cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
La muerte lenta del cuerpo
Amor |
29.04.13
  • 4
  • 4
  • 798
Sinopsis

Como aún no he terminado de perfilar la tercera parte de mi relato, comparto este fragmento amtiguo de una novela adorada pero incompleta. Releyendo se da cuenta una de cómo va cambiando la forma de escribir

Ese hombre mayor fue el primero en tocar a la nena, fue el primero en todo. Se puede decir viejo. Se puede decir gordo. Se puede decir cansado de la vida, cansado de sus trajes, sus corbatas, su pelo engominado, sus reuniones de negocios. Se puede decir solo y vacío dentro de su ostentosa fortuna. Entonces la ve, perdida en medio de la gente que la empuja para coger el autobús, aferrándose  con fuerza a su pequeña maleta, con el pelo y el vestido sucios como si llevara días durmiendo en la calle, flaca, huérfana, sin rumbo. No pudo evitarlo.

 

No debió malgastar tanto dinero, tantos regalos, tantos viajes ni tanto amor por el coño virgen de una mocosa malcriada. No sólo por el coño, por el amor. Sólo tiene dieciséis años y está ávida de todo, hambrienta, y tú le puedes dar el mundo entero. Se lo puedes dar todo porque te sobra. Por dentro y por fuera. Esperma, lujo, protección y… amor. Vuelves a sentirte robusto y joven dentro de esa niña. Quieres que no deje de ser nunca esa niña mimada, alegre, perezosa, a la que siempre encuentras al volver del trabajo tumbada en la cama igual que la dejaste por la mañana. Quieres conservarla en formol para que no crezca, para que nunca tenga que vestirse, para que nunca tenga nada que hacer, para que siga iluminando con esa sonrisa traviesa cada vez que la sorprendes con tu piruleta. Quieres que siga oliendo a jazmín y a limonada, a sudor infantil. Quieres entreverla cada día cuando vuelves del infierno, tomando el sol frente a la piscina mientras sorbe ruidosamente un refresco gaseoso y ojea una revista de moda; y taparle los ojos por detrás, y besarle el hueco que dejan sus dos huesos en la espalda, y sorber el olor de la piel que aún no ha empezado a pudrirse. Estás dispuesto, a ciegas, a darlo todo. Pero no se debe malgastar nada aunque a uno le sobre porque uno siempre piensa que tiene más de lo que realmente tiene. Y luego se da todo, se desperdicia en alguien que no lo quiere, que lo desprecia.

Él le da todo pero de pronto la niña ya no quiere amar más. Después del dinero, los regalos, los viajes, la niña ya no quiere más amor. Te dice que ya no te ama, que nunca lo hizo, que eres gordo y feo y viejo, que no tienes lo que hay que tener para satisfacerla. Ahora sabes que la niña sólo estaba jugando a ser una niña, a dejarse mimar, jugando a jugar al nuevo juego que ha aprendido. Y tú que pensabas que la niña siempre estaría allí para que la mimaras. La niña malcriada sobre la que has estado malgastando tu esperma durante un año. Sobre ella, nunca dentro de ella. No se deja. La niña malcriada por tí que será la última persona a la que puedas amar. Ya es demasiado tarde para nada más. Es tarde para ti, casi con un pie en la tumba de la tercera edad. Te abandonas en el sofá perfecto de tu salón perfecto y sientes todo el peso de los años acumulado en tu cuerpo, el peso de la desolación que llevabas meses sin arrastrar. Ella se está yendo, está en el cuarto de al lado haciendo las maletas; llenando las maletas que tú le compraste con la ropa que tú le compraste. La niña, efectivamente, coge sus maletas y se marcha: coqueta, despiadada, indiferente. No le dedica a tu cuerpo fofo más que una última mirada de autosuficiencia. Interpreta a la perfección su papel hasta el último momento, hasta que cierra la puerta tras de sí y se enfrenta de nuevo al abismo. Lo que nunca sabrás es lo que sintió al traspasar la puerta, la punzada de dolor callado, sumergido, que la atraviesa en cada cosa que hace. Lo que nunca sabrás es la profunda tristeza que habita en ella desde siempre. Tú sólo pudiste ver su última mirada de desprecio al despedirse de tu cuerpo; eso fue lo que ella quiso que vieras. Te arrellanas en el sofá buscando el simulacro de un abrazo. Te sientes viejo, y así será de ahora en adelante. Ya no podrá haber nadie más, de pronto lo sabes. La verdad, el destino, todo tu futuro que antes parecía abierto se revela ahora ante tus ojos de una forma inexorable. Eres viejo, el futuro será terreno inhóspito.

Entonces aparece el llanto. Incesante, inabarcable, inconmensurable. Aparece el llanto y no se para de llorar hasta que se para definitivamente. Después de eso ya no queda nada que dar porque todo muere. Se lo advertí. 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Me encantan los textos tristes. Y este es increíblemente bello en ese sentido. La parte de la despedida me encanta. Comparto la opinión de los compañeros, esta muy bien. Me quedo con esta parte como una de las mejores: "Pero no se debe malgastar nada aunque a uno le sobre porque uno siempre piensa que tiene más de lo que realmente tiene. Y luego se da todo, se desperdicia en alguien :que no lo quiere, que lo desprecia." Un Saludo
    Me entero vía twitter de la publicación de este texto, y es que últimamente se publica tanto material a diario en la página que resulta realmente difícil estar "al día" de todo lo que va saliendo. No se me ocurre mucho más que decir aparte de sumarme al comentario de Ender. Saludos.
    Gracias Ender, tiene muchos años pero le tengo un cariño especial. Me alegro de que te haya tocado alguna fibra...
    Pues a mi me ha cautivado este fragmento, me gusta como escribes.
  • Como aún no he terminado de perfilar la tercera parte de mi relato, comparto este fragmento amtiguo de una novela adorada pero incompleta. Releyendo se da cuenta una de cómo va cambiando la forma de escribir

    Esta parte del relato me ha costado más: las musas me tenían abandonada desde hacía semanas (se fueron de fiesta, las muy golfas), pero se les ocurrió regresar al hogar ayer por la noche y armaron un jolgorio que me mantuvo despierta hasta las 4. En esta parte he intentado abandonar un poco la prosa poética y darle algo de ritmo a la acción. No sé como habrá quedado

    En ocasiones brotan historias de amor extremas e impacientes en territorios estériles

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta