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5 min
La muerte de Gabriela
Varios |
22.12.13
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Sinopsis

Escena final.

 

Sentada al final del muelle, Gabriela contempla en el horizonte como la luz del sol va desvaneciéndose detrás del gran océano, al tiempo que las primeras estrellas de la noche aparecen. La brisa que sopla desde mar adentro juguetea con su larga cabellera pelirroja. El viento se desliza entre su pelo de tal forma que parece tener vida propia.

           

            A primera vista pareciera ser una mujer cualquiera, disfrutando del atardecer, pero ella no lo disfruta. Sus ojos se llenan de lágrimas ante el recuerdo de su hija desaparecida. Recuerda con terror como las feroces olas del mar se tragaron el pequeño cuerpo de la niña.

Suele observar de manera distraída las ondulaciones sobre la amplitud del agua, esperando ridículamente que Annabelle emerja a la superficie y le diga: “¡Aquí estoy, mami! Solo era una broma. Lamento si te asusté”

 

            Súbitamente Gabriela se pone de pie, sujeta firmemente la baranda y cruza hacia el lado exterior. Pese a no saber nadar, pese a saber que es una locura, Gabriela arde en deseos de arrojarse al agua y buscar a su pequeña.

Michael llega corriendo al muelle en ese momento. Al ver a su esposa a punto de soltar la baranda, corre hacia ella y la abraza con fuerza desde atrás.

 

- ¡Gaby! ¿Qué demonios haces? —exclama desesperado.

- ¡Ya no puedo más, Michael! —responde ella entre el llanto— Ya no puedo más…

- Lo sé, lo entiendo —afirma él de manera comprensiva— Créeme que yo me siento igual, pero esta no es la solución.

- Yo también sé eso, pero es que ya no puedo… —repite Gabriela una vez más— ¿Por qué tuvo que sucederle esto a nuestra hija?

- Amor… —intenta Michael consolar a su mujer, aunque se le dificulta contener el llanto propio— En esta vida hay muchísimas cosas para las que nunca tendremos una respuesta. El por qué Annabelle tuvo que desaparecer así de nuestras vidas es una de ellas. Sé que es lo más triste del mundo… Pero tenemos que seguir adelante.

 

            Michael ayuda a Gabriela a volver al interior del muelle y ambos se sientan en la orilla. Siguen conversando en voz baja sobre su hija, arrullados por el infinito reventar de las olas.

Gabriela posa su cabeza en el hombro de su esposo, al poco tiempo ya está dormida, cansada de tanto llorar. Michael la toma cariñosamente en sus brazos y regresa a casa. Irremediablemente, la vida sigue.

 

 

 

La verdadera muerte.

 

El telón sube una vez más; el reparto completo sale a escena. Tomados todos de las manos se inclinan repetidas veces, agradeciendo los aplausos del público presente. Incluso un admirador entrega un ramo de flores a Sofía.

Los aplausos se extienden, pero la función estaba programada para terminar a las diez y ya pasan quince minutos. El teatro debe cerrar, así que el telón cae finalmente.

 

            Ya en el camerino, Sofía se mira al espejo por última vez. Observa a esa madre desconsolada que perdió a su hija y siente un piquetazo de nostalgia. Se quita la larga peluca roja y suelta y alborota su propio cabello negro. Vuelve a mirarse al espejo. Gabriela ha desaparecido.

 

- ¡Felicidades! ¡Muchas felicidades! —le dicen todos los que pasan frente a la puerta abierta.

- Gracias. Muchas gracias —les responde a todos.

 

            Álvaro, que ya se ha despojado de su caracterización como Michael, se asoma a la puerta alegremente.

 

- Vendrás a celebrar con todos, ¿no? —dice él con tono despreocupado.

- Mmm… —Sofía se lo piensa— La verdad, no me apetece. Creo que no.

- ¿Qué? —exclama Álvaro contrariado— ¡Pero es la fiesta de final de temporada! ¡Quién sabe cuándo podamos volver a trabajar todos juntos en una nueva obra!

- No iré, Michael… digo, Álvaro. Tendrás que disculparme con los demás.

- ¿Segura?

- Segura.

 

            Mientras todos celebran en un lujoso hotel, Sofía camina sola por la calle. Va distraída pensando en la hija de Gabriela y en Gabriela misma.

Considera regresar a casa caminando, aunque le parece una tontería ya que está muy lejos. Cuando se da cuenta ya está frente a su puerta. Entra a la casa, se da un baño, se deja caer en la cama y cierra los ojos, pero no duerme.

 

            A la mañana siguiente, el desayuno le sabe a nada. Por la tarde sucede lo mismo. No lo soporta más. Viaja en taxi dos horas y llega a la playa más cercana cuando empieza a caer la noche. Observa las olas en la lejanía, esperando encontrar a alguien que sabe que no encontrará. Intenta deslizar los dedos entre su largo cabello rojo, pero tampoco lo encuentra.

 

Annabelle ya no está, Gabriela tampoco. Ambas se han ido, y con ellas una parte de Sofía también se fue.

 

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  • A todo aquél al que le ha pasado...

    Cuando un piensa que hay solución, puede que tenga razón. Pero también puede ser que haya mas de una solución.

    Si tengo que emplear el genero que sea para hacer una reflexión, pues sigue siendo una reflexión.

    Después de tanto tiempo sin pasar por aquí...

    Lo sé, sé que llego un poco tarde, pero en fin. Muchas cosas sucedieron el 31 del 12 del 2011; para muestra un botón. Les deseo prosperidad y muchos logros a todos en este año, pero sobre todo, les deseo que nunca se encuentren con este tipo.

    Realmente... Siempre pensamos en nosostros, pero... ¿qué hay de él?

    A ella misma.

    Por estas fechas hay un día que es especial para mí. Y podría ser más especial de lo que es, si no fuera por los caprichosos giros del destino. Sin más remedio, si no existiera la tristeza no podría valorarse la felicidad. ¡Y hay que atesorar esos momentos felices! Porque al parecer en estos tiempos, la vida ha sufrido un ataque de tacañería en cuanto a esos momentos. Y hablo de la vida en general, no solo de la mía. Aunque más de alguno podrá decirme: “No, yo soy feliz”. Pues yo le respondo: “Mmm…” Y no es por ser pesimista. En fin, ya sea lo mucho o lo poco que la vida nos de, hay que valorarlo. Saludos.

    La vuelta de alguien... esperado

    Le debo mucho. Claro que regresaré.

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Me gusta mucho leer. ¿Por qué estaría aquí si no? jajaja Lastimosamente ya no tengo mucho tiempo para ello, ni para escribir tampoco. Pero bueno, hay que hacer un esfuerzo.

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