cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

2 min
la maquina
Amor |
05.08.15
  • 5
  • 1
  • 323
Sinopsis

Abrió el armario, se dispuso a desmembrar aquel objeto/ser que le permitiría alcanzar sus metas, cumplir sus anhelos, ser feliz después de tanto dolor y sufrimiento. Mientras quitaba, una a una las piezas de si inusual celestina. Volvió al trance infinitesimal que significa la razón.

El estruendo de un cielo inmisericorde proclamando su grandeza lo saco súbitamente del estado soporífero de sus cavilaciones.

Tenía que actuar. Ahora, o todo se vendría abajo.

Aun con las manos vacilantes se apresto a eliminar los signos de la escena que acababa de protagonizar. Limpio con el rigor que se deriva de la impaciencia las muchas gotas de sangre que desafiantes contrastaban con el blanco inmaculado del piso hecho de cuadriculas de  baldosín.

Hizo acopio de sus fuerzas,  volvió a poner a su esposa en la cama, puso rápidamente las cobijas, y acomodo cuidadosamente su cabeza sobre un jardín de almohadas con fundas de seda y encaje.

Volvió sobre sus pasos hasta  el rincón de la habitación donde aún se encontraba el último objeto que  podía incriminarlo.

Abrió el armario,  se dispuso a desmembrar aquel objeto/ser que le permitiría alcanzar sus metas, cumplir sus anhelos, ser feliz después de tanto dolor y sufrimiento.

Mientras quitaba, una a una las piezas de si inusual celestina. Volvió al trance infinitesimal que significa la razón.

No estaba dispuesto a verse disminuido, diezmado, coartado, partido a la mitad. Sabía que la causa de su pena estaba indisolublemente ligada a esa figura que acababa de depositar en el lecho. Sabía que tenía que realizar el esfuerzo supremo. Volver a estar completo. A ser feliz. A potenciarse como no lo había logrado ningún otro sobre este planeta.

Recogió las bolsas de suero y otros  fluidos  y termino de desarmar la estructura.

Cuando empezaba a poner las partes de su artefacto de felicidad  en el interior del gran armario,  la puerta de aquel recinto se abrió y una voz familiar se dirigió a el.

Papi, aunque este lloviendo, es sábado y vine a visitarte.

Me dijeron que todavía juegas a resucitar a mami? 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Qué macabro e inesperado...
  • Abrió el armario, se dispuso a desmembrar aquel objeto/ser que le permitiría alcanzar sus metas, cumplir sus anhelos, ser feliz después de tanto dolor y sufrimiento. Mientras quitaba, una a una las piezas de si inusual celestina. Volvió al trance infinitesimal que significa la razón.

    Armando Pérez, contemplo los últimos estertores del inmenso animal con una satisfacción que se apodero de todo su ser fundiéndose y eclipsando el pasmoso sentimiento de terror que infringía la cercanía de la poderosa bestia. Con pasmosa tranquilidad extrajo su machete del cual escurrían gotas del fluido denso y carmesí que animaba hasta hace pocos minutos al máximo depredador de la sabana y la selva, con un rápido movimiento empapo todo su ser con el elixir de la vida de su poderoso oponente para emitir un poderoso grito que se esparció por el morichal, por la sabana, por el mundo.

    En ese momento, recordó el instante exacto en que sus sueños y esperanzas de infante dieron paso a la historia de su vida, al destino de sus esfuerzos. Se vio a si mismo transformando todo aquello que le resultaba familiar, modificando su vida, la de sus vecinos, la de su vereda, la de su municipio, la de su región. Se vio a si mismo creando un nuevo mundo para si mismo y para sus hijos, se vio construyendo los sueños de su hijo, tal y como su padre los había construido para el.

    Con los ojos fijos en el gatillo que sostenía su nieto, Arturo Pérez contenía el aliento mientras esperaba el final que el mismo había escrito casi cincuenta años atrás. Contemplaba el semblante del hijo de su hijo con una mezcla de orgullo y de terror, comprendía claramente que cada uno de sus actos lo había conducido a este instante que percibía como una pequeña eternidad.

    Santiago Garzón amaba a Fidedigna con la fuerza del Rió Negro en el invierno, con la ternura y delicadeza del roció de las flores en las montañas de la cordillera, con la inmensidad de la llanura oceánica que se extendía hasta el infinito en el oriente, su amor era sublime, como las cumbres inalcanzables a cuyos pies se levantaban Guayabetal y Quetame.

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta