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7 min
La Invasión de los Gays Inducidos
Reflexiones |
30.06.15
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Sinopsis

Aprovechando estos días rescato un artículo de mi blog.

 Ser gay está de moda; no es ninguna novedad. Muchos achacan esto a que hoy día es más fácil destaparse por el aumento de personas que han salido del armario. Gracias a los medios, la imparable sociedad que avanza y aprende, o la comunidad definida y unida de miembros que sigue aumentando, uno puede sincerarse y decir abiertamente que le gustan personas de su mismo sexo. Insisto: no es ninguna novedad.

Mi preocupación surge a partir de afirmaciones que he llegado a presenciar hasta en televisión, sin saber siquiera si estaba preparado de antemano, confirmando terrible al comprobarlo en más medios y confesiones en redes sociales. A lo que me refiero son a afirmaciones como “Soy gay porque todos mis amigos lo son...” o “Simplemente decidí probar porque me lo recomendaron y ahí me quedé”. Espera, espera, aquí algo no cuadra, por lo que no he podido evitar involucrarme y sincerarme ante un tema del que me mantenía al margen.
Antes de continuar aclararé que hablo desde cierta experiencia. Me considero bisexual y a mí nadie me dijo que lo tuviera que ser, simplemente lo soy y no le doy más importancia. Es sólo que para mí resultaría demasiado extraño hacerme de repente heterosexual por el hecho de que todos mis amigos lo son.


El problema surge cuando uno “se convierte en gay”. ¿Cómo se hace eso? Qué facilidad eso de cambiar la orientación de la noche a la mañana con un simple chasquido de dedos... o debería decir de falta de personalidad. Disculpad a quienes se hayan sentido ofendidos, pero el ser gay porque los demás lo sean, porque está de moda o porque tu cantante favorito lo es, me parece una falta de identidad o, sobre todo, de integración hacia algo que realmente no merece tanto. Y es que me temo que la orientación sexual está sobrevalorada, llegando al punto de considerarse una etiqueta o tribu urbana más de tantas, a lo que probablemente se sumen las gafas de pasta para acompañar "al amor incomprendido". Que esa es otra, muchas veces se cree incomprendido y es más imaginación y suposición que otra cosa.
Ojo, el problema también lo tiene quien tenga prejuicios al descubrir que alguien es gay, que igual de terrible es alguien que define a una persona por éste simple aspecto de tantos. El problema aquí es definir hasta el extremo de cambiar la conducta, ya sea propia o ajena.

Para resumir como lo veo, muchos dicen ser gays para llamar la atención, una de tantas formas de las posibles cuando alguien inseguro necesita sentirse el centro por una vez. Disimula, interpreta un poco y no hace falta más para que la gente se lo crea. Esto puede ayudar a crear una imagen de “guay”, ya que hay personas que incluso presumen de ser o tener amigos gays; cuantos más, mejor. Otros lo hacen por integración que, como bien ya se ha dicho, de las más tristes, y unos últimos por experimentar, que normalmente salen corriendo al comprobar que no es lo suyo (o quizás por ver lo ridículo que puede llegar a ser el asunto). No es por faltar, pero aun siendo como soy, no me he sentido más fuera de lugar que en una zona de ambiente, ironía que da entre que pensar y reír.
Es que al final los que son gays de verdad se cuentan con los dedos, eso si fuera posible diferenciarlos de entre tantos sub-tipos que han surgido (que encima seguramente son sub-tipos de heteros. A saber).


Lo que voy a confesar a continuación sí que me parece más difícil de comentar que el decir que soy bi, porque ya veis que lo he dicho enseguida y, hasta el día de hoy, me da igual que se sepa o no. Pero afirmar que en ocasiones me siento homófobo ya me parece un colmo bastante serio. No sé si es porque me he visto forzado o porque no me gustan las tonterías, pero es así como me siento y no se puede negar. A estas alturas ya no me importa asegurar que me avergüenzan los gays disfrazados de payasos que muchas veces se destapan sin sentido del ridículo por televisión o por donde sea. Que me da rabia que amar a un igual sea “cool” y encima se siga el juego entre fachadas. Por no hablar de los productos gays que se venden a costa de todo esto, porque, que yo sepa, no hace falta una taza, pin o gorra con arco-iris para saber quién me gusta y me deja de gustar.

En general todo esto se aprovecha para sacar un beneficio, porque espabilados los hay en todos lados, siendo al final las víctimas esta agrupación que sigue pidiendo derechos en una sociedad donde han acabado siendo, desde hace tiempo, un grupo más, con resultados de quedar bastante normalizados. Así que invito a dejar las armas por una guerra que ya terminó y que quizás no fue tanto como todos aseguran recordar.
Si hubiese que rebuscar y encontrar un lado bueno a todo esto, es que al menos ya no son sinónimos homosexualidad con palabras como “sida”. Al menos esa época oscura ya ha pasado y se ha demostrado que la enfermedad poco tiene que ver con el mundillo, o tiene tanto que ver como cualquier otro. El tema del maricón enfermo parece por fortuna ya erradicado, pues en ningún medio se nombra ya, cuando antes era, por desgracia, la moda relacionada.

Siempre he entendido eso de “si quieres acabar con algo, conviértelo en moda”, y cuan reales son estas palabras cuando uno sólo tiene que mirar por alguna página, foro del tema o revista en general: por doquier se ve la misma etiqueta e imagen a representar, y creo yo que no todos los gays les gustará definirse con aspectos como calzones mega cortos o símbolos-ano, no creo que sea del agrado de todos. Es tan sencillo de comprender como que, en lugar del arco-iris, hubiese sido una berenjena el símbolo de la libertad sexual entre mismo género. Así de estúpida me parece la imagen impregnada por doquier como para haber escogido una berenjena, que a fin de cuentas puede llegar a representar lo mismo si se le echa imaginación y dinero, mucho dinero. Insisto en que al final los beneficios de todo esto no se lo llevan los gays precisamente...

 

En fin, que se ve que estoy fuera de lugar o de tiempo, pero reventaba si no lo soltaba por algún lado. Me hago viejo; o a saber, pero si algo no nos parece bien hay que decirlo, ¿no? Al igual que si nos gusta alguien, sea o no sea del mismo género.

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