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7 min
El Terror en el Hotel "Smith"
Terror |
11.10.16
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Sinopsis

Un psicópata aterroriza a un hotel y nadie saldrá con vida. Hasta ahora.

Transcurrían las 11 de la noche cuando me propuse a ir a comer al hotel “Smith”. Parecía muy distinto a los demás (aclarando que tenía un ambiente acogedor y muy “pulcro”), miré alrededor y las mesas estaban vacías, o al menos, solo había una con un mantel rojizo. Los demás manteles tenían un color blanco con pañuelos de color rojo.

Decidí sentarme en la mesa de mantel rojo, observé que un hombre, vestido como todo mesero, solo que con unos colores llamativos. El traje era de color negro, y un smoking color rojo:

 

-¿Desea ordenar algo, señor? – me preguntó aquel hombre.

 

-Por favor, sírvame una sopa de fideos – le contesté.

 

-Espere un momento, señor.

 

Aquí todo empieza a tornarse un poco extraño.

 

El mesero se dirigió a la cocina y tardo unos minutos, hasta que escuche la discusión entre el mesero y el chef. Escuché unos machetazos, que mejor opté por ignorar. Leía el periódico. Al poco tiempo después, el chef regresaba con la sopa en su mano y en la otra traía lo que parecía ser el menú (pero en esta ocasión su indumentaria había cambiado a un traje color negro y una camisa blanca).

 

-Disculpe la tardanza señor, no tenemos mucho personal disponible hoy.

-No se preocupe.

 

El chef dejó en la mesa la sopa con un trapo encima, dejándome el menú a lado de la misma. Al terminar de leer el periódico (que, en verdad, lo encontré bajo la mesa), tomé mi cuchara y destapé la sopa. Lo que siguió después era imposible de describir.

La sopa era compuesta por sangre y unos dedos humanos… y, para terminar, mi café también tenía sangre y un ojo al fondo de la taza. Me quedé paralizado unos segundos, tomé aire y me levanté de la mesa, y, muy cautelosamente, intenté salir del hotel. Ya no oía ruidos de la cocina, y cuando llegué a la puerta, esta estaba con candado.

De repente, desde la cocina percibí unos ruidos de machetazos, una mezcla de alaridos y gritos muy fuertes.

 

-Concéntrate, Michael – me dije mientras arrugaba mi periódico entre mis manos.

 

Caminé muy lentamente hacía la cocina y a través de las mirillas de la puerta miré… era lo más mórbido y enfermizo que había visto en mi vida.

 

Un hombre alto (de entre dos a dos metros y medio de altura) y vestido de chef, tenía en sus manos una motosierra, la cual soltó un momento, para solo levantar el cadáver del chef y ponerlo sobre la mesa. Comenzó a cercenarlo y cortarlo, pieza por pieza: las manos, los brazos, los pies, las piernas y, por último, la cabeza. La escena era tan brutal, que me dieron ganas de vomitar.

 

Impedí hacer demasiado ruido, al observar con detalle, el asesino, utilizando un cuchillo de cocina, le sacaba los ojos a la cabeza del chef , metiendo en las cuencas de los ojos unos gusanos y larvas. Al pasar al torso, comenzó a cortarlo con el mismo cuchillo, terminado esto, metió su mano dentro del estómago y comenzó a sacar los órganos del hombre: estaba conteniéndome lo más que podía. Prosiguió cortando los dedos de los pies y las manos. Finalizada su tarea, comenzó a devorar las sobras del cuerpo.

 

Y si se preguntaban por el mesero, no supe nada de él, pero casi estoy seguro que habrá corrido la misma suerte que el chef…

 

Un ruido me delató: el periódico se me resbalo de las manos. Al volver la mirada a la mirilla, el hombre me miraba fijamente a mí. Tenía una máscara hecha de piel humana, me quedé paralizado de nuevo, sus ojos eran tan penetrantes que de algún modo hicieron que no pudiera reaccionar… él se acercaba lentamente a la puerta.

Cuando pude reaccionar, las puertas de la cocina estaban entre abiertas y no se hallaba nadie. Solo quedaron los charcos de sangre y los pedazos de carne humana. Escuché ruidos atrás de mí, como si alguien estuviera lanzando las mesas, hasta que escuché el ruido de una motosierra.

 

Corrí hasta la puerta trasera, pensando que era la salida a mi pesadilla… y no lo fue. Era la nevera, estaba llena de cuerpos cercenados y pieles humanas colgadas.

-Es un maníaco asesino… es una pesadilla real – me dije muy asustado.

Me oculté dentro de una caja, porque escuché al hombre entrando a la cocina, con su motosierra lista.

Empezó a buscar por todos lados mi presencia, pero no pudo. Decidió salir de nuevo hacia la zona de las mesas, salí de la caja y al asomarme, él estaba justamente parado en la entrada de la cocina, mirándome fijamente.

 

Me desmayé…

 

Al despertar, aparecí en un bosque, muy silencioso y misterioso. Me levanté y caminé unos minutos hasta que encontré una cabaña abandonada. Aquella estaba en mal estado y la puerta estaba abierta… no había un momento tan horripilante y tenebroso que toparse con una cabaña abierta en medio de la nada. Y entonces lo vi, ahí estaba ese hombre. En la mano tenía la motosierra y en la otra la cabeza sin los ojos de un niño. Arrojó la cabeza dentro de la casa y se dispuso a salir a darme la bienvenida. El suicidio ahora era la mejor opción. Cuando el hombre escucho el ruido de una mujer, se quedó quieto y se fue entre los árboles.

 

Lo seguí y llegué a una choza no muy lejana de la anterior cabaña. En la entrada de la misma estaba una anciana con su bastón. Abrazaba al maníaco asesino y escuche lo que decían:

 

-Hijo mío, ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo?

-…

-No te preocupes hijo, sé que has estado haciendo lo correcto, solo que hay alguien que ha venido a visitarnos.

 

Cuando los dos voltearon al arbusto donde me encontraba escondido, corrí todo lo que pude hasta que una flecha impacto en mi espalda. Me derribo y quede a la merced del hombre. Escuche la motosierra acercándose, me arrastre, pero fue inútil. El loco puso su pie en mi espalda y con la motosierra me corto las manos. Estaba en graves problemas. Hasta que unas luces se hicieron presentes: era la policía que se había enterado de los asesinatos del Hotel y descubrieron el paradero del asesino. Lo último que escuché fueron disparos y gritos de horror.

Desperté y miré que los árboles estaban llenos de sangre y cuerpos mutilados, el cuerpo de la anciana estaba tirado con una marca de bala en la cabeza y en el estómago. Mientras que el hombre loco estaba acostado delante de ella. Mis ojos se volvían a cerrar y observé el movimiento de su mano.

Me encuentro en un Hospital recuperándome de mis “amputaciones”. El terror que aquello me ocasionó había dejado un impacto emocional y físico. Pero aún tengo algo claro: lo volveré a ver otra vez. Su cuerpo en la escena del crimen desapareció.

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