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6 min
La Galería, cuarta parte (final).
Suspense |
29.03.14
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Sinopsis

''No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris''. -Alejandra Pizarnik-

Aquí todo es silencio. Pero un silencio distinto. Avanzando por el bosque urbano llegan a lo que fue un extenso parque cuyo corazón de hondas y tranquilas aguas cantaban al son del susurro de la brisa nocturna.

El rostro de ella derrama felicidad. No deja de señalar arbustos, insectos, flores. No deja de preguntarle a él si sabe lo que son, pero no puede responderle, ni despejar los ojos del paisaje que los rodeaba. Ahora ella está sentada a la orilla de la laguna, observando sonriente y asombrada una polilla que se ha posado sobre sus dedos.

 

El comienza a sentir náuseas. Todos y cada uno de los rincones que observan le son conocidos y lo golpean cruelmente con fogonazos de instantes que ya no son. El cielo silente, los soberbios robles, el agua cantarina, el aire frío, ruiseñores, búhos, grillos, las carcasas vacías de los edificios, los coches oxidados, todo, absolutamente todo invocaba aquel prístino estado que abandonó al entrar en la Galería. El ciclo eterno había continuado mientras él se encallecía las manos y el corazón destripando a la madre tierra. Y ella ríe...ella ríe porque sus sueños comienzan ahora. Cualquiera diría que había empujado a la locura y a la muerte a una vieja indefensa para estar allí. No le importaba porque no tenía nada que perder. Ahora ella lo tiene todo y el no tiene nada.

 

- Debemos volver y avisar a los demás.

 

El alza la mirada. No comprende. ''Ellos creen que el aire sigue envenenado''.''Puede que lo esté''. Puede que se estén muriendo poco a poco.''¿Te sientes mal?''.''No''. Sí. ''¿Entonces, es increíble...todo era mentira''. Una farsa. ''Deberíamos volver y fingir que esto no ha pasado''. Ella se gira bruscamente hacia él. ''¿Estás de broma?''.''Aquí no tenemos comida, ni quien nos defienda de cualquier animal salvaje que haya aquí''.''¿Quieres volver y pudrirte en ese agujero infecto?''

''Nos tomarían por locos si es que conseguimos hablar antes de que nos vuelen la cabeza''.''¿Pero qué dices?Seremos héroes''.''Lo que tenías que haber hecho era haber mantenido la bocaza cerrada, como te dije''.''Si te hubiera hecho caso jamás habríamos visto esto, jamás habríamos sabido la verdad''.''¿La verdad?, ¿de qué verdad hablas?''''No te entiendo''.''Ese es el problema, tu no entiendes nada. No tienes ni idea de lo que es que te arranquen los ojos cuando ya has visto el sol. Deberías haberte podrido allí abajo, en ese agujero infecto, como tu lo llamas, donde naciste y adonde perteneces. Este era mi hogar y me has arrastrad aquí para decirme que toda mi vida ha sido una maldita farsa, ¡zorra egoísta!''

 

A ella le tiembla la barbilla y le mira, conmovida. Los ojos de ella le ulceran el corazón a él. Desvía la mirada, ¿qué ocurre?

 

-Yo no te he arrastrado, quería sacarte de allí porque te veía tan desesperado como a mí...

-¡Mentira! Lo que pasa es que no querías morir sola.

 

Silencio, los árboles parecen inclinar sus copas, extenuados. La creación gimiendo a una. El agua fluyendo oscura acunando las hojas caídas de los abedules. Las ranas cantan, escondidas en los juncos.

 

Él mira hacia el rincón más oscuro del estanque. En el horizonte, tras las negras copas de los árboles, siluetas simétricas recortan el cielo, cada vez más claro. Cada vez más insoportables para sus ojos, habituados a las tinieblas de los túneles. Su corazón se empeña en latir, él se empeña en pararlo.

 

Ella suspira largamente, le rodea con sus brazos y apoya su cabeza en la espalda de él, inamovible y pétrea. ¿Por qué no puede despertarle?¿Por qué su mundo se empeña en hundirse?No importa lo mucho que ella luche por controlar su vida, la sombra oscura de ojos brillantes no le quita la vista de encima. Se levanta, él es fuerte, tendrá que abrir los ojos él solo, ella no puede mirar atrás, no puede dejar que la oscuridad la ahogue.

 

Ella se aleja. El se gira, bruscamente. Vuelve a irse, vuelve a dejarle solo. Siente un frío cuchillo atravesándole el hígado. A cada paso de ella, su corazón late más fuerte. Ya no puede detenerlo. El calor sube a su garganta, a su mandíbula, a sus manos, a sus pies. Quiere condenarlos a todos, nadie está preparado para esto, quiere llevarlos a todos a la locura. ¿Por qué? El demonio de ojos plomizos.

 

 

 

 

 

La alcanza, la agita, ¡entiende!, ella le empuja, él la arrastra con él, ¡basta!, dos cuerpos enfermos poseídos por el frenesí de la cólera, ella grita, ¡cállate!, ella grita más fuerte, ¡escúchame!, ¿por qué no escucha?, falta aire, ahoga los gritos con la cuenca de la mano, golpes, sacudidas convulsivas, ¡cállate, cállate, cállate!

 

 

 

 

 

Silencio.

 

 

 

 

La vida, caliente, escapándose por sus dedos. El primer rayo del nuevo día acaricia la mejilla exánime. Eran Adán y Eva, ahora son Caín y Abel.

 

 

 

La luz del sol le arranca lágrimas de los ojos, pero no es capaz de cerrarlos. Permanece quieto, muy quieto, sentado sobre el blando vientre de ella. Un íncubo desolado, un intruso en el Edén.

 

 

 

 

Los mirlos empiezan a cantar y la naturaleza se viste de verde, resurgiendo de las sombras, renovada, dando comienzo, victoriosa, a un nuevo día.

 

 

 

 

**********

 

 

 

 

 

El avanza dejando atrás las puertas del metal. La oscuridad le ciega. Se tambalea por las paredes. Sus pulmones parecen encogerse por momentos. Busca a tientas la pared. Tropieza. Cae. Se retuerce en el suelo. La mano, fría, apretando su tráquea. Intenta zafarse, pero sólo se araña el cuello. Quiera gritar, pero sólo produce secos estertores. Preludios del abismo. Unas sombras se alzan sobre él con mascarillas de gas. Escucha sus voces, como muy lejanas y difuminadas por la bruma. No parecen reales, sólo el niño de pantalones mojados y mirada perdida que yace en el suelo. La lengua se le seca, sus órganos se comprimen en su interior. No ha podido cerrarle los ojos, no pudo tocarla, sus ojos plomizos miraban al cielo que nunca vio. Perverso redoble de los sueños frustrados y del alma abortada en un oscuro rincón. No se llora por lo que no es. Lo arrastran, el grita, grita como un animal herido. El grita sabiendo que su voz se perderá para siempre en las grietas de la Galería.

 

Grita.

 

 

 

Grita.

 

 

 

Grita.

 

 

 

GRITA.

 

 

 

 

 

Silencio.

 

 

 

 

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