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6 min
La Hora esperada
Amor |
21.07.14
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Sinopsis

Aveces suceden personas, a veces cosas. A veces por necesidad te quedas sin corazon por malgastarlo.

Ella solía suspirar hondamente, quería ser como las protagonistas de los libros que leía, anhelaba tener un sueño que cumplir y dejar las cuatros paredes de su confinamiento. Eso solo lo puedo suponer, pero es bastante probable que así haya sido. Pasar tanto tiempo con una persona y no llegar a conocer su nombre real es algo lamentable, así que muy poco puedo decir sobre lo que significaban sus suspiros. Ahora, si hablamos de cosas lamentables debo decir que poseo un honor, mas bien, el dudoso honor de amarle a ella. Así es, la incógnita mas grande y misteriosa del universo resumida en su pequeño cuerpo, me acostumbro a vivir a la sombra de sus sombras, en aquel finísimo lugar desde donde hoy mismo intento con poca lucidez comprobar, si era real o no.

Yo siempre quise ayudarla, pero la lejanía de ella me hacia desistir para luego arrepentirme por no seguir intentando. Quizá era yo la única persona que notaba su libertad espiritual a pesar de su encierro, pero no puedo criticarla por no escucharme, su vida esta destruida y es normal que no confié en nadie. Aun así, el mejor de mis momentos a su lado y en lo que se basa este lamento, fue cuando le pregunte con que soñaba; la pobre no pudo aguantar el llanto y se pego a mi pecho dejando salir sus lagrimas dulces y tormentosas. Creo que ese fue el primer contacto genuino y sincero que tuvo conmigo ¿Porque desatar lagrimas ante una pregunta tan simple? Solo pude reaccionar con un abrazo fuerte intentando susurrar con mi piel lo que mi corazón gritaba. No emití una sola palabra, solo escuche en la espesa penumbra de esa noche a un ángel llorar.

Después de que mi alma se encantara e impregnara con la suya aquella noche en particular, esperaba que la “relación” se volviese mas personal, pero la equivocación siempre ha estado de mi lado. Ella seguía construyendo muros cada vez mas gruesos en el medio, lo que significa que esa noche solo fue una grieta que dejo colar un sentimiento, pero la pequeña dama estaba decidida a que jamas volviese a ocurrir y me miro con la mas absolutas de las indiferencias, despellejando lo que quedaba de mi alma y helando mi sangre, mis nervios y mi mundo. Inexpresiva y obstinada los rasgos de su rostro me recordaban a las hojas blancas y vaciás que no tienen nada en su interior pero... ¡Si, hay mas que indiferencia! La sentí alguna vez como si fuese miá, como si algo realmente me perteneciese, y tengo que volver a sentirla así porque la quiero, aunque eso pueda significar el morir. Confieso que a diario a las cuatro y treinta de la tarde iba y alquilaba su tiempo y me sentaba frente a ella intentando descifrarla, no la tocaba ni elogiaba por su apariencia, solo la miraba a los ojos intentando penetrar en su mundo, cuando eso no funcionaba me sentaba a su lado y le ponía música, alguna vez reacciono a una de las canciones pero creo que fue solo mi imaginación. Intentaba ser dulce o indiferente pero nada resultaba, ella era como un cuerpo inerte y sin vida. Siempre me terminaba frustrando y le gritaba: “¡TE ODIO, OJALA TE MUERAS MALDITA RAMERA!” solo para el día siguiente regresar a su lado a la misma hora de siempre, como si peregrinar a su cuarto me diese paz y terminar sollozando y llorando como aquel que niño que suplica para que sus padres no le castiguen.

Es tan contradictorio que mi vida a su lado tenga sentido, aunque ella no aporte nada mas que miseria. Simplemente eran exageradas mis intenciones por revivir ese único momento, único, sublime y aparentemente irrepetible momento en el que su dolor, se convirtió en mi felicidad. Porque sentí que mientras lloraba yo estaba ganado algo. ¿Pero que ganaba? Esa es la razón de todo este asunto, quiero saber que es ella. La pequeña dama, que en realidad no es tan pequeña significa algo para mi, pero ¿que? Todo esto es confuso y en mis desesperados intentos hice de todo para que me hablara, todos los días religiosamente me sentaba en su cama, no se si me esperaba o no, pero yo igual iba y le llevaba todo lo que mi frágil mente consideraba necesario para rogarle un poco de amor, flores, canciones, comida, ropa, joyas, etc. No importaba mi situación económica mientras lograse que ella sonriese por un segundo, pero nada funcionaba, nada la sacaba de su somnolencia y de su mundo, nada excepto ese día en que le lleve un libro. Eso la animo de repente y me entere de que le gusta leer, ¡ya era hora de saber algo de ella! Me dije. Así que le lleve de a poco, todos esos libros que me hacían recordarla, esas novelas, historias, cuentos y poemas que por alguna razón reflejaban exactamente lo que tenia que decirle. Hasta me anime a escribirle una carta en donde exponía mis sentimientos por ella y las ansias de llevarla conmigo, para siempre.

Pero nada dura para siempre, ¿o si?

La pequeña dama se fue, y jamas volví a saber de ella. Maldito destino y maldita vida que te quita las esperanzas. Ese día, a las cuatro y treinta de la tarde cuando fui a verla, encontré una habitación vacía a pesar de que el portero odiosamente me dijo: “Señorita, ella ya se ha ido”, pero no lo quise creer. Todo seguía en igual orden como cuando ella estaba, pero esa vez solo camine hacia su cama y ate mi mirada a los libros que le había regalado, los había dejado todos menos la carta que le escribí. Sentí unas ganas inmensas de romper en llanto, pero pensé que no había porque. Simplemente estoy tan acostumbrada a su ausencia, que cuando realmente se fue, no hizo ninguna diferencia. Antes y después de ella todo estuvo igual, solo que con menos dinero pero eso no importa ¿es que acaso no tiene vida? Siempre fue una especie de sueño, pero su existencia no me dejo nada realmente importante, bueno si, un pesar que me marcara el resto de la vida, pero nada mas.

Me gusta pensar que se llevo la carta porque en algún punto sintió algo por mi, pero eso seria dejar que mi imaginación. jugara conmigo una vez mas. Es momento de dejar de creer que mi vida empieza a las cuatro y treinta de la tarde.

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