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6 min
LA HERMANA DE MI MEJOR COLEGA
Varios |
04.02.14
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Sinopsis

Cuanto todo se convierte en un pez que se muerde la cola.

Serían las seis de la mañana cuando me picó mi colega KL para devolverme el dinero que le presté hace un par de semanas. Nos apalancamos en mi cuarto con aquella música de fondo que provenía del tocadiscos de mi padre, cogí el boong y se lo di mientras yo me iba a lavar la cara y tomar un café para despejarme un poco. Cuando volví, él le estaba dando fuerte al fumeteo y para no ser grosero le pregunté cómo le iba todo. Me contaba que estaba preocupado, que su hermana estaba saliendo demasiado de fiesta y que tenía que ingeniárselas él para que no la pillaran. Además me comento que tenía la mosca detrás de la oreja sobre si se metía mierda. KL salía conmigo de fiesta, éramos colegas desde hace cuatro o cinco años, mis padres se llevaban de puta madre con los suyos, por no decir que su hermana me vuelve loco, tiene dieciséis años y es una de esas chavalas que solo piensan en agarrar una buena polla y drogarse a más no poder. Claro, él es mi colega, pero también soy el que le pasa la mierda a su hermana. Él, medio muerto en mi cama, se puso a contarme como le había ido la noche. Me dijo que conoció a una tal Sonia, estuvo bailando toda la noche con ella, que era una típica de aquellas come bolsas, pero como me lo contó, sabía que aquella chavala le gustaba. Me pregunto sobre como llevaba la cosa, le respondí como siempre, ‘’tio me va de puta madre con Jane, con Mary Jane’’. Encendió la televisión después de haber estado media hora buscando el mando, lo único que ponían eran a unos hijos de puta con traje que no paraban de hablar con unas palabras de mierda que las decían para aparentar ser más cultos, telenovelas sudacas y unos dibujos que daban siempre, paranoicos a saco. Empanados comiendo de una pantalla salí de mi trance televisivo y vi la hora, eran las diez de la mañana y tenía que irme corriendo, llegaba tardísimo a clase, no recordaba que era lunes. Me puse los mismos pantalones y la misma chaqueta que utilicé ayer, cogí unos cuantos porros, un par de ensaimadas, nos piramos de mi casa y nos despedimos con aquel choque de manos tan peculiar de KL. Entre en los trenes y ya iba grindando mi marihuana para acortar tiempo y no perderme la clase de mi profe de diseño, la música sonaba por mis cascos, un buen tema de Pixie y un buen canuto para empezar bien la mañana. Visualicé a bastantes hembras que poseían unos atributos muy peculiares y grandiosos, en pocas palabras; orgía en el vagón con tetonas y culonas, hazte polvo. Bueno, camino al cole me fui fumando aquel caliqueño, no me hacía gracia tener que pasar por dos comisarías diferentes fumándola, pero sinceramente, a las once de la mañana, tu primer porro, cuando aún estas sereno y deseas ir colocado, te la pela de canto.
Ojos rojos, hinchados, pupilas dilatadas, aroma a rama, andares pasotas y voz tranquila, es lo que ven mis compañeros de clase y el profesor cuando entro, no es nada nuevo, así que me senté al lado de mi colega Rest, un rasta que conocí este año, un fumado como yo, amante de la música, el arte, el amor, y como no, la droga. Me senté con la empanada y estuve escuchando a mi profe, miré a mi colega con aires de morado. El cabrón estaba dibujando alguna de sus paranoias así que me hundí en el silencio, entre mis pensamientos y aquella sensación de bienestar. Me llamaron justamente a la hora de salir, otro pedido de aquellos. Vaya mierda, hoy tengo que hacer cuentas. Fui rápido a mi casa sin pensar mucho en todo el percal que tuvimos esta semana pasada con las drogas, no me interesaba comerme la olla, a ella no le pasó nada y KL no se entero de nada, así que seguí mi camino. Cuatro perdidas, me cago en dios no me gusta llevar móvil por esto. ¿Quién cojones pilla mierda a las dos del medio día? Ya estaba en la puerta de mi casa, como no mi madre me abrió la puerta con alguna de sus quejas, será por dejarme la cama sin hacer, o por fumar, he recogido el baño?, bueno suda. No paré de responder a mi madre moviendo la cabeza y diciéndole que sí, dejé todo en mi cuarto y preparé aquellos… ¿Qué eran, treinta gramos? ¿Era de keta o de speed? Dios la memoria me está matando. Me dirigí a la terraza y llamé al cliente, no era ni una cosa ni otra, esta vez era metanfetamina, bueno sólo me quedaban diez gramos, así que quedamos en que me pillaría diez de meta y veinte de keta, era un buen cliente, así que quedamos en media hora delante de mi casa, en un parque bastante pequeño y escondido. Salí con aquello de mi casa y me dirigí a hacer el trapicheo. Esperé cerca de un cuarto de hora, pero sabía que terminaría apareciendo, se acercó a mí a paso ligero y se lanzó dándome un morreo que me dejo medio colocado. Siempre es así de tardona, preguntó sobre la mierda y le dije que la tenía, pero antes quería echarme un canuto con ella y le pregunté qué hizo el fin de semana. No paró de reírse, no me dijo nada, sabía que se lo pasó de puta madre, solo hacía falta mirar las ojeras, los gestos y el pasotismo que llevaba. -Así que te metiste una de mierda que flipas...- Le comenté serio mientras sacaba la mercancía. Ella abrió el bolso y metió todo allí, a continuación me dio el fajo de billetes metiéndolo en mi bolsillo del pantalón, acariciándome y mirándome, se levantó tranquilamente y me dijo que me quería. Antes de que se fuera le dije que tuviera cuidado, que su hermano se estaba oliendo toda esta mierda. Después de todo siempre me siento algo raro haciendo estas cosas. Llamé a mi camello, también mi colega, para decirle de echarnos la boongada, despejarme de todo y entrar en ese trance.
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