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2 min
La Hora de Jugar - Parte 1
Suspense |
26.03.18
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Sinopsis

Se pondrá en juego el escepticismo de nuestro protagonista cuando se enfrente a lo desconocido.

El lugar parecía abandonado.

Sin lugar a dudas, la gran cantidad de piedras que se alcanzaban a observar a lo lejos, daban mucho que pensar al visitante.

Eran las seis de la tarde y el ocaso se aproximaba. Tomé mi linterna y mi mochila para comenzar una búsqueda. Fue compleja y a la vez confusa. El pavimento emitía los pasos que daba a los oídos muertos de las peronas que descansaban.

Me contaron que debía realizar una serie de acciones antes de comenzar la búsqueda. Primero: debía encerrarme a media noche. Una típica hora que sólo un paranoico relacionaría con los fantasmas. Segundo: traer seis velas y un peluche de conejo blanco. Tercero: si llegaba a tener éxito, el juego terminaría hasta que el "fantasma" lo decidiera. Y por último: no podía huir a ningún lado. Según incrédulos, una maldición caería sobre mí desde que diera el primer paso del cementerio.

A las once, la brisa gélida del anochecer reinaba el cementerio. Los cuervos me hicieron compañía y parecían ser el público que se deleitaría con el espectáculo lúgubre. Mis manos temblaban un poco, a pesar de llevar mis guantes. Me puse mi gorro de punta para amortiguar la fuerza del frío, que venía como una avalancha espectral.

Los árboles mostraban facciones nada tranquilizadoras. Algunos formaban rostros; otros figuraban sombras. Ese efecto que te provocan las películas de terror a medía noche. Las ramas eran cuchillos que caerían sobre mí.

Dieron las doce de la madrugada y cerré las rejas del cementerio. Llevé las velas y el muñeco a la tumba correspondiente. Prender esas velas me resultó cien veces más difícil que cruzar un precipicio sobre un hilo dental. 

Saqué de mi mochila un trozo de papel que según los pobladores, era la forma de llamar al fantasma.

El papel rezaba:

"Querida niña del cementerio,

este juego debe comenzar;

que tu muerte no sea un misterio

y la muerte puedas endulzar."

 

Después de recitar los versos, se escuchó a los lejos un chillido de un bebé. Era la señal: el juego comenzó. Prendí mi linterna y ahora debía encontrar las pistas que la fantasma me dejaría para resolver su misteriosa muerte.

Solo deseaba que esa "niña" no se presentará de la nada...

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