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6 min
LA DAMA SE ESCONDE
Reales |
31.10.20
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Sinopsis

Este relato ya lo había publicado, pero lo he puntuado y redactado mejor.

INTRODUCCION. Este relato ya lo había publicado, pero lo he puntuado y redactado mejor.

 

Esta historia ocurrió hace más de 25 años a mediados de los 90.  Cuando vivía en Santiago de Compostela donde encontré trabajo al aprobar una oposición. Allí alquilé una habitación en una pensión.

El primer año pasaba bastante tiempo metido en la habitación porque soy tímido y me cuesta relacionarme. Ya en el segundo año, la dueña me cambió a una habitación más grande, allí tenía como vecina a una chica que se llamaba Patricia. Al principio se la veía frecuentemente, pero luego solo venía algunas veces.

 Un día por la noche, aparentemente no había nadie en la habitación, pero empecé a oír como respiraciones, como alguien sofocado, no sé si fue fantasía mía. A partir de ahí pegué la cama a la pared, por si volvía a oír algo, pero desde entonces no volví a escuchar nada y pasaron semanas sin que yo la viera a ella, pero presentía que allí había algo.

Cuando iba terminar el curso, yo estaba intrigado. Vi que la puerta de su habitación estaba abierta y la abrí, no vi nada anormal, pero me enteré que estudiaba derecho porque tenía una pila de libros de leyes en el suelo. Al día siguiente ella se marchó. Yo no me sentía bien porque estaba como enamorado de ella. Estuve así varias semanas hasta que se me fue pasando. Quería que volvieran las clases y volver a verla.

 Pasé todo el verano esperando, pero no volvió. Pregunté a la dueña y me dijo que era de Vilargarcia, a unos 60 kilómetros de Santiago. Quería volver a verla y por intuición miré en los trenes que venían de allí. Fui a ver el primer tren que coincidía con las clases y la encontré. Le dije que si había estado en la pensión y me dijo que sí. Le confesé que me gustaba, pero ella me dijo que ya tenía novio. Le pregunté si quería ser mi amigo, me dijo que sí, me dio dos besos y me marché. Fue la última vez que la vi.

Me tuve que marchar de la pensión porque me traía malos recuerdos. Me fui a un piso compartido para olvidar lo sucedido. En el piso veía que mis compañeros salían por la noche. Al verlos, yo también salía, pero lo hacía solo. Fui varias veces a una discoteca donde todo iba normal, pero de repente una persona se puso detrás de mí. Tenía un aspecto siniestro. Me parece que llevaba un bastón y gafas, estaba inmóvil y muy pálido como si llevara maquillaje e iba vestido de negro. El aspecto del vestuario era como el de los niños que aparecen con un globo terráqueo en la canción de Belinda Carlisle Heaven is a place on Earth.

Carlisle tiene un significado especial para mí e investigue sobre el nombre. Tras varios meses encontré que también es un condado de Inglaterra e investigando más a fondo descubrí que ese lugar es muy conocido porque allí en la década de los 60 se fotografió a una niña. En el revelado de dicha diapositiva apareció una persona alejada con un traje de astronauta al que llamaron el astronauta de Solway. Días más tarde, al fotógrafo se le presentaron dos personas que se identificaron como hombres de negro y le hicieron preguntas sobre lo sucedido.

 Volviendo a la historia, yo, en principio, no le di importancia al señor misterioso. A la semana siguiente fui a la misma discoteca y esta persona se volvió a poner detrás de mí. Luego estuve paseando por la discoteca hasta que me quedé quieto en un sitio. De repente noté como que alguien me metía una mano en el bolsillo de atrás del pantalón. Me di la vuelta pero no había nadie. Fui unas semanas más a la discoteca y ya no volví a ver al señor misterioso. Después dejé el piso donde estaba y me fui con mis padres a su casa de Orense. Solo iba a Santiago de Compostela a trabajar y  recorría todos los días 200 kilómetros, 100 de ida y 100 de vuelta.

 En casa de mis padres me encontraba mejor, hasta que de repente, empezaron a salir pintadas en las paredes de una calle por donde transitaba en Santiago mencionando frases relacionadas con el más allá. Las pintadas estaban repartidas por varias partes. Por un lado, había pintadas que hacían referencia a satanás, más adelante, había frases relacionadas con condenas psíquicas. Conforme se iba avanzando en la calle te encontrabas con textos de la Biblia que hacían referencia a bienes materiales, mientras que cuando más avanzabas veías frases como “A ET no le gusta este mundo, mi casa”. Yo me entretenía con las pintadas y en alguna manera me sentía integrante de ese juego.

 Las pintadas estuvieron unos seis meses y luego fueron desapareciendo. A partir de ahí, en la televisión sentía que me iban enviando mensajes. Los colores que más fuerza tenían eran el rojo, azul y verde. El rojo significaba algo así como que le gusto a alguien, el azul hacía referencia a un príncipe y el verde era un color malo, tal vez lo relaciono con el servicio militar donde no lo pase muy bien. También tenía significado el color negro que relacionaba con gente esotérica pero especializada en hipnosis.

Así fue pasando el tiempo. Anímicamente estaba inestable por lo que decidí ir a un psiquiatra y me recetó antipsicóticos que me han estabilizado volviendo a normalizar mi vida.

Las cosas que ocurren no sé si serán porque tengo un amigo que es Licenciado en Historia y se dedica a investigar construcciones antiguas. Por este motivo hemos estado en sitios muy raros con símbolos grabados, algunos de los cuales pudieron hacerse mediante rituales esotéricos. Perdí el contacto con mis amigos del Instituto porque eran bastante traviesos cuando eran jóvenes. Una temporada se dedicaban a ir al cementerio por la noche a ver quién era más valiente. No creo que hiciesen rituales esotéricos, pero si les gustaban mucho los juegos de rol.


 

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