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11 min
La Inmensidad
Terror |
12.01.15
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Sinopsis

La noche en que mis padres me dejaron a cargo de mi abuelo, fue la noche en la que descubrí que sus historias eran reales. Sobre todo las historias sobre aquel mundo sin sol y sin vida. El mundo que observa el nuestro con ojos en el cielo y voces en el viento.

Mi abuelo tenía 92 años en ese entonces, yo tenía 9, todos sabíamos que él moriría pronto, así que mis padres lo sacaron de la casa de ancianos para que "viviera" con nosotros, al menos sus últimos días.
Eso estaba bien para mí, a pesar de su dolor, mi abuelo era muy bueno contando historias. Sobre todo historias de terror.

Pasaba la mayor parte del tiempo dormido y medicado, pero los breves momentos de lucidez los pasaba contándome historias, que en ese entonces me parecían las más aterradoras, y que ahora ya no tanto. No, después de lo que viví esa noche.

Él solía contarme que cuando era un niño como yo, él solía recibir la visita de pequeños hombrecillos en las noches, esos hombrecillos solían contarle "secretos" del otro mundo. Solían contarle sobre algo llamado La inmensidad, el mundo del que ellos provenían. En ese mundo las estrellas eran ojos que se movían en el cielo, y la madre y padre se sentaban en un trono hecho de piel sobre el océano. No recuerdo mucho más de ese relato, pero mi abuelo lo contaba con una tremenda profundidad. Como si él supiera que era un lugar verdadero.
En fin, una noche-la noche-mis padres fueron a comprar una cuantas cosas, medicina creo, y me dejaron a cargo. Yo era bastante responsable, además por la medicación, mi abuelo dormiría todo el tiempo. Así que no me importó.
Las primeras horas fueron tranquilas, yo subía una que otra vez para ver si mi abuelo estaba bien, su habitación siempre tenía ese olor a medicina y a algo más, que no supe muy bien qué era. Pero no era agradable.
Algo después de las 8 de la noche, mientras veía una pelicula-creo que era Matrix-escuché ruidos provenientes de arriba. Eran como pasos, pero no exactamente eso, era algo más que pasos. Lo primero que pensé fue que mi abuelo había despertado y deambulaba sin sentido arriba, preocupado corrí hacia el segundo piso. Fui a la habitación de mi abuelo, y él estaba aún dormido. Me acerqué con mi corazón acelerado, lo miré fijamente, su pecho subía y bajaba lentamente con su respiración, su rostro era un mar de arrugas y tan blanco como el papel. Me asomé por el resto de las habitaciones en busca de algo fuera de lo común. No había nada, excepto que no podía dejar de sentir ese olor en mi nariz, era como si me siguiera por todos lados.

Bajé de nuevo a la sala, mis manos estaban sudorosas y me sentía mareado. Respiré hondo y volví a la pelicula.
Diez minutos después escuché más ruidos arriba, ésta vez era peor. Era el sonido de pies arrastrándose lentamente, me quedé en el sofá viendo hacia el techo, los pasos eran pesados y parecían ir y venir. Cuando escuché el sonido de una puerta cerrándose corrí hacia arriba, sabía que mi abuelo estaba despierto, era seguro. Tenía que ser él. ¿Quién más podría ser?
Pero no, no era mi abuelo. No era nadie. Mi abuelo dormía en su cama como si nada, busqué en cada habitación y no encontré nada. Estaba aterrado y sin saber por qué. Los amos comen huesos en sus tronos de piel, la historia de mi abuelo seguía viniendo a mi mente. Decidí dejar todas las luces encendidas. El olor era asfixiante, tanto que usé el aromatizante del baño por todo el segundo piso. No ayudó mucho, pero ¿qué más podía hacer? Yo estaba solo con mi abuelo. Y algo seguía viniendo.

