáculos, tomando para sí los cuerpos inertes de sus fallecidos compañeros, que hundió en las profundidades. Víctor sintió una fuerte presión en sus pies, como si se los estuvieran arrancando, tirando de su cuerpo con suma facilidad. Cuando clavó la vista en ellos, vio un tentáculo arrastrarle al profundo y oscuro océano que ya se abría ante sus ojos… que se clavaron en los de aquel ser. Blancos como el hielo, igual que su dientes… la boca se dibujaba en el horizonte mientras lo último que alcanzó a ver, fue a ver grandes yacimientos de Baelisto… el material ovalado estaba eclosionando y de su interior, pequeñas figuras diminutas surgían entre llantos que él no pudo escuchar. Y lo entendió… lo entendió cuando la última luz se apagó.

 

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