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7 min
LA ESCALERA
Terror |
12.07.15
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Sinopsis

Algo o alguien vive en un mundo que parece reducirse a una lúgubre escalera

~~          No sé cuánto tiempo llevo así. Ni siquiera desde cuando soy consciente de esta situación. Estoy bajando por una escalera. La llamo escalera por definirla de alguna forma. No puedo saber si es recta o forma una enorme espiral descendente.  Sólo percibo el siguiente escalón. Es como si se iluminara al llegar a él, pero no puedo distinguir  los suguientes. Algo me obliga a continuar, no puedo detenerme ni retroceder.   Alrededor todo es oscuridad. Estoy condenado a seguir  esta lúgubre ruta.  Ni a mi derecha ni a mi izquierda hay nada, no puedo salir o tomar otro camino. No existe espacio para ello.  Solo abajo.  Negrura absoluta. Pese a no tener referencias espaciales ni temporales,  una especie de  instinto me dice que estoy descendiendo. La atmósfera que me envuelve es densa y enrarecida, como un fluido corrupto y pesado, un éter venenoso que me ahoga. Son como sensaciones puras fuera de los sentidos.  Tampoco puedo mirar atrás.  Dudo si tengo un cuerpo físico que lo permita.  Sólo me queda bajar y bajar, impulsado por una fuerza invisible. Escucho un silencio solemne y aterrador. La angustia  me invade. Intento buscar un punto de luz que me oriente. Nada. Mi soledad en este universo bidimensional que solo a mí me pertenece es completa.   Siento una de claustrofobia  terrible. Quisiera gritar, correr, escapar de este lugar o de este tiempo, pero de nada serviría. Es una especie de asfixia mental y psicológica. No entiendo esta pesadumbre infinita. Mis pensamientos están bloqueados. Necesito que mi mente se ordene  y espero a que la razón  se imponga. Debo serenarme. La desesperación es mala consejera.  Al menos dispongo de un lenguaje  y reconozco conceptos y formas. Puedo pensar, por ahora es lo único que tengo.  Sigo bajando. Otro escalón y otro.


        Tal vez comienzo a entenderlo. Estoy sumido en una pesadilla. Tarde o temprano despertaré, entre sudores fríos, y respirando como un asmático. Será una impresión placentera, pese a todo, cuando ocurra. En pocos instantes esta experiencia quedará como una broma de mal gusto de mi inconsciente. Tendré una vida, un pasado y un futuro, espero. Sin embargo, cuando soñamos somos conocedores de nuestro ser. Entramos en un mundo diferente, en una realidad confusa y extraña, donde también hay colores, lugares y personas. Allí reflejamos preocupaciones, cumplimos deseos y se desarrollan nuestros temores ocultos.  Creo que es así, tampoco estoy seguro.  No tengo recuerdos. Me pregunto quién o qué soy o cómo me vería un observador lejano. Pero aquí nadie puede verme porque no hay lugar para él.  Intento capturar algún retazo de mi memoria  por leve que sea, un mero indicio que me aporte información. Pero lo  cierto es que  sigo bajando, mientras crece la ansiedad.  Continúo  abocado a percibir otro peldaño que  revela mi única opción desesperante. Digo percibir porque no podría asegurar que lo veo. Lo capta mi cerebro, mi mente, espíritu o lo que quiera que yo sea.  Pero no lo imagino, este mundo onírico y tenebroso por el que transito es real, al menos mientras me encuentre dentro de él. Tampoco puedo cambiarlo. Me limito a ser un personaje pasivo dentro de una historia, la cual adquirirá su sentido cuando se complete.  Su fin será mi libertad.

     No despierto. Es como si bajara por esta escalera desde el inicio de los tiempos. No puedo estar soñando., En las maquinaciones de la noche todo es variación,  cambio. Entran y salen personajes como en una comedia teatral. Fluyen nuevos elementos por absurdos que sean. Tal vez si llegamos a ser conscientes de nuestras ensoñaciones podamos modificarlas. Pese a todo necesito buscar una salida.  Es todo tan oscuro. Sigo por este corredor lineal, descendente y escalonado.

       Podría estar realizando un viaje astral. Los videntes y espiritistas dicen que tenemos un cuerpo etéreo, una especie de alma, que a veces se separa de nuestra envoltura carnal  y visita lugares y mundos diferentes. Afirman que el único vínculo que une ambos cuerpos es una corriente de energía llamada cordón de plata. Entonces la escalera sería ese lazo etéreo.  Pero lo describen como una experiencia plena donde el ánima se enriquece. Y recorre feliz y ligera  una región supra celeste sin perder nunca el sentido de su viaje, ni olvidar sus afectos en la vida real. Pero este no es mi caso. Si algún místico hubiera sufrido un fenómeno similar a mi vivencia no  intentaría repetirlo como ellos hacen. O puedo estar sufriendo una sesión de hipnosis. Alguien me ha inducido este particular estado de conciencia. Me tendrá atrapado a la espera del aplauso de un público  imbécil. Con un chasquido de dedos y la palabra tres, acabará esta ilusión. Si condujo mi alma a su voluntad, bien podría haber elegido un ambiente menos tenebroso.
      Otra idea  comienza a inquietarme. Podría ser yo un pensamiento. Pero los pensamientos son propiedad de algún cuerpo. Tal vez el mío se encuentre prisionero en una cabeza inerme pegada a un individuo que habita en un sanatorio mental, custodiado por enfermeros forzudos y malhumorados, y alimentado por píldoras de todos los colores.  No  puedo sentir escalofríos, pero  si turbación. ¿Saben los locos que están locos? En algún instante recobrarán la cordura, aunque sea temporal y por efecto de las pastillas. Qué  bendición abandonar este suplicio aunque regrese una realidad tan sórdida. Cualquier cosa será mejor que permanecer en esta dimensión que no me permite ni siquiera expresar mi terror. Más, más abajo. Debo continuar. Nunca termina esta escalera funesta.
      Tal vez soy un experimento. Eso es. Una organización gubernamental y ultrasecreta está probando una nueva droga o un microchip y me ha elegido como objeto de sus observaciones. Me resulta familiar esa idea. En algún momento la he visto o escuchado, pero no recuerdo donde ni a quién. Debo de estar rodeado de científicos con pocos escrúpulos recabando datos. Leyendo en pantallas los gráficos de mis conexiones neuronales. Me habrán provocado artificialmente este estado cataléptico. Si su misión es medir el grado de terror que puede soportar un humano, les voy a decepcionar. Me siento al límite.   Podrían asesinarme cuando concluyan sus infames pruebas. O dejarme para siempre en un estado vegetativo.  Estoy en sus manos. Si pudiera ver o escuchar algo, albergaría alguna esperanza. Tendré que confiar en sus buenos propósitos. Mientras, me adentro aún más en esta sombra sin fin.
 
     Hay un final.  Desconozco cuando llegará, pero lo hay. Quizás no debería ansiarlo tanto. Mi experiencia debería responder a un plan y cada vez estoy menos seguro de querer conocerlo.  Ahora tengo una certeza: cuando comprenda mi situación este laberinto se acabará. Sólo queda la opción más macabra. No soy el protagonista de un sueño. Tampoco un humano que ha perdido la cordura. Ni una idea  atrapada en otro cerebro. No he sido hipnotizado.  Los recuerdos se han destruido.   Entonces, entonces… sólo puedo ser el sueño de un muerto. Por fin la escalera termina. He bajado el último escalón.  Se revela ante mí, repentino,  un inmenso horizonte de un irreal color rojizo. Hay llamas por todas partes.  Veo unos seres ectoplasmáticos y algo difusos que me esperan. Mi espantosa angustia se transforma en terror.  Aún con sus formas extravagantes puedo distinguir sus cuernos, pezuñas y rabos. Van armados con tridentes. El azufre que exhalan me abrasa.  Su sonrisa burlona les delata. Van a  quemarme lo que resta de eternidad.


 
                                                                  FIN
    
           

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