Los ruidos se detuvieron finalmente, me quedé en la sala hasta que me quedé dormido.
Eran tal vez las nueve cuando desperté y vi que la casa estaba a oscuras. Estaba desorientado al principio, no recordaba si estaba en mi cama o en otro lugar, lo supe cuando escuché el control remoto caer al suelo. Pánico subió rápido por mi cuerpo al recordar lo que había estado pasando, me levanté en medio de la oscuridad a buscar el interruptor. "El abuelo" pensé, ellos quieren llevárselo a la inmensidad, el pensamiento era horrible, pero sonaba tan real como lo era la enfermedad de mi abuelo. Cuando encontré el interruptor, la sala se iluminó y por un breve momento vi a un par de hombrecillos parados en medio de la sala, observándome con el único ojo que tenían, un enorme óvalo negro en medio de sus caras. Eso pasó en sólo un segundo, y al otro no había nada. Intenté gritar, pero mi garganta estaba cerrada.

No entendía nada, todo parecía dar vueltas en mi cabeza, todas las historias del abuelo seguía inundando mi mente como recuerdos de un trauma. Las estrellas son ojos que giran con cada paso que das, el viento siempre susurra cosas horribles y crueles, no hay sol, no hay vida. Sólo hay hombrecillos marchando por las arenas, buscando huesos para que Él y Ella coman. No hay nada más. Solo la Inmensidad.

Jamás había tenido tanto miedo como el que tuve esa noche, estaba furioso con mis padres por dejarme solo tanto tiempo. Estaba furioso con mi abuelo por contarme tanta estúpidez. Mis ojos empezaban a empañarse con lágrimas cuando vi el brillo que venía de la cocina.
Alguien estaba ahí.

Pensé en correr y buscar ayuda, un adulto, un vecino que viniera. Pero yo tenía nueve años y la idea de parecer un bebé frente a los adultos era peor que la idea de asomarme a la cocina, si mostraba temor probablemente mis padres nunca me dejarían a cargo de nada más en mi vida. Así que como pude caminé a la cocina, al brillo que venía de ella.
El brillo era el refrigerador que estaba abierto, la comida estaba regada por todo el suelo, salsa, jugos, frutas, más que todo carne, trozos de carne y pollo crudo mordidos. Sangre goteaba de las bandejas desgarradas.
Encendí la luz y mi abuelo estaba parado en medio de la cocina, observándome fijamente.

Un grito salió de mi garganta reseca, mi abuelo soltó el trozo de carne que sostenía con la boca, su rostro estaba manchado con sangre.
   "Aa abuelo" fue lo único que dije.
Mi abuelo no respondió, solo se quedó parado ahí, sus ojos bien abiertos, sus brazos colgando como un par de péndulos.

 "Tengo hambre" dijo él con una voz que sonaba increíblemente estúpida. Era la voz de alguien sin mente. Alguien más hablaba por-a través-de él.
A Ella le gustan ustedes, pero Ella no puede venir. Por eso es que nosotros los llevamos.
Supe que era real, lo entendí, los secretos que esos hombrecillos con ojos de cíclope le contaban a mi abuelo eran verdad. Ella no podía venir, pero Ella podía comunicarse, y esa noche se comunicó a través de mi abuelo.

 "Abuelo, tienes que ir a dormir"  dije con la voz quebrada.
Extendí mi brazo con un enorme esfuerzo para llevar a mi abuelo de vuelta a su habitación. Cuando toqué su mano puder ver aunque sea por un momento, lo que la inmensidad era.
  La tierra era negra como la ceniza de un volcán, no había sol, pero el cielo tenía un brillo amarillento, millones de ojos parpadeaban en el cielo, no eran ojos humanos, eran ojos ovalados y rojizos como carbón ardiente, voces susurraban a tu alrededor cosas que no podías entender, pero que de inmediato te llenaban de una inmensa tristeza. No hay vida, no hay esperanza. Sólo puedes caminar y caminar hasta que tus pies sangren y Ellos te elijan y te lleven frente a su trono...y te devoren.
   Antes de soltarme pude verlos, sólo por un segundo, pero los vi. Dos enormes seres sentados en tronos de una forma grotesca, huesos y huesos rodeaban sus pies, pequeñas creaturas se escurrían sobre sus piernas, todas subiendo hacia sus bocas, llevando pequeños trozos de....Ahí fue cuando solté la mano de mi abuelo.
 Kjrila.
No sé que significa, pero esa palabra existe en mi cabeza desde entonces, la imagen de esos dos seres se ha ido opacando. Pero kjrila sigue vibrante ante mis ojos.

