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10 min
La mala fortuna de Catherine
Terror |
16.11.14
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Sinopsis

Catherine, era hermosa. Catherine era ambiciosa. Así que cuando su esposo desaparece y es dado por "muerto", ella sabe que todo estará bien. Pero como en cualquier historia de horror (las cuales ella detestaba) todo empezó a irse al diablo.

Ya había pasado un mes desde la desaparición de su marido.

Las noticias no eran alentadoras, la mayoría (lo dijeran o no) sabían que él estaba muerto.

Catherine lo sabía, después de todo ella lo había arreglado...

Desde el primer día todos los vieron como una mala combinación, Manuel era un hombre en sus 40, algo subido de peso, y bastante reconocido en el mundo de los abogados.

Catherine era una bella mujer a sus 26 años, su único título era el de una secretaria, una profesión que ella jamás había ejercido.

Pero ella era paciente, mucho. También era ambiciosa. Demasiado.

Cinco años pasaron juntos, nada de escándalos, ningún problema, ella era la ama de casa adecuada, aún cuando siempre había tenido muchos pretendientes ella siempre se mantuvo al lado de Manuel. Tan bella y tan leal.

Su matrimonio no era perfecto, pero simplemente funcionaba para ambos, ella le daba sexo y él le daba dinero. Pero ella quería más.

Ella quería todo.

Ella y su discreto amante Sam habían planeado todo, contratarían a un matón para llevarlo lejos y matarlo, nadie sospecharía, un abogado tan exitoso como Manuel tenía muchos enemigos.

Catherine no había querido saber los detalles, ella detestaba todo lo sangriento, sólo quería saber que él no volvería, y que nadie lo encontraría.

Así pues todo se planeó y todo se ejecutó. Nadie hizo preguntas extrañas, nadie sospechó.

Todos querían limpiar las lágrimas del bello rostro de Catherine, todos querían hacerle saber que ella saldría adelante. Después de todo Manuel había dejado todo a su nombre.

Sólo era cuestión de tiempo para que lo declararan oficialmente muerto, y el abogado diera paso a la lectura del testamento. Sólo debían esperar un poco mas.

Eso estaba bien para ella...y para Sam...

*****

Todo había estado bien por un mes.

Hasta que el teléfono sonó.

Eran las 2:14 de la madrugada, Catherine lo recordaba bien.

Su celular vibraba en la mesa de noche, aturdida en medio de su sueño, lo tomó y vio que era un número desconocido. Ella no tenía familiares cercanos y casi nadie tenía su número privado, sólo Sam y Manuel.

Pensar en Manuel le dio escalofríos, tal vez era Sam, tal vez eran malas noticias, tal vez los habían delatado, tal vez-

-Aló -dijo Catherine con una voz desquebrajada.

Al principio solo hubo estática.

-Aló, me escucha.

Ella iba a colgar la llamada, cuando finalmente hablaron:

-Ca-Ca-Ca...

La voz era extraña, era como si alguien que acaba de tener un horrible ataque de tos intentara hablar. Era como si alguien del más allá intentara-

(Shhhh) se dijo Catherine a sí misma.

-Catherine, ayúdame -dijo el hombre.

Catherine se quedó helada, había sido él, pero no era cierto, él estaba-

-Catherine, soy yo, Manuel, no sé dónde estoy, no sé-

Catherine aventó el celular, no se rompió, pero la batería salió volando por un lado.

****

 

La mañana suele ser la mejor cura para una noche llena de pesadillas, pero Catherine yacía fría en su cama, que ahora lucía el doble de grande, sus ojos observaban los rincones de la habitación, retratos de ella y su esposo, trajes y más trajes, ella no los había quitado, no aún.

Pero ella quería quemarlo todo ahora.

Se sentó al borde de la cama, el celular estaba en el suelo.

Lo tomó y colocó la batería.

Pensó en ver el número de la última llamada. Pero no lo hizo. Ella no sólo detestaba todo lo sangriento, ella también aborrecía todo lo relacionado con fantasmas.

