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10 min
LA FOTOGRAFIA GRIS
Suspense |
21.03.16
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Sinopsis

Cuando sabes que algo no va bien pero a pesar de eso sigues.

Se despertó antes del amanecer, estaba emocionada, por fin había llegado el día. Laura y Pablo llevaban tres años detrás de su gran proyecto.

Un año habían tardado en dejar sus trabajos, vender su casa en la ciudad y adquirir este maravilloso convento de finales del siglo XII situado en una ladera. No era un convento muy grande, pero estaba en buen estado y les iba a quedar un hotelito rural fantástico, en el que empezar una nueva vida.

No perdió mucho tiempo en desayunar, de todas forma todavía no tenían demasiado en la despensa, y la excitación la hacia sentirse llena de energía, así que en seguida se cambio y se dispuso a comenzar con la limpieza.

Decidió comenzar por la sacristía, que se encontraba al este del complejo, pegado a la iglesia, anexo a la sacristía estaba la biblioteca, y cuando estuvieran bien limpio los dos espacios se convertirían en un coqueto salón de lectura, donde tomar el cafe mientras se disfruta de un buen libro.

La Sacristía era una sala modesta, a juego con el convento, tenia en el techo las vigas de madera vistas, lo que la hacia muy acogedora. A la izquierda había una puerta que comunicaba con la pequeña iglesia y en la pared de enfrente un  pequeño fresco de la Anunciación. Por lo demás estaba totalmente desnuda, por lo que tardo poco en tenerla limpia.

En el lado opuesto a la iglesia había otra puerta que comunicaba con la pequeña biblioteca. Era una sala rectangular, y al contrario que la sacristía todavía conservaba parte de su mobiliario original. La pared del norte estaba forrada hasta el techo de librerías de madera, con una escalera que se movía longitudinalmente para acceder a los estantes mas altos. En la pared sur había tres grandes ventanales por los que irrumpía el sol iluminando la estancia. En el suelo se dibuja la silueta de las tres grandes ventanas, la atmósfera dorada resultaba mágica. Por unos segundos Laura contemplo la estancia en el quicio de la puerta. Realmente era bonita.

Se imagino la estantería llenas de libros y la sala amueblada con pequeños grupos de silloncitos en torno a coquetas mesitas de té. Pensaba pasar muchas horas en esta sala una vez estuviera terminada.

Al levantar la vista contemplo la sencilla chimenea de piedra que había en la pared oeste, la sorprendió comprobar que aun quedaba un cuadro a la derecha de la chimenea. No era muy grande y quizás debieron olvidarlo. Atravesó la sala y se acerco para inspeccionarlo mas de cerca. El cuadro representaba la Pasión de Cristo, y era muy sombrío para esta sala tan luminosa pensó Laura, pero parecía en buen estado así que decidió descolgarlo para que no se estropeara.

Al separar el cuadro de la pared cayo al suelo un papel del tamaño de una cuartilla, estaba un poco amarillento por el paso del tiempo. Laura dejó con cuidado el cuadro en el suelo, apoyado contra la pared y recogió el papel, había algo escrito en él.

Con una caligrafía muy cuidad y escrito con pluma decía:

"No la mires"

Inmediatamente Laura dio la vuelta a la cuartilla y  se sorprendió al ver que era una fotografía.

Intrigada se sentó en el suelo para observarla con detenimiento, era una fotografía extraña, sobre todo para estar en un convento.

A la izquierda de la foto, en primer temino habia un piano de cola, y sentado en él se encontraba un señor de unos sesenta años, estaba bastante entrado encarnes y la miraba incomodo. No parecía sentirse muy a gusto con el frac. Detrás justo de él en lo que parecía una pequeña pista de baile, había una pareja extraña formada por un joven también de frac y una señora de unos cincuenta años, aunque estaban en posición de baile Laura noto algo raro en ellos. El fondo de la sala estaba cubierto de unas cortinas de lentejuelas, lo que hacia imposible reconocer el lugar donde se hizo la fotografía, aunque enseguida llego a la conclusión de que tenia que ser antigua, pues tenia una tonalidad gris un poco antinatural, como producto del envejecimiento. Y aunque mostraba  una escena festiva ese gris mortecino la bañaba de una tristeza peculiar.

A la derecha de la fotografía dos hombres de unos cuarenta años charlaban con una copa de champan en la mano, y detrás de ellos tres sillas vacías bordeaban la pista de

baile.

Laura recorrió con la vista cada centímetro de la fotografía, escudriño cada detalle ,cada gris. No se percato en ese momento pero la fotografía la atraía, de alguna manera la mantenía unida a ella, mirándola incansablemente.

La saco de su ensimismamiento la voz de Pablo que la llamaba a gritos por todo el convento, cuando levanto la vista de la fotografía vio a Pablo sonriente en el quicio de la puerta

-ah, estabas aquí

-hola cariño, ¿como te ha ido?- pregunto Laura distraída.

-Muy bien, la reforma va a quedar estupenda y además por el dinero que habíamos pensado, vamos a cenar y te lo cuento todo.

