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8 min
La mirada de los mundos. Paula (Capítulo 4)
Ciencia Ficción |
11.05.15
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Sinopsis

El color de los ojos es algo que siempre le ha llamado la atención a Ione hasta tal punto de inventarse una realidad paralela. O eso creía...

El estridente y molesto despertador está sonando. ¿Ya es hora de levantarse? Pffffff que pocas ganas... Ojalá fuese sábado o viernes. Peeeeero no, es miércoles. Los odio profundamente. Sobretodo porque tengo filosofía a primera hora... es duro estar en segundo de bachillerato. La gente no hace otra cosa que presionarte con que si tienes que estudiar que la media cuenta para la PAU, que si tienes que centrarte y hacer tal, tal y tal... Y encima está Pablo.

Esta noche apenas he podido dormir por culpa de su maldita pregunta. "¿Qué pasaría si tu historia fuese cierta?" ¿Cómo narices ha escuchado mi historia? Si sólo se la he contado a Lara y una o dos horas antes de que entrase él a clase además.

De verdad... le estoy dando demasiadas vueltas. A lo mejor ella se la estaba contado a alguien cuando él entró a clase y lo escuchó de refilón... Si. Tiene que haber sido eso.

Cierro los ojos para calmarme hasta que mi padre me llama gritando.

- ¡Ione!, ¡¿Piensas levantarte algún día?!

- ¡Ya voy, ya voy!

Miro el reloj y me doy cuenta de que ya es casi la hora. Me he vuelto a quedar dormida. Típico en mi. Mi hermana ya está lista para ir a clase cuando voy a la cocina a desayunar así que me doy prisa en acabar de prepararme.

Una vez en el coche, salimos volando. Un poco más tarde e iríamos mal de tiempo.

...

No...

No puede ser...

Mi parche... Me he dejado mi parche... Con las prisas se me ha olvidado ponérmelo...

- ¡¡Papá para!!- Grito alarmada - ¡Tengo que volver a casa!¡Me he olvidado de mi parche!

El coche para en seco, no porque mi padre sepa lo de mi ojo, que no lo sabe, sino por el susto del grito que he dado. Nadie sabe mi secreto. Mis padres nunca le han prestado atención a mis ojos, pero respetan mi "costumbre" de llevar un ojo tapado.

Bajo del coche rápidamente mientras le digo que puede ir llevando a mi hermana a clase, si voy corriendo llegaré a tiempo a la mía.

En apenas 5 minutos ya estoy saliendo de casa a toda velocidad con el parche sobre mi ojo.

3 minutos después me quedo congelada en mi carrera. Una moto ha parado en el paso de cebra por el que iba a cruzar. Consigo distinguir unos preciosos ojos morados a través del casco. Es Pablo. Y lleva otro casco en su mano. Con un movimiento de cabeza me ofrece subir. Acepto. No debería. Pero acepto. O me lleva o llego tarde y no es plan de hacer esperar a la profesora de filosofía.

Una vez en la moto me pongo el casco que me deja y salimos hacia el instituto. Ya es casualidad que tuviese otro casc... Un momento... ¿Por qué tenía dos cascos? Y lo más importante, ¿cómo sabía que iba a pasar por ahí? Otra vez me empieza a dar miedo este chico... ¿Me espía o algo? Esto es demasiado raro...

Por fin llegamos a clase. Por los pelos. Justo suena el timbre cuando entramos por la puerta.

Seis clases y un recreo más tarde suena el último timbre y salimos en avalancha. Adiós clases, hola tarde de estudio de filosofía. Hace una gracia tener recuperación de filo... Encima es pasado mañana... Pero lo llevo bien. He estado estudiando mucho y sé que voy a conseguirlo. Llevamos tan poco de curso y lo empiezo con la recuperación del último trimestre del año pasado. Ya me vale. Pero qué le voy a hacer. Eso me pasa por no aplicarme en los estudios. Aunque este año va a ser diferente. Lo presiento.

///Por la tarde en casa...///

Menos mal que la mayoría de las tardes tengo la casa para mí sola y tengo toda la tranquilidad que quiero. Mi hermana se pasa los días enteros en el conservatorio estudiando piano y mis padres trabajan durante todo el día. He de reconocer que no me molesta, me gusta estar sola. Sólo hay una compañía sin la cual me sentiría completamente vacía y que por suerte sé que en todo momento está a mi lado aunque no siempre presente. Paula. Mi mejor amiga. La única que de verdad me conoce tal y como soy. La única que conoce el secreto de mi ojo. La única en quien confío plenamente aparte de Alex, aunque para él mi ojo es un completo misterio.

En fin... a ver si puedo concentrarme y recordar todo lo que he estudiado.

///Ya el viernes, el día de la recuperación...///

Creo que el pecho va a explotarme. Siempre me pongo muy nerviosa antes de un examen, sobre todo si es una recuperación, pero cada vez mis nervios son peores... Bueno... Valor y al toro. Todo saldrá bien.

///Miércoles de la semana siguiente.///

Vale, ya estamos con los nervios otra vez... En serio, un día me va a dar un ataque al corazón.

- ¡¡Por favor daros prisa que tengo filo a primera y me va a dar la nota de la recuperación!!- Mis nervios van creciendo exponencialmente.

Vamos muy bien de tiempo esta vez, pero quiero estar allí cuanto antes.

En el camino recuerdo el miércoles pasado cuando Pablo me llevó en su moto a clase. No hemos hablado desde el día en el que le conocí, pero él si que habla con el resto de la clase. Por lo que veo le cae muy bien a la gente fácilmente. Se junta con el resto de chicos como si se conociesen de toda la vida.

El coche para, le doy un beso de despedida a mi padre, me desea mucha suerte y me dirijo al interior del edificio gris que es mi instituto.

RRRRRRIIIINNNNGGGGGG

No recordaba que sonase tan alto... Uffffff serán los nervios que me vuelven sensible. Las mariposas de mi tripa han tenido que evolucionar a algo más grande que empuja a mi corazón hacia fuera.

Entramos y nos sentamos como siempre. La profesora se sienta seria en la mesa del profesor. El dolor de pecho aumenta.

- Ione. 2'1.

...

Listo. Mi pecho ha explotado.

Me levanto temblando y me dirijo lentamente hacia ella. Me da el examen y lo miro como si no lo reconociese. El mundo se ha desvanecido. Mientras vuelvo a mi sitio tengo la sensación de que todo el mundo me mira mientras la profesora comienza a explicar. Pero no me importa. Todo mi cuerpo se concentra en no llorar y en ignorar el dolor que siento. No me lo explico...

Tras mirar el examen un rato sin poder ver mis fallos se lo devuelvo. No voy a aguantar mucho sin llorar... pero no lo haré delante de ella. En mi mente sólo hay una idea. La manera de olvidarme de lo que acaba de pasar. La manera más rápida de desahogarme.

Las clases pasan muy lentamente y mis amigas comprenden mi silencio. Saben que si empiezo a hablar me pondré a llorar y montaría un espectáculo. Intentan distraerme pero en mi cabeza sigo teniendo el plan que realizaré al llegar a casa.

Por fin suena el último timbre y soy la primera en salir. Cojo mis cascos y pongo la música al máximo. A los escasos segundos la quito porque hasta me duele. Ni la música me calma. Camino rápidamente queriendo llegar a mi casa. A mi cocina. Al cajón de los cubiertos para poder tener en mi mano un cuchillo. No es la primera vez que lo hago.

Mi casa se asoma a los pocos metros de doblar la última esquina y corro hacia ella. Corro, corro y corro hasta que llego a la puerta y giro la llave para entrar. Como siempre... está desierta. Dejo el abrigo, la mochila, todo... Me dirijo a la cocina y extiendo mi mano hacia el cajón.

De repente una mano suave como el aire, fresca como la brisa y semitransparente detiene mi brazo.

- Tranquila... - me dice una suave voz- ya estoy aquí.

Mis ojos brillan y ya no puedo evitar llorar mientras la miro.

- Paula... te he echado de menos...

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