cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

9 min
La Galería, segunda parte.
Suspense |
24.03.14
  • 0
  • 0
  • 646
Sinopsis

¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios. (Gilbert Keith Chesterton ).

El está soñando, y vuelve a verlo. Vuelve a ver a sus padres buscando con la mirada a su hermano mayor. Vuelva a ver a la gente empujándole al entrar por la boca del metro. Vuelve a sentir la asfixia y la fuerza con la que su padre le aprieta la mano. Vuelve a ver el cielo, lleno de humo, y a los militares con las máscaras antigás. Vuelve a escuchar las sirenas, los gritos, las separaciones, los disparos. Vuelve a ver a los médicos desbordados a la entrada del metro, comprobando los ojos de la gente con una pequeña linterna y las encías, como si fueran caballos. Llega su turno, siente sus manos clavándose en su pequeña mandíbula, la luz le ciega, se orina, llora, lo echan a un lado. Está bien, puede entrar. Intenta mantenerse en el mismo sitio para que sus padres le vean. Están comprobando a su padre, lo apartan y entra, pero no avanza hacia él. Su madre no puede pasar. Se pone pálida, se le desencaja la mandíbula patéticamente. Su padre ni siquiera le mira, se dirige hacia ella, la agarra del brazo, ella le abraza, los médicos llaman a unos soldados que hay junto a la verja, intentan separarlos, él no ve nada, la gente le empuja, se escucha un disparo, gritos, ¿es su madre?, muchos gritan, otros se agachan, otro disparo, llantos. Los llama, le empujan, vuelve a llamarles, lo tiran al suelo, grita, llama a su hermano, intenta avanzar hacia la entrada, un militar le agarra del brazo antes de llegar a la verja, tiene sangre en la mascarilla, él patalea pero el soldado no le suelta y lo arrastra al fondo de la galería a través del tropel.

 

Se despierta. Tras varios intentos consigue respirar de nuevo. Le tiembla la barbilla, aprieta los dientes, no se llora por lo que ya no es.

 

 

Hunde la pala en los escombros y los carga en la carretilla. Coge el pico y lo hunde a golpes en la pared. La tierra le salpica en los ojos, el sudor corre por sus cejas. Escarba con las manos, aparta una piedra, vuelve a apuñalar la pared con el pico. Vuelve a hundir la pala, vuelve a cargar la carretilla, y así hasta que, exhausto, decide sentarse contra el muro abierto.

 

El no había dejado de contar los días de su cautiverio. Desde la catástrofe habían pasado quince años, cuatro meses, dos semanas y un día. Las horas ya no podía calcularlas por la falta de relojes. Se suponía que la falta de éstos y de calendarios ayudaría a la gente a no desesperarse por el transcurso del tiempo, pero, obviamente, no era así. El tiempo pasa aunque no lo puedas contar. Lo ves en tus huesos, y en tu piel.

 

Tantas mentiras...

 

Durante años intentó encontrar a su hermano a través de los túneles, en las más de 800 celdas que se extendían a lo largo de la Galería, pero desistió. De todas formas, ¿por qué iba a buscar un cadáver? Ya nadie era lo que era, él ya no era lo que una vez fue. Se ha convertido en todo lo que no quería ser. De pequeño jugaba a ser súper héroes, policía, bombero, médico...soñaba con salvar vidas, ser la viva imagen de la verdad, el bien y la justicia. Ahora tenía veintitrés años, aparentaba cuarenta (o, al menos, así se sentía, no había espejos), había matado a dos hombres tras dos riñas estúpidas, había amenazado a los de su celda, había inculpado a otro, mandándole a la muerte, y había masticado con gusto los carrillos hervidos de una mujer a la que habían volado los sesos por disturbios.

 

¿Y qué más daba?¿Quién podía condenarle?¿Con qué?¿Matándole? No habría tanta diferencia al fin y al cabo. Ya estaba demasiado cansado de vivir. Pero claro...no quería que lo llevaran al ascensor...allí no... Alguna vez pensó en picar con todas sus fuerzas y, con suerte, derrumbar el techo sobre la cabeza de todos ellos, pero la superficie...no, eso no. Ni hablar.

 

De repente la ve, y su corazón deja de latir negra brea.

 

Sube la cuesta arrastrando la carretilla con temblor en las rodillas y mirada apática. Levanta la cabeza y le ve. El le saluda con un leve gesto y un intento de sonrisa. Ella responde de la misma manera y desvía el rumbo hacia su túnel. Se coloca a su lado y le mira con atención mientras carga la carretilla de escombros. Se siente más fuerte, aunque sólo ha descansado unos segundos. Ella le mira de un modo distinto y se mantiene callada. Suele estar callada, pero nunca le ha mirado así. Con sus ojos caídos y penetrantes, de color azul plomizo parece intentar descubrir todos y cada uno de los poros de su piel y, al mismo tiempo, memorizarlos.

 

-¿Qué te pasa hoy?

-¿A qué te refieres?-sigue mirándolo de la misma manera, inmutable. Parece una estatua de cera.

-No sé, tu sabrás...

 

¡Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos!

¡Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados!

¡Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra!


 

-...-gira la cabeza asqueado-...ya está otra vez la loca esa...

-Te tengo que decir algo.

-¿El qué?

-...me voy.

-¿Qué quieres decir, a dónde te vas?

-...-se inclina sobre su oído-...arriba.


 

¡¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados!!

¡¡Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia!!

¡¡Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios!!


 

-¿Qué coño estás diciendo?¿Te has vuelto loca? No tiene gracia.

-No estoy bromeando, me voy ahora mismo.


 

¡¡Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros!!


 

-Lo siento, ya no puedo más...

-Cállate de una vez, deja de decir tonterías, aquí todos estamos igual...

-Los demás no me importan.

-¿Tampoco yo? Con todo lo que hemos vivido. Después de todas las veces que he estado a tu lado, consolándote, cuidándote, cubriéndote el culo...¿así me lo agradeces?¿Diciéndome que te quieres ir?

Ella cierra los ojos enrojecidos y mira al suelo, suspirando...furcia egoísta.

-Pretendes dejarme...siempre estás igual...quejándote, y usándome como tu paño de lágrimas, y ahora me vomitas ese discurso suicida para que te de un toquecito en el hombro, ¿es eso lo que quieres? No hace falta ser tan retorcida para pedirme eso. Por mí puedes irte al infierno, si así lo deseas.

Ella deja de escuchar, los capataces se han apoyado en la entrada del túnel y empiezan a fumar su preciado tabaco de contrabando.

-Todo es mentira.

-Cierra la boca ya antes de que te la cierre yo.


 

¡¡Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada?!!

¡¡Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres!!

La vieja del rosario ríe mientras juguetea con el polvo de los escombros tumbada en el suelo y murmurando con voz bronca y flemática.

El la mira. Ella ha hablado así muchas veces, pero el modo en que lo mira...ahora le mira a los ojos, parecen pozos infinitos, inescrutables. Intenta agarrar su mano, pero ya ha comenzado a alejarse hacia el provecto esperpento. Se agacha y toma el arrugado rostro entre sus manos, se acerca a su oído y le susurra despacio. Parece un ángel en busca de las almas penitentes...hasta que los ojos de la vieja se hacen más grandes, la boca se le tuerce como si le estuviera dando un infarto. La mira a ella como si fuese el mismo demonio y lanza un penetrante alarido que hiere los tímpanos del túnel. Ella la mira impávida.

Los chillidos atraen a los capataces, los camaradas se acurrucan contra la pared tapándose los oídos, la vieja endemoniada grita con los ojos desviados en el suelo, recibe patadas en la cabeza que le desfiguran el rostro, pero no deja de gritar, la marabunta de trabajadores se agolpa alrededor de la escena, a él le empujan, le arrastran al espectáculo, mira al techo, las aristas tiemblan, ¿o es él?, lo tiran al suelo, se levanta, empuja, golpea, intenta respirar, ¿dónde está?, la vieja chilla, los capataces disparan, un niño se tapa los ojos, ¿dónde está ella?, alguien golpea al capataz, sangre en el suelo, se mancha el pie, una mujer huye por el túnel, despavorida, ¿es ella?, no, ¿la habrán aplastado?¡Vuelve, no me dejes solo!Otra vez, la mano, le estrangula


 

Allí está.


 

Bajo la luz halógena, en el fondo de la galería, mirándole, esperándole...


 

Corre hacia ella, nadie le ve, deja atrás el desorden que se hace cada vez mayor, huye a la protectora oscuridad del túnel y hacia ella.


 

Le coge la mano, la lleva empuja contra la pared, no puede respirar, le agarra la nuca con fuerza:

-¿Qué has hecho, qué le has dicho?

-Que se la comen esta noche.


 

Atónito, se deja arrastrar hasta el fondo de la galería, hacia las puertas de hierro, hacia el ascensor.


 

Van a subir.


 

**********


 


 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta