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2 min
La miliciana morena
Amor |
09.08.15
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Sinopsis

Bernardo del Carpio Morris, a quien el destino hizo vivir en una época crucial de la historia contemporánea.

Si yo tuviera mi ron y un ramito yerbabuena,

un mojito le hacía yo a mi miliciana morena.

La yerbabuena la tiene un morito mojamé

que´n la trinchera d´enfrente calienta el agua pa´l  té.

 

( Bernardo del Carpio Morris )


- Como se puede ser comunista y cristiana a la vez ?

- Escúchame, cubano, le contestó ella mientras volvía a meter el cerrojo limpio de grasa en el mosquetón que sostenía sobre sus rodillas. Escúchame bien y te explicaré lo que para mí es el socialismo. Socialismo es poder hacer tres comidas decentes al día. Socialismo es no tener que ver más a tu padre quitarse la gorra delante del señorito, ni a tu madre teniendo que desollar y guisar deprisa un par de conejos cada vez que éste y sus amigotes vienen por la finca de cacería. Es ver a tu hermanita ir todos los días a la escuela, en vez de agachada cagando descalza entre las chumberas. Es poder lavarte entera de una vez y no solamente el culo en una palangana.

 Todo eso, prosiguió. Todo eso es lo que deseo y por lo que lucho. Y lo quiero aprisa, ahora mismo. Por eso es por lo que me afilié al partido comunista.


Bernardo miró sonriendo el rostro, vuelto ahora muy serio, de ella.

- Anda, te invito a comer a la fonda de los arrieros. Hoy han hecho calderada de habas.

- De acuerdo, respondió ella. Aunque mi padre siempre anda diciendo que las habas empiezan siendo comida de señoritos y acaban siendo comida de marranos. También suele decir, añadió riendo, que un señorito es un cerdo, pero que tres señoritos ya necesitan de un porquero.

Él detuvo su mirada en los ojos marrones, ahora sonrientes de ella, y ya no le hizo falta escuchar retumbes  de tambor en su pecho ni ver luces de colores para entender que se estaba enamorando de ella, perdidamente. Desde hacía ya largo rato.

 

 

 

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