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3 min
La muralla
Amor |
19.09.13
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Sinopsis

Situada en una pequeña depresión entre dos montañas, se alzaba la ciudad más pacífica y tranquila de toda la región. Sus habitantes eran el claro ejemplo de la alegría, el buen humor y la humildad. La cosecha era buena,  la comida nunca faltaba y el rio caudaloso era la envidia de sus pueblos vecinos. Un soleado día primaveral, apareció a caballo un misterioso visitante que revolucionó al pueblo. Los animales parecían descontrolados e indomables por su presencia y las calles eran un continuo concurrir de gentes rumoreando sobre la identidad de dicho hombre. El caballero rebosaba elegancia y todos los pueblerinos eran incapaces de desviar la mirada de su deslumbrante sonrisa. Presumía de haber participado en numerosas batallas y haber salido indemne en todas ellas. Sus riquezas eran innumerables aunque nadie sabía con exactitud su cuantía. La hospitalidad de aquellos pobres aldeanos hizo honor a su buena reputación y le permitió quedarse por un tiempo. Tenía para él solo la mejor mansión y todos parecían estar a su servicio.  Por eso, no faltaron ni los banquetes ni las fiestas en su honor.

Pasado dos estaciones, cuando comenzaba a helar, el frio arrasó con las cosechas y la comida comenzó a escasear. Las fiestas tan multitudinarias dieron paso a la soledad en cada casa refugiados en torno a una hoguera. El invitado que tan bien lo había pasado comenzó a aburrirse. Y un día, de la misma forma como llegó, partió. Dejaba tras de sí la desolación, los campos completamente devastados, el monte en llamas, y el humo impedía ver el sol.

Los soldados  tras aquella destrucción construyeron rápidamente una muralla que fuera capaz de resistir la envestida de otros mil hombres como aquel. Los ladrillos se unían en el cielo como la cúpula más grande de una catedral Ni el ejército más poderoso podría derrocar la urbe.  Nadie podría penetrar las puertas de su estimada localidad.  Ni un solo rayo de sol lograba pasar. Todo eran tinieblas. Pero aquellos aldeanos comprobaron que con el tiempo, su regimiento envejecía y bajaban la guardia.

De repente, apareció de la nada una pequeña grieta  en el muro dejando paso a la luz. La coraza que rodeaba a su corazón se quebraba. Se estaba enamorando otra vez.

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