(No fue lo que crees, algo salió mal con el plan, debes hablar con aquel tipo)

Pero en el fondo ella sabía que era algo más. Algo sangriento y espantoso.

La vida puede ser muy irónica.

****

Ella y Sam buscaron a aquel matón todo el día, él no apareció por ningún lado.

Eso los hizo temblar..

¿Y si Manuel le ofreció mas dinero para dejarlo vivir?

¿Y si él creyó que lo había matado y sólo lo dejó muy malherido?

(¿Y si Manuel ha vuelto de la muerte para vengarse de nosotros?) eso Catherine no lo dijo, pero por la mirada de Sam, era casi posible que él pensara lo mismo.

***

 

El día había sido horrible, aquel tipo se había esfumado, ella y Sam habían peleado y la sensación de que algo había salido terriblemente mal seguía rondando su cabeza.

El reloj marcando las 2:14 había parpadeado ante sus ojos todo el día.

Ella quería llegar a casa y dormir, pero no en su habitación, ella dormiría en la sala, con las luces encendidas.

Pero al llegar a casa, se dio cuenta que las luces ya estaban encendidas, también escuchó que la televisión en el cuarto de arriba transmitía las noticias.

Catherine subió las escaleras, había pensado en tomar uno de los cuchillos de la cocina, por si acaso. Pero no lo hizo.

(NO HAY NADA AQUÍ CATHERINE, NO HAY NADA NO HAY NADA NO HAY NADA NO-)

Pero si había algo, cuando Catherine abrió la puerta de su habitación encontró a su esposo.

Manuel estaba sentado en el borde de la cama viendo televisión como si nada.

Catherine no estaba aterrada, es más, no podía sentir nada, después de todo, él era su esposo, el hombre con el que ella había pasado cinco años de su vida.

Es Manuel, gran cosa, sólo está viendo la televisión sentado al borde de la cama, como siempre, es Manuel, tu esposo.

(¿GRAN COSA?, ¡LA MITAD DE SU CARA NO ESTÁ!)

-Hola Catherine -dijo Manuel con aquella horrible voz, era difícil hablar cuando tienes un agujero en la garganta.

Catherine no podía pensar en nada, sólo podía ver, y lo que veía era irreal.

Manuel vestía el mismo traje azul, ahora desgarrado y lodoso, algo verde y blanco cubría una de las mangas, su cabello era fino y marañado, ah si, y por cierto, la mitad derecha de su cara se había ido.

El cráneo de Manuel sobresalía entre los trozos de piel y carne que aún quedaban colgando del otro lado de su cara.

Su ojo derecho ahora era una masa blanca y roja que escurría de la cuenca (nunca tuviste muy buena vista que digamos querido)

Sus dientes aún se veían, ahora formaban una enorme sonrisa burlona, los tendónes tenían un color azulado, algo negro se movía entre ellos (gusanos gusanos GUSANOS), no eran gusanos, aunque sí habían algunos saliendo de sus orejas y su nariz torcida, probablemente alimentándose de su sesos. Aquello negro y podrido era su lengua.

Catherine empezó a caminar hacia atrás (no no no no)

-Mi vida, mi amor, aquí estoy -Manuel se levantó lentamente, como alguien que ha salido de una cirugía (o alguien que ha estado pudriéndose en el lodo por un mes)

-No, no yo yo tu tu tu

-Oh amor, yo te perdono, siempre lo hice, siempre lo haré. Juntos para siempre no es así.

Manuel caminaba arrastrando el pie que estaba completamente girado hacia atrás, ya no tenía zapatos, así que era fácil ver como los tendones se habían reventado dejando visibles los huesos astillados, (debió haberse quebrado en la caída.)

Levantó los brazos como para abrazarla, dos dedos faltaban, el dedo anular seguía ahí, el anillo de matrimonio brillaba como si lo hubieran pulido.

-No te vayas mi amor, me costó mucho volver, de no haber sido por-

Manuel agachó la cabeza poniendo sus manos en el agujero en su garganta como alguien que intenta contener el vómito.

