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6 min
La metamorfosis
Suspense |
08.02.14
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Sinopsis

Al morir Julia asesinada, impulsado por el deseo de venganza, Oscar cambía radicalmente: se convierte en otra persona.

Las lágrimas amargas caían por las mejillas de Oscar, como un pequeño riachuelo que nunca desaparecería. Sobrecogido se colocó de rodillas mientras Julia con los brazos en cruz y con la mirada perdida intentaba respirar, con enorme esfuerzo. La afilada punta de la cuchilla la había atravesado sin remedio a la altura del corazón y perforado algún punto vital por lo que la vida se le escapaba rápidamente a una velocidad vertiginosa. El encapuchado, con manos firmes pero confuso ,sujetaba el mango del arma blanca, la cual, en ese momento, estaba a punto de segar la vida de una joven inocente, un daño colateral, innecesario. Sin embargo ella se había interpuesto en la trayectoria del arma y lo que simplemente era un cuchillazo con el fin de inmovilizar a su presa se había convertido en un apuñalamiento mortal a la persona equivocada. No lo sentía ni lo más mínimo pero en el fondo odiaba fallar y aquel error seguramente le costaría muy caro dado que “ ellos” querían a Julia con vida. Ya no había vuelta atrás y el daño ya estaba hecho. Apartó la mirada del pecho de la joven del que emanaba sangre en abundancia y vio que su propia túnica estaba manchada de rojo, un rojo escarlata muy bello. No quería que la muchacha muriera todavía ( no se lo merecía) y aunque solo le otorgara apenas segundos más de vida soltó la daga y dejó que el cuerpo cayera. Él dio un salto hacía atrás y se ocultó detrás de un columna. Escondido entre las sombras quiso dejar que Oscar y Julia se despidieran para siempre.

 

Cuando el asesino se retiró Oscar sujetó el cuerpo de la joven que a penas tenía fuerzas para mantener los parpados abiertos. Sus ojos verdes ya no relucían vida, sus cabellos rubios habían dejado de ser del tono dorado del que eran antes y su corazón palpitaba cada vez con menos frecuencia, más débil, un eco en la lejanía... Todavía en ese estado Julia parecía un hermoso ángel, el más bello que pudiera haberse visto jamás y ni siquiera la cercanía de la muerte desharía esa imagen, ni en su rostro ni en su mente. Quería sonreír mas sus ojos expulsaban agua sin remedio y la sonrisa no quería florecer en su rostro. Odiaba que ella le viera llorar, no podía soportarlo. Intentó morderse el labio inferior pero el tacto de Julia le obligó a hacerle pensar que en aquellos instantes ella estaba a su lado y que las lágrimas no importaban, que estaban de más. Emocionado, Oscar, posó su mirada ocre profunda el los ojos de la joven, que sonreía, a pesar de que la vida le estuviera abandonando sin remedio. Él se sentía impotente y ridículo. Mientras ella moría sin que pudiera hacer nada para evitarlo él era incapaz de sonreír y regalar a su compañera un momento de felicidad, aunque estuviera teñido por el dolor y la amargura. Sin embargo, Julia sonreía, enseñando una hilera de dientes blancos y perfectos, demostrando que no tenía miedo alguno, que no había razón para estar asuatada. Era tan bella y la vez parecía tan frágil en aquel estado... Oscar no puedo contenerse. Con movimientos temblorosos se agachó y posó sus labios en los de la mujer que amaba. Durante un minuto que a ambos se les antojó muy largo, saboreó con dulzura los labios de Julia, unos labios que había querido probar mucho tiempo atrás y no en aquella situación. Fue algo maravilloso, cómo un sueño. Sin embarga, sabía que aquello solo serviría para hacerse daño a si mismo, ya que olvidar le el sabor de los labios de ella le sería demasiado difícil, casi imposible. Antes de separarse, el corazón de Julia se había parado para siempre. El más absoluto silencio lo llenó todo. Oscar sintió cómo el mundo se le venía encima. Sin ella, ya nada tenía sentido. Roto por el dolor, abrazó el cuerpo sin vida de. Se abandono a las lágrimas, agua que moría sin llegar a su destino, agua que perecía antes incluso de formarse en sus ojos...

De pronto, algo nuevo nació en el corazón del joven... algo tan intenso y profundo cómo el mismo amor, cómo el mismo odio y la rabia... ambos sentimientos tan oscuros...Tan humanos... 

Quería matar y quería morir matando... 

Y el cabrón encapuchado que se ocultaba en las sombras, aquel malnacido que no enseñaba su rostro, aquel sucio asesino sería su primera victima, victima de una sed de sangre animal... 

Ya no se reconocía a si mismo... Se sentía más fuerte, inmortal... Capaz de todo... Incluso de devolver la vida...

Pero en aquel momento, su racionalidad estaba agazapada en un rincón, dejando que la bestia lo devorara por dentro... Había vuelto a nacer y volvería a nacer si sentía la misma sensación de libertad cada vez... Qué sensación tan abrumadora. Sentía el deseo y el placer quemando su piel y a la vez la sensación de dolor helándole el pecho... Odiaba y amaba al mismo tiempo... Crecía y menguaba... Moría y nacía...

Ningún humamo era tan poderoso, nadie podía llegar hasta él... Aquella era su verdadera naturaleza, la de un ser capaz de dar vida y arrebatarla, capaz de matarse a si mismo mil veces y resucitar otros mil...

Había muerto y había vuelto a la vida... Ya nada podría detenerle... Ni siquiera "Diós", aunque dudaba que hubiese ninguno... Él era supremo... Él era el diós de todos y de todo... Él era el comienzo y el final... Él.

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