-¿como que a cenar?- pregunto Laura extrañada- dirás a comer.

-Cariño son las nueve de la tarde, ¿que has hecho todo el día?

Al levantarse Laura coloco sin pensarlo la fotografía detrás del cuadro, para que Pablo no la viera. Había pasado todo el día mirando la fotografía gris, y ni si quiera se había dado cuenta, la habían parecido unos minutos.

Durante la cena Pablo ilusionado la relato todos los detalles, los tramites necesarios para la licencia, los cambios en los planos para la reforma del convento y un sin fin de gestiones que le habían mantenido ocupado el día entero. Laura fingió escucharle, pero no se podía quitar de la cabeza la fotografía gris. Mientras cenaba recorría mentalmente una y otra vez la fotografía, la voz de Pablo se convirtió entonces en un lejano rumor sin sentido.

 Se acostaron enseguida pues al día siguiente les esperaba otro duro día, pero Laura no conseguía dormir, necesitaba ver la fotografía otra vez.

Cuando por fin la alcanzó el sueño, se vio a si misma en aquella extraña pista de baile, el hombre del piano tocaba un tema algo melancólico mientras la extraña pareja bailaba, ella bestia un traje de noche negro, con la espalda al aire. Levanto la vista, no se habían dado cuenta de su presencia y se sentó para obsérvales mejor. Hacían una y otra vez lo mismo, la música no acababa nunca, siempre la misma triste melodía, ninguno se percataba de su presencia y lo mas extraño, ¡todo era gris!

Un gris plomizo que lo alcanzaba todo, tiñéndolo de tristeza, era la fiesta menos alegre en la que jamás había estado, pensó la Laura.

 Tras un rato de obsérvalo todo, decidió que era el momento de irse y al levantarse  se giraron todos hacia ella a la vez que la gritaban: ¡No te puedes ir, no te puedes ir!

Se despertó de golpe, con el corazón retumbando en su cabeza y la nuca empapada en sudor. Decidió que lo mejor sería olvidarse de la foto, pero lo cierto es no podía, las voces de aquellas extrañas personas seguían sonando en su cabeza.

A la mañana siguiente espero impaciente a que Pablo se fuera a la ciudad, a seguir con sus tramites, y en cuanto estuvo sola corrió a la sacristía. La atravesó rápidamente pero al llegar a la puerta de la biblioteca de pronto se quedo clavada en el quicio.

por alguna extraña razón sabia que no debía volver a mirar aquella foto, pero también sabia que no podía evitar hacerlo. Poco a poco se fue acercando al cuadro, la fotografía estaba escondida detrás, su pulso y su respiración se aceleraron. Descolgó el cuadro y con cuidado lo deposito en el suelo. La fotografía callo como el día anterior y otra vez Laura decidió sentarse para mirarla. Tenia la sensación de estar haciendo algo mal, algo que no debía pero de todas formas lo hizo.

Cuando dio la vuelta a la fotografía y volvió a mirar aquella sala de fiesta, sintió como se calmaban sus nervios, como un adicto cuando recibe una dosis.

Volvió a recorrer la fotografía centímetro a centímetro y a pesar de conocerla ya muy bien la pareció diferente al día anterior. No sabia muy bien que era, pues sus personajes seguían siendo los mismos, seguían en la misma postura, pero algo había cambio. Decidió seguir mirando la fotografía hasta averiguarlo.

Cuando Pablo llego a casa eran las nueve de la tarde otra vez. Venia muy contento pues traía lao planos definitivos. Busco a Laura por todo el convento pero no aparecía. Extrañado decidió ir a la biblioteca, quizás ayer se dejo algo por limpiar allí. No había nadie, solo un cuadro en el suelo y una fotografía a su lado. Recogió  la fotografía y la observo. Le llamo la atención su tono grisáceo, y decidió observarla con detenimiento.

A la izquierda de la fotografía un hombre bastante gordo tocaba un piano de cola. Detrás de él una pareja bailaba en una pequeña pista de baile. A la derecha de la fotografía dos hombre tomaban champan y detrás de ellos los miraba una chaca sentada en una silla. A Pablo le llamo al atención esta última, era Laura. ¿Cuando se había sacado esta foto? y ¿Quien era toda esta gente?

Laura miraba a la cámara con una expresión un poco angustiada, vestía un traje de noche negro y tenia una copa de champan en la mano. Pablo decidió observar la foto con mas cuidado, quizá había algún detalle en ella que se le había escapado.

Laura no podía moverse, no sabia como había llegado hasta la silla de la sala de fiesta. Tenia una copa de champan en la mano y solo podía ver como Pablo era ahora el que tenia la fotografía en su mano y los escudriñaba a todos como notando algo raro en ellos. Ella le gritaba, no mires la foto, no la mires que te absorberá, pero era inútil, los grito solo resonaban en su cabeza, Pablo no podía oírla. Y Laura supo que al día siguiente Pablo, inmóvil como ella, ocuparía la silla de al lado suyo. 

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