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17 min
La mirada vacía 7 de 7
Suspense |
18.04.13
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Sinopsis

Pues aquí se acaba la historia. Espero que os haya gustado.

― ¿Pero tú estás bien de la cabeza? ―inquirió Galo, sorprendido.

  Javier le devolvió la documentación relativa a Leonid y Kiril Sigarev.

    ―Las imágenes del satélite no han revelado nada, así que no podemos tener confirmación del paradero de Sasha, lo que la convertirá, casi con total seguridad,  en un daño colateral en la investigación de los hermanos Sigarev. ¿Estoy loco por anteponer su vida a una investigación en curso que no aún no ha dado resultados?

    ―No, pero lo que me propones es ilegal.

    ―No lo discuto, pero está justificado. El daño será mínimo y los beneficios, enormes.

    ―Suponiendo que todo salga bien.

    ―Bueno, si lo vemos factible lo llevamos a cabo y si no nos retiramos. No hay tiempo para prepararlo ―insistió Javier.

    No eran reparos morales los que provocaban las objeciones de Galo, sino la posibilidad de acabar en la cárcel en el caso de que algo fallase. El plan por sí mismo le parecía ingenioso, pero sin tiempo para prepararlo los imprevistos podían ser muchos, y una de las cosas que había aprendido a lo largo de sus años  como policía era la validez de la ley de Murphy. No era posible suprimir el peligro en su oficio, pero cualquier acción necesitaba de una planificación para minimizarlo.

    ―Te ayudaré siempre que dejes a mi criterio la decisión sobre el terreno. Si considero que el riesgo es elevado no haremos nada. ¿De acuerdo?

    ―Tú eres el profesional, estaré a tus órdenes ―concedió Javier―. Que salta la liebre, bien, que no, regresamos sin pieza y esperamos acontecimientos. He pillado cinta adhesiva de la que usa la Carioca en la tienda y una cuerda que guardo de cuando escalaba. Pasamontañas solo tenía uno, así que compré un par de ellos, en tiendas diferentes, por si acaso. Y un portátil de segunda mano.

    ―Yo tengo guantes ―dijo Galo―. Nos falta el cuchillo.

    ―También traje, compré un jamonero que corta como un bisturí.

    ―Pues vamos allá, a ver si hay suerte.

    Apenas habían probado las Guinness. Pagaron y abandonaron la taberna irlandesa.

 

 

    Kiril Sigarev era un hombre de costumbres. Protegido por su hermano Leonid había estudiado derecho, alejado de los delitos de sangre y su actividad en la organización criminal se limitaba al blanqueo de dinero. Leonid lo mantenía alejado del resto de sus hombres porque conocía su carácter, demasiado pusilánime para estar integrado en el clan, pero era un gestor eficaz que compensaba con creces su falta de temperamento.

    No era bebedor, pero le gustaban las mujeres y un par de veces a la semana salía acompañado del abogado Julio Bolaños, que le ayudaba a borrar el rastro del dinero y que por orden de Leonid también le hacía de niñero, y cuando encontraba a una chica de su agrado se la llevaba a un hotel para divertirse. Los días restantes de la semana y tras finalizar la jornada pasaba el tiempo en su chalet de Las Rozas,  viendo películas o trajinándose a María, la chica  a la que había rescatado de la miseria y se ocupaba de las labores de la casa, a la par que le brindaba sus favores sexuales, a cambio de un generoso sueldo gracias al cual había traído a su familia a España y podían vivir con desahogo. Cenaban a las nueve y a las diez dejaba que María fuera a reunirse con los suyos. A las diez y media sacaba a Rasputín, su elegante galgo ruso, a dar un paseo por los alrededores.

    Aquella noche no fue diferente de las otras, llevó al perro hasta el parque y dejó que se desfogara dando unas carreras. No fue diferente hasta que aquellos dos encapuchados salieron de la furgoneta y a punta de pistola le obligaron a introducirse dentro. Apenas reaccionó, todo transcurrió muy deprisa. Mientras le ataban y amordazaban temió por su vida y se orinó en los pantalones del chándal. Cuando estuvo inmovilizado uno de ellos le puso una capucha y le dijo que no se preocupara, que su vida no corría peligro, mientras que el otro pasó a la parte delantera de la furgoneta y arrancó el vehículo. Cuando Rasputín giró la cabeza para buscar a su amo solo encontró la calle vacía y una furgoneta que se alejaba.

 

 

    Antes de bajar a Kiril del vehículo Galo limpió el garaje de cualquier objeto que guardara relación con él, luego  sacó su 407 al exterior. Prepararon una mesa y una silla y sobre la mesa colocó el portátil, que conectó mediante una antena y un programa que evadía el bloqueo a la señal de uno de sus vecinos. Después abrió Skype con una cuenta que creó ex profeso. A continuación bajaron a Kiril y le sentaron en la silla. Javier le quitó la capucha, que no era sino un pasamontañas con la abertura sobre la nuca, mientras que Galo se ocupaba de atarlo a la silla, inmovilizándolo completamente. Tenían preparado un móvil de prepago, pero no hizo falta porque encontraron el de Kiril en el bolsillo de la chaqueta del chándal. Aunque no se distinguían sus rostros gracias a los pasamontañas, habían decidido que fuese Javier el que tratara con Leonid, al fin y al cabo la idea había sido suya, reservándose Galo para el caso de que hiciera falta.

  Javier buscó el número de Leonid, pero no lo encontró.

    ― ¿Cuál es el teléfono de Leonid? ―preguntó a Kiril.

    ―Marca donde pone Leka, es el diminutivo de Leonid. ¿Pero por qué me habéis traído aquí? ¿Qué queréis?

    ― ¡Cállate! ―ordenó Galo.

    Javier marcó el número. A la cuarta señal contestaron.

    ―Dime.

    ― ¿Leonid Sigarev?

    ― ¿Tu quién eres? ¿Dónde está mi hermano?

    ―Le hemos secuestrado, pero está a salvo. Le pongo ―acercó el móvil hasta la oreja de Kiril y le advirtió: ―Ni una palabra en ruso, si quieres conservar la vida.

    ― ¡Leka! ¡Me han secuestrado! ¡No sé dónde estoy!

    Al otro lado se escucharon exclamaciones en ruso, seguramente insultos, luego una pausa y ya más calmado, la pregunta:

    ― ¿Qué es lo que queréis?

    ―Un intercambio, amigo Leka―contestó Javier―. No es nada personal, ni trato de inmiscuirme en tus asuntos. Pero me han contratado para que devuelva con vida a Sasha a su familia. Solo son negocios. En cuanto sepa que se encuentra a salvo liberaré a tu hermano.

    ― ¿Sasha? ¿Qué Sasha? ¡No conozco a ninguna Sasha!

   ―No empieces insultando mi inteligencia, por favor, o todo esto acabará muy mal. Sabes perfectamente quién es, llevas un riñón suyo.

    ― ¿Y a ti quién te ha dicho eso?

    ―Se hacer mi trabajo. Repito, no me interesan tus trapicheos, ni lo que haces, ni lo que has hecho. Mi único objetivo es devolver a Sasha a su familia. No habrá demanda ni denuncia, tú te olvidarás de ella y ella se olvidará de ti.

    ― ¿Y cómo puedo saber que cumplirás tu parte? ―inquirió Leonid.

    ―No puedes, pero si no la sueltas mataré a Kiril. ¿Tienes un ordenador con WebCam por ahí? Quiero que veas a tu hermano, para que sepas que esto no es ningún farol.

    ―Un momento.

  Al otro lado se oyeron pasos, y lo que parecían órdenes en ruso. Javier esperó pacientemente. Junto a él, Kiril sudaba de miedo. Pasados unos minutos se volvió a escuchar la voz de Leonid.

    ―Ya estoy sentado frente al ordenador. ¿Qué quieres que haga?

    ― ¿Tienes Skype?

    ―Sí.

    ―Envía solicitud de admisión para toto33 arroba Hotmail.com. Te o, te o, treinta y tres con número.

    Pasados unos minutos la invitación apareció en el ordenador. Javier aceptó y luego invitó a la WebCam. La imagen de Leonid apareció en la pantalla. Aparentaba unos cincuenta años, las cejas gruesas, el rostro abotargado, la ira asomando por sus ojos grises. Javier se retiró para que pudiera ver a Kiril, fue hasta la furgoneta y volvió con el cuchillo jamonero. Galo se aproximó para inmovilizar la cabeza de Kiril y taparle la boca con cinta. Javier le cortó la oreja derecha sin mediar palabra, mientras Leonid maldecía y gritaba desde el otro lado del móvil.

    Javier se alejó de la cámara y respiró profundamente, asustado por la facilidad con la que había cortado la oreja. No sabía si atribuírselo a la adrenalina o a una faceta suya, desconocida hasta entonces, para lesionar a los demás sin el menor escrúpulo. Una cosa era proyectarlo con Galo frente a dos cervezas y otra llevarlo a cabo. ¿Por qué le había resultado tan fácil? Pero ahora no era el momento, Leonid gritaba desde Marbella. Volvió frente a la WebCam.

    ― ¡Te mataré! ―amenazó Leonid.

    ―Tranquilo ―dijo Javier― Mi compañero la pondrá en hielo, no se ha perdido nada. Podrán volver a injertársela si nos damos prisa con esto. Solo quería que supieses que hablábamos en serio. Apenas le ha dolido, la oreja cuenta con pocas terminaciones nerviosas.

    Pero a Kiril se le saltaban las lágrimas y comenzó a moquear. Había que evitar que se ahogara.

    ―No grites, o te cortaré la otra ―amenazó Javier quitándole la cinta de la boca.

    Kiril aspiró el aire que necesitaban sus pulmones. Galo se aproximó con el botiquín para realizar la cura y Javier se encaró con Leonid.

    ―Ahora escúchame si no quieres que siga cortándole trozos. Vas a soltar a la chica en la puerta de la comisaría más próxima. Ella me llamará para decirme en que comisaría está y luego yo llamaré a esa comisaría para cerciorarme. A continuación soltaré a Kiril y te llamaré para que envíes a su perro guardián a buscarle. Tienes que comprender una cosa, yo soy un profesional, así que no voy a arriesgarme a que aparezcas dentro de una semana y recuperes a la chica, o a que tortures a sus padres para averiguar quien soy. Si algo le ocurre a Sasha, a sus padres, o a mí, incluso si alguno desaparecemos durante un par de días, saldrán de alguna parte tres declaraciones juradas acusándote del secuestro de la chica y de llevar su riñón, incluida la de ella misma. Te estaré vigilando, y si mueves un solo dedo por este asunto te aseguró que la próxima vez no voy a mostrarme tan comprensivo, ni con tu hermano ni contigo. No estas en tu territorio, sino en el mío, y esto son negocios. El padre de la chica conocía a alguien importante y este me contrató. Fin de la historia. ¿Hay algo que no comprendas?

    Leonid contuvo su ira, nadie le había humillado de aquella manera. Deseaba gritar toda su rabia, pero quería demasiado a su hermano pequeño como para arriesgar su vida. Si había llegado tan alto en su negocio no era por dejarse llevar por sus impulsos. Por supuesto que había recurrido a la violencia, y en muchas ocasiones, en su tierra era imprescindible para ganarse el respeto, pero estaba en España para blanquear sus ganancias y no podía dejarse llevar por el deseo de venganza. Los negocios eran lo primero. Además, la chica estaba como ida, la amenazaría con volver a secuestrarla si abría la boca cuando la soltara, con eso sería suficiente. En cuanto al encapuchado, sin duda pertenecía al gremio, lo tendría en cuenta por si alguna vez se cruzaba en su camino y podía tomarse la revancha, pero tampoco era cuestión de buscarlo. Algunas preguntas a los conocidos por si saltaba la liebre, pero nada más. Como el encapuchado había dicho, aquel era su territorio. Si se traía a los muchachos desde Rusia para encontrarlo podía echar a perder el negocio. Notó que ya estaba suficientemente tranquilo como para hablar.

    ―Para mi es personal. Pero no dejaré que afecte a mis negocios―dijo arrastrando las palabras con su acento ruso― Sea como tu dices.

    ―Anota el teléfono donde me tiene que llamar Shasa. Es un prepago de segunda mano, para que no puedan rastrearlo.

  Leonid tomó nota del teléfono. Luego se despidió de Kiril, apagó el Skype  y cortó la comunicación.

 

 

    La voz de Sasha sonó perdida cuando le llamó desde la comisaría de Marbella. Así que después de todo si que estaba en casa de Leonid, pero ya que más daba, los de la UDYCO querían pillarle por lo del blanqueo, para quebrar la red, de manera que todos contentos, los de la brigada tenían a los Sigarev para continuar su investigación y ellos tenían a Sasha. Llamó a Carlos y Eva para comunicarles la buena noticia (¡que gritos de alegría!) y dejó que Galo se entendiera con sus compañeros de la policía malagueña para darles instrucciones. Después montaron a Kiril de nuevo en la furgoneta y le devolvieron la libertad. La furgoneta regresó a casa de Galo para volver a cambiarle las matrículas, y devuelta a continuación a Andrés, que la utilizaba para llevar las herramientas a las ferias donde montaba los stands. Les gruñó por llevarla a su casa a las cuatro de la mañana, pero la noticia de la liberación de Sasha aplacó su mal humor inmediatamente. Aún quedaba por cubrir la segunda parte del plan, pero Javier no dudaba en que en unas horas Galo recibiría novedades de sus compañeros, a los que había hecho seguir a Kiril. Ambos se despidieron al filo de las seis.

  De regreso a casa de la Carioca fue incapaz de dormir, a pesar del cansancio que sentía. La adrenalina cabalgaba por aún por sus venas y no paró hasta contar toda la historia, mientras jugaba enredando sus dedos entre su pelo negro. Ella le miró horrorizada cuando le contó lo de la oreja.

    ―¿Y no habría soltado a Sasha sin habérsela cortado?

    ―Podría, pero no había manera de llegar hasta la gente que trafica con órganos, los chinos no soltarán prenda y Alejandro no sabe donde están, o al menos eso dice él. Y estoy seguro que más de un mendigo y más de un yonqui a los que le han quitado los órganos han terminado en una tumba desconocida en medio del bosque. Hay que pararlos. ¿Y a quién recurrirá Kiril para que le vuelvan a implantar la oreja? A un hospital no, porque le harían preguntas, los llamará a ellos. Y ellos aceptarán y le pedirán como pago que se deshagan de Sasha, por miedo a que reconozca a los que participaron en el trasplante de riñón, no saben que ya está libre. La policía dejará que Kiril se cure y regrese para continuar blanqueando dinero para la organización de su hermano, hasta que tengan pruebas suficientes para detenerlos, pero ya tendrán ubicada la clínica y los tendrán vigilados hasta que recaben toda la información necesaria para desmantelar el tinglado y meterlos en la cárcel.

    La Carioca le dejo continuar. Javier ya le había contado a grandes rasgos lo ocurrido, pero necesitaba desvelarle los detalles, hacerla comprender la intensidad de las horas pasadas y lo que había sentido, pero en algún momento entre las caricias que ella le prodigaba mientras hablada el cansancio le llegó de golpe y se quedó dormido.

 

 

     Llegaron a tiempo para recibir a Sasha en el aeropuerto. Pero antes,  tanto Galo como él fueron agasajados con los besos y abrazos de Carlos y Eva, deseosos de mostrarles  su agradecimiento. La Carioca contempló la escena emocionada, a medio camino entre la admiración y la ternura. Le gustaba su hombre, y también su amigo. Lágrimas y risas se mezclaron mientras llegaba Sasha. En un momento dado Galo pudo hacer un aparte para informarle que el ardid había tenido éxito, la clínica estaba localizada, solo quedaba esperar hasta que fueran atrapados por la red policial.

    Por fin llegó Sasha. Intentaba mostrarse alegre, pero no lo conseguía. Llegaba marcada, y por entre sus palabras asomaba su  mirada vacía. El único que se esperaba algo así era Galo, los demás tuvieron que digerirlo poco a poco, mientras pasaban los minutos. Sasha necesitaba tiempo y mucha comprensión, aún estaba en estado de shock. Sus padres se la llevaron a casa. Galo se encargó de que la policía la dejara en paz, nada de interrogatorios de momento.

 

 

    Los siguientes tres meses pasaron  para Javier como una nube, entre la vuelta al trabajo y los brazos de la Carioca, descubriendo el universo de su piel y las candilejas de su corazón. El otoño olía a fresco, la lluvia susurraba canciones y el sol sublimaba los atardeceres. Era el lenguaje secreto del amor arrullándolos con su melodía, abriendo el horizonte a sus sueños, extasiándolos con sus caricias.

    Galo se ocupó de todas las declaraciones a la policía. Javier suponía que no había contado lo que en realidad pasó, pero de alguna manera se las apañó para que sus compañeros se dieran por satisfechos, o quizás la suculenta pieza que había puesto ante sus narices sirvió para que acallaran sus sospechas sobre la noche del secuestro. La clínica cayó a los dos meses. Los implicados, tanto chinos como españoles, fueron a parar a la trena. Aparecieron cadáveres en una finca de Guadalajara, todo un escándalo que conmovió a la opinión pública. No cayeron todos, pero si una gran parte.

    Recién cumplidos los tres meses Javier recibió una llamada, Era Sasha, que quería verle. Quedaron en la taberna irlandesa, por sugerencia de Javier, pues desde allí se había fraguado todo, tanto la investigación como el rescate. Sasha había sabido la verdad por boca de Galo y llegó hasta Javier mirándolo con otros ojos, ya no veía en él al amigo de su padre, sino a alguien muy especial. Tomaron varias cervezas, Javier intentando romper el hielo que se había instalado en el corazón de la chica, ella luchando por sacar el tropel de palabras que se acumulaban en su garganta. Finalmente habló, y lloró, y sacó poco a poco todo lo que le quemaba por dentro, se desahogó,  y cuando el llanto se apaciguó descansó tranquila sobre el hombro de su salvador. Javier tuvo que despertarla para llevarla a casa, y cuando salieron a la calle le buscó los ojos, y pudo ver como la mirada vacía comenzaba a llenarse, aún desconfiada y asustada, pero en busca otra vez de luz y esperanza. La canción de la vida reclamaba su atención, de nuevo.

 

 

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  • Cinco estrellas por llenar mis cinco sentidos al leerte. Haces fácil lo difícil, y eso, señor mio, es un arte que no todos tenemos. Gracias en nombre de todos por tu tiempo y tu huella.
    Amigo Ender tengo que decir que es un placer leerte, una felicitacion y por fin comprendi porque se llama asi la historia jajaj era una pregunta que me hice durante 6 capitulos y medio
    Vaya, parece que la policía tampoco se anda con muchos escrúpulos a la hora de negociar con los malos. En todo caso, bien está lo que bien acaba, lo malo es que cosas como estas suceden a diario y acaban peor, y aunque con un riñón de menos la mirada vacía de Sasha vuelve a llenarse " de luz y esperanza " . Que así sea.
    Felicidades. Me pareció muy bueno. Gracias
    Me remito a tus palabras: bien está lo que bien acaba. Ha sido una aventura exquisita ender. Gracias y felicidades!!!!
    razón llevas amets, corregido. Gracias por el aviso, nunca es tocapelotas que muestres fallos que se pueden corregir, sino una ayuda que se agradece.
    "La canción de la vida reclamaba su atención, de nuevo." Estupenda frase-broche. No deja de ser curioso comprobar cómo nos causan más extrañeza los finales felices que los que no lo son, máxime viniendo de un escritor que nos tiene tan habituados a las historias negras, a veces negrísimas... A mí por lo menos me has dejado con la boca abierta, y qué leches, se agradece. Solo una observación Ender, que hace mucho que no ejerzo de tocapelotas contigo: en el octavo párrafo hablas de los "imprevisibles" y sé que la expresión en sí no es incorrecta pero me ha chirriado un poco. En ese contexto ¿No sería mejor hablar de los "imprevistos"? Digo ¿eh? ya me he quedado a gusto :-) Saludos.
    Bueno ender, solo puedo decir una cosa. Genial. Me ha encantado la historia de principio a fin. Solo me queda felicitarte y poco mas. ENHORABUENA
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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