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4 min
La educación necesita tres milagros
Reflexiones |
03.08.06
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Sinopsis


José Justo de Herrera manifestó: “La ignorancia es la plaga más grande de las sociedades”. Ello se manifiesta claramente en el subdesarrollo de Honduras, país cuyo sistema educativo deja – según mi parecer – bastante que desear. De hecho, nuestra sociedad tiene muchos problemas, pero ¿cuántos de ellos están desligados del gran problema educativo? Yo considero que la carencia de una buena educación es uno de los más graves problemas que corroen la independencia y la identidad cultural de nuestra nación.

Pero ¿cuáles son en realidad las responsabilidades de cada quien? ¿Dónde están los culpables de que el sistema educativo se derrumbe? Los “problemólogos” de siempre siguen buscando un culpable, mientras las nuevas generaciones pierden su identidad y sus oportunidades. No basta señalar culpables, es necesario identificar y eliminar los fallos.

No siempre se trata de “culpables”. El ambiente es capaz de eliminar el entusiasmo de maestros y alumnos. Recordemos que Honduras es un país pobre; en muchas aldeas – y en varios pueblos – los estudiantes no conocen una computadora; en muchos lugares apartados, aún no se cuenta con energía eléctrica; en muchas escuela, una barra de tiza es demasiado pedir, y las pizarras de formica no se ven ni en los mejores sueños; incluso en las ciudades, existen escuelas cuyos salones de clase están en tales condiciones que es más apropiado que las clases se lleven a cabo en el patio; en las aldeas se asigna a un maestro para dos, tres, o todos los grados. Muchos niños y jóvenes de este país no pueden asistir a la escuela, a causa de sus deplorables condiciones de vida. Los estudiantes más pobres no tienen una alimentación adecuada, y mucho menos materiales escolares. Por si esto fuera poco, existen zonas donde la delincuencia y las condiciones naturales convierten la tarea educativa en toda una odisea.

Me gustaría hacer notar que algunos de estos problemas no existen, o son menores, en países que cuentan con una educación optima. Ese es uno de los motivos por los que la educación en nuestro país debe mejorar. Es urgente que los elementos básicos de la educación cuestionen y perfeccionen su labor en este delicado proceso.

Ahora bien, pregúntesele a un estudiante por qué su aprendizaje es mínimo, y él responderá – sin meditarlo siquiera – que es culpa de sus maestros, todos ellos son, a su parecer, muy malos: unos “ponen mucho trabajo”, otros “faltan mucho”, aquella “es muy pesada”, y ese otro “no nos quiere”… A su vez, el maestro, probablemente alegará que no puede hacer milagros: los alumnos son “haraganes”, “llorones” y “malcriados”, además, los padres le dejan a él solo la dura tarea de instruir a “esos cabeza-dura” (sí, los he oído decirlo)… Al verse señalados, los padres del estudiante explicarán que ese no es su trabajo, que ellos cumplen con matricularlo y comprarle sus útiles escolares; exigirán que el gobierno “ponga a trabajar” a los docentes, y quizá admitirán que sus hijos son “algo lentos”. Le exigirán al gobierno, sí, a esos gobernantes que han dicho – uno tras otro – que “no hay presupuesto para educación”, porque creen (“El ladrón juzga por su condición”, dice el refrán) todo es sobre dinero, y hasta ahí llega su función. Así, la sociedad en general presenta excusas y argucias que le liberan de su responsabilidad en el proceso educativo.

He escuchado, en varias ocasiones, que la negación es la primera etapa de diversos procesos. Supongo que en este caso, la negación es la primera etapa de la desgracia. Es urgente que cada uno se r
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