Algo brotaba de aquel negro agujero, algo como agua pero amarillento, Catherine no sabía lo que era, al fin y al cabo ella no era doctora. (OH DIOS OH DIOS OH DIOS)

Catherine dio un mal paso y se fue de espalda, pero algo la detuvo, alguien.

(OH SAM, GRACIAS A DIOS QUE ESTÁS AQUÍ OH SAM, MI AMOR MI-)

No era Sam, era aquel tipo (¿cuál era su nombre?) oh no importa, era sólo un matón.

-Un momento -dijo Manuel mientras aún seguía limpiando la porquería que salía de su garganta.

-No hay prisa -dijo aquel tipo.

-Hola Catherine -exclamó sonriente.

Catherine estaba en sus brazos, como una dama en apuros, y bueno, ella estaba en apuros.

-Tu, ¡que haces aquí! -era algo estúpido de decir basado en su situación, pero ¿que situación era esa?

Ella vio la sonrisa de aquel hombre, sus dientes eran muy blancos, demasiado tal vez, también eran muchos, era como ver la boca de un tiburón, hilera tras hilera de dientes.

(OH SAM OH SAM OH SAM)

-Oh que bien, veo que aún conservas tu anillo querida -dijo el matón, mientras su aliento, que era de alguna forma "viejo", soplaba en sus ojos.

Catherine volteó y Manuel estaba a su lado, la mitad izquierda de su pálida cara de alguna forma era peor que la sangrienta y mutilada mitad derecha, era el recordatorio de que era Manuel, y Manuel estaba muerto.

-Te besaría, pero creo que mi estómago ya no es bueno conteniendo la comida así que mi aliento no huele muy bien -Manuel dijo eso con un tono increíblemente bromista, era como si ver a la comida digerida escurriendo fuera de tu garganta fuera lo más común del mundo, pero que sabía Manuel, él era abogado no doctor.

Con eso dicho, la cabeza de Catherine se partió, no literalmente, sólo su mente, además ella nunca la había usado muy bien que digamos..

.

 ****

 

Los ronquidos la despertaron, en esos casos ella volteaba a Manuel y éste se callaba, pero cuando Catherine intentó moverlo, se dió cuenta de que ella misma no podía moverse.

Todo estaba oscuro, y muy apretado.

El espacio era demasiado estrecho como para que ella pudiera levantar siquiera una mano.

Pero había algo peor que los ronquidos de Manuel, era el hecho de que él apestaba.

-Oh Dioooos, dónde-dónde ¡AYUDAAA! -no hubo eco, su voz se quedó rebotando en ese maldito y estrecho lugar, el aire era pesado y el olor era horrible, al fin y al cabo no hay ducha o jabón que pueda limpiar la putrefacción de la carne.

Catherine empezó a agitarse violentamente, su cabeza topaba con algo, ¿una pared?, no, era madera, ¿roble?, (¡QUE IMPORTA!)

Catherine empezó a llorar, lágrimas tan puras y espesas.

Ya no habría nadie que le limpiara las lágrimas, sólo estaba su marido. Sólo estaban ellos dos.

Algo se arrastraba por su mejilla, algo pequeño y baboso.

Uno de los amigos de su esposo ahora la buscaban a ella, pero ella no les serviría de alimento, no aún.

Eso la hizo gritar otra vez.

-Shhh, querida, duerme duerme, sólo eso nos queda...

Catherine no dijo nada, el aliento rancio de Manuel no la dejó.

Se recostó a su lado, no había más espacio de todas formas, y cerró los ojos.

-Te amo Catherine -dijo Manuel en medio de aquella espesa y eterna oscuridad.

Catherine no respondió, ella no lo amaba, ella amaba a Sam, ella amaba el dinero.

Y bueno, estando enterrada quién sabe donde con el cadáver de su esposo pudriéndose a su lado, ella no tendría ninguna de las dos cosas.

Ella no tendría nada.

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