Solté la fría mano de mi abuelo y caí de espaldas en el suelo, no podía sentir mis piernas y un zumbido llenaba mi cabeza.
Mi abuelo empezó a caminar hacia mí, sus ojos no estaban ahí, eran esos horrible ojos rojizos que giraban en aquel cielo amarillento. "Tengo hambre" repitió abriendo su boca sin dientes.
Tras mi espalda sentí algo duro, era una zanahoria, con mi brazo entumecido la tomé y la lancé hacia su rostro, con sus huesudas manos cubriendo su cara, me levanté y corrí hacia la puerta. Docenas de hombrecillos me observaban desde las escaleras.

                                                            ******

Es increíble lo claro que está todo eso en mi mente. Eso es lo no pasa con los sueños, incluso tus mas horrendas pesadillas se vuelven confusas con el tiempo, pero lo que vi esa noche no. Lo único borroso es la imagen de esos dos seres, eso está bien aunque sé que no se borrarán por completo. ¿Qué serán, dioses, alienígenas, monstruos de otra dimensión? Quién sabe. He buscando respuestas en internet. Hay cientos de historias sobre mundos alternos, creaturas horrendas. Más que todo ficción, pero quién dice que mi historia no lo es, o quién dice que todas las historias no tienen algo de verdad. Muchas de ellas son similares a la mía, o la mía es similar a ellas.
Para terminar con esto, sé que entre más escribo más loco suena todo esto, así que seré breve con mi "y qué pasó después":
Después de salir de casa gritando como un demente, me topé con uno de mis vecinos, yo lloraba y le decía que mis padres no estaban y mi abuelo estaba muerto. Dije muerto porque era cierto, mi abuelo se había ido, lo que me veía a través de sus ojos era más allá de nuestro plano existencial.
Mi vecino entró a la casa, las luces se había apagado de nuevo, le dije que estaba en la cocina, él me miró con una cara llena de sorpresa, él sabía que mi abuelo estaba en sus últimas, así que no sabía cómo era posible que él estaba en la cocina y no en su cama.

Excepto que mi abuelo no estaba en la cocina, tampoco en su habitación. Mi abuelo ya no estaba aquí.

Mis padres siempre se culparon un poco por lo que pasó, yo nunca los culpé, es más, traté de que supieran que no era su culpa, pero cómo no podía-o quería-contarles lo que realmente había pasado, jamás dejaron de hacerlo, jamás dejaron de preguntar.

Nuestra historia se publicó localmente:
ANCIANO DESAPARECE SIN DEJAR RASTRO, ÚNICO TESTIGO ES NIÑO DE NUEVE AÑOS QUE SEGÚN DICE SU ABUELO HABÍA MUERTO ANTES DE DESAPARECER.

La gente estaba fascinada, pero poco a poco la leyenda murió. Han sido ya veinte años desde que mi abuelo fue llevado a la inmensidad, ahora creo que hay mundos allá afuera, del otro lado. Creo en el cielo y el infierno. Deseo que cielo sea real, tan real como ese mundo seco y cruel. Si el cielo existe entonces mi abuelo, el hombre dulce y alegre, está ahí y lo que ellos se llevaron fue sólo su cuerpo, alimento para Ellos. Eso me ayuda un poco.
Pero ¿y si el cielo no existe?, bueno pues, entonces creo el infierno que nosotros imaginamos no es ni siquiera el peor de los lugares a los que podemos ir después de la muerte.

 

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