cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
LA DECISIÓN
Varios |
23.10.14
  • 5
  • 1
  • 359
Sinopsis

Dolores se ha hartado del maltrato proveniente de su marido, no puede mas. Afortunadamente el rugir de las olas le pone fin a su lenta agonía.

El reloj marcaba las diez menos cuarto, Dolores estaba concentrada en el tic-tac de las agujas, aunque de fondo se oía el culebrón que pusó una hora antes en la televisión. La oscuridad envolvia las calles y el olor de la cena proveniente de la cocina inundaba el ambiente del salón.

Dolores tenía la mirada perdida, hasta que el sonido de unas llaves rompió el silencio de sus pensamientos. Sabía que llegó el momento que todos los días, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, le tocaba vivir.

El abrir de la puerta tornó en gris la habitación. La mujer se levantó y nerviosa se dirigió a su marido que estaba entrando en casa. Pero su cariño, como esperaba, caió de golpe al suelo víctima del doloroso golpe recibido. 

El miedo, la tristeza, la angustia... envejecian la piel y el alma de la mujer encerrándola en su casa aterrada del que fue su amado. No queria salir de allí, ya que sabía que la sociedad la rechazaría como rechazó a otras mujeres agredidas anteriormente. 

Después de que su pesadilla se fuera a la cama, Dolores se sentó en el sofá y volvió a no pensar en nada. Poco a poco se iva tumbando y cada vez notaba mas abundantes las calientes lágrimas que le caían por las mejillas mientras maldecía la vida tan ruin que le había tocado.

Se quedó dormida, cansada de llorar. En sus sueños solo se oían llantos de desesperación, dolor y tristeza. No queria vivir. 

A la mañana siguiente decidió salir a sentir la fresca brisa otoñal que corría por los rincones de la ciudad, como si de un gato asustado se tratase. 

Antes de salir se aseguró de dejar al descubierto las marcas que la zarpa de su agresor le dejó en el rostro, y colocandose un pañuelo y su viejo abrigo, dió el paso que le hizo avanzar hacía la eterna felicidad.

En cada paso que daba, solo pensaba en lo feliz que sería no tener que aguantar los dolores punzantes que Juan le ofrecía. Aligeró el paso convenciendose de que tenía todo el tiempo del mundo para recorrer por última vez la ciudad, ya que no iba a volver nunca mas a casa, a su infierno.

Con una sonrisa en la cara, Dolores subió a lo alto de un puente, recapacitó, tomo aliento, y saltó dejando su cuerpo caer desde una altura mortal. 

Mientras estaba en el aire recordó que no sufriría jamás y se calmó del todo, su espíritu sintió una paz tan pura, que murió de satisfacción, no de la caída.

Juan llegó a casa desabrochandose su cinturón, preprandose para propinarle a su mujer algunos azotes. Pero se sorprendió al ver la comida en la mesa, pero a nadie en el sofá. Se comió la cena y al buscar a Dolores encontró un sobre bañado en sangre. Dentro guardaba una carta que decía: Gracias por ayudarme a darme cuenta de que no merece la pena vivir, y menos con alguien como tú. Yo te he dado amor, caricias, besos, y tu me lo agradeces con desprecio, golpes e insultos. Pensé que sería buena idea dejar esto atrás, y acabar de una vez por todas con mi agonía. He decidido cambiar el destino. No quiero una muerte lenta dada por un hombre asqueroso, prefiero morir en paz. No me busques, no podrás desahogarte ni una vez mas conmigo, pegate a ti mismo si quieres. Yo soy feliz, y lo seguiré siendo mientrás no te acerques a mi.

Pd.: espero que hayas disfrutado de la riquísima cena, spaghettis con tomate y un toquecito de mataratas. Un beso.

Juan no pudo contener la rabia y entre naúseas y pinchazos en el pecho, rompió a llorar de rodillas delante de la carta, con el puño lleno de odio y el corazón fallecido. 

Al hombre le llevarón a tiempo al hospital y se salvó, eso era lo que quería su mujer, ya que no quería encontrarselo en el mas allá.

Dolores sonríe desde el cielo a la vida, pero sobretodo, le sonríe a su gloriosa y placentera muerte.

Juan cada noche, al cerrar los ojos, escucha la risa de su mujer, atormentandolo día tras día,como él se lo hacía a ella.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta