cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

6 min
La huida del Jaguar
Reales |
17.07.15
  • 0
  • 0
  • 498
Sinopsis

Armando Pérez, contemplo los últimos estertores del inmenso animal con una satisfacción que se apodero de todo su ser fundiéndose y eclipsando el pasmoso sentimiento de terror que infringía la cercanía de la poderosa bestia. Con pasmosa tranquilidad extrajo su machete del cual escurrían gotas del fluido denso y carmesí que animaba hasta hace pocos minutos al máximo depredador de la sabana y la selva, con un rápido movimiento empapo todo su ser con el elixir de la vida de su poderoso oponente para emitir un poderoso grito que se esparció por el morichal, por la sabana, por el mundo.

El sonido estridente de los pájaros Mochileros saludando al  renuente  amanecer  lo despertó de improviso. Contemplo en medio de la penumbra el espeso matorral  que la noche previa había escogido como refugio en lo más profundo de un morichal rodeado por la sabana que se perdía en la inmensidad del horizonte.

La sombra de un gigantesco Achapao lo había protegido de un aguacero torrencial que anunciaba a los cuatro vientos el corto periodo de transición hacia  la larga temporada de lluvias que se prolongaría hasta al mes de septiembre. Instintivamente palpo a su alrededor hasta encontrar el machete que lo acompaño durante las largas jornadas de exilio, que desde aquel luminoso día de Diciembre se había visto obligado a cumplir para salvar su vida. Junto al machete encontró un trozo de Boruga a medio asar sobrante de la única comida que dos días antes había  consumido y se dispuso a devorarla con las ansias que solo la verdadera hambre puede producir. 

El Alba despuntaba matizando el espesor del morichal con una luz tenue que le permitió  identificar una flora que le era sumamente conocida y familiar; había Lacres de tamaño moderado, Chaparros, Yarumos y Balsos que competían palmo a palmo con los gigantescos Flormorados, Cachicamos, Balatas y Achapaos, diversas palmas de Milpe, Comadre, Cananguacha y Chapao completaban un gigantesco lienzo en el que aves de diversos tamaños, formas y colores hallaban el escenario ideal para eludir la ondulante monotonía de la región del Yari,  cientos de peralonsos, Coyuyas, Tarras y Guacharacas anidaban en bandadas que partían al vuelo entonando melodías que anunciaban el inicio  un día soleado y caluroso característico de la etapa  final de la estación seca que se prolongaba desde Noviembre hasta Marzo.

Antes de continuar su camino, se dirigió hasta el cercano caño que marcaba el eje sobre el cual se explayaba aquella isla verde en medio del inmenso océano ocre y rojo que dominaba el panorama en aquellos parajes en los que la humanidad encontraba su última frontera. Después de asegurarse que en la charca no habitara el mítico Guio come hombres, se dispuso a saciar su sed con el refrescante líquido que brotaba mágicamente de las entrañas de la tierra, mientras se inclinaba para tomar un segundo sorbo, el estridente aullido de un gigantesco mono Chiruco  le puso sobre aviso dándole a entender que un peligro acechaba en la espesura. Con la agilidad propia de su juventud y corpulencia rápidamente trepo  hasta las ramas más bajas  de un inmenso Varablanca  que crecía en el borde mismo del cauce y empuñando su machete se dispuso a hacerle frente al invisible reto que desde las sombras amenazaba su existencia.

Estaba acostumbrándose a esconderse, a huir, a repeler cualquier contacto con los hombres y las bestias de tal manera que el incontrolable temor que lo embargaba al inicio de su travesía varios meses atrás, había dado paso a una reacción casi metódica y calculada en la que el carácter  de su temple auguraba los designios que algún día habría de cumplir. Los segundos se sucedían unos a otros con una lentitud que parecía congelar el aire a su alrededor, de súbito, una inmensa sombra emergió del sotobosque plagado de arbustos con hojas tan afiladas como dagas y una estampa claroscura precedida de un intenso olor a almizcle irrumpió en el pequeño claro procurando reclamar lo que consideraba sus dominios. El inmenso Jaguar o Tigre Mariposo sin cautela alguna se dirigió directamente al pequeño abrevadero mientras en las alturas varios monos Mavinba se sumaban al estruendo producido por los Churucos que gritaban a los habitantes del Moriche la presencia del magnífico depredador. De repente el enorme felino se detuvo un instante para sondear a su alrededor, un aroma conocido había llamado su atención, instintivamente su lomo se erizó mientras emitía un inimitable gruñido de batalla, con la rapidez que solo uno de su especie puede tener giro en su propio eje y se dispuso a dirigirse firmemente hacia la zona de la cual emanaba el aroma que había despertado sus instintos más básicos y fundamentales; en ese preciso instante, una sombra se abalanzo desde los cielos sobre el orgulloso animal que sin saberlo, se había puesto al alcance de la centellante hoja del machete que se perdió en la profundidad de sus carnes de la cual broto un caudal de sangre que se derramo cual fuente sobre el líquido que minutos antes bebían los dos adversarios.

Armando Pérez, contemplo los últimos estertores del inmenso animal con una satisfacción que se apodero de todo su ser fundiéndose y eclipsando el pasmoso sentimiento de terror que infringía la cercanía de la poderosa bestia. Con pasmosa tranquilidad extrajo su machete del cual escurrían gotas del fluido denso y carmesí que animaba hasta hace pocos minutos al máximo depredador de la sabana y la selva, con un rápido movimiento empapo todo su ser con el elixir  de la vida de su poderoso oponente para emitir un poderoso grito que se esparció por el morichal, por la sabana, por el mundo.

Aquel encuentro calo en todo su ser, en toda su mente y lo sumió en un estado de clarividencia que le permitió remontarse en el tiempo y descubrir el porqué, el paraqué  de su existencia. Ya no huiría, ya no deseaba esconderse, entendía con más claridad que cualquier otra cosa en sus años de existencia que no volvería a ser una presa, sería un cazador, un depredador que tomaría lo que quisiera y abatiría a sus enemigos por la fuerza, infringiendo miedo y terror. Sabía que para cumplir sus propósitos debería abandonar temporalmente aquellas tierras hasta que sus garras y colmillos fueran lo suficientemente fuertes para destruir a cualquiera que osase impedir su destino, de interponerse entre él y sus deseos, pero también sabía que no existía en este mundo una fuerza lo suficientemente grande como para impedir que su sino se cumpliese y los designios del destino lo depositaran en la cumbre del poder que  edificaría con la sangre y el dolor de criaturas menos dignas que la presa que acababa de cobrar.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Este relato no tiene comentarios
  • Este relato no tiene valoraciones
  • Abrió el armario, se dispuso a desmembrar aquel objeto/ser que le permitiría alcanzar sus metas, cumplir sus anhelos, ser feliz después de tanto dolor y sufrimiento. Mientras quitaba, una a una las piezas de si inusual celestina. Volvió al trance infinitesimal que significa la razón.

    Armando Pérez, contemplo los últimos estertores del inmenso animal con una satisfacción que se apodero de todo su ser fundiéndose y eclipsando el pasmoso sentimiento de terror que infringía la cercanía de la poderosa bestia. Con pasmosa tranquilidad extrajo su machete del cual escurrían gotas del fluido denso y carmesí que animaba hasta hace pocos minutos al máximo depredador de la sabana y la selva, con un rápido movimiento empapo todo su ser con el elixir de la vida de su poderoso oponente para emitir un poderoso grito que se esparció por el morichal, por la sabana, por el mundo.

    En ese momento, recordó el instante exacto en que sus sueños y esperanzas de infante dieron paso a la historia de su vida, al destino de sus esfuerzos. Se vio a si mismo transformando todo aquello que le resultaba familiar, modificando su vida, la de sus vecinos, la de su vereda, la de su municipio, la de su región. Se vio a si mismo creando un nuevo mundo para si mismo y para sus hijos, se vio construyendo los sueños de su hijo, tal y como su padre los había construido para el.

    Con los ojos fijos en el gatillo que sostenía su nieto, Arturo Pérez contenía el aliento mientras esperaba el final que el mismo había escrito casi cincuenta años atrás. Contemplaba el semblante del hijo de su hijo con una mezcla de orgullo y de terror, comprendía claramente que cada uno de sus actos lo había conducido a este instante que percibía como una pequeña eternidad.

    Santiago Garzón amaba a Fidedigna con la fuerza del Rió Negro en el invierno, con la ternura y delicadeza del roció de las flores en las montañas de la cordillera, con la inmensidad de la llanura oceánica que se extendía hasta el infinito en el oriente, su amor era sublime, como las cumbres inalcanzables a cuyos pies se levantaban Guayabetal y Quetame.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta