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5 min
La mujer espíritu
Amor |
17.12.14
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Sinopsis

Un corazón roto es capaz de cometer las atrocidades más espantosas. Más todavía si es el corazón roto de una bruja. Pero, en muchas ocasiones, también hace falta muy poco para curar las heridas de ese corazón.

La mujer oscura se acercó al castillo, amparándose en las sombras de sus muros. Hacía frío. Se arrebujó en su capa y escudriñó lo más alto, buscando alguna luz en la torre, de donde la habían expulsado hacía semanas.

Nada, sonrió. Podía ser que, debido a la hora –era bastante tarde-, no hubiera nadie levantado y, por eso, todo se hallara inmerso en la más absoluta negrura; sí, podía ser. Pero lo más probable era que nadie se hubiera atrevido a ocupar esas estancias. Aquí y allá, todavía brillaban tenues luces en otras partes del castillo, pero no en la torre; en la torre, no. Desde que ella había salido de allí estaba vacía, abandonada.

La hechicera apretó los dientes: expulsada, arrojada a la calle como un perro. No era algo que fuera a tolerar. Esa noche regresaba a sus dominios, a su hogar… agitó la cabeza dejando que unos cuantos rizos pelirrojos escapasen del embozo que los ocultaba. Era su casa; no podían mantenerla alejada de ella.

La mujer esperó. Poco a poco, las luces que quedaban fueron apagándose, enmudeciendo los murmullos que procedían del interior. Transcurridas unas horas, todo el castillo dormía a excepción de los centinelas de las murallas. No importaba; no serían capaces de verla.

La hechicera musitó unas palabras que nadie más comprendía. Su cuerpo cambió. Realmente, más que un cambio fue un desvanecimiento. La bruja dejó de ser corpórea, adoptando la textura del mismo aire. Con la brisa nocturna, se elevó sobre los muros como una parte de esa misma brisa; como un aroma que, flotando en el ambiente, se filtrase por las ventanas.

A rosas y especias. Si hubiera habido alguien despierto, habría captado el perfume a rosas y especias. Si él hubiera estado despierto, habría reconocido ese aroma.

Pero nadie estaba despierto.

La corriente de aire que antes había sido mujer se elevó por encima de los muros y se filtró, como he dicho, por las diminutas rendijas de las ventanas; atravesó los pasillos y corredores, visitando cada una de las estancias, perfumándolas con su esencia, impregnándolas de lo que era… reconquistando un territorio que antes había sido suyo.

Y mientras lo hacía, un polvo brillante iba cubriéndolo todo. Porque todo volvía a ser suyo.

Los criados dormían en las habitaciones contiguas a la cocina. Reposó sobre ellos, susurrándoles palabras al oído que le garantizarían sus lealtades cuando despertaran. Prometió prosperidad y riquezas; bienestar y protección, si la seguían. Y ellos asintieron en sueños, ignorando que acababan de perder su alma.

La bruja siguió su camino. En las estancias superiores encontró a los niños. Sus cuerpos diminutos respiraban de forma acompasada, mientras la inocencia se dibujaba en sus rostros. Durante un instante se acordó de una época en la que ella misma había sido inocente… ¡tanto tiempo atrás! Y después le vinieron a la mente los votos que realizara cuando comenzaba a practicar el arte: “si no haces daño a cualesquiera, puedes hacer lo que quieras”. Ya había hecho daño, se dijo, pero buscar venganza en unos niños era demasiado incluso para ella. Observó a los infantes una vez más y decidió seguir su camino.

Quizá así su castigo –porque sabía que sería castigada- sería menor.

Y llegó al dormitorio principal.

Y su corazón explotó en medio de una erupción de dolor e ira.

Tanto dolor, tanta ira… ahí estaba él, tendido en el lecho. A su lado yacía su esposa, la mujer por la que había sido expulsada, arrojada de su torre. La mujer que no la quería allí.

La bruja convertida en viento azotó las paredes de la alcoba. Con una silenciosa furia, golpeó cortinas y muebles, turbada, no obstante, por la presencia del hombre que había amado y que dormía, ahora, con otra.

Quizá, pensó, debería hacerlos dormir de forma indefinida, como en el cuento de La Bella Durmiente. Tal vez sólo a ella, para que él volviera a ser suyo.

Su torre, su amante…

Se agitó sobre sus cuerpos como una nube de tormenta. Se cernió sobre ellos, mirándolos desde arriba, flotando sobre sus cabezas, odiando sus manos entrelazadas, el amor que reflejaban aún en sueños. Quiso llorar de rabia, pero no tenía cuerpo. Descendió sobre su amado y, como la brisa, besó sus labios una vez más.

Y ocurrió lo impensable.

En sueños, él pronunció su nombre.

La bruja se apartó sorprendida: la recordaba, no la había olvidado. De pronto, sintió como su rencor se diluía y su corazón volvía a templarse. Él todavía la recordaba.

Y ella no podía seguir adelante. Fuera lo que fuera lo que había planeado, no lo realizaría.

La bruja, convertida en el viento, se tendió al lado de su amado una última vez. Aspiró su aroma y volvió a besar sus labios. Después se iría. Pasados unos minutos, volvería a marcharse. Esta vez por voluntad propia… pero todavía no. En unos minutos, se alejaría para siempre, pero antes se llevaría un último y cálido recuerdo que la sostuviera en los buenos y malos momentos.

A la mañana siguiente la vida en el castillo volvió a ser la que era. Nadie era consciente de haber sido visitado por la bruja, aunque todos recordaban haber sentido frío de madrugada. 

Y él volvía a tener presente ese aroma a rosas y a especias que jamás había llegado a olvidar.

 

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  • Muchas gracias por tu comentario, José María, me anima mucho. Estuve dada de alta en este portal hace años, publicando como Forrexter algunas cosas. Pero perdí las claves, así que tengo perfil nuevo y espero seguir publicando mucho. Encantada de conocerte!
    Muy bello, muy bello relato... muy bien ambientado, con desplazamientos cinematográficos... y me dio pena que al fin y al cabo ella quedó sola... en fin... tal vez haya una continuación... me gustó mucho y... ¿ de dónde saliste, Ana ? ...y sólo publicaste tres relatos... desde ya que te voy a seguir leyendo... Chau... y hasta luego...
  • Llegamos al final de la historia de Isabella. Espero que os sorprenda como les ha pasado a los que ya lo han leído. Todas las opiniones serán bien recibidas.

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    Un corazón roto es capaz de cometer las atrocidades más espantosas. Más todavía si es el corazón roto de una bruja. Pero, en muchas ocasiones, también hace falta muy poco para curar las heridas de ese corazón.

Periodista y escritora. Acabo de publicar mi primera novela, Linus de Inferno, mezcla de fantasía con algo de Ciencia Ficción. Está disponible en Amazon, el papel y ebook. Estoy muy emocionada con ese proyecto.

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