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4 min
La mujer del presidente
Amor |
19.11.06
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Sinopsis

Nos conocimos en una reunión de las juventudes de nuestros respectivos partidos. Yo era vicepresidente de las nuestras, ella era la presidenta de las suyas. La reunión fue muy interesante, sobre todo porque era un tema que nos tenía a todos unidos en el mismo barco, la respuesta a un atentado terrorista que merecía una respuesta contundente. Lástima que por motivos electoralistas al final nuestros mayores no llegaron a ponerse de acuerdo, así que nuestro esfuerzo fue en vano, políticamente, porque en lo personal para mi fue un descubrimiento interesante. Ella vestía unos tejanos muy ajustados y un generoso escote, y durante toda la reunión me costó trabajo mantener la mirada fija en su cara, ya que mis ojos se empeñaban en buscar otras partes de su anatomía.

Pocos meses después coincidimos en una manifestación en repulsa del “Tejerazo” del 23F. No es que no nos viésemos, en realidad habíamos tenido otros encuentros, pero todos de poco tiempo y casi irrelevantes. Sin embargo en esa manifestación estuvimos mucho tiempo juntos, y entonces creo que empecé a sentirme atraído por ella, hasta el punto que pocos días después la llamé por teléfono a las juventudes de su partido para invitarla a un café y poder hablar del éxito de la manifestación. Esa era la excusa oficial, pero la realidad es que quería estar otra vez cerca de ella. Cuando en las siguientes elecciones tanto ella como yo obtuvimos sendas actas de diputados por nuestros respectivos partidos, ya salíamos con cierta regularidad. La verdad es que entonces no supuso un gran conflicto, porque teníamos disciplina de voto, por lo que tampoco era motivo de pelea entre nosotros una votación por un tema delicado, o una discusión parlamentaria, ya que nosotros no decíamos ni mu, nos limitábamos a votar lo que nuestro jefe de filas decía y punto.

El problema real vino más tarde, ya que nuestra relación acabó en boda, y tuvimos dos hijos, pero nuestras respectivas carreras políticas progresaron tanto y tan bien que hace tres años los dos fuimos rivales para ser nada menos que presidente del país. La verdad es que fue una rival dura. Tiene la ideas claras, es inteligente y, sobre todo, muy honesta. Puede tener o no razón pero es consecuente con sus ideas y, al mismo tiempo, si ve que está equivocada, no es de las personas que no le gusta rectificar (estos piropos no los repetiré en publico. Antes me dejaría untar en miel y ponerme al lado de un hormiguero que reconocer públicamente los meritos de la única persona que puede derrotarme en unas elecciones). Sin embargo mi partido fue el que ganó, y por tanto hoy soy yo el presidente.

Esto crea una situación sin precedentes en la política mundial. La mujer del presidente es al mismo tiempo la jefa de la oposición… Imaginad cuando tengo que ir a un país en visita oficial. Como explico que mi esposa es a la ver la líder del partido de la oposición… Y si en el parlamento hay una discusión acalorada, esa noche como castigo duermo en el sofá, pero en lo que a la persona se refiere cada día estoy más enamorado de ella.

Por cierto, que el año que viene hay elecciones, y no se si las tornas no se girarán, ya que su partido nos ha adelantado en intención de voto. Bien, me queda un año para intentar evitarlo, pero podría ser que el próximo mandato ella sea la presidenta (por primera vez en la historia de nuestro país, y de las pocas mujeres que alguna vez han gobernado en el mundo), y yo el jefe de la oposición, si mi partido sigue confiando en mi.

En fin, que os dej
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