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4 min
La desaparición de James E. Tetford (Glanstenbury Mountain, Vermont- diciembre de 1949)
Terror |
16.04.20
  • 5
  • 3
  • 1902
Sinopsis

Glanstenbury Mountain, Vermont- diciembre de 1949.

Yo era uno de los catorce pasajeros que iban a bordo del autobús con rumbo de St Albans a Bennington, Vermont, la tarde del primero de diciembre de 1949.

Mi propósito ahora será explicar algunos de los acontecimientos que como testigo viví, y que rodearon su extraña desaparición durante el transcurso de las ocho horas de viaje.

Aquella mañana era muy fría, pálida y extrañamente apagada, cuando decidí abordar el mismo autobús que nos llevaría a los pasajeros directo a St Albans, en donde tenía planeado visitar a algunos de mis familiares.

Había decidido reservar mi asiento a la parte posterior del autobús; y durante la mayor parte del trayecto nada fuera de lo común sucedió. Recuerdo perfectamente haber visto al señor Tetford abordar, yo y todos los pasajeros que íbamos allí, y también haberlo visto sentarse y vaciar sus pertenencias en el portaequipajes para que después, según algunos otros de los presentes, se echara a dormir en el asiento.

Una horrible tormenta se asomaba allá afuera, donde una lluvia monstruosa asolaba el camino, y en donde imaginé con escalofríos como el hielo azotaba las hojas de las ramas de los árboles del bosque; imaginé el estrecho camino gris, azulado, a los árboles y el cielo triste cubriendo con su sombra el frágil techo del autobús andante.

Con frecuencia lo hacía, porque era un placer para mi el imaginar escenarios tenebrosos, qué acontecimientos sombríos tendrían lugar. Sin embargo, lo que estaba por suceder era de una naturaleza mucho más aterradora, inexplicable y extraña, que de lo que cualquiera de mis fantasías pudieran ofrecerme.

Aunque mi asiento se encontraba solo unas cuantas filas detrás del lugar del señor Tedford, puedo asegurar que en ninguna de las cinco paradas que hizo el autobús él se bajó; al contrario, la gran mayoría lo vio dormitar durante cada una de ellas, incluido el mismo conductor.

Aproximadamente a las 5:30 de la tarde el veterano se desvaneció. Faltaba más o menos una hora para llegar al destino final, Bennington; y yo solo veía pasar los árboles cubiertos de niebla siniestra a través de mi ventana.

Totalmente absorto en mis pensamientos de ensueño, y por las visiones que se escondían más allá en los agujeros de lo profundo del bosque, lo inexplicable sucedió.

Ninguno de los testigos refiere haber sentido algo extraño, a excepción de mi, que comencé a escuchar una serie de rara música lejana, y que parecía acercarse cada vez más, pero sin saber de donde provenía.

Lo que me estremeció fue el que la débil melodía pareciera, al tiempo que distante, más allá del bosque, cercana a uno de mis oídos, el que daba hacia los cristales de la ventana, como si yo la estuviera escuchando dentro del vehículo. No le mencioné a nadie sobre este hecho, por la simple razón de que me parecía algo tonto, y porque supuse que se trataría de una alucinación. No obstante, si estaba bastante asustado, inquieto porque nunca había pasado por una experiencia parecida. Me pregunté si los demás escuchaban lo mismo… pero lo descarté de pronto.

Minutos más tarde, el señor Tetford ya no estaba en su asiento. Lo único que se hallaba allí, en su lugar vacío, eran sus pertenencias, en el portaequipaje; y un folleto del horario de autobuses abandonado sobre él.

Nadie lo vio salir, ni siquiera el propio conductor, quien se mostró bastante estremecido, de la misma manera que yo y cada uno de los declarantes. No pudo haber escapado por las ventanas…

Hasta ahora, nunca le he referido a nadie acerca de la extraña melodía que escuché, esa tarde fantasmal, que, aunque tranquila, denotaba cierto aire misterioso y terrible, confuso, vaporoso… que precedió a la incomprensible desaparición y que vigilaba desde las lejanías hórridas del denso bosque.

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  • Pero la historia real indica que no, que no lo vieron bajar del vehículo. En cuanto a la música, es añadidura mía a la historia. No me enfatizo en describirla porque quiero que el lector la imagine. En cierta manera quiero agregar misterio a la trama, y sobre todo, desconcierto, porque nunca se supo cómo desapareció. Pero si admito que tiene fallos. Puedes investigar más sobre este caso real en internet. Solamente quise adaptarlo en una historia y este fue el resultado.
    Hola Horacio, muchas gracias por tu comentario! Este cuento está basado en una desaparición real, sucedida en verdad en diciembre de 1949, a un hombre llamado James Tetford; claro, he añadido otras cosas a la historia de mi parte. El hecho de que las personas se dieran cuenta de que se desvaneció se fundamenta en que la mayoría de los pasajeros, que iban a subir al autobús, antes de hacerlo, notaron al señor Tetford. No lo menciono como tal, queda implícito en lo que dice el narrador y protagonista al inicio. También queda fundamentado en el hecho de que todos iban hacia el mismo destino, la misma ruta, por lo que hubieran notado cuando alguien, fuera quien fuera, se bajara del autobús.
    Me gusta la idea, pero falla en el conflicto, falla desde antes. ¿Por qué está seguro de que desapareció? ¿Era un conocido? Talvez si hubiera hecho algo como tropezarse, o hablar con él, o preguntarle algo sobre la ruta… pero no hay motivos para que lo noten. Si la música fue el motivo, habría que describirla a detalle; esta es la cúspide del relato y no es descrita, tan solo es mencionada.
  • "Cuento-canción" incluido en mi próxima compilación de relatos surreales, "Noche de Brujas con Gordon Mcfoster".

    Las líneas retratan una escena que tiene lugar en un bar/cantina (submarina) de mala muerte donde el protagonista (que no es humano) se siente atrapado tanto literal como metafóricamente. Forman parte de una historia mayor por ahora solo existente en mi mente.

    Líneas rápidas basadas en un divertido sueño. No solo fue bonito, sino también uno bastante animado. La encontré mientras caminaba en medio de una especie de vecindad derruida, pero pese a eso ella siempre se mostró risueña. ¿Volveré a verla?

    Un escrito rescatado directamente del año 2014, cuando estaba en la escuela preparatoria, con algunas modificaciones. Creo que esto no necesita mayor explicación. Solo diré que una mitad está basada en una experiencia real -en su mayoría recuerdos difusos-, y la otra no.

    Tan solo un conjunto de frases libres que escribí improvisadamente queriéndolas dedicar a una mujer de identidad secreta. En realidad, su peculiar nombre tenía la terminación -ett (no -ette).

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Soy el escritor transparente. Tengo 22 años de edad.

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