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5 min
La desesperación de las mariposas
Reflexiones |
28.07.15
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Sinopsis

La desesperación de las mariposas es una obra rocosa, profunda, y moralista. Sus escasas páginas nos conducen y la vez desvían continuamente hacia las distintas fases de la prosperidad. Es un viaje a la profundidad del sujeto como ser virtuoso. Donde el condicionamiento de la voluntad será esencial para la liberación personal. ¿Cuánto cuesta la felicidad del individuo? ¿Qué precio está dispuesto a pagar? Elías tiene todas las respuestas, o quizás, todas las preguntas…

Me llamo Elías Amaya, tengo veintisiete años, y voy a suicidarme. No crean que ha sido un pensamiento difícil, se equivocan. Incluso achacar mi acción al resultado de mis indagaciones psíquicas también sería un enorme error. « ¿Es que acaso existe un desliz más grande que renunciar a la vida?».

Pensarán que estoy loco, o que mi voluntad vive –o sufre- condicionada por una anomalía que me ha llevado a autoimponer el final de mis días sobre este mundo sin más razón que el capricho.

Tal vez escribir estas líneas sea mi última voluntad; aunque ahora que lo pienso, no tengo nada decidido. Ni tan siquiera sé qué o cómo se debe rezar ante una ofrenda final. En cualquier caso, ya no me preocupa. « ¿Por qué habría de importarme?»

Nunca le interesaron mis propósitos, ni mis inquietudes. Lo cierto y verdad es que no soy muy de opinar. Entre otras cosas porque no sé cómo acertar para integrarme en una conversación con su entorno. Tampoco cualquier veredicto o decisión valía, perennemente eran secundadas, y eso me obligaba a reconducir mi discurso. De equivocarme, siempre debía terminar pidiendo disculpas. «Jamás comprendí por qué lo hacía exactamente».

Por eso voy a volarme la tapa de los sesos. Lo he decidido. Se acabaron los comportamientos éticos y moralistas «…no son más que prohibiciones, que al final, merman tu verdadero camino hacia la felicidad…». Por primera vez llevaré a cabo una acción como cualquier sujeto que forma parte de la sociedad; y no como el bufón inerte y estúpido que se esconde bajo la falda de una mujer y persigue errante sus pasos. «Nunca he tenido el valor de aceptarlo… ¡Qué bien nos sienta a los mortales la cercanía de la muerte!».

Reconozco que he dudado sobre las infinitas maneras de dejar este mundo. Llevo días abriendo y cerrando el botiquín, -por cierto, nunca me gustó su color-. Y por más que insisto, no encuentro el fármaco adecuado. Preparé varias cuerdas que el señor Martínez, su padre, siempre tan precavido, nos obligó a tener por la carencia de espacio en su apartamento. O eso he llegado a pensar. « ¿Debería pedir disculpas?».

El paso inexorable del tiempo había corrompido y desgastado su aguante. Finalmente recogí todos los cuchillos de la cocina y los llevé al mercado para que fueran afilados por un profesional. Pero me delato como el ser más perezoso que pulula por este universo. Aún no he tenido ocasión de recogerlos. «Tampoco tengo dinero con el que pagar».

Quizás la decisión más certera y personal es saber que voy a dejar este lugar para siempre. No es un alarde amoral, ni mucho menos inmoral. Tampoco creo que me falten valores. Lo cierto y verdad es que desisto, renuncio a mi mujer, y sobre todo a mi persona, a mi vida. Me cansé de hacer el bien, « ¿Su bien, o el desconocimiento del mío?». Me agoté prescribiendo lo correcto. Entendiendo que lo que debe ser, no se asemejará a lo que verdaderamente anhelo. «Aunque no tengo la menor idea de lo que necesito para ser feliz».

No me considero un hombre dubitativo, ni mucho menos indeciso. «Ahora sí que lo tengo claro, ¿o no?». Es inútil recordar las veces que pude sentirme un paria. Me he detractado en infinidad de ocasiones ante el espejo. Es mi verdadero y solitario confidente. «Él sí que conoce mis movimientos».

Por eso hoy he cargado el arma delante de él. Frente al alter ego que nunca he podido reconocer, y que sin saber exactamente por qué, he querido ocupar insistentemente a lo largo de mi vida. «A veces él tampoco es capaz de descifrar el auténtico camino hacia la prosperidad».

Hace escasos minutos que observo la pistola sobre el lavabo. «No es tan hermosa como pensaba». La verdad es que no sé si allá donde voy existe la senda virtuosa que hace a los hombres felices. Siempre he pensado que estaría demasiado sombrío, y a muy pocas personas les gusta la oscuridad. Tampoco sé si existen los espejos… « ¿Qué pensará mi cirineo de cristal?».

¡La felicidad es tan subjetiva y efímera! Siempre obstaculizando mis intenciones. «Así ha sido siempre, como de costumbre».

Estoy sorprendido, acabo de darme cuenta que detesto esa maldita pistola, y quizá la decisión de buscar la felicidad en otro mundo no esté del todo asegurada.

El calor de la costumbre, al menos, me mantiene vivo. Aunque sea en el interior de otro cuerpo diferente al mío. Ella sigue siendo feliz a mi lado, y su vida, a fin de cuentas, no está tan mal como parece. « ¿Y qué será de la mía?». La desesperación de las mariposas es inútil y sorda ante la destreza del individuo.

Creo que debo pensarlo, por primera vez no estoy tan seguro, tal vez me guste ser un insecto «tampoco lo sé…».

Ahora sí lo he resuelto, voy a volver a empezar. Guardaré la pistola en el arcón bajo llave. Quién sabe, mañana, tal vez luzca el sol…

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Grado en Filosofía, Técnico en redacción editorial y corrector ortotipográfico. Me encanta la lectura, la escritura, y el teatro. Amo las letras como norma general. En el año 2013 publiqué mi primera novela "Jirones de un Relato" (Editorial Seleer) Dispongo de blog www.jcarlosvalverde.com donde podrás encontrar más sobre